Primer paso para cambiar: la aceptación

Si quieres cambiar para mejorar, y aún encuentras resistencias internas, puede que aún no hayas aceptado tu situación actual. Si quieres aprender más sobre la aceptación, ¡sigue leyendo!

 

¡Hola cambiadora! ¿Cómo afrontas la semana? ¿Y tú cambiador, cómo estás?

 

Recientemente mi familia ha pasado (y está pasando) por una serie de eventos de esos que te hacen pensar más de lo habitual en las cosas importantes de la vida, y de esos que nos pasan a todos, nos pongamos como nos pongamos, y que no podemos cambiar. Esto me ha llevado a reflexionar sobre la aceptación, y este artículo prácticamente se ha escrito solo.

 

En este artículo sobre cómo gestionar el cambio, ya te comentaba la importancia de aceptar un cambio impuesto por circunstancias internas a ti, como primer paso para gestionar tu reacción a ese cambio.

 

En general, para cualquier situación que tengas que afrontar, la aceptación es el primer paso para poder resolverla, y eso es tan válido para adaptarte a un cambio externo, como para generar un cambio interno. Por ello considero fundamental el tener herramientas que nos entrenen en el arte de la aceptación, y más adelante en el artículo te propongo un par de ellas

 

Aunque hay mucha literatura sobre las bondades de la aceptación, yo creo que la prueba más clara de su importancia está en el primer paso de los doce que Alcohólicos Anónimos propone para la superación del alcoholismo:

 

“Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”

 

Es decir, que hay que empezar por aceptar que hay una situación que no se puede controlar, para ser capaz de proceder a mejorarla, de trabajar en cambiarla. Si este paso ha ayudado a tantas personas a superar sus problemas, me parece algo a tener muy en cuenta.

 

Además, yo he experimentado personalmente los beneficios de aprender a aceptar. Me doy cuenta de que ante circunstancias adversas dedico menos energía que en el pasado a resistirme a la situación, y soy capaz de comenzar con más rapidez a acometer acciones positivas, y si no puedo actuar, al menos consigo que no me carcoman las emociones negativas, que no me drenen de energías que sí puedo utilizar para las cosas que sí puedo cambiar. Es un entrenamiento que da mucha serenidad cuando te das cuenta de que lo has aprendido.

 

Si no puedes cambiar algo, aceptarlo cuanto antes liberará tu energía para poder dedicarla a lo que sí puedes cambiar. Hay que tener claro que tus recursos en tiempo, dinero y sobre todo energía son limitados. Nos conviene convertirnos en expertos en saber que batallas debemos luchar hoy, y cuáles no importa perder o diferir para más adelante. Yo aún no me considero una experta en eso, pero voy mejorando, y para poder decidir, tomo en cuenta, por un lado, mi misión y visión y mis escalas de principios y valores, y por otro, lo perecedero de lo que me rodea, saber qué cosa hay que priorizar aquí y ahora porque después pueden desaparecer (como la niñez de los hijos o los buenos momentos con los seres queridos).

 


¿Cómo saber lo que sí puedo cambiar?

 

En toda situación en la que te encuentres, en mi opinión hay ciertas cosas a analizar que te permiten determinar qué puedes cambiar tú y que no:

  • El entorno, las circunstancias externas
  • Las otras personas

A veces se puede cambiar el entorno, y a veces no. Cambiar la decoración de tu casa para hacerla más cómoda es algo que usualmente puedes hacer, dentro de las restricciones de presupuesto, tiempo y convivencia que tengas. El clima no lo puedes cambiar, pero sí tu capacidad para adaptarte a él con ropa y accesorios determinados.

 

Si trabajas en una organización muy grande, es poco probable que puedas cambiar las políticas de tu empresa, a menos que tengas un cargo directivo o una alta capacidad de influencia. Lo mismo aplica si vives en una gran sociedad, en cuyo caso las políticas se traducen en leyes. Y generalmente, esas políticas o leyes tampoco dejan margen para conductas adaptativas creativas: hay que cumplirlas y punto, sobretodo si están escritas (muchas veces son tácitas). Y si no las cumples, tu supervivencia dentro de la organización o sociedad está en riesgo. Así que este es un caso claro de aceptación sin resistencia: cuanto antes aceptes que las cosas son así, antes podrás enfocarte en realizar tu trabajo para mantener tu empleo y desarrollarte en la organización o sociedad. Por supuesto que podrías dedicar tus energías a intentar revolucionar la organización y cambiarla, o a la sociedad, si esa es tu misión. En ese caso, tus acciones no vendrían de la negatividad, si no de la posibilidad de generar un cambio positivo. Es muy diferente a quejarse todo el día de lo que está mal en las políticas de tu organización o tu sociedad sino puedes o quieres dedicar tus energías a cambiarlas.

 

Si las circunstancias externas son enfermedades graves o crónicas o fallecimientos, es muy normal que comiences pasando por la fase de negación y pases por otras antes de llegar a la aceptación, pero sólo a partir de la aceptar la situación podrás alcanzar algo de paz interior ante esas circunstancias.

 

En cualquier caso, para poder cambiar algo a tu alrededor, es necesario aceptar primero que tu entorno y tus circunstancias son las que son, para poder analizar lo que podrías o no cambiar, en lugar de aferrarte a lo que debería ser (pero no es), y de enquistarte en actitudes y emociones negativas y de resistencia.

 

 

Y si no puedes cambiar algo, la aceptación te ayudará a extraer los aprendizajes de la situación, de forma que siempre puedas sacar algo bueno de lo que te pasa.

 

En cuanto a las otras personas, creo que todo el mundo puede cambiar si quiere hacerlo, pero también creo que no se puede obligar a nadie, y que es mucho más productivo y gratificante para tus relaciones con los demás aceptarles tal y como son, y estar a su lado para ayudarles a cambiar si se deciden a hacerlo, que dedicar energías a intentar amoldarlos a como quieres que sean.

 


Lo que siempre puedes cambiar: TÚ

 

Lo que siempre puedes cambiar es tu actitud. De hecho, en muchos casos es lo único que puedes cambiar. Reencuadrar tu punto de vista, reubicarte en la situación, darle otra perspectiva al asunto. Aceptar que la situación es la que es, pero observarla desde todos los ángulos posibles, para buscarle el lado positivo y extraer los aprendizajes.

 

La aceptación es una herramienta esencial para el desarrollo personal y no es lo mismo que conformarte. Es rendirte, no en el sentido de derrota o renuncia, sino en el sentido de no oponerte a la vida como es. Conformarte es soportar pasivamente la situación y no hacer nada por cambiarla. Rendirte es aceptar lo que hay para eliminar las resistencias internamente y poder iniciar acciones positivas externamente. Tampoco se trata de autoengañarte diciéndote que todo está bien como está.

 

Se trata de decirte “esto es lo que hay, me guste o no, y si puedo lo cambio, y si no me adapto, modifico mi actitud, pero acepto que esto es lo que hay”

 

Si tienes más interés en aprender sobre aceptación, te recomiendo leer el libro Practicando el poder del ahora. En él, Eckhart Tolle nos comenta que el fracaso y el éxito se ocultan el uno en el otro, y sólo si aceptamos el fracaso como parte del flujo de la vida, podemos dejar sitio a la transformación y el crecimiento que lleven a un éxito posterior. Resistirse a ello es generar emociones negativas (irritación, impaciencia, ira, resentimiento, depresión, etc.)

 

“Cuando estás identificado con una emoción negativa no quieres soltarla, y en algún profundo nivel inconsciente no deseas un cambio para mejor porque pondría en peligro tu identidad de persona deprimida, enfadada o maltratada. Entonces ignorarás, negarás o sabotearás lo positivo de tu vida. Este es un fenómeno bastante común. Y una locura”.

Eckhart Tolle

 


 

Algunas pautas para desarrollar la aceptación

 

Practicar la meditación y el mindfulness te ayudarán a concentrarte en vivir y experimentar el momento presente y reconocerlo como el único momento en el que realmente puedes actuar, una vez que lo aceptes en su totalidad. En el pasado y en el futuro no puedes hacer nada.

 

Hay un par de ejercicios propuestos por Eckard que puedes realizar con apenas cinco minutos, y que pueden ayudarte a adquirir el hábito de la aceptación.

 

El primero es observar a las plantas, preferiblemente en entornos naturales. Contempla a las plantas: ellas no se resisten a los cambios externos sino que se adaptan a ellos, son flexibles y aceptan su entorno, no se pasan el día quejándose si hace mucho viento, simplemente se doblan ante él sin romperse. Tampoco piensan en el pasado o el futuro, sólo existen en el momento presente.

 

Mis plantas aceptan estoicamente la falta de luz directa (¡y tenerme como cuidadora! :D )
Mis plantas aceptan estoicamente la falta de luz directa (¡y tenerme como cuidadora! 😀 )

 

El segundo ejercicio consiste en permanecer alerta a las negatividad que surge en tu interior cuando no aceptas algo, sea nimio o importante. Es mejor empezar por algo poco relevante, como aceptar los ruidos nocturnos de tu calle. Cuando aparezca la irritación, reconócela y sal de ese estado, deja ir esa emoción y vuelve al momento presente. No dejes que esas emociones se acumulen en ti. También puedes imaginarte que eres incorpóreo y transparente y que el ruido no entra en ti sino que te atraviesa, que no hay sentidos para percibir la realidad que te molesta, y que por ello te traspasa.

 

Una vez que has reconocido que la situación te molesta pero has dejado ir la negatividad, analiza qué se puede cambiar, y si hay algo que hacer, hazlo o planifícalo. Y si no, extrae el aprendizaje de la situación, pero sin emociones negativas: utiliza tus energías para enfocarte en algo diferente y positivo que sí puedas hacer.

 

Si tienes dudas sobre la aceptación o cómo desarrollarla, puedes comentar abajo o escribirme a eligiraut@gmail.com. También me gustaría conocer tu experiencia con la aceptación y si conoces otros ejercicios para entrenarla.

 

Gracias por leerme y recuerda suscribirte para que no te pierdas ningún artículo. Te mando abrazos llenos de calor veraniego y ¡disfruta tu cambio!