¿Quieres cambiar con éxito? Define tu rutina diaria (II)

Esta semana finaliza la serie de dos artículos sobre la rutina diaria, por qué te conviene tenerla y cómo implementarla

 

¡Buenos días, cambiadora! ¿Qué tal estás, cambiador? 

 

La semana pasada empezamos una conversación muy interesante sobre la necesidad de establecer tu rutina diaria para avanzar en tu proyecto de cambio o llevar una vida más equilibrada: cómo te ayuda a alcanzar el éxito, y qué rutinas conviene definir.

 

¿Has pensado ya en qué hábito diario necesitas para construir tu rutina diaria, la que te lleve a alcanzar tus metas? ¿Has comenzado a implantarlo? ¿Cómo te ha ido?

 

Si no has sabido cómo empezar, esta semana te cuento cómo puedes implementar esa rutina diaria, empezando por tu primer hábito, y comparto contigo mis aprendizajes con las rutinas, esperando que te ayuden.

 

 

Cómo implementar tu cambio con la rutina diaria

 

En mi opinión, para crearte una rutina diaria, lo conveniente es que empieces definiendo cuatro sistemas:

  • Sistema ideal: Es el conjunto de rutinas diarias que te permitiría alcanzar tu objetivo si lo aplicaras de forma continua.
  • Sistema inicial: Es lo mínimo que puedes hacer de esas rutinas que te daría tracción para empezar
  • Sistema de transición: Es el ritmo de incremento que tienes que dar a tus rutinas para ir del punto inicial al ideal
  • Sistema de seguimiento: Es el conjunto de indicadores y herramientas de seguimiento que te permitirán registrar tu progreso y analizarlo

 

Suena complicado pero en realidad es bastante sencillo, y lo verás mejor con un ejemplo:

Supongamos que mi objetivo es correr una carrera de 5 kilómetros. Para conseguirlo, mi sistema ideal consistiría en correr 30 minutos 4 veces a la semana.

Pero ahora no corro a diario, sólo camino, así que mi sistema inicial será correr 3 minutos 2 veces a la semana la primera semana.

Y mi sistema de transición podría ser subir 2 minutos cada día a partir de la segunda semana hasta alcanzar los 15 minutos 2 veces a la semana, luego añadir esos 15 minutos un día más cada semana, hasta correr 15 minutos 4 veces a la semana y luego subir 5 minutos a la semana hasta alcanzar el sistema ideal.

El sistema de seguimiento consiste en registrar cada uno de mis entrenamientos con una aplicación para corredores en el móvil, en la que pueda guardar el tiempo y la distancia, más anotaciones sobre mi entrenamiento (resultados, sensaciones, etc.)

Nota: Esto es sólo un ejemplo de cómo aplicar los sistemas, no un plan de entrenamiento real. No soy experta en correr ni te aconsejo que sigas este plan de entrenamiento.

 

Lo que hace falta una vez decides estos sistemas, es comenzar a probarlos, experimentar con ellos, llevar un registro de lo que te funciona y lo que no, y corregir en base a eso. Siguiendo con el ejemplo, si yo no puedo alcanzar los minutos diarios que me propuse un día, conviene analizar y registrar qué pasó, si me sentía mal físicamente porque estaba resfriada, porque entonces puedo fijarme que los días que me sienta mal, correré algo menos, pero no dejaré de correr. O si un día no pude entrenar porque salí muy tarde de trabajar, y detecto que eso ocurre a menudo, puedo corregir y entrenar antes de ir al trabajo. Pero si no llevo un registro con los resultados de mis pruebas, no podré saber lo que tengo que corregir ni cómo. 

 

Además de definir estos sistemas, conviene definir la estructura del hábito que quieres implantar. Recordando la estructura para cambiar hábitos, podemos utilizarla para implantar uno nuevo. Te decía entonces que Charles Duhigg en su libro El poder de los hábitos, indica que el proceso de los hábitos en nuestro cerebro es un ciclo de tres pasos (las tres Rs), y que siempre que esos tres pasos se dan de forma recurrente, terminan convirtiéndose en un hábito:

  • Recordatorio, señal o disparador
  • Rutina
  • Recompensa

 

Es decir, que si quieres establecer un hábito necesitas buscar un disparador que sea muy fácil para ti, que no cueste hacer, y mejor si supone movimiento físico, que puedas unir a la rutina que quieres hacer. Por ejemplo, ponerte las zapatillas de deporte es un disparador ideal para salir a caminar.

 

Por otro lado, James Clear nos propone establecer una pre-rutina para poder motivarte a ejecutar tu rutina: escoge una pre-rutina muy sencilla, que implique movimiento físico, y que la repitas siempre de la misma forma para que se convierta en el disparador del primer hábito de tu rutina, aunque no esté relacionada directamente con el hábito que quieres implantar. Por ejemplo, él se bebe un vaso de agua antes de empezar a escribir todos los días. 

 

Una vez que hayas ejecutado la rutina, necesitas recompensarte para reforzar la actividad. Puede que realizar la actividad en sí misma sea la recompensa, por ejemplo, si después de caminar te sientes fenomenal porque has pasado tiempo en la naturaleza y relajándote y te han subido las endorfinas, pero entonces, tienes que darte cuenta de ello, felicitarte por haberlo hecho, y deleitarte en ese bienestar que sientes por el logro y por la actividad en sí. Pero si ese no es el caso, si la actividad no es tan agradable o te cuesta y la sensación de logro no es suficiente recompensa, búscate una recompensa artificial que no vaya en contra de tus objetivos y que refuerce el hábito hasta que ya no lo necesites (¡no vayas a comerte un chocolate después de caminar si lo que quieres es adelgazar! Mejor regálate un masaje).

