La Rueda

por Eli Giraut
La Rueda

Esta era una vez una rueda. Había sido una rueda nueva, la habían añadido a un vehículo y había rodado mucho. Había  llevado una buena vida, larga y útil, pero últimamente se sentía algo cansada y desgastada.

 

Una mañana se despertó y se dio cuenta de que estaba en un taller sola, desmontada del vehículo con el que tanto tiempo había rodado, y separada de sus compañeras ruedas, con las que tanto había compartido. Sintió mucho miedo y comenzó a temblar. No sabía lo que sería de ella, lo que podría pasar.

 

Cerca de ella estaba un gato hidráulico grande que notó el temblor de la rueda. Había visto muchas ruedas como aquella, había observado como las abandonaban en aquel taller y había hablado con muchas de ellas.

 

Era un gato sabio y decidió dejar a la rueda experimentar en silencio un rato su miedo. Sabía que si los sentimientos se viven y expresan intensamente durante unos momentos, sin intentar aliviarlos o eliminarlos u ocultarlos o evadirlos, éstos eventualmente se diluyen solos.

 

Y así fue, al cabo de un rato, la rueda dejó de temblar y se tranquilizó. Entonces, el gato supo que era el momento indicado para hablar con ella.

 

  • ¡Hola! Bienvenida a mi taller. Encantado de conocerte.
  • Hola… Encantada, supongo… ¿Tu taller? No sé dónde estoy…
  • Sí, mi taller. Bueno, no es mío, pero vivo y trabajo aquí. Es un sitio agradable y seguro. Aquí estarás bien.
  • No sé cómo he acabado aquí…
  • Bueno, acabado… no creo que hayas acabado. Has llegado aquí. Por un tiempo, este será tu nuevo hogar.
  • ¿Hogar? ¡Pero si estoy sola, sin mis compañeras ni el vehículo al que pertenezco! ¡Si no estoy rodando en la carretera, que es mi trabajo! ¿Cómo puede ser este mi hogar? ¡Si no sé qué hago aquí!
  • Dime, ¿cómo te sientes en este momento?
  • Estaba asustada pero ahora empiezo a estar frustrada y enfadada. ¡No entiendo nada! ¿Por qué me han dejado aquí?
  • ¿Te gustaría hacer un pequeño experimento conmigo? Creo que después de eso te sentirás mejor.
  • ¡Bufff! Bueno… no tengo nada que perder… ¿Qué tengo que hacer?
  • Respira profundamente, cogiendo el aire por la nariz y expulsándolo lentamente por la boca tres veces… muy bien así… Bien, ahora dime qué sientes en tu cuerpo.
  • Siento que me duele el costado izquierdo… siento una opresión.
  • ¿Y qué significa eso para ti?
  • Siento angustia, ansiedad…
  • ¿Por qué?
  • Porque no sé qué va a ser de mi… no sé qué voy a hacer…
  • ¿Qué quieres hacer?
  • Volver a la carretera en mi vehículo
  • Me temo que eso no va a ser posible. Ayer vi como el mecánico decidía que no podías seguir rodando por el desgaste en tu dibujo. Por eso te desmontaron y te dejaron aquí
  • Eso me temía… había oído que le había pasado a otras compañeras… pero entonces… ¿qué voy a hacer?
  • ¿Qué quieres hacer?
  • No sé… quiero ser útil, servir para algo, rodar con algún vehículo…
  • ¿Si no ruedas en un vehículo no sirves para nada?
  • ¿Para qué sirve una rueda si no es para rodar?
  • Esa pregunta me la tienes que contestar tú, yo no soy una rueda
  • Jeje, vale, a ver… alguna vez he visto por la carretera a ruedas haciendo cosas raras… como adornos en las gasolineras o papeleras… pero siempre he pensado que eran unas pringadas por no estar en la carretera rodando…
  • Mira, ¿ves aquella pared de allí? Fíjate bien, la de las fotos. Al mecánico de aquí le gusta sacar fotos a las ruedas que han pasado por este taller y que se han dedicado a otra cosa. A lo mejor te da una idea…

 

La rueda vio la pared y se dirigió a ella. Allí había un montón de fotos de ruedas. Observó con detenimiento algunas que le llamaron la atención: había ruedas convertidas en sillones, en mesas, en macetas, en columpios, en juegos de parques de niños, en decoraciones… ¡hasta vio una convertida en lámpara! Esa le impactó especialmente, le pareció muy interesante ser capaz de arrojar luz sobre los demás.

 

  • ¡Guauuu! ¿No tenía ni idea de que las ruedas pudieran dedicarse a tantas cosas!
  • Suele pasarnos que nos limitamos a las opciones que conocemos a la hora de tomar decisiones, sin darnos cuenta de que hay un montón de elecciones que desconocemos… nos cuesta explorar otras opciones… ¿cómo te sientes ahora?
  • Mejor… un poco más aliviada, aunque aún no sé qué hacer…
  • ¿Qué te gustaría hacer?
  • No lo sé…Varias de esas cosas parecen divertidas, es difícil decidir… por otro lado, ninguna parece atraerme del todo…
  • Bien, dime entonces, ¿qué cosas te gustan?
  • Me gusta moverme, por eso no me veo como mueble, ni como maceta, aunque me gusta la naturaleza, y lo de iluminar me ha llamado la atención y también lo de los niños jugando…
  • Y con eso, si pudieras crear tu propia opción, ¿cuál sería?
  • Pues me gustaría ser un columpio lámpara en la naturaleza, mejor si es cerca de un río
  • ¿Qué te lo impide?
  • ¡No puedo ser un columpio y una lámpara a la vez! ¡Ni puedo llegar cerca de un río!
  • Cuando nos decimos ”no puedo hacerlo”, le decimos al cerebro que deje de pensar en eso, que se rinda. Si nos decimos ”aún no he encontrado el modo de hacerlo”, el cerebro se pone a trabajar en encontrar la forma de lograrlo. Así que… ¿Cómo vas a vencer esos obstáculos? O mejor… ¿cuál es el primer paso que puedes dar para superarlos? Que sea una acción física. No me digas que vas a pensar algo. Dime qué vas a hacer.
  • Hummmm… bueno… si lo pienso… supongo que lo más fácil sería intentar llegar a un río, y convertirme en un columpio de río, y luego ya vería cómo convertirme en lámpara también
  • Vale, ¿y qué puedes hacer para llegar a un río?
  • Supongo que el mecánico podría llevarme hasta un río… así que el primer paso sería hablar con él a ver cómo puede ayudarme.
  • Muy bien, ¿y cuando lo vas a hacer? Quiero una fecha y hora concreta
  • Mañana en lo que el mecánico llegue al taller.
  • ¡Genial! Ahora ya estás en camino. Si se te ocurren más ideas de acciones, puedes irlas apuntando y creando un plan. Pero sin romperte mucho la cabeza, las buenas ideas vienen solas. Lo importante es que actúes para encaminarte hacia aquello que quieres hacer. Aunque sea un pequeño paso cada día, estarás avanzando.

 

A la mañana siguiente, la rueda habló con el mecánico tan pronto como este llegó. Le pidió que la llevara cerca de un río y la convirtiera en un columpio. El mecánico accedió y le dijo que antes la pintaría de colores para que fuera más divertida y que tenían que esperar a que se secara. Un par de días después volvieron a conversar el gato y la rueda

 

  • ¿Cómo te sientes hoy, rueda?
  • ¡Genial! Con estos colores nuevos… y el mecánico me ha enseñado una foto del río donde me instalará ¡y es un sitio precioso!
  • ¡Me alegro mucho! ¿Qué sientes en el cuerpo?
  • Lo siento ligero, alegre, ¡con ganas de moverse y volar!
  • ¡Qué bien! ¿Y cuál será tu siguiente paso?
  • Pasado mañana iremos a al río y me colgará de un árbol. ¡A las 9 hemos quedado! Y luego ya estaré lista para que los niños jueguen conmigo. Parece que en esa zona hay varios campamentos, así que seré muy útil y mucha gente podrá disfrutar conmigo, ¡y yo con ellos! Aunque aún no sé cómo convertirme también en lámpara…
  • Veo que ya tienes un plan, y has dado los primeros pasos. Eso es lo más importante, ¡ya estás en camino! Ahora, cada paso te dará impulso para el siguiente, y aunque en alguno te caigas, con volver a levantarte y darte cuenta de que existen más opciones de las que conoces, y que alguna puede resolver tu tema, podrás darle a tu cerebro la orden de percibir otras formas de actuar para poder resolverlo.
  • Sí, lo sé, ahora sé que, aunque en este momento no vea la solución, ¡seré también una lámpara! Puedo hacerlo y cualquier día encontraré cómo.
  • Me alegro mucho de haberte conocido, rueda, y de verte tan animada con tu nuevo destino… ¡te deseo mucho éxito!

 

Se despidieron con mucho afecto y al día siguiente la rueda se marchó con el mecánico. El gato no la ha vuelto a ver, pero unas semanas más tarde, el mecánico colgó una foto nueva en la pared. El gato se acercó a ver y se encontró con la rueda columpio en el río… ¡con una familia de luciérnagas viviendo en su interior de noche! ¡Lo había conseguido! ¡Era una lámpara y un columpio!

El gato sonrió, y volvió a su trabajo desmontando ruedas… y dándoles opciones nuevas.

 

Y tú, ¿qué nueva versión de ti quieres experimentar?

Si lo tienes claro, ¿qué acción concreta vas a acometer en las próximas 48 horas para vivir esa versión?

Si no lo tienes claro y deseas que te acompañe mientras o averiguas, contáctame.

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