Desnudarse de los juicios

por Eli Giraut
Desnudarse de los juicios

“La vida, y todo lo que contiene, incluida nosotras, es demasiado bella como para no aceptarla tal cual es."

¡Hola, bienvenida de vuelta!

Suelo caminar por este bosque con cierta frecuencia. Cuando comencé a visitarlo, me daba algo de miedo. Era finales de primavera, inicio de verano, hace un par de años, y estaba muy frondoso. No se veía nada, y cuando escuchaba algún ruido entre la maleza, no sabía si era un pajarillo o algún animal más grande y peligroso. Reconozco que los animales siempre me han dado un poco de respeto.

 

Sin embargo, ahora en invierno este es el aspecto del bosque: desnudo. Puede apreciarse claramente que no hay animales grandes que temer. No hay miedo, hay claridad.

 

Los miedos vienen de nuestras creencias, nuestros juicios. Si yo elijo creer que en el bosque hay animales grandes peligrosos, voy a andar con miedo siempre. Si yo elijo remitirme a las pruebas, a los hechos, podré disfrutar de un inofensivo bosque.

 

En las relaciones con las personas nos pasa lo mismo. Esta semana realicé un ejercicio de simulación en un curso, donde teníamos que practicar dar feedback a una persona. El feedback, o realimentación, supone en este contexto recopilar información objetiva sobre el comportamiento de alguien y devolvérselo, para que pueda utilizarlo en su aprendizaje y desarrollo. El feedback puede pedirse o darse, según la situación; en cualquier caso, lo que se busca es que la persona tenga referencias sobre las cuales poder efectuar una mejora.

Durante el ejercicio, trabajaba en parejas con uno de los compañeros del curso, pero en mi mente estaba practicando el ejercicio con otra persona, a la que me gustaría dar feedback en la vida real. Según transcurría el ejercicio, notaba como mi cuerpo se tensaba, me sentía violenta, y después recibí el feedback de los observadores de que, efectivamente, se notaba en mi cuerpo esa tensión. Comprendí durante el ejercicio, gracias a esas sensaciones, que no estaba evaluando a esa persona en base a hechos objetivos, sino que había creencias que empañaban mi juicio y que yo estaba siendo injusta, al atribuir a la persona razones que ni siquiera sé si son ciertas. La tensión la generaban esas creencias y el miedo a la confrontación con esa persona, a su posible reacción, a cómo podría dañarse la relación y a no tener razón.

 

Fue un ejercicio muy valioso para mí, porque comprendí que no puedo dar ese feedback desde ese marco de creencias, que debía recopila únicamente hechos objetivos y “limpiar” esos prejuicios hacia esa persona, si quería darle una oportunidad genuina de cambiar su comportamiento. En la gestión de equipos (y en las relaciones en general) apuesto por confiar siempre en todos sus miembros, en que su potencial es mucho mayor que lo que ellos mismo perciben, dentro de su autenticidad, y me he dado cuenta de que no estaba confiando en esa persona, por lo que no daba la oportunidad de que su potencial floreciera. Así que ahora ya tengo otro marco de referencia más sano con el que reconducir la relación.

 

Esto nos ocurre mucho en las relaciones, y los juicios son, con frecuencia, los causantes principales de los conflictos entre las personas. Y en donde más noto la influencia de los juicios, en mi caso, es en mi relación conmigo misma, y es donde más difícil me puede resultar limpiarlos. Tiendo a exigirme y a enfocarme en lo que no consigo hacer, culpándome y machacándome, en lugar de enfocarme en todo lo extraordinario que hay en mi, y en los hechos que evidencian mi comportamiento. Es un ejercicio constante de reconducir mi mente, recordarme que la realidad es respuesta, y es mi cuerpo y mi realidad los que reflejan lo que hay en mi mente y el resultado de mis actos. La realidad en ese sentido puede corregirme para ambos lados, puede darme evidencias de que lo estoy haciendo muy bien en áreas en las que mis juicios me dicen que no doy la talla, o puede, como en el ejemplo anterior, hacerme ver que estoy dándome la razón en algún punto en que no la tengo, porque mi cuerpo sabe y muestra, al tensarse, que estoy ante una incoherencia.

 

Así que el ejercicio de desnudarme de juicios, especialmente sobre mi misma, es el ejercicio más importante de mi vida en este momento, porque cada vez que aprendo a no juzgarme a mí, aprendo a no juzgar a otros. Porque lo que llevamos dentro se refleja en todas las áreas de nuestras vidas, aunque creamos que sólo afecta un ámbito. Y porque

 

La vida, y todo lo que contiene, incluida nosotras, es demasiado bella como para no aceptarla tal cual es.

 

 

Y tú, ¿quieres afrontar tu camino desde el miedo y el juicio, o desde aceptar el hecho de que eres gran-diosa?

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