Receta simple para cambiar con éxito

¡Hola cambiadora! ¿Cómo has estado en las últimas semanas? ¿Me has echado de menos, cambiador? ¡Espero que sí, y que te haya ido estupendamente!

Como te expliqué en mi último artículo, me he sometido a una cirugía hace un mes, y aún estoy de baja. Por las características de la intervención, tengo que pasar la mayor parte del tiempo acostada boca arriba. Es decir, nada de ponerme delante del ordenador.

Aunque en ocasiones escribo partes de mis artículos desde dispositivos móviles, hasta ahora la revisión, el acabado final y la publicación de los artículos los he realizado desde el portátil. Pero en mi postura actual no hay forma de escribir en un portátil. Y no quiero seguir retrasando mi reincorporación a la publicación del blog. Así que he decidido hacer un ejercicio de salir de mi zona de confort y escribir, revisar y publicar este artículo íntegramente desde dispositivos móviles. Es un experimento y no sé como saldrá, así que de antemano te pido disculpas por cualquier error o inconveniente que esto pueda ocasionar.

He estado leyendo mucho estos días, poniéndome al día en una serie de temas y blogs que tenía pendientes, y he dado con dos cosas que me han llevado a concluir que conseguir cualquier cosa que nos  propongamos es realmente simple, sólo hay que seguir una receta muy sencilla para cambiar con éxito, lo que no quiere decir que sea fácil. Me explico a continuación.

 

El proceso es simple…

Y ya lo hemos tratado en artículos anteriores de una forma u otra. Pero me ha sorprendido agradablemente encontrarlo de frente en una web que no había visitado previamente.

Leyendo el blog (muy recomendable) de Leo Babauta, uno de los maestros en minimalismo y simplificar la vida, me ha llamado la atención su programa para ponerse en forma desarrollando hábitos saludables simples, elaborado junto a otros expertos.

He visitado la web. No puedo recomendarte el curso que proponen porque no lo he seguido, y este no es un enlace de afiliados. Pero me ha llamado la atención lo que el curso comprende, que traduzco a continuación:

* Recibirás artículos y vídeos con el programa que te ayudaran a formar los hábitos que te permitirán alcanzar tus metas.
* Te pedirán que elijas hábitos de ejercicio y dieta muy simples y que te comprometas a mantenerlos.
* A medida que formas tus hábitos, llevarás registros diarios.
* Te unirás a un foro donde puedas apoyar y recibir apoyo de otros participantes en el cambio y hacer preguntas.

Es decir, lo que yo entiendo es que el programa consiste en una receta simple que es:

* Define tu meta
* Adquiere formación sobre cómo conseguirla
* Determina los hábitos que te ayudarán a conseguirla, o las tareas a ejecutar para ello
* Comprométete a ejecutarlos, y hazlo
* Lleva un registro diario de tus avances
* Busca mentores y una red de apoyo que te ayude en tu proceso de cambio

Subrayo lo de comprometerse y hacer porque es el paso básico. Los otros pasos puedes hacerlos con mayor o menor rigor, incluso saltártelos (aunque no lo recomiendo), pero sin ejecutar no conseguirás nada. Es algo que parece obvio, pero mucha veces nos enredamos con los otros pasos sin llegar a ejecutar, generalmente por miedo, y por eso no avanzamos.

A eso me refiero al decir que la receta es simple pero no fácil, porque supone vencer tus miedos, lo que requiere valentía, y trabajar con perseverancia y constancia.

 

Y si tienes miedo…

Un enfoque similar lo propone el equipo del blog Superhábitos, para perder el miedo a lo imposible. Te recomiendo el blog en general y en particular la lectura del artículo completo sobre superar el miedo a emprender. Resumiendo en lo que se refiere a este tema, plantean que para perder el miedo a hacer cosas:

* Anímate a averiguar cómo es posible hacer lo que quieres conseguir, cómo lo han hecho otros
* Desafía las convenciones y tus creencias al respecto, atrévete a salir de tu zona de confort
* Hazlo, empezando con un experimento simple, para probarte que puedes hacerlo, y construir sobre eso, incrementando el nivel o las etapas del experimento
* Interioriza las historias de otros que han hecho lo que tú quieres conseguir, para que te ayude a mantener la motivación
* Rodéate de gente que lo este haciendo o lo haya logrado, viendo que si ellos han podido, tú puedes.

¿Te suena conocido? Como ves, somos varios coincidiendo en la receta simple para cambiar con éxito.

Me gusta que los colegas de Superhábitos añadan a la receta el elemento de desafiar las convenciones, replantearse las creencias, y derrumbarlas a través de experimentos. Muchas veces pensamos que algo no puede hacerse porque la gente que nos rodea piensa así, o porque no nos creemos capaces de hacerlo. Pero si analizamos las cosas detenidamente, cuestionándonos esas creencias, e investigando cómo lo han hecho otros, nos damos cuenta de que es posible, y de que podemos lanzarnos a ello.

Todo este proceso de aplicar la receta te permite aumentar tus recursos internos para cambiar con éxito: incrementa tu autoconfianza y tu autoestima, mejora tu educación, te galvaniza en los hábitos de la valentía y el trabajo y afila tu perseverancia.

 

Aplícala a cualquier cosa:

Creo que la receta puede usarse para conseguir cualquier objetivo, quizás con alguna adaptación. Ya la has visto aplicada, en los blogs mencionados, a adelgazar, emprender y simplificar, entre otras cosas.

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En mi caso, es el proceso que he utilizado y utilizo con este blog. Me pasé como tres años pensando en comenzar un blog, sin animarme. No me veía capaz de contar mi vida de forma pública. Veía a algunos de mis amigos hacerlo pero no me atrevía. Y además me parecía que no tenía tiempo para escribir regularmente, y no sabía tampoco si podría escribir algo interesante.

Pero llegó el momento en que me di cuenta de que tenía mucho que contar, que la gente me preguntaba cómo había conseguido cambiar con éxito en varios aspectos de mi vida, que el interés por mi experiencia existía, y que podría ayudar a otros a conseguir sus objetivos también al contarla, e incluso podría llegar a generar negocio con ello.

Así que me decidí a formarme, a investigar como otros lo hacían, me inscribí en este máster, de forma de contar también con mentores y compañeros que buscaban hacer algo similar, además de aprender de otros blogs. La cantidad de información que puedes encontrar en internet para emprender cualquier proyecto es increíble.

Y luego me puse a escribir, a crearme el hábito de hacerlo frecuentemente, y a montar el blog en WordPress, y a probar temas y plugins, y aquí sigo. No digo que mi blog sea exitoso aún, quiero mejorar mi regularidad y el registro de mi actividad y de la de mis lectores, y por supuesto, aún tengo que incrementar mucho el número de cambiadoras y cambiadores que se unan a este equipo para considerar que ayudo a suficientes personas y que se pueda llegar a generar negocio.

Pero por ahora el feedback que recibo es positivo y me anima a continuar trabajando mis hábitos de escritura y publicación y mis tareas de mejora de la web. Y siguiendo la receta, desafiando mis creencias, experimentando, incrementando mis recursos internos a cada paso, me siento cada día más capaz de hacerlo.

¿Y tú qué opinas de la receta, cambiadora? ¿La has utilizado, cambiador? ¿Para cambiar con éxito en qué? ¿Añadirías algo más?