 

La repetición del hábito genera que ansiemos la recompensa. Nos acostumbramos a recibirla, y eso hace que el hábito se repita, para calmar el intenso deseo por ella, el antojo de recompensa. Por eso es mejor si la recompensa es algo inherente al hábito. 

 

Llega un momento que el hábito es parte de ti, y no necesitas ni disparador ni recompensa para que tengas ganas de hacerlo, porque ya habrás visto los beneficios de practicarlo. ¿Cuándo? No sé decirte. Hay recomendaciones de 21 días como mínimo, otras de 30 días, otras 8 semanas… Yo creo que tienes que hacerlo hasta que obtengas el resultado que quieras y tanto tiempo como lo necesites. Es un compromiso con tu éxito, ¿qué más da los días que te lleve? Cada vez que me pongo un hábito nuevo lo veo como algo de por vida. Por supuesto que puedo ser flexible en la forma de implementarlo, experimentar, ver si me funciona o no, pero si me estoy planteando implementarlo es porque quiero ese beneficio en mi vida. Así que no pienso en términos de “voy a hacer esto 30 días y a ver qué pasa”, sino en términos de “quiero lograr este resultado en mi vida y voy a experimentar a implantar hábitos y rutinas hasta que consiga ese resultado”.

 

Las recomendaciones de Leo Babauta te pueden resultar muy útiles para implantar hábitos. Aquí verás que Leo recomienda establecer un hábito a la vez y empezar en pequeño. Estoy de acuerdo, al principio es mejor empezar despacio e ir construyendo sobre eso. Una vez que te has acostumbrado a construir hábitos puedes aventurarte con más de uno al día, ya te irás conociendo. Pero asegúrate unos cuantos éxitos primero antes de probarlo, para que lo hagas con más confianza.

 

Y ahora, ¿cómo estableces una rutina matinal o diaria? Pues es muy sencillo, encadena un hábito con el siguiente: que la rutina del hábito 1 se convierta en el disparador del hábito 2, y la rutina del hábito 3 en el disparador del 4, y así sucesivamente. O que el disparador sea algo que tienes que hacer habitualmente. Por ejemplo, para mí, desayunar es el disparador para revisar mi visión y objetivos y lo que agradezco del día, y para meditar a continuación. Y la cena es el disparador para preparar mis cosa para el día siguiente, y eso para irme a la cama (aunque reconozco que establecer la rutina nocturna todavía me da problemas). Puedes definirte una recompensa con cada hábito o una más grande para la rutina completa, que yo creo que es más recomendable. 

Esquema para establecer tu rutina diaria
Esquema para establecer tu rutina diaria

 

 

Mi experiencia y consejos:

 

Por si no te has dado cuenta todavía, ¡soy una fan de las rutinas diarias! 😀

 

Me encanta enterarme de las rutinas que a otros le han servido y probar nuevas rutinas para mí, y tiendo a querer probar más de una a la vez, con resultados irregulares (unas cosas me resultan más fáciles que otras). Por ejemplo, esta semana he comenzado a trabajar el hábito que comentamos la semana pasada de las listas diarias de ideas de James Altucher, y me ha ido bien con eso y con llevar al día mi Kakebo. Pero la puntualidad sigue siendo un hábito que me cuesta dominar, igual que lo de dormir 8 horas.

 

Estoy lejos de tener implementada mi rutina ideal con todos los hábitos que quiero implantar, y cada vez que me voy de vacaciones me cuesta retomarla, tengo que volver a empezar poco a poco con lo que ya es muy central y crecer sobre ello: empiezo con el ejercicio, la meditación, escribir en el diario… si es un hábito implementado me cuesta menos, así que regreso primero a lo que llevo más tiempo haciendo.

 

A mí me va mejor si consigo hacer las cosas de mañana, antes de ir a trabajar, cuando tengo más energía, excepto el ejercicio, porque me he dado cuenta de que me viene mejor hacerlo en la tarde, me ayuda a desconectar y cerrar el día mentalmente. Pero a esta conclusión llegué experimentando. Sigo probando cosas cada semana con las rutinas que ya tengo para hacer espacio para las nuevas, como cambiar la hora de ducharme, qué cosas me viene mejor hacer por la noche y cuáles por la mañana, etc.

 

Las épocas cuanto más productiva he sido y más he conseguido es cuando he sido más constante con mis rutinas. Una vez que ya estás acostumbrada a trabajar con hábitos es más sencillo introducir hábitos nuevos o trabajar más de uno a la vez, y cuando soy ambiciosa con las rutinas suele incrementar mi productividad, pero tengo que tener cuidado de no agotarme demasiado. Es un equilibrio que voy aprendiendo mediante experimentar y registrar.

 

Te cuento más cosas que me funcionan a mí para establecer las rutinas:

  • Enfócate sólo en lo que estás haciendo ahora: No es fácil, pero es esencial al comienzo para poder detectar lo que te funciona y lo que no, y para que tu mente se adapte de verdad en la rutina
  • Utiliza un reloj para controlar el tiempo y aumentar la concentración: Yo utilizo un reloj de arena digital (de estos que se usan para cocinar) o un cronometro del móvil. El caso es tener un reloj que te diga que se te agota el tiempo para hacer lo que te has propuesto hacer. Eso te ayuda a enfocarte más.
  • Prepara todo lo posible con antelación: Yo dejo el ordenador en suspensión en la noche, con el programa abierto que voy a utilizar al día siguiente, y todas las cosas preparadas para hacerme el desayuno por la mañana, la ropa que me voy a poner, etc. De esa forma, cuando me despierto por la mañana, tengo todo listo para sacar el máximo provecho a mi energía
  • Apaláncate en éxitos pasados: Si crees que no podrás establecer la rutina nueva, si te falta confianza, recuerda qué rutinas has conseguido establecer. Todos tenemos rutinas, decenas de ellas a lo largo del día de las que ni somos conscientes, pero si sabes conducir, te cepillas los dientes a diario, o te vistes cada mañana, es que eres perfectamente capaz de establecer hábitos nuevos. Además, seguro que a estas alturas de tu vida ya has cambiado algo alguna vez que haya requerido un hábito nuevo, bien porque has estudiado algo nuevo, te has mudado de ciudad y tuviste que aprender una nueva ruta para ir a trabajar… ¿Ves? Estás más que preparada para este nuevo reto. Y si profundizas un poco más, podrás llegar a determinar qué recursos internos y externos te ayudaron a conseguir esos cambios, para que los puedas volver a utilizar.
  • Escucha al miedo, sácale información, pero no dejes que te paralice: Ante cualquier cambio, lo normal es tener miedo. Suele ser señal de que necesitamos lo que estamos cambiando. El miedo es útil, no te voy a recomendar que lo ignores, al contrario, siéntate y habla con él, sácale información: ¿qué puede salir mal? ¿qué consecuencias puede tener esto? Cuando analices eso, podrás incluso hacerte un plan para contrarrestar esas posibles consecuencias, en caso de que lo necesites (un plan de riesgos). Pero no dejes que esas consecuencias potenciales, que a lo mejor ni pasan, te paralicen o te hagan desistir de ir a por lo que quieres, que tendrá beneficios seguros si lo consigues.

 

 

Otros recursos que pueden ayudarte:

 

A continuación te dejo un listado de ideas y recursos para establecer tus rutinas mañaneras y diarias:

 

 

Es tu turno ahora:

 

Si no lo has hecho la semana pasada, decide ahora cuál será el primer hábito de tu rutina diaria, y tus cuatro sistemas, ejecuta, experimenta, registra, corrige, ¡YA! Y luego nos lo cuentas en el área de comentarios.

 

Antes de despedirme, quiero contarte que mañana me realizarán una intervención quirúrgica Por eso este artículo sale en domingo) y puede que no esté de vuelta publicando la semana que viene. Por favor, ¡espérame con paciencia!

 

Gracias por leerme, te envío un fuerte abrazo y ¡disfruta tu cambio!

 

 

¿Quieres cambiar con éxito? Define tu rutina diaria (I)

Esta semana comienza una serie de dos artículos sobre la rutina diaria, por qué te conviene tenerla y cómo implementarla

 

¡Buenos días, cambiadora! ¿Qué tal estás, cambiador? ¿Cómo ha ido tu semana? ¿Cómo avanza tu proyecto de cambio?

 

Si ya tienes definido tu proyecto de cambio pero te cuesta implementarlo porque no sabes por dónde empezar, o has empezado a cambiar pero te resulta difícil avanzar, o si buscas llevar una vida equilibrada, lo que necesitas es establecer una rutina diaria.  

 

Definir tu rutina diaria favorecerá tu cambio

 

Practicar una rutina diaria es importante porque es el instrumento que te permite avanzar dando pasos incrementales: empezando con poquito, pero repitiendo mucho la acción, consigues grandes resultados a lo largo del tiempo. No se trata de conseguir grandes cambios en pocos días, con esfuerzos sobrehumanos que luego no seas capaz de mantener. Se trata de conseguir cambios radicales y definitivos para ti empezando con pocos minutos al día, pero repitiendo todos los días, con perseverancia, hasta que se convierte en un acto automático, es parte de tu vida y te lleva hasta donde quieres llegar.

 

Es la fórmula con la que he podido adelgazar 60 kilos y mantenerme en ese peso, algo en lo que he comenzado a trabajar hace 7 años y que ahora es una parte integrada en mi vida que mantengo porque estoy acostumbrada y porque no quiero cambiar. ¡Me encanta el resultado de mi rutina diaria! Un resultado que no había logrado con ninguna de las milagrosas dietas relámpago que había probado a la largo de mi vida.

 

Pero, ¿a qué llamo una rutina diaria? Hábito y rutina son sinónimos, pero para mi una rutina diaria es la serie de hábitos que te funcionan y repites todos los días y que te llevan a ser la persona que quieres ser y conseguir los objetivos que te has propuesto. ¿A que suena a una herramienta poderosa?

 

esfuerzosostenido

 

 

Creo firmemente que todas las personas que obtienen éxito en lo que hacen es porque siguen una rutina alrededor de ello, tienen una serie de hábitos que les funcionan y repiten a diario. Creo que es lo que separa a un amateur de un profesional, el tener una rutina diaria y el vencer diariamente la resistencia para ejecutar la rutina. Es en lo que consiste el entrenamiento de los deportistas de élite, y hasta los artistas tienen rutinas que los hacen más productivos.

 

Una vez mi jefa me dijo que yo era muy metódica. Me sorprendió, porque no me considero ni organizada ni disciplinada. Pero luego entendí que la conducta de establecer hábitos alrededor de adelgazar y ponerme en forma había irradiado a otras áreas de mi vida, y había adquirido el hábito de “rutinizar” todo lo que podía, y me había convertido en una persona estructurada.

 

Además, la forma de asegurar que consigues tus objetivos es que trabajar en lograrlos sea un acto lo más automático posible. Y si ese trabajo es lo primero que haces en el día, antes de que ninguna interrupción pueda aparecer, mejor aún. Comenzar el día con una rutina que te active y trabajando en tu objetivo más importante será lo que te haga incrementar tu productividad

 

 

¿Y qué rutinas te conviene definir?

 

En mi opinión, el primer hábito a implementar en tu rutina diaria es el que te lleve más cerca de tu objetivo de cambio. Cuando empiezas a cambiar puedes tener la tentación de querer cambiar muchas cosas a la vez, pero es preferible priorizar y enfocarse al principio en una sola cosa, fácil de empezar, pero que realizada de forma sistemática te lleve hacia lo que quieres lograr:

  • ¿Quieres adelgazar? Empieza por establecer el hábito de subir todos los días 2 pisos más de escalera que lo que ya haces
  • ¿Quieres aprender algo nuevo? Empieza por estudiarlo a diario 10 minutos
  • ¿Quieres mejorar una habilidad? Incrementa su práctica 15 minutos diarios
  • ¿Tienes un proyecto profesional? Dedica todos los días 20 mins a ejecutar tareas que lo hagan avanzar

 

Lo importante es empezar en pequeño, pero con algo que te sea fácil repetir a diario y ¡recuerda que con 5 minutos diarios, puedes empezar!.

 

A medida que vas implantando ese hábito, que aprendes a establecerlos y a buscar el momento para ellos, y que te conviertes en una persona metódica, puedes aspirar a tener una rutina diaria que te lleve a una vida equilibrada, además de a conseguir tus proyectos de cambio.

 

En este sentido me gusta la propuesta de rutina diaria de James Altucher. James, en su libro “Choose Yourself!”, indica que tenemos cuatro cuerpos: emocional, mental, físico y espiritual, y que hay que trabajar diariamente los cuatro para estar saludable y preparada para conseguir cualquier cosa que quieras, e incluso para atraer la suerte y el éxito. La rutina de James está recopilada de forma más gráfica por Kevin Elliot aquí. A continuación, traduzco y resumo su propuesta:

 

  • Para el cuerpo físico, hacer lo que necesites para estar en forma:
    1. Ejercítate, como mínimo 20-30 minutos al día, que te haga sudar
    2. Madruga
    3. Duerme 8 horas al día
    4. Sáltate la cena para dormir mejor, sin hacer la digestión (con esta no estoy de acuerdo y que conste que no la recomiendo yo sino James).

 

  • Para el cuerpo emocional, conserva tu energía a toda costa
    1. Elimina de tu vida las personas negativas que te hunden, que drenan tu energía o como mínimo ignóralas, no te enganches con ellas, sin excepciones
    2. Ayuda a familia, amigos, seres queridos que no te hundan
    3. No des explicaciones ni excusas
    4. Actúa con honestidad, sin herir a otros. No sólo con lo que dices, sino también con lo que haces, como negarte a hacer lo que no quieres, para evitar resentimientos y drenajes de energía.

 

  • Para el cuerpo mental, no permitas que se atrofie tu músculo de generar ideas:
    1. Ejercita tu mente con lluvias de ideas a diario. Escribe ideas sobre un tema concreto hasta que no te salgan más, mínimo 10, no pueden ser menos, para hacer sudar a tu mente. El tema puede ser lo que sea, lo importante es hacer listas de ideas constantemente.
    2. Haz una lista de todas las cosas productivas que hiciste ayer
    3. Haz un sudoku, o un crucigrama, o memoriza palabras, o proponte cualquier otro reto mental.

 

  • Para el cuerpo espiritual, alimenta tu alma, independientemente de tus creencias religiosas:
    1. Reza o agradece tus bendiciones
    2. Medita: Siéntate en una silla con la espalda recta y vigila tu respiración por 5 minutos. Si te distraes, vuelve a concentrarte en tu respiración
    3. Piensa en todas las personas que agradeces tener en tu vida, y luego piensa en algunas más
    4. Perdona a los que te han hecho daño
    5. Estudia textos espirituales.

 

James recomienda hacer al menos una cosa de las que propone al día para cada cuerpo, de forma de llevar una vida equilibrada. Para más información sobre cómo implementar la rutina diaria propuesta por James, puedes visitar su archivo, es una lectura muy interesante.

 

Yo acabo de terminar de leer “Choose Yourself!” y continúo leyendo sus artículos para ver cómo puedo incluir sus ideas en mis rutinas. No todas me van (yo tengo que cenar, necesito comer algo cada 3-4 horas, aunque estoy de acuerdo con una cena ligera), pero sí me parece bien lo de cuidar los cuatro cuerpos cada día. Mis rutinas ya incluían el ejercicio, la cena ligera, el agradecimiento, la meditación, y los sudokus ocasionales para relajarme. Trabajo en madrugar y dormir 8 horas consistentemente, consigo madrugar pero me cuesta dormir más de 6 horas. Soy consciente de las cosas que me dan y me quitan energía y procuro incluir en mi vida la mayor cantidad posible de las primeras y quitar de las segundas. Me parecen buenísimas ideas la honestidad, limitar tu exposición a las personas negativas si no puedes sacarlas de tu vida, y hacer listas de ideas a diario. Aunque a veces me resulte difícil, busco perdonar y no guardar rencores que sólo sirvan para quitarme energía a mí.

 

Además, te propongo añadir rutinas para vigilar tus finanzas, para mantenerte aprendiendo y para conocerte mejor y desarrollar tu persona. Yo estudio algo nuevo cada día, escribo en mi diario, y este mes me he propuesto apuntar mis gastos en un Kakebo. Lo de las finanzas lo he intentado antes pero no lo he priorizado (no me he comprometido hasta ahora) y no lo he hecho definitivo. ¡Espero que contártelo aquí me refuerce el compromiso!

 

Experimentar es la clave para dar con la rutina adecuada para ti. Rara vez encontrarás tu combinación ideal a la primera. Pero el proceso de probar y aprender no sólo te acerca a tu meta, sino que también te ayuda a conocerte mejor. ¡Otra ventaja añadida a tener una rutina diaria!

 

La semana que viene te cuento cómo implementar tu rutina diaria…

 

Así que comienza ya a pensar qué te gustaría incluir en ella: ¿cuál es tu proyecto más importante, o en qué área de tu vida necesitas trabajar más? (recuerda que puedes apoyarte en la estrella de la mejora). Piensa en qué acción concreta y pequeña podrías realizar a diario en pocos minutos para avanzar hacia tus objetivos. Y si te sientes valiente, ¡no esperes a la semana que viene y comienza experimentar con tu rutina diaria YA!

 

Gracias por leerme, te envío un fuerte abrazo y ¡disfruta tu cambio!

 

 

Empezar a correr con más de 40 y poco tiempo

Si quieres empezar a correr y no te sobra el tiempo, aquí encontrarás consejos útiles. Y si tienes mucha prisa, ve directo al apartado “Lo fundamental”

 

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal, cambiador?

 

Por aquí me encuentras preparándome para Sanfermines (¡ 😀 !) y aclimatándome a una de calor tras otra.

 

Hoy quiero hablarte de algo que se está poniendo muy de moda últimamente: empezar a correr.

 

Mis antecedentes:

 

En todo mi proceso de adelgazamiento he realizado algunos ejercicios de forma más o menos permanente. Caminar ha sido una constante desde que empecé, y es sin duda la forma más fácil, rápida y barata de empezar a moverte. Lo único que necesitas es un calzado cómodo, con el que puedas andar mucho rato sin que te duela nada. Yo siempre llevo en el coche un par de zapatillas y cuando voy de viaje algún calzado con el que sé que puedo caminar mucho, para poder pasear en lo que tengo un rato libre.

 

Los primeros años también nadaba bastante, porque cuando tienes exceso de peso es el ejercicio más recomendable. Y en algunas épocas andaba en bicicleta, aunque la que tenía entonces, aunada al sobrepeso, me generaba dolores en muñecas y coxis que no me dejaban disfrutar. Hace dos años empecé también a ir al gimnasio e incorporar algo de pesas. Pero caminar ha sido la constante, y lo que más disfruto a nivel mental y espiritual también.

 

En el último año, además, se estaba convirtiendo en mi ejercicio en exclusiva. Me salí este año del gimnasio y la piscina porque entre viajes, cirugías y bajas sabía que iría poco y no me compensaba. Me compré una bicicleta que me permite llevar una postura más cómoda y de cuando en cuando me doy buenos paseos que disfruto mucho. Pero en el día a día, caminar es lo que más hago.

 

La consecuencia de esto es que tengo que dedicarle mucho tiempo al ejercicio. Para caminar lo que mi cuerpo requiere para mantenerse en forma, necesito pasar de 6 a 8 horas semanales andando a buen ritmo. Y eso es difícil de compaginar con un trabajo a tiempo más que completo y con viajes frecuentes, con dedicar tiempo a esta web y a aprender cosas nuevas y con la vida familiar y social.

 

Con los años he desarrollado estrategias para hacerlo más llevadero, aplicando sinergias: quedar con amigos a caminar, escuchar podcasts para aprender cosas nuevas, aprovechando a ir caminando a sitios algo alejados, poniéndome libros o vídeos en la cinta que tengo pendientes (de ocio o aprendizaje según el día), meditando sobre decisiones, caminando y cogiendo escaleras siempre que puedo… Rara vez me verás sentada en el aeropuerto de Barajas si no estoy comiendo. Pero aún así, es una batalla constante separar ese tiempo y priorizarlo. Así que hace un par de meses, con 43 años, empecé a preguntarme cómo podía hacer más eficiente el ejercicio y si podría empezar a correr.

 

Desde que he adelgazado he comenzado a hacer muchas cosas simplemente porque puedo. Pasé la mayor parte de mi vida siendo gorda, y ahora que soy delgada (no sólo por fuera, sino también por dentro, en mi identidad), me atrevo a cosas que antes no me atrevía, porque físicamente me siento capaz y porque después de los cambios que he incorporado en mi vida, también sé que aptitudinalmente y mentalmente soy capaz. Así me he atrevido con el windsurf, que empecé el verano pasado: el primer día pasé más tiempo en el agua que en la tabla, acabé muy adolorida por todas las caídas y vueltas a subir, y tuve que saltarme la clase del día siguiente, pero unos días más tarde conseguí salir y regresar sin que me remolcaran y pasar más tiempo encima de la tabla que en el agua. El objetivo de este año es que no me tengan que remolcar ninguna vez (con el windsurf, por ahora, mis ambiciones son más relativas a mantener la dignidad que la forma física ;D ).

 

También me he atrevido a esquiar, aunque sin hacer ningún curso aún, un par de días, y me he demostrado que puedo hacerlo (aunque en la segunda ocasión me caí y me lesioné).

 

Pero en lo referente a correr, las dudas me asaltaban porque pasé muchos años pensando que no podía hacerlo. Aunque estoy en general en buena forma física, mejor que cuando era treintañera, mis rodillas no son mi punto fuerte, en parte por genética, en parte porque tantos años de sobrepeso han hecho su daño. Hace años, cuando hacía determinados ejercicios las rodillas se me sobrecargaban y resentían, y eso me hacía pensar que correr no era para mí. Ni siquiera era necesario que fuera ejercicio; si iba a conciertos y estaba mucho tiempo de pie también acababa teniendo que ponerme hielo. El tema mejoró un poco al adelgazar, pero no lo suficiente.

 

Pero un día, después de la lesión de esqui, mi fisioterapueta determinó que las rodillas me dolían porque se me sobrecargaban los gemelos. ¿Qué tal? Todo este tiempo pensando que no podía hacer cosas, y resulta que lo que necesitaba hacer era los estiramientos de gemelos adecuados al acabar el ejercicio. Desde que descubrí esto le he perdido el miedo a probar ejercicios nuevos, porque puede que me encuentre con ejercicios que no sean para mi, y puede que siga alcanzando limitaciones físicas (la parte genética de mis rodillas sigue ahí, al igual que los años), pero me ha enseñado que si analizas las causas de las cosas, revisas tus creencias limitantes y si te crees que puedes conseguirlo, seguro que encuentras alternativas para hacer lo que quieres hacer. ¿Acaso no son los juegos paralímpicos un homenaje a las alternativas?

 

De pequeña adoraba la bicicleta y cualquier cosa que tuviera ruedas, pero odiaba correr, creo que en buena parte porque me obligaban a hacerlo en clase de educación física (también odiaba la gimnasia por la misma razón). Teníamos una profesora que nos quería convertir a todas en Nadia Comaneci. No digo que su intención no fuera buena, pero la metodología era muy mejorable. Me pasé toda la vida escolar sacando unas buenas notas en todo menos en educación física. La cosa mejoró un poco en el instituto porque entonces practicábamos también voleibol y baloncesto, y eso afortunadamente se me daba mejor, era jugar, y en equipo, y lo disfrutaba más.

 

Pero esos tiempos hace mucho quedaron atrás, afortunadamente, y si tanta gente se está volcando en el running, algo tendrá, digo yo. Entre eso, y que varios de mis amigos incluso entrenan para media maratones, me entró el gusanillo (¿recuerdas aquello de la presión de grupo?).

 

Lo fundamental:

 

En estas reflexiones estaba cuando me encontré en una gran superficie el libro ¡A correr!
de Alma Obregon, muy recomendable para principiantes
. Reconozco que entonces no sabía quién era ella, a partir del libro fue que me enteré que era una estrella de los cupcakes y que tenía un blog de running que me parece interesante (en general, me gusta como escribe). Esa noche me lo compré y me lo bajé al kindle y empecé a leerlo, y armada con eso y con preguntas que hice a mis amigos, me decidí a empezar a correr.

 

El siguiente paso fue comprarme las zapatillas y los sujetadores de correr. Sabía (por preguntar a mis amigos y por probarlas) que las zapatillas que tenía para caminar no me valían, y no tenía sujetadores de correr. Tenía unas medias para diabéticos que no tienen costuras y son muy adecuadas para el frío, y son las que he estado utilizando, porque resulta que también son acolchaditas. Me fui al Decathlon, pregunté y me compré una de las gamas de zapatillas más bajas, pero que me resultaran muy cómodas, porque no quería gastar mucho dinero por si después pasa que correr no es lo mío. También me hice con par de sujetadores, y ¡a correr!

 

En cuanto al tema de las zapatillas, hay mucha literatura de si te debes comprar unas u otras según el tipo de pisada que tengas, si pronador o supinador. Después de revisar a mi ya me parecía que mi pisada era neutra, pero en Decathlon me lo pusieron más fácil: para esa gama, ese día, sólo tenían neutras:

 

Mis zapatillas de principiante
Mis zapatillas de principiante

 

Respecto al resto de la ropa, arranqué con mallas y camisetas que ya tenía en casa. Y así, con un presupuesto bajo, con media hora de dedicación al Decathlon y algo menos a los primeros a capítulos del libro de Alma, comencé a correr.

 

Alma recomienda empezar a correr a un ritmo cómodo hasta que no seas capaz de mantener una conversación, luego caminar hasta que puedas volver a hablar, luego volver a repetir el ciclo, hasta completar media hora o 45 mins, unas 2 ó 3 veces por semana, e ir incrementando el tiempo corriendo poco a poco, hasta poder llegar a correr media hora seguida.

 

Pues eso hice. Comencé muy despacio, alternando trotar despacio con caminata. El primer día apenas aguantaba dos minutos seguidos. Corría 2 minutos, caminaba rápido 5 minutos, corría otros dos, caminaba otros cinco, corría otros dos, y finalmente seguía caminando rápido unos 45 mins o así. Pero el segundo día ya pude hacer 3 series de 3 minutos, el tercer día de 4…

 

He seguido practicando 2 o 3 días por semana, según podía, y caminando el resto del tiempo. Mi record está por ahora en correr 30 minutos pero en series de 12, 10 y 8 minutos, con unos 6-8 minutos entre medias, y calentando unos 12 minutos andando rápido y cerrando con otros tantos, o con alguno más hasta alcanzar los 7 kms. Esto en cinta y plano, a una velocidad conservadora. Mi objetivo es seguir mejorando hasta poder correr la media hora seguida en la calle, con cuestas y todo.

 

Sin embargo, no todos los días soy capaz de hacer ese récord. Esta semana he estado muy cansada por dormir muy mal y el exceso de calor, y uno de los días que me puse a correr, ¡sólo aguanté un minuto! No me asusté porque me di cuenta que ese día no tenía cuerpo para nada, había amanecido con dolor de garganta y todo, y entendí que tenía que escuchar a mi cuerpo y que con caminar rápido sería suficiente. A los dos días, más recuperada, volví a intentarlo y fui capaz de conseguir los 15 minutos, en 3 tandas de 5 minutos.

 

No me voy a estresar por altibajos, porque a estas alturas conozco mi cuerpo y sé que no siempre estoy al 100% y sé escucharlo cuando me dice que necesita descansar, pero no me rindo y persevero. Así que si no puedo correr sino dos minutos, me da igual, porque lo importante es que me sigo calzando las zapatillas y subiendo a la cinta los días que me he propuesto a hacerlo, y que así seguiré mejorando hasta conseguir mi objetivo, porque convierto correr en un hábito, y venzo la resistencia.

 

Además, hago algunos movimientos de rotación de articulaciones antes de empezar, abdominales al acabar y algunos ejercicios de fuerza y luego estiramientos que me habían recomendado en el gimnasio, y que se parecen a estos que nos recomienda Alma. Creo que los estiramientos son fundamentales para evitar lesiones, no te los saltes.

 

No me planteo hacer carreras. Al menos por ahora aún no me ha entrado ese gusanillo. Pero reconozco que me está gustando la sensación de logro cada día que incremento los minutos que puedo correr, y la sensación de libertad que siento al hacerlo al aire libre, y sobre todo, la de sentir que mi cuerpo responde, que me deja hacer lo que quiero. Es una sensación increíble después de pasar tanto tiempo sin poder hacerlo, de que la obesidad y mis pensamientos limitantes me impidieran hacer tantas cosas.

 

En resumen:

 

Si quieres empezar a correr, sólo necesitas hacerte con unas zapatillas y con sujetadores de correr en el caso de las mujeres, las ganas y empezar despacio, e ir mejorando paulatinamente. Fíjate que no he dicho nada de relojes ni pulsómetros ni nada. He ido midiendo el tiempo con el móvil por darme una idea de lo que mejoraba (cuando corro en la cinta ya su panel me da todos los indicadores). Pero ni eso te hace falta. Es conveniente investigar un poco pero con un libro como el de Alba es suficiente para empezar. Y no te olvides es hacer estiramientos.

 

Y necesitas saber que tienes una forma física medianamente decente. Y últimamente estoy muy controlada médicamente y sé que no voy a tener problemas cardíacos, por ejemplo, pero es preferible antes de empezar a correr que te hagas un chequeo médico.

 

Finalmente, persevera, aunque tu cuerpo te falle a ratos, no te rindas. No todos los días van a ser iguales, pero lo importante es seguir intentándolo, para seguir mejorando. Y al principio cuesta mucho, te parece que no vas a ser capaz de hacer ni esos dos minutos, pero en pocos días te vas sintiendo mucho mejor.

 

Y ahora, te dejo porque ya la ropa blanca y el pañuelico rojo están listos para el chupinazo. Pero cuéntame por favor tus experiencias con empezar a correr, en la sección de comentarios, especialmente si llevas más tiempo que yo, para que nos ayudemos los unos a los otros a mejorar.

 

¡Abrazos y disfruta tu semana y tu cambio!

¿Cuándo puedo empezar a cambiar para mejorar? ¡YA!

 

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás? ¿Qué tal va la semana, cambiador?

 

La semana pasada hablamos de cambiar para mejorar, por qué hacerlo y cómo escoger por dónde empezar a hacerlo. Esta semana, quiero que nos enfoquemos en cómo hacerlo: en separar ese tiempo para trabajar tu cambio.

 

Te decía entonces que te puede pasar que al llegar final del día no tengas energía para cambiar, y te recomendaba dedicar cinco o diez minutos cada mañana a ello.

 

Sé que cinco o diez minutos puede parecer muy poco tiempo, especialmente si estás pensando en hacer un cambio drástico en tu vida. Pero es un tiempo más que suficiente para establecer un nuevo hábito (o cambiar uno existente), que al final, es la piedra angular de todo cambio. Porque los cambios drásticos resultan exitosos y permanentes sólo si se construyen sobre hábitos sólidos, que crezcan uno sobre otros, y que te vayan convenciendo por el camino de que eres capaz de cambiar para mejorar y mantener la mejora: que te reafirmen en tu identidad cambiadora. Al menos esa es mi experiencia, y ya he dejado de buscar cambios drásticos instantáneos porque sé que, al menos a mi, no me funcionan.

 

Tu tiempo diario es esencial:

 

Lo importante de esos minutos es demostrarte que efectivamente puedes hacer algo por ti, por mejorar tu vida y sentirte mejor, y comprender que está en tu mano cambiar y que puedes conseguir resultados. A medida que te vas sintiendo mejor y viendo los beneficios, te entusiasmas con el cambio y descubrirás que es más fácil encontrar motivos para emplear el tiempo que le dedicas a mejorar, y encontrar estrategias y fórmulas que te ayuden. Se incrementará tu creatividad para encontrar minutos que dedicarte, tu mente estará en modo “quiero cambiar” y será más receptiva a todas las posibilidades. Y si además, acompañas tus minutos con una sonrisa, reforzarás ese mensaje y esa sensación (soy de las que piensan que las sonrisas nunca sobran).

 

Así que, para empezar, no te preocupes si el tiempo te parece escaso: lo importante es que te comprometas contigo, y mejor si también con alguien más, a dedicarlos a diario a tu cambio.

 

La hora del día para hacerlo es un tema personal. Depende de tu rutina actual y tus niveles de energía. Ya te he contado que para mí es mejor madrugar más y hacerlo a primera hora de la mañana, antes de que el día se me complique o mi fuerza de voluntad se vaya agotando y el cansancio nuble mi capacidad de tomar decisiones, porque mi trabajo es exigente en ese sentido y además el horario no es fijo. Pero si tu trabajo es diferente o tus rutinas son más estables o incluyen a otras personas, puede que el hueco que encuentres sea más bien a la hora de comer, o a final de la tarde, o en la noche…

 

Puede que seas una persona nocturna, y cuando te levantes por las mañanas no sea tu hora de mayor energía, y que te sientas mucho mejor para introducir cambios en las noches. Cada quien tiene que encontrar su mejor momento para hacer las cosas, pero recuerda que el riesgo que corres al hacerlo por las noches es que otras actividades o demandas de atención de la vida diaria se interpongan e impongan en tu agenda y te quiten ese tiempo que habías planificado para cambiar.

 

Busca la forma de que ese tiempo sea sagrado, breve pero sagrado. Al final, cada quien tiene que encontrar la rutina que le encaja mejor, y eso es algo que rara vez se consigue a la primera, requiere un poco de ensayo y error. Piensa un poco en el momento del día en el que encontrarás la menor resistencia para conseguir tu objetivo, en que te será más fácil realizar un acto automático, decide el horario que vas a dedicar, apúntalo en tu agenda y ¡protégelo a toda costa!

 

Otra consideración respecto a la energía: hay veces en las que por mucho que quieras, no tienes energía. Que has tenido viajes de trabajo, se ha enfermado uno de tus familiares, o aún estás saliendo de una gripe, o no has podido dormir bien en varias semanas. En esos momentos, pensar en mejorar algo en tu vida termina siendo más un castigo que un proyecto ilusionante

 

Hay días en los que no siento motivación para nada, en los que el cansancio me puede. Ni siquiera para seguir los hábitos más básicos que me recargan la energía diaria. Esos días me ayuda el poder seguir alguna rutina fácil, como empezar el día agradeciendo las bendiciones que hay en mi vida, o dar un paseo después de trabajar. Pero si no me dan las fuerzas ni para eso, lo dejo estar. Me digo a mi misma que puedo tomarme un día de vacaciones. No pasa nada por dedicar un día más horas a ver TV, salirme de la dieta un poco o no ejercitarme. Pero no me lo permito más de dos días, porque entonces ya no es cansancio, es pereza y resistencia. Si realmente te han drenado de energía las circunstancias extraordinarias, puedes tomarte un día libre o dos, pero siempre que tengas claro que es un receso excepcional para recuperar fuerzas, no una excusa para no cambiar.

 

Planifica tu cambio…

 

La actividad a la que dedicarás tus minutos, o el hábito que decidas implantar, tienen que ser algo ambicioso, en el sentido que te suponga salir un poco de tu zona de confort, pero no debería costarte tanto que no puedas hacerlo a diario. Por ejemplo, si no has hecho ejercicio en dos años y no estás en buena forma física, puede que dedicar diez minutos a correr no sea realista, y debas empezar por caminar rápido durante quince minutos. Pero si eres un lector voraz, decir que dedicarás tus cinco minutos a leer de un tema nuevo, pues a lo mejor no es muy ambicioso, a menos que el tema realmente suponga un reto intelectual para ti.

 

El tiempo que dedicarás a cambiar al inicio es tan corto, que tienes que tener el entorno preparado de antemano para ello. Si vas a estudiar algo, deja la noche anterior los libros preparados en la mesa, abiertos en la página que vas a estudiar, y todo lo que necesites para tomar tus apuntes. Si vas a hacer ejercicio, deja la ropa preparada con anterioridad.

 

… y revisa tu desempeño

 

Al final de la semana, dedica unos minutos a revisar cómo te ha ido. Pregúntate:

  • ¿Has conseguido dedicar los minutos diarios a la actividad propuesta?
  • Si hay algún día que no lo has conseguido, ¿por qué?
  • ¿Qué puedes hacer para conseguirlo todos los días de la próxima semana?

Con estos datos, elabora tu plan para la próxima semana:

  • Determina el horario en que vas a dedicar esos minutos a cambiar a mejorar, si necesitas hacer cambios, y agéndalos
  • Revisa la tarea o hábito que vas a implantar: ¿continuarás con lo mismo de la semana anterior, o incrementarás un poquito tus objetivos?
  • ¿Cómo vas a adaptar tu entorno para cambiar, es necesario hacer alguna corrección?

Recuerda que los hábitos requieren varias semanas para implantarse, así que la idea no es andar cambiando de hábitos cada semana, sino aumentar un poco el alcance: por ejemplo, meditar algún minuto más, estudiar algunas páginas más, incrementar algna repetición la rutina de ejercicios, etc.

 

Y ahora tú:

 

cuando cambiar para mejorar

 

Sólo necesitas unos minutos al día para empezar a cambiar para mejorar. Puedes dedicar los minutos de los primeros días a decidir qué cambiar y elaborar el plan para hacerlo, y también los minutos del domingo para hacer tus revisiones. ¡Lo fundamental es que empieces YA!

 

Si tienes dudas sobre cuándo cambiar o cómo definir tus objetivos o adaptar tu entorno, puedes comentar abajo o escribirme a eligiraut@gmail.com.

 

¡Y recuerda suscribirte para acceder a las herramientas en el área de contenido exclusivo y no perderte ningún artículo!

 

Gracias por leerme, te envío un gran abrazo y ¡disfruta tu cambio!

 

¿Por qué cambiar? Para mejorar tu vida

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás hoy, cambiador? ¿Cómo han ido estas semanas?

 

Por mi parte he vuelto al trabajo después de la baja y eso ha consumido muchas de mis energías, aún no estaba al 100% en cuanto a salud y por eso me ha llevado unas semanas volver a este punto de encuentro nuestro. Pero ya estoy aquí, y con mucho entusiasmo por seguir ayudándote a cambiar para mejorar.

 

Además, he estado reflexionando en este tiempo sobre lo que quería conseguir con este blog y cómo hacerlo, cómo ayudarte. Espero que esas reflexiones se traduzcan en mejoras que sean patentes para ti en las próximas semanas. Entretanto, si hay algún tema concreto sobre el que te gustaría que escribiera, o algo que te esté costando cambiar o mejorar, puedes enviarme un correo a eligiraut@gmail.com, y trabajaré en adaptar el contenido del blog a ello. También puedes usar esta dirección para hacerme llegar cualquier comentario sobre la web que creas que puede contribuir a mejorarla, te agradecería muchísