¡Sí, quiero cambiar! (o como generas el cambio)

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal todo? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada te presenté definiciones de gestión del cambio y te proporcioné estrategias para adaptarte al cambio impuesto por otros. Además, comenté que la gestión del cambio incluye definir qué cambio quieres alcanzar (objetivos), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio).

Esta semana comenzaré a profundizar en las herramientas que utilizo para generar un cambio deseado, como cambiar algún hábito perjudicial, o alguna faceta de tu vida (tu trabajo, tu situación financiera, tus relaciones, etc.).

 

Francis Bacon

 

Cuando el cambio lo generas tú, el control está en tu mano. Tú defines el objetivo de tu cambio, qué quieres alcanzar, cuál es el resultado esperado, y cómo vas a medir que efectivamente has alcanzado ese objetivo: qué indicadores utilizarás para medir tu éxito.

Es importante que este objetivo sea significativo para ti, que te motive, que sea algo que tú quieras alcanzar, no que lo hagas por otros, por dos razones:

  1. Si no lo haces porque de verdad tú quieres, la fuerza de voluntad, disciplina, motivación, energía… la gasolina que necesitas para alcanzarlo se te gastará pronto.
  2. La vida es muy corta, el tiempo es el recurso más escaso y limitado, no renovable, y no es plan de malgastarlo haciendo cosas que en realidad no queremos hacer, al menos en el ámbito personal

Igualmente relevante es que el proceso de definir el objetivo, los indicadores y el plan para alcanzarlo lo realices por escrito, para que quede constancia de lo que quieres, que no se te olvide, y que puedas volver y revisar tus notas cuantas veces lo necesites. A mí me funciona además escribir mis objetivos en lugares visibles donde pueda tenerlos siempre presentes (pizarras o notas en las paredes, o en la agenda, o con un recordatorio diario en el móvil).

 

¿Y cómo fijo mis objetivos?

 

Para definir el objetivo a alcanzar, hay gran consenso en recomendar que el objetivo se defina según el acrónimo SMART  en inglés o MARTE en castellano. Hay diferentes versiones de los acrónimos, pero en resumen, significan:

 

  • Medible (Measurable): El objetivo tiene que incluir cómo van a ser medidos los resultados, el indicador que te permitirá comprobar el nivel de cumplimiento.
  • Alcanzable (Attainable), también definido como Realista (Realistic): Que se pueda alcanzar y completar, que no parezca imposible de entrada, para que puedas comprometerte con él.
  • Relevante (Relevant): Que esté alineado con tu estrategia de vida, con la dirección que le quieres dar.
  • Temporal (Time-Sensitive): Que incluya con claridad cuando lo quieres alcanzar. Conviene fijar también cuándo revisarás el avance.
  • Específico (Specific): Debe explicar precisamente lo que hay que lograr y con qué nivel de desempeño, concretos y tangibles y que eviten la ambigüedad.

En otros casos, la R se define por:

  • Retador, ambicioso (Ambitious, challenging): Que entrañe cierto grado de dificultad para que te resulte motivador y suponga un estímulo para tu superación.
  • Orientado a Resultados: Que defina los resultados que quieres alcanzar y no las tareas que tienes que realizar.

 

En mi experiencia, lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante, por aquello de que la vida  es corta. Lo demás, considero que depende del tipo de objetivo y de tu momento vital.

Por ejemplo, si tu objetivo es estudiar un master y graduarte de él, pues tendrás que acotarlo en el tiempo, porque tendrás que acabar los trabajos relativos al mismo en el tiempo en que dura el curso. Pero si hablamos de adelgazar, definir un plazo puede ser más difícil, porque cada cuerpo es diferente, y reacciona de forma diferente en el tiempo: es un objetivo en el que tú no controlas todas las variables para su consecución. Por mucho que te pongas como objetivo bajar 4 kilos en un mes, porque en el pasado has sido capaz de hacerlo, puede que esta vez ocurra o que no. Es mejor fijarse como objetivo el implantar los hábitos que te lleven a ese resultado, y de esto hablaremos dentro de unos párrafos.

Si el objetivo debe ser ambicioso o realista, depende de tu estado emocional y tu confianza en ti respecto a alcanzar el objetivo en el momento de planteártelo. Supongamos que eres una persona con mucha voluntad para el ejercicio: sabes que si te propones salir a correr todos los días, lo vas a conseguir, así que ponerte el ambicioso objetivo de correr a diario no será un problema para ti. Pero si te consideras incapaz de dejar de fumar, ponerte el objetivo de dejarlo mañana no te conducirá muy lejos. Lo mismo puede pasar si te pones objetivos muy ambiciosos en momentos en los que estás más bien bajo de moral.

 

Cree en tí, trabaja y revisa

 

Para cambiar, tienes que construirte la identidad de una persona capaz de hacerlo, creerte que puedes conseguir el resultado deseado, y eso se hace mediante lograr pasos pequeños. Para empezar a creer que puedes dejar de fumar, empieza por el objetivo de aplazar el siguiente cigarro por 10 minutos. Sólo eso,  ser capaz de esperar un poco. Eventualmente, cuando hayas logrado varias veces ese objetivo, podrás proponerte disminuir los cigarros que fumas al día, y llegará el momento en que seas capaz de dejar de fumar.

Una forma de saber si el objetivo es o no demasiado ambicioso, es intentar visualizarlo, verte a ti consiguiéndolo. Si hay una parte dentro de ti que ante la visualización se parte de la risa y te dice “ni de broma lo consigues”, lo primero que necesitas es convencer a esa parte de ti, y para ello necesitas pequeñas victorias. Empieza por fijarte objetivos menos ambiciosos, aquellos que sí seas capaz de visualizar, y construir la confianza en tu capacidad de lograrlo.

En todo caso, depende de lo que funciona para ti. A mí me resulta útil ponerme plazos incluso en aquellos objetivos en los que no tengo garantía de controlar el resultado, y fijar objetivos ambiciosos, porque me ayudan a acercarme más rápido a la meta. Pero tengo cuidado al analizar los resultados de no flagelarme por no conseguir el objetivo en el tiempo deseado, si yo he hecho todo lo que estaba en mi mano y no podía controlar el resultado final. Si fracaso, es un punto de información, es un aprendizaje sobre lo que no funciona, pero no dejo que ese fracaso destruya mi identidad de persona capaz de lograr cosas.

Eso sí, tampoco vale que si nunca cumples tus objetivos, lo achaques siempre a que te pusiste plazos muy cortos o que eran muy ambiciosos. Si es así, es que no estás haciendo bien el proceso de fijación de objetivos, o el análisis de por qué no los alcanzas, y eso es lo primero que tienes que revisar. Tienes que ser una persona muy honesta contigo en todo este proceso, el autoengaño no te ayudará a llegar a donde quieres ir.

Es necesario ir revisando lo que funciona para ti, trabajar todo el cambio de forma continua, e iterativa. Cualquier proceso de cambio requiere supervisión constante y una buena dosis de ensayo y error. Si no lo haces, es como cuando pones el GPS en el coche y no le haces caso a sus instrucciones, te pierdes igual.

¿Te parece un absurdo? Lo es, pero a mí me pasa constantemente, no respondo bien a que un aparato me dé órdenes, y mi GPS vive “recalculando”. Ocurre mucho que, aunque sepamos que debemos hacer algo, por diferentes razones no lo hacemos. Si tienes un método de control y seguimiento, un objetivo bien definido y buenos indicadores para medirte, es más probable que termines haciendo lo que tienes que hacer. Si el GPS se pone muy pesado, al final le termino haciendo caso.

Otra recomendación para definir un objetivo es escribirlo en positivo, no en negativo. Enfocarte en lo que quieres conseguir, no en lo que quieres evitar. Por ejemplo, es mejor definir el objetivo en términos de adelgazar o mejorar los hábitos alimenticios que en términos de perder peso.

A la hora de escribirlo, conviene también utilizar verbos que denoten acción (mejorar, conseguir, aumentar, implementar) e incluir el objeto (lo que quieres conseguir) y el indicador a medir. El indicador tiene que reflejar la medida en que has alcanzado el objetivo pero preferentemente en términos de lo que tú sí puedes controlar.

Volvamos al ejemplo de adelgazar 4 kilos en un mes. El indicador de medida del éxito serían los kilogramos adelgazados, pero ya hemos dicho que el peso es un número veleidoso, que no siempre está bajo nuestro control (porque un día retienes más líquidos, por ejemplo). Sin embargo, lo que tú si puedes controlar, es la cantidad de calorías que ingieres y quemas en un día. Así que tu objetivo puede ser “quemar a diario X calorías más de las que consumo”, y eso es algo que tú si puedes controlar: midiendo cuántas calorías quemas con el ejercicio, cuántas ingieres en tus comidas, y adaptando la cantidad de comida y ejercicio en consecuencia. Eso sí está sobre tu control, y eventualmente te llevará a conseguir el resultado que quieres, antes o después. Además, está escrito en positivo, con un verbo de acción, y con un indicador de revisión diaria.

Una vez que sabes lo que quieres conseguir y cómo medirlo, tienes que preguntarte cómo vas a conseguirlo. Analiza qué cosas necesitarás para conseguirlo, sea en términos de conocimiento, recursos económicos o personales, ayuda, herramientas, etc. ¿Qué es lo que ya tienes? ¿Qué es lo que te falta y cómo puedes conseguirlo? Con esto toca elaborar un plan de acción. Pero sobre esto hablaremos en detalle en el siguiente post.

Angelou

 

Espero que esta semana puedas pensar un poco en los objetivos e indicadores que necesitas para tu cambio. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!

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