Me gustaría leer tus comentarios y contestar a tus preguntas. Puedes utilizar el espacio habilitado al final de este artículo o el formulario de contacto si prefieres hacerlo en privado.

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Cuatro consejos para convencer a otros de cambiar

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás hoy? ¿Cómo ha ido la semana, cambiador?

 

Hoy quiero compartir contigo un tema que puede resultar algo delicado, y es el cómo convencer a otros de cambiar, de la necesidad de un cambio, especialmente cuando la persona no detecta la necesidad de hacerlo, o no se siente motivada para hacerlo.

 

Lo más importante a tener en cuenta en este caso es que nadie cambia si no quiere cambiar. Es decir, no puedes convencer a nadie de que cambie si no quiere hacerlo. Sería como un río, que por mucho que lo canalices, cuando la naturaleza lo apura, vuelve a su cauce. Lo único que puedes hacer es mostrarle la conveniencia de cambiar, por qué crees que lo necesita, y que el cambio es posible para todos, incluida esa persona, y recomendarle una posible vía para el cambio (o varias), que es la que tú conoces y/o seguirías, pero teniendo en cuenta que esa persona puede descubrir una vía más adecuada para ella que la que tú propones.

 

Convencer a otros de cambiar es como canalizar un río
Convencer a otros de cambiar es como canalizar un río

 

Otro punto es que probablemente pienses que no te interesa que los demás cambien, que cada quien tiene derecho a ser como quiera ser, que para eso está el libre albedrío. Además, puede que pienses que así no das pie a que luego pretendan cambiarte a ti. Y lo cierto es que estoy de acuerdo con el libre albedrío, pero también reconozco que se pueden dar las siguientes circunstancias: 

  • Alguien a quien quieres lo está pasando mal por no cambiar, o podría mejorar mucho su vida, y te gustaría ayudarle a conseguirlo: quieres que tus hijos mejoren en los estudios, que tu pareja comience a hacer ejercicio, que tus padres aprendan una nueva habilidad, que tu amiga del alma deje de fumar, que tu hermano adelgace, etc. 
  • Hay que introducir un cambio en tu entorno porque sí, y a ti te toca liderarlo y convencer a otros de que hay que hacerlo: un cambio de trabajo que obliga a la familia a desplazarse; una derrama inesperada en el edificio que conlleva un cambio en el presupuesto y las cuotas de la comunidad; un cambio estratégico en la empresa que supone cambiar procesos, etc. 
  • Por mucho que quieras dejar en paz a otros para que te dejen en paz a ti, no vas a conseguir que no intenten cambiarte: el mundo cambia para todos constantemente, así que cuanto antes nos acostumbremos a cambiar y a favorecer el cambio de otros, mejor.

 

En todos los casos se trata de algo que será positivo para ellos, o que es inevitable, pero que puede que ellos no quieran hacer. Entonces, ¿cómo convencer a otros de cambiar?

 

1.- No impongas el cambio: seduce

Las cosas impuestas por las malas o a contragusto suelen generar muchísima resistencia y tienen muchos números comprados para el fracaso. Obligar a tus hijos a estudiar es contraproducente: puedes obligarlos a permanecer sentados en su habitación, pero de ahí a que su mente se concentre en el estudio, va un trecho.

Quizás sean muy responsables y consigas que de hecho intenten estudiar, pero si no les interesa no serán muy efectivos en su tarea. Sin embargo, si les ayudas a ver que estudiar es una forma de ponernos en contacto con el mundo, de aprender cosas útiles, se relacionar lo que estudian con la vida real, si descubres cuál es su materia favorita y la potencias, aumentas las posibilidades de éxito.

Puedes utilizar premios externos a lo que quieres cambiar para favorecer que la persona establezca hábitos nuevos, pero es preferible que les ayudes a ver el premio intrínseco a la actividad. Por ejemplo, para que tu pareja se habitúe a hacer ejercicio, puedes premiarle con un masaje al finalizar la sesión, pero a la larga será más sostenible para ambos que le ayudes a percibir los beneficios que el ejercicio tiene sobre su salud física y mental, para que se “enganche” al ejercicio por algo más que masajes. Muéstrale que el cambio es la solución a alguno de sus problemas: dormir mejor, desconectar, incrementar su agilidad, etc.

 

2.- Da ejemplo

Para que los que nos rodean perciban que el cambio es algo positivo y alcanzable, es conveniente que nos vean cómodos con el cambio. No se trata de que cambiemos lo mismo que esa persona, pero sí que vean que estamos dispuestos a cambiar, y que lo hacemos aunque nos cueste. Si quieres que tus padres aprendan a utilizar internet, no te niegues tú a ir a clases de inglés.

 

3.- Crea un ambiente favorable

Al igual que te he recomendado rodearte de un entorno que favorezca tu cambio, puedes contribuir al cambio de otros modificando su ambiente: haz la compra con tu hermano para llenar su despensa con productos saludables, frescos y bajos en grasas, o queda con tu amiga en sitios en los que no se pueda fumar.

Además, genera un entorno a tu alrededor “change-fear-free”: habla del cambio con entusiasmo y no con miedo, cambia con énfasis en el placer que obtienes del cambio, y recomienda materiales que faciliten comprender la necesidad del cambio (como el libro ¿Quién se ha llevado mi queso? o su vídeo).

 

4.- Descubre y elimina resistencias

Como te comenté en mi primer artículo, ante un cambio impuesto lo normal es que experimentemos miedo, enfado, frustración, incredulidad… Es raro que de entrada todo nos parezca maravilloso. Y además las cosas que nos generan miedo o sentimientos negativos son muy personales, lo que para uno es algo normal, para otro es lo que lo alejará del cambio.

Así que lo más recomendable es dialogar con el potencial cambiador para saber qué es lo que le disgustaría del cambio, cómo él percibe que le afecta, y buscar soluciones conjuntas para amortiguar ese impacto negativo. Favorece el debate respecto al cambio en general y al que afrontais juntos en particular. No siempre podrás encontrar soluciones para minimizar el impacto negativo, pero quizás sí le ayudes a ver qué le podrá traer el cambio de positivo. En entornos profesionales, a mi este consejo me parece imprescindible, aunque también reconozco que puede ser muy difícil de aplicar, y que sólo convertirlo en hábito ayuda a hacerlo más fácil, ya que te acostumbras a ver el lado bueno al cambio.

 

Y ahora, me gustaría escuchar tus comentarios respecto a este tema: ¿consideras que deberíamos añadir más consejos a la lista? ¿Crees que se puede convence a otros de cambiar? ¿Te has encontrado alguna vez en situaciones similares? ¿Cómo las has afrontado? También puedes preguntarme si tienes dudas, estaré encantada de ayudarte. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Ocho activos fundamentales para cambiar

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo estas hoy, cambiador? ¿Cómo ha ido esta semana?

En estos días he releído este artículo del blog vivir al máximo de Ángel. Es un blog muy interesante para quien se esté planteando el emprendimiento digital, simplificar la vida y, en general, disfrutarla a tope.

En el artículo que te menciono, Angel nos habla de cuatro activos que él considera fundamentales para la vida, aquellos que estarán con nosotros sin importar lo que nos pase, los que conservaríamos aunque cayéramos en la ruina. Estos son:

  1. Relaciones personales: tu red de contactos, aquellas personas con las que puedes comunicarte directamente y que harían algo por ti
  2. Educación: Aprendizaje de habilidades por las que otros estén dispuestos a pagarte
  3. Marca personal: Lo que comunicas a los demás, tu reputación, imagen y comportamiento
  4. Conciencia: “Es cómo de bien te conoces, tu estado mental, tu actitud ante la vida.”

 

Inspirada por dicho artículo – cuya lectura recomiendo, porque además da buenos consejos sobre cómo desarrollar y potenciar estos activos – he pensado en cuáles considero los activos fundamentales para cambiar que, aunque intangibles, son esenciales en tu mochila para emprender tu camino de cambio.

Para cambiar con éxito, creo que es muy importante que potencies ocho activos fundamentales para cambiar, tres de los activos mencionados por Ángel, y otros cinco, algunos de los cuales ya hemos hablado en artículos anteriores:

 

8 activos fundamentales para cambiar
Ocho activos fundamentales para cambiar

 

  1. Hábitos:

El activo más importante que puedes tener es un conjunto de hábitos sólidos, o al menos la habilidad para implantar hábitos útiles y cambiar los que no te están resultando beneficiosos. El resto de activos ayudan a que este activo se desarrolle más. Como ya he comentado, los hábitos construyen tu carácter.

 

  1. Relaciones personales:

En lo relativo a tu camino de cambio, este activo se conforma con la red de apoyo de la que ya te he hablado: rodearte de personas que ya han alcanzado lo que quieres conseguir tú, que te inspiren, y apoyos cercanos incondicionales que te recuerden y refuercen tu compromiso.

 

  1. Aprendizaje:

Es necesario que aprendas sobre tu cambio, formarte sobre lo que quieres cambiar, y que te eduques en las habilidades que necesitas para conseguirlo. ¿Quieres adelgazar? Aprende sobre nutrición saludable y cuál es el ejercicio idóneo para ti. Si además adquieres el hábito de aprender algo nuevo a diario, aunque sólo sea un poema, la letra de una canción, o un dato importante para tu proyecto, te mantendrás permanentemente expandiendo tu zona de confort, y desarrollándote como persona.

 

  1. Conciencia:

Para cambiar es fundamental adquirir conciencia de muchas cosas, entre otras:

  • Cuál es tu estado inicial y cuál es el estado final que quieres conseguir,
  • Qué sabes y qué necesitas aprender,
  • Cuál es tu comportamiento actual respecto al hábito que quieres cambiar,
  • Cuál es tu uso del tiempo y cuánto podrás dedicarle a tu cambio
  • Qué identidad tienes y cuál quieres construir,
  • Cómo vas en tu proceso de cambio, con qué fidelidad sigues tu plan, cómo le haces seguimiento

Para desarrollar la conciencia, a mí lo que mejor me ha funcionado es escribir un diario en el que reflejar mi progreso y mis emociones al respecto, y también llevar un registro periódico de la evolución de los indicadores que miden el progreso de mis objetivos. Además, me resulta útil dedicar varios minutos a lo largo del día (por ejemplo dos minutos cada hora) a reflexionar sobre si estoy dedicando mi tiempo a lo que de verdad tengo que hacer, a ser realmente productiva, como recomienda Peter Bergman en su libro 18 minutos, y cuya metodología puedes encontrar resumida en este artículo (el libro es muy recomendable, profundiza no sólo sobre esta metodología sino sobre más aspectos de productividad y estrategia personal).

 

  1. Compromiso:

Tienes que estar comprometida con el cambio que vas a hacer, tienes que haber tomado la decisión con firmeza, o de nada va a servir tu esfuerzo, tienes que estar dispuesta a dedicar el tiempo necesario para el cambio y a esforzarte según sea necesario, y hacer lo que te requiera y exija sin mirar atrás, con perseverancia, o no podrás vencer la resistencia.

 

  1. Motivo:

Es necesario tener muy claro el por qué quieres cambiar, el motivo tiene que estar muy bien definido, y tiene que ser un por qué poderoso, que te importe a ti, que te salga de adentro (no que te lo impongan otros) o no vas a conseguir comprometerte lo suficiente para hacerlo. Que te obliguen a cambiar, o que te lo pidan otros, a veces funciona, depende de quien lo pida o de cómo te obliguen, pero requiere un esfuerzo enorme y te costará mucho más vencer la resistencia, necesitarás más energía. Para conseguir la verdadera motivación, tu motivo último y primario,  hay que indagar y preguntarse por qué quiero hacer esto varias veces. No te quedes con la primera respuesta, que puede no ser la más poderosa, sigue preguntando hasta que tu por qué te emocione. Así encontrarás la fuerza para dedicar tiempo a tu cambio.

 

  1. Optimismo con realismo:

La actitud proactiva y positiva es algo que considero esencial para cualquier proceso de cambio, pero en estos días he leído este artículo relacionado con las investigaciones de Gabriele Oettingen sobre las limitaciones de ser positivo, que nos indican que ser optimista no es suficiente, es necesario darle un toque de realismo al tema. Este punto lo elabora con detalle en su web y en su libro Rethinking Positive Thinking, que apenas estoy empezando a leer. De forma resumida, lo que nos propone es que además de pensar con positivismo en el deseo o sueño que quieres alcanzar y visualizarlo, te preguntes también cuáles son los obstáculos que debes vencer para conseguir el objetivo y que elabores un plan para vencerlos

 

  1. Paciencia:

Es fundamental, para llegar a resultados exitosos, tener paciencia contigo y con el proceso o proyecto de cambio que has emprendido. El cambio no se consigue de un día para otro, pero se logra con persistencia en los hábitos diarios y en la ejecución de tu proyecto. Algunos días podrás desanimarte porque te parecerá que no consigues resultados, pero en ese momento obsérvate y concientízate de que al menos tu identidad sí está cambiando, te estás transformando en una persona que cambia con mayor facilidad que antes. Y recuerda que el fracaso es aprendizaje sobre las estrategias que no funcionan.

 

Esta semana continúo de reuniones familiares y no puedo extenderme mucho más en cada uno de los activos fundamentales para cambiar. Pero si te interesa que te hable más sobre ellos, por favor, comunícamelo, y elaboraré más sobre ellos en artículos futuros.

Y ahora, me gustaría escuchar qué tienes que decirme respecto a este tema: ¿consideras que deberíamos añadir algún activo más a la lista? ¿Dirías que alguno no es fundamental? ¿Puedes darnos ideas de cómo desarrollarlos? ¿Quieres que elabore más contenido sobre alguno en particular? También puedes preguntarme si tienes dudas, estaré encantada de ayudarte. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Para cambiar: Vencer la resistencia y empezar cada día

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo estás hoy? ¿Y tú, cambiador? ¿Cómo empiezas tu semana? ¿Has empezado ya tu proyecto o tu proceso de cambio?

Hoy quiero hablarte sobre la importancia de vencer la resistencia y empezar tu proyecto o proceso de cambio. Empezaré por comentar un artículo de uno de mis mentores en gestión del cambio personal, James Clear (de quien ya te he hablado en otra ocasión) en el que nos dice que es más importante empezar que tener éxito.

James alega que la excelencia no es un requisito para crecer y mejorar, pero empezar sí. Que es peligroso pensar que si no podemos llegar al número uno o dos es mejor no empezar. En realidad, lo importante es impulsarte a empezar a diario, porque aprendes más del proceso de perseguir la excelencia que de los productos de alcanzarla. Es el camino lo que trae el crecimiento.

La curiosidad y las ganas de probar algo nuevo son suficientes para crecer y convertirse en alguien más listo, fuerte y con más habilidades, son lo único necesario para comenzar la lenta marcha hacia tu grandeza. Las ganas de empezar es la cosa más pequeña en la vida capaz de producir el impacto más grande.

Sin importar si vas a ser buena o no, ¿estás dispuesta a empezar? Pues toma riesgos, empieza algo, contribuye, ten el coraje de iniciar algo, porque las personas que comienzan algo de forma persistente son las únicas que pueden llegar a acabar algo.

James finaliza diciéndonos que la vida no es un ensayo. Por eso tienes que empezar. No puedes convertirte en el mejor si ni siquiera estás en el juego, porque la única forma de mejorar lo suficiente para ser muy bueno es practicando, y no hay mejor forma de practicar que empezar a hacer las cosas.

Y esto me recuerda a un pequeño libro que me encontré una vez en un hotel en Bruselas, en estas pequeñas bibliotecas que se encuentran en los hoteles clásicos, y que me gustó tanto que terminé comprándome el ebook: The War of Art, de Steven Pressfield

En el libro, Steven empieza por describirnos su ritual matutino para ponerse a escribir, compuesto de varias rutinas y elementos inspiradores que lo anclan a la tarea de escribir, lo que hace por varias horas hasta que comienza a cometer errores y lo deja por el día. Esto lo hace a diario sin importar si el producto de su trabajo es cuantioso o si la calidad es buena, lo único que es importante para él es que ese día ha vencido a la Resistencia.

 

Vencer la resistencia y empezar

 

La Resistencia es lo que separa la vida que vivimos de la que queremos vivir. La que se opone a que nos dediquemos al arte, a que lancemos empresas, a que hagamos dieta o ejercicio, a que nos eduquemos, contribuyamos o hagamos cualquier cosa que pueda elevarnos. Steven escribe a la Resistencia siempre con mayúscula, para demostrar el respeto que esta enemiga le inspira, por tener que combatirla cada día. Describe a la Resistencia como invisible, insidiosa, e interna (está dentro de nosotros, aunque a veces toma aliados en el exterior en la gente que se opone a nuestro cambio); es implacable, impersonal, infalible, universal: ataca a todos y ataca siempre, y dispara a matar. La Resistencia se opone a que nos elevemos, está alimentada por nuestros miedos y es más poderosa cerca de la meta.

La procrastinación es la manifestación más importante de la Resistencia: el decirnos a nosotros mismos que mañana empezaremos algo, en lugar de hoy, es como la Resistencia nos engaña para no empezar ya. Es ahora cuando podemos empezar, el mañana aún no ha llegado y en él no podemos actuar, es ahora cuando podemos elegir vencer la Resistencia, porque la Resistencia es fuente de infelicidad.

Cuanta más duda tengas sobre ti misma y lo que quieres hacer, cuanto más miedo sientas, es buena señal de que lo que te resistes a hacer es lo que tienes que hacer, porque es en lo que más te eleva donde la Resistencia ataca más insidiosamente.

Y para combatir la Resistencia, la recomendación de Steven es convertirnos en profesionales, actuar como tales. Es decir, como si fuera un trabajo: te presentas todos los días, y estás allí las horas que tienes que estar, aunque en un día determinado tu trabajo no sea el mejor, ni tu concentración o estado físico, ni seas prolífico, al final vas todos los días a trabajar, porque te tienes que ganar el sueldo. Pues con tus proyectos de cambio personal, tienes que actuar igual: estar allí a diario, y dedicarle el tiempo necesario para que avancen, el que te hayas comprometido a dedicarle por corto que parezca, aunque no te sientas inspirado o preparado. Y además, como un buen profesional, tienes que ser paciente, actuar en lugar de dejarte vencer por el miedo, prepararte y dedicarte a mejorar la técnica de lo que te hayas propuesto alcanzar. Y no tomarte el fracaso como algo personal, recuerda que eso es sólo la muestra de que la estrategia utilizada no es la adecuada, y que tienes que buscar otra.

 

Recuerda: Cuanto más importante sea ese cambio para la evolución de tu alma, mayor será la resistencia que sientas hacia perseguir ese cambio.

 

Yo me peleo a diario con la Resistencia, y no siempre gano. Pero no dejo que me gane muchos días seguidos, porque eso destruye mi identidad de luchadora contra la Resistencia. Lo importante no es que te gane un día, sino que al día siguiente, vuelvas a empezar. Para ello, a mi me ayuda tener claro por qué lo hago, mis motivaciones y misión, y recordatorios en lugares visibles.

Así que ya sabes, persiste en vencer la resistencia y empezar. Me gustaría saber cómo lo haces y ayudarte si tienes dudas. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Cuatro elementos favorables para el cambio

Hola cambiadora, ¿cómo ha ido tu semana? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada comencé a hablar de cómo generar un cambio deseado, hablando de objetivos, indicadores, y de crearte una identidad que te permitiera creerte capaz de cambiar.

Tenía previsto hablarte esta semana del siguiente paso, que es el la elaboración de un plan. Pero antes de eso, me parece importante que hablemos un poco de otro elemento que resultará determinante en tus intenciones de cambio: el entorno.

En particular, quiero hablarte de cuatro elementos favorables para el cambio que considero básicos por las experiencias que explicaré a continuación y que resumo en esta infografía:

4ayudasentorno

 

La importancia de las personas…

Hace ocho años que vivo en la comarca de Pamplona, que es una ciudad de unos trescientos mil habitantes, con una altísima calidad de vida. Suelo ir a caminar varias veces por semana a un paseo fluvial cercano a mi casa, muy concurrido. Es bastante habitual encontrarse a otros adultos haciendo ejercicio, pero también a muchos niños con sus padres en bicicleta o caminando. En ese sentido, Pamplona es una ciudad “sana”. La mayoría de las personas practican deporte o alguna actividad física habitualmente. La ciudad se presta a ello, con abundancia de amplios espacios verdes, aire limpio, y rodeada a su vez por más entornos naturales (montañas, ríos, pantano, Cantábrico y Pirineos a menos de 2 horas).

Recientemente he comenzado a aprender a esquiar, por tres impulsores:

  1. Ahora tengo un cuerpo que me permite hacerlo (hace unos años tuve la oportunidad de hacerlo y no me atreví, no me vi capaz)
  2. Últimamente me obligo a hacer cosas que me den miedo
  3. Coincide que algunos de mis amigos están enseñando a sus retoños a esquiar, así que aprovecho las clases que les dan a ellos y la compañía en las pistas de novatos.

No me avergüenza decir que los niños me superaron rápidamente en habilidad, aunque mi ego sufrió más que mis músculos: al final del primer día eran los niños de 3 a 5 años los que me daban las clases, no sus padres. Pero es normal, los niños aprenden todo con mucha facilidad, y no tienen miedo a caerse y romperse algo. Yo tengo que derivar buena parte de mis energías a enfrentar ese miedo cada vez que comienzo un descenso. Afortunadamente, con cada descenso el miedo va disminuyendo y la confianza aumentando (espero profundizar más en la gestión del miedo en futuros posts).

Este aprendizaje me ha hecho pensar mucho en el ambiente en el que te mueves. Los niños en Pamplona comienzan a esquiar y andar en bicicleta y a subir al monte a edades muy tempranas, porque a sus padres les encanta hacer eso. Porque a su vez llevan haciéndolo toda la vida, y sus amigos y familiares también. La ciudad favorece que se haga deporte y la vida natural, pero además la gente tiene ese hábito muy arraigado. Y es curioso observar que hay pocos niños obesos en Pamplona, y que en general los niños pasan mucho tiempo al aire libre.

Y en esta semana de San Fermines, me maravilla ver cómo desde muy pequeños los niños reciben las enseñanzas de las tradiciones asociadas a las fiestas, se aprenden las canciones de la fiesta en la guardería, bailan con las charangas y corren delante de toros de mentira. Correr el encierro es una actividad que pamplonesas y pamploneses se toman muy en serio, y se entrenan físicamente para ello.

Una de las primeras cosas que me gustó al mudarme aquí era tener el Cantábrico a una hora. Mis amigos aquí son muy activos físicamente y practicaban surf, y entonces con eso yo tampoco me atrevía, no me veía en forma, pero igual iba con ellos, hacía el intento con el bodyboard y me divertía mucho.

Eso de ver que mis amigos podían hacer cosas que yo no podía, o que no me atrevía a probar por miedo a que me fallaran las rodillas, ha sido una de las principales motivaciones para querer adelgazar y ponerme en forma: estoy muy joven para dejar de hacer cosas que me gustaría aprender.

Y ahora que estoy haciéndolas y aprendiéndolas (este verano me he atrevido con el windsurf, ¡y me encanta!), me pregunto muchas veces si habría sido capaz de cambiar físicamente como lo he hecho si no me hubiera mudado a Pamplona. Estoy rodeada por un ambiente muy favorable en espacios y oportunidades para practicar deporte, pero además hay presión de grupo (positiva, sí, pero presión). Cuando tienes un grupo de amigos donde la mayoría practica algún deporte o actividad física de forma habitual durante la semana, va al gimnasio o a la piscina con frecuencia, y que el fin de semana se va a esquiar, o a la montaña o a la playa… ¿Cuándo quedas con tus amigos si no es para hacer deporte como ellos? Y si no haces nada físico, eres el diferente, y eso siempre hace que uno se sienta un poco mal, fuera de grupo.

Lo que a su vez me hace pensar en esta frase de Jim Rohn: 

JimRohn

No estoy segura de que haya una base científica detrás de esta frase, no la he conseguido, y en la web encuentras tanto opiniones a favor  como en contra. Quienes están a favor argumentan la mencionada presión de grupo, la influencia que ejercen las buenas compañías, la capacidad de mimetización del ser humano o que los amigos nos ayudan a reafirmar nuestra identidad como cambiadores. Quienes están en contra, indican que tú decides cómo reaccionar ante el entorno, quién y cómo dejas que te influencien.

En mi experiencia, hay algo de cada cosa. Rodearte de personas que han alcanzado ya lo que tú quieres alcanzar te permite ver que otros ya han llegado allí, y a medida que los conoces mejor, aprendes cómo lo hicieron, y ves que no son muy diferentes a ti, y comienzas a creer que si ellos han podido, tú también podrás.

Esto no significa que tengas que cambiar de amigos si no quieres. Creo que si hay alguien de manera constante en tu vida es porque te aporta algo y tú se lo aportas a esa persona y efectivamente, creo que podemos ser proactivos en limitar cómo dejamos que los demás nos influencien, en quedarnos con lo bueno.

Pero cuando estás iniciando un proyecto de cambio o buscas alcanzar una nueva meta, tendrás que reforzar tu red para añadir personas que ya hayan llegado y que te puedan mentorizar, o con amigos que te inspiren. Puedes buscar un mentor en tu entorno cercano, o puedes empezar a leer o seguir a quienes ya lo han conseguido: éste primer paso es fácil y fundamental. Busca blogs, podcasts, o información en cualquier soporte de las personas que te gustaría imitar, aprende cómo lo han hecho y comienza a ensayar sus métodos, adaptándolos a ti. Si tienes dudas, prueba a enviarles un email. En mi caso, he recurrido principalmente a los mentores virtuales, y éste es uno de los primeros que encontré y que más me ha ayudado, y James Clear es de los que me inspira recientemente por estar muy especializado en cambio de hábitos.

También te será de mucha ayuda buscar un apoyo cercano, alguien con quien puedas compartir tus venturas y desventuras del proceso de cambio, que puede ser un mentor o un amigo que busque una meta similar a la tuya o ese familiar que te apoya incondicionalmente hagas lo que hagas.  Alguien que te haga sentir comprometido con esa persona: “no puedo dejar de trabajar en mi cambio porque le fallaría a mi amiga/mentor/madre/esposo/etc.” Pero sobretodo, que te recuerde que tú eres el responsable de tu meta: el compromiso con esa persona tiene que contribuir a reforzar el que tienes contigo, no sustituirlo.

No quiere decir que no puedas equivocarte o que no tengas caídas: búscate a alguien que pueda entender que el fracaso ocasional es parte del proceso de cambio, pero que lo importante no es las veces que caigas sino las que te vuelvas a levantar. En mi proyecto de adelgazamiento, por ejemplo, mi madre, mi hermano y mi cuñada han sido fundamentales con su apoyo y aguantándome, sin desmerecer a mis familiares, amigos y compañeros que también me han respaldado, y a los profesionales de la salud que me han tratado (¡mil gracias a todos!).

 

… Y del entorno

Además de acompañarte de personas que estén alineadas con tus objetivos, es fundamental rodearte de un entorno que lo refuerce. Si puedes, realiza cursos relacionados con tu meta, te permitirá conocer más gente con objetivos similares a los tuyos y te meterá en el ambiente.

Si quieres ponerte en forma, inscríbete en un gimnasio o en una actividad física que te divierta. Si intentas estudiar algo nuevo, puede ayudarte encontrar una biblioteca agradable que facilite la concentración. Como mínimo, cambia el fondo de escritorio o ponte una postal cerca que te motive, que te recuerde por qué cambias, tu objetivo y que puedes hacerlo. O puedes introducir cambios en tu entorno que ayuden a modificar tus hábitos, como sustituir galletas por frutos secos en los frascos visibles en la encimera de tu mesa, o preparar con antelación y dejar a la vista tu ropa de hacer ejercicio.

En mi caso, me funciona muy bien tener en casa la mayor cantidad de alimentos sanos, naturales y bajos en azúcar, grasas y calorías. Cuando caigo en la tentación de comprar dulces (que pasa) resulta mucho más difícil no comerlos, pero incluso así, suelo guardarlos en lugares no visibles: es más probable que me olvide de ellos y termine evitando la tentación. Y llevo unas zapatillas para caminar siempre en el maletero del coche, para poder aprovechar las oportunidades de pasear con amigos o en sitios agradables que me encuentre.

Por último, trata de pasar algo de tiempo semanal en la naturaleza: Ella nos recuerda que el cambio es la única constante, que la renovación y la evolución son procesos continuos e inexorables. Cuando observamos un río, que siempre se recicla, o el crecimiento de árboles, flores y frutos, el cambio de estación, escuchamos el canto de jóvenes pájaros o el mar que nunca se detiene, todo eso nos relaja, nos reconecta con nuestro cambio y con algo más profundo dentro de nosotros que nos renueva y nos recarga las pilas para la siguiente semana.

playa canarias

 

Y para tí, ¿qué es lo que funciona? ¿Qué te ayuda a cambiar? ¿Cómo te ayuda el entorno?

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¡Sí, quiero cambiar! (o como generas el cambio)

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal todo? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada te presenté definiciones de gestión del cambio y te proporcioné estrategias para adaptarte al cambio impuesto por otros. Además, comenté que la gestión del cambio incluye definir qué cambio quieres alcanzar (objetivos), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio).

Esta semana comenzaré a profundizar en las herramientas que utilizo para generar un cambio deseado, como cambiar algún hábito perjudicial, o alguna faceta de tu vida (tu trabajo, tu situación financiera, tus relaciones, etc.).

 

Francis Bacon

 

Cuando el cambio lo generas tú, el control está en tu mano. Tú defines el objetivo de tu cambio, qué quieres alcanzar, cuál es el resultado esperado, y cómo vas a medir que efectivamente has alcanzado ese objetivo: qué indicadores utilizarás para medir tu éxito.

Es importante que este objetivo sea significativo para ti, que te motive, que sea algo que tú quieras alcanzar, no que lo hagas por otros, por dos razones:

  1. Si no lo haces porque de verdad tú quieres, la fuerza de voluntad, disciplina, motivación, energía… la gasolina que necesitas para alcanzarlo se te gastará pronto.
  2. La vida es muy corta, el tiempo es el recurso más escaso y limitado, no renovable, y no es plan de malgastarlo haciendo cosas que en realidad no queremos hacer, al menos en el ámbito personal

Igualmente relevante es que el proceso de definir el objetivo, los indicadores y el plan para alcanzarlo lo realices por escrito, para que quede constancia de lo que quieres, que no se te olvide, y que puedas volver y revisar tus notas cuantas veces lo necesites. A mí me funciona además escribir mis objetivos en lugares visibles donde pueda tenerlos siempre presentes (pizarras o notas en las paredes, o en la agenda, o con un recordatorio diario en el móvil).

 

¿Y cómo fijo mis objetivos?

 

Para definir el objetivo a alcanzar, hay gran consenso en recomendar que el objetivo se defina según el acrónimo SMART  en inglés o MARTE en castellano. Hay diferentes versiones de los acrónimos, pero en resumen, significan:

 

  • Medible (Measurable): El objetivo tiene que incluir cómo van a ser medidos los resultados, el indicador que te permitirá comprobar el nivel de cumplimiento.
  • Alcanzable (Attainable), también definido como Realista (Realistic): Que se pueda alcanzar y completar, que no parezca imposible de entrada, para que puedas comprometerte con él.
  • Relevante (Relevant): Que esté alineado con tu estrategia de vida, con la dirección que le quieres dar.
  • Temporal (Time-Sensitive): Que incluya con claridad cuando lo quieres alcanzar. Conviene fijar también cuándo revisarás el avance.
  • Específico (Specific): Debe explicar precisamente lo que hay que lograr y con qué nivel de desempeño, concretos y tangibles y que eviten la ambigüedad.

En otros casos, la R se define por:

  • Retador, ambicioso (Ambitious, challenging): Que entrañe cierto grado de dificultad para que te resulte motivador y suponga un estímulo para tu superación.
  • Orientado a Resultados: Que defina los resultados que quieres alcanzar y no las tareas que tienes que realizar.

 

En mi experiencia, lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante, por aquello de que la vida  es corta. Lo demás, considero que depende del tipo de objetivo y de tu momento vital.

Por ejemplo, si tu objetivo es estudiar un master y graduarte de él, pues tendrás que acotarlo en el tiempo, porque tendrás que acabar los trabajos relativos al mismo en el tiempo en que dura el curso. Pero si hablamos de adelgazar, definir un plazo puede ser más difícil, porque cada cuerpo es diferente, y reacciona de forma diferente en el tiempo: es un objetivo en el que tú no controlas todas las variables para su consecución. Por mucho que te pongas como objetivo bajar 4 kilos en un mes, porque en el pasado has sido capaz de hacerlo, puede que esta vez ocurra o que no. Es mejor fijarse como objetivo el implantar los hábitos que te lleven a ese resultado, y de esto hablaremos dentro de unos párrafos.

Si el objetivo debe ser ambicioso o realista, depende de tu estado emocional y tu confianza en ti respecto a alcanzar el objetivo en el momento de planteártelo. Supongamos que eres una persona con mucha voluntad para el ejercicio: sabes que si te propones salir a correr todos los días, lo vas a conseguir, así que ponerte el ambicioso objetivo de correr a diario no será un problema para ti. Pero si te consideras incapaz de dejar de fumar, ponerte el objetivo de dejarlo mañana no te conducirá muy lejos. Lo mismo puede pasar si te pones objetivos muy ambiciosos en momentos en los que estás más bien bajo de moral.

 

Cree en tí, trabaja y revisa

 

Para cambiar, tienes que construirte la identidad de una persona capaz de hacerlo, creerte que puedes conseguir el resultado deseado, y eso se hace mediante lograr pasos pequeños. Para empezar a creer que puedes dejar de fumar, empieza por el objetivo de aplazar el siguiente cigarro por 10 minutos. Sólo eso,  ser capaz de esperar un poco. Eventualmente, cuando hayas logrado varias veces ese objetivo, podrás proponerte disminuir los cigarros que fumas al día, y llegará el momento en que seas capaz de dejar de fumar.

Una forma de saber si el objetivo es o no demasiado ambicioso, es intentar visualizarlo, verte a ti consiguiéndolo. Si hay una parte dentro de ti que ante la visualización se parte de la risa y te dice “ni de broma lo consigues”, lo primero que necesitas es convencer a esa parte de ti, y para ello necesitas pequeñas victorias. Empieza por fijarte objetivos menos ambiciosos, aquellos que sí seas capaz de visualizar, y construir la confianza en tu capacidad de lograrlo.

En todo caso, depende de lo que funciona para ti. A mí me resulta útil ponerme plazos incluso en aquellos objetivos en los que no tengo garantía de controlar el resultado, y fijar objetivos ambiciosos, porque me ayudan a acercarme más rápido a la meta. Pero tengo cuidado al analizar los resultados de no flagelarme por no conseguir el objetivo en el tiempo deseado, si yo he hecho todo lo que estaba en mi mano y no podía controlar el resultado final. Si fracaso, es un punto de información, es un aprendizaje sobre lo que no funciona, pero no dejo que ese fracaso destruya mi identidad de persona capaz de lograr cosas.

Eso sí, tampoco vale que si nunca cumples tus objetivos, lo achaques siempre a que te pusiste plazos muy cortos o que eran muy ambiciosos. Si es así, es que no estás haciendo bien el proceso de fijación de objetivos, o el análisis de por qué no los alcanzas, y eso es lo primero que tienes que revisar. Tienes que ser una persona muy honesta contigo en todo este proceso, el autoengaño no te ayudará a llegar a donde quieres ir.

Es necesario ir revisando lo que funciona para ti, trabajar todo el cambio de forma continua, e iterativa. Cualquier proceso de cambio requiere supervisión constante y una buena dosis de ensayo y error. Si no lo haces, es como cuando pones el GPS en el coche y no le haces caso a sus instrucciones, te pierdes igual.

¿Te parece un absurdo? Lo es, pero a mí me pasa constantemente, no respondo bien a que un aparato me dé órdenes, y mi GPS vive “recalculando”. Ocurre mucho que, aunque sepamos que debemos hacer algo, por diferentes razones no lo hacemos. Si tienes un método de control y seguimiento, un objetivo bien definido y buenos indicadores para medirte, es más probable que termines haciendo lo que tienes que hacer. Si el GPS se pone muy pesado, al final le termino haciendo caso.

Otra recomendación para definir un objetivo es escribirlo en positivo, no en negativo. Enfocarte en lo que quieres conseguir, no en lo que quieres evitar. Por ejemplo, es mejor definir el objetivo en términos de adelgazar o mejorar los hábitos alimenticios que en términos de perder peso.

A la hora de escribirlo, conviene también utilizar verbos que denoten acción (mejorar, conseguir, aumentar, implementar) e incluir el objeto (lo que quieres conseguir) y el indicador a medir. El indicador tiene que reflejar la medida en que has alcanzado el objetivo pero preferentemente en términos de lo que tú sí puedes controlar.

Volvamos al ejemplo de adelgazar 4 kilos en un mes. El indicador de medida del éxito serían los kilogramos adelgazados, pero ya hemos dicho que el peso es un número veleidoso, que no siempre está bajo nuestro control (porque un día retienes más líquidos, por ejemplo). Sin embargo, lo que tú si puedes controlar, es la cantidad de calorías que ingieres y quemas en un día. Así que tu objetivo puede ser “quemar a diario X calorías más de las que consumo”, y eso es algo que tú si puedes controlar: midiendo cuántas calorías quemas con el ejercicio, cuántas ingieres en tus comidas, y adaptando la cantidad de comida y ejercicio en consecuencia. Eso sí está sobre tu control, y eventualmente te llevará a conseguir el resultado que quieres, antes o después. Además, está escrito en positivo, con un verbo de acción, y con un indicador de revisión diaria.

Una vez que sabes lo que quieres conseguir y cómo medirlo, tienes que preguntarte cómo vas a conseguirlo. Analiza qué cosas necesitarás para conseguirlo, sea en términos de conocimiento, recursos económicos o personales, ayuda, herramientas, etc. ¿Qué es lo que ya tienes? ¿Qué es lo que te falta y cómo puedes conseguirlo? Con esto toca elaborar un plan de acción. Pero sobre esto hablaremos en detalle en el siguiente post.

Angelou

 

Espero que esta semana puedas pensar un poco en los objetivos e indicadores que necesitas para tu cambio. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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Cambiar… ¡pero si yo no quiero! (o cómo gestionar el cambio)

Cambio acelerado

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás, cambiador? ¡Bienvenidos a mi blog!

Para empezar con esta andadura, me gustaría dedicar este primer post a darte algunas recomendaciones que a mí me han funcionado sobre cómo adaptarse al cambio.

Comencemos por definir qué es el cambio. La RAE define el cambio como la acción y efecto de cambiar, que es dejar una cosa o situación para tomar otra, o modificarse la apariencia, condición o comportamiento.

Es decir, cuando cambiamos, dejamos algo que ya tenemos (cosa, situación, comportamiento) por algo que no tenemos y en ocasiones ni conocemos: pasamos de un punto que dominamos a otro lleno de incertidumbre. Y esto puede ocurrir porque lo queremos nosotros o porque nos lo imponen.

Este segundo caso, en el mundo actual, suele ser el más frecuente, y por lo general, no nos gusta mucho, y la respuesta que tenemos ante él puede ir del simple fastidio al verdadero horror, dependiendo de si el cambio que nos imponen es muy leve (como retrasos en el horario de los autobuses o la desaparición de tu marca favorita de champú), medio (como que tu equipo favorito baje a segunda división) o de mayor envergadura (como despidos o enfermedades repentinas).

Si, por el contrario, eres tú quien quiere el cambio, lo más probable es que te genere emociones positivas, a pesar de la incertidumbre: lo buscas con entusiasmo, optimismo y ganas, y puede que tengas algo de miedo a lo desconocido, pero te generará más bien mariposas en el estómago, como cuando te enamoras (o al menos así me pasa a mí).

En este post hablaré principalmente sobre el cambio impuesto, y en un post futuro entraré en más detalle en el cambio generado, ese que buscas tú.

Porque el caso es que, nos guste o no, el mundo en el que vivimos está empeñado en someternos a cambios, día sí y día también, y cada vez a más velocidad.

 

¿Y qué es gestión del cambio?

 

Pues algo que nos puede ayudar a enfrentarnos a ese cambio impuesto. Especificar qué es gestión del cambio es tarea poco sencilla, porque existen variedad de definiciones asociadas principalmente a la gestión del cambio organizacional. Pero en este post quiero enfocarme en el cambio personal: estoy convencida de que la única forma de cambiar organizaciones y sociedades es a través del cambio individual, y que sólo podremos evolucionar como sociedad si mejoramos como individuos.

Así que, si nos orientamos a lo personal, en mi opinión, la definición que más se ajusta es la propuesta por la Case Western Reserve University, que yo traduciría como: Una aproximación sistemática para lidiar con el cambio, tanto desde la perspectiva de una organización como a nivel individual… dirigiendo proactivamente la adaptación al cambio, el control del cambio, y la generación del cambio

Me gusta además la definición de la wikipedia de “Change Management”, que traducido expresa que la gestión del cambio es un acercamiento a la transición de individuos, equipos y organizaciones a un estado futuro deseado. Ese artículo también nos habla de un cambio que debe ser estructurado y en el cual hay cuatro factores que deben considerarse:

  • Niveles, metas y estrategias
  • Sistemas de medida
  • Secuencias de pasos
  • Implementación y cambio organizacional

Es decir, que la gestión del cambio, aunque sea a nivel personal, incluye definir qué cambio quieres alcanzar (metas), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio)

¿Y cómo nos ayuda esto? De entrada, nos permite saber que el cambio se puede gestionar, orientar positivamente, y de forma sistemática. Que hay mecanismos que podremos utilizar, y que iremos estudiando en este blog.

 

¡Horror, que me cambian!

 

Si eres como la mayoría de los humanos, lo más habitual es que un cambio impuesto te genere algo (o mucho) de miedo. Pilar Jericó, en su libro “No miedo: En la empresa y en la vida”, nos explica que todos sufrimos el miedo al cambio porque nuestra capacidad de asimilar la transformación es limitada, y porque amenaza nuestra necesidad de control, y la seguridad que nos dan nuestros hábitos actuales, nuestras costumbres.

Entonces, es bastante normal que nuestras primeras respuestas ante el cambio impuesto sean la negación, incredulidad, frustración, enfado o ira. Esto es lo que nos ocurre según el modelo de transición de Bridges (que podemos encontrar resumido aquí) cuando nos topamos con el cambio y tenemos que dejar ir nuestra actual zona de confort, despedirnos de lo conocido.

Bridges indica que, mientras el cambio es algo que nos imponen, la transición es algo interno, es lo que ocurre en nuestra mente a medida que atravesamos el cambio. Aunque el cambio pase rápido, la transición puede ser más lenta, y el modelo presenta tres fases de transición: el final, la zona neutra y el nuevo inicio.

En la etapa del final, tenemos que aceptar que algo acaba (el status quo) antes de poder aceptar el inicio de algo nuevo. A medida que avanzamos en el cambio hacia la zona neutra, los sentimientos dominantes pasan a ser resentimiento, escepticismo, ansiedad y baja moral. Cuando llegamos finalmente al nuevo inicio, ya hemos comenzado a aceptar el cambio, comenzamos a ver que podemos adaptarnos a él, nuestra energía comienza a aumentar y estamos dispuestos a aprender.

Así que ya sabes que es normal que tengas miedo cuando te imponen un cambio, y que necesites tiempo para adaptarte y despedirte, pero que puedes llegar a un punto en el que te adaptes a él. ¿Y cómo?

Un cambio impuesto se parece muchísimo a un riesgo, en cuanto a que es algo que es incierto y que cuando ocurre, nos altera nuestros planes. Y en mi opinión, las estrategias de respuesta a los riesgos pueden extrapolarse al cambio impuesto: transferir, evitar, mitigar o aceptar. Es decir:

  • Puedes transferir el cambio, que lo asuma otro, por ejemplo al subcontratar o delegar parte de tu cambio, como cuando contratas a un eventual para sustituir una baja en tu equipo
  • O puedes evitar el cambio, si es posible. Por ejemplo, si hablamos de que hay un cambio macroeconómico o político en un país, puedes evitar ese cambio dejando ese país, aunque esa decisión supone que generas un cambio para ti, que tienes que gestionar un cambio generado, de lo que hablaremos en otro post (esto ha sido lo que nos ha pasado a muchos de los que emigramos)
  • Puedes mitigar el cambio, tratar de reducir su impacto, por ejemplo, si sospechas que en tu empresa puede haber despidos en el corto plazo, y comienzas a ahorrar y a buscar otro empleo.
  • O puedes aceptar el cambio. No es fácil, pero muchas veces no te queda otro remedio, y otras es lo más efectivo: es más rápido asumir y aceptar el cambio que intentar mitigarlo, evitarlo o transferirlo. Y por otro lado, en mi opinión, adquirir el hábito de adaptarse al cambio es una de las capacidades más potentes que una persona puede desarrollar en el mundo actual.

En mi experiencia, cuando nos encontramos ante un cambio impuesto, lo mejor que podemos hacer es acelerar nuestra transición en la medida de lo posible para llegar al nuevo inicio lo antes que podamos, para aceptar rápidamente la nueva situación. A mí me funciona concederme unos días para sentirme algo mal por la nueva situación, pero no muchos, y a partir de entonces, asumirlo, informarme en lo posible sobre el cambio y cómo puedo facilitarlo y enfocarme en las ventajas que me va a traer, que siempre hay. Adopto una actitud proactiva y positiva y procuro encontrar puntos de unión entre ese cambio y mi misión a largo plazo.

Pilar Jericó también nos recomienda para enfrentarnos al miedo al cambio:

  • Aumentar la seguridad en ti
  • Tener una misión o vocación más elevada que tu persona, que te de la energía para superar ese miedo, anclarte a esa misión para inmunizarte ante él
  • Utilizar el sentido del humor y riéndote de ese miedo

Como ejemplo, te cuento que a lo largo de mi vida laboral he cambiado y me han cambiado varias veces de jefe. He reaccionado de forma diferente a ese cambio según la ocasión, alguna vez lo evité dejando el trabajo, y en alguna otra ocasión he buscado otro trabajo aunque luego no me cambiara. Pero cuando mejor me ha ido ha sido cuando he aceptado sin reparos y rápidamente la nueva situación, me gustara o  no, por entender que era la alternativa más viable o efectiva. Cuando ves eso claro, lo mejor es acelerar la adaptación al cambio buscando las ventajas que te aportará. En mi caso, comprendí hace tiempo que podía aprender mucho de nuevos jefes, como profesionales y como personas, y enfocarme en ese aprendizaje ha permitido que la curva de adaptación al cambio no fuera tan dolorosa como podía haber sido si me hubiese resistido. No ha sido fácil, y en algunos momentos ha supuesto echar mano a grandes dosis de paciencia, pero cada uno de mis jefes me ha enseñado como ser una jefa mejor (o eso espero).

La mejor herramienta que he encontrado para ayudar a adaptarse al cambio, es el libro “¿Quién se ha llevado mi queso?”. Es un libro fácil de leer que describe de forma sencilla pero efectiva las ventajas de adaptarse rápidamente al cambio. Lo he leído más de una vez y si estás inmerso en un proceso de cambio que no has buscado tú, te lo recomiendo ampliamente. Nos enseña que para adaptarnos al cambio, usualmente tenemos que cambiar también nuestras creencias, que si no cambiamos nos extinguimos y que podemos disfrutar mientras nos adaptamos al cambio.

 

¿Disfrutar, con la que está cayendo?

 

Sí, lo sé, disfrutar es en lo último que puedes pensar cuando te ocurre algo gordo. Depende mucho del cambio al que te enfrentes, porque no es nada fácil pasarlo bien ante una enfermedad inesperada. Pero para muchos cambios indeseados menos dramáticos, adoptar una actitud optimista y proactiva puede ayudarte a acelerar la adaptación a la nueva situación.

 

No te quejes

 

Desde que empezó la crisis, una de las frases que más escuchamos es “Es lo que hay”. Desafortunadamente, he llegado a decirla también. No me gusta mucho, es algo engañosa, cruza una delgada línea entre la aceptación y la resignación. No te convierte en un agente proactivo del cambio sino pasivo, sumiso. La idea de adaptarse y disfrutar es que reflexiones y te des cuenta de que puedes tomar parte activa en el cambio, volcarlo a tu favor, sacarle algo de provecho, aprender de él, entusiasmarte y emocionarte con algo nuevo. Eso también te ayudará a vencer ese miedo al cambio.

Si alguien nos ha enseñado que podemos elegir cómo actuar ante el cambio es Viktor Frankl. En su libro “El hombre en busca de sentido” nos explica que la libertad de elegir nuestra actitud personal ante las circunstancias es la última de las libertades humanas, que no se nos puede arrebatar. Y que si nos enfocamos en lo que la vida espera de nosotros (nuestra misión), podremos superar mejor las adversidades.

Esto resulta especialmente útil en esos momentos de transición en los que sabes que algo va a cambiar, pero no sabes aún cómo, y no tienes forma de conseguir la información. Por ejemplo, cuando sabes que hay un cambio organizacional en ciernes en tu empresa, y no sabes qué forma tomará, ni si te afectará, ni lo sabrás en varios meses porque habrá negociaciones, etc. En ese tiempo, puedes desesperarte, caer en las garras de la rumorología o víctima del pesimismo y el cinismo; o puedes tomar el control, hacer algo para paliar los potenciales efectos secundarios (como buscar otro empleo), o simplemente entretenerte con otra cosa (como realizar un curso para potenciar una habilidad nueva o un hobbie). Lo importante es que te des cuenta de que tienes opciones, porque tú puedes elegir cómo comportarte ante lo que te pasa.

Para terminar en esta línea, te recomiendo un vídeo con una reflexión del Dr. Mario Alonso Puig sobre nuestra responsabilidad en nuestra felicidad.

 

Resumiendo:

Aceptar el cambio

 

Y con esto me despido por hoy, espero que este post pueda ayudarte a adaptarte mejor a los cambios impuestos. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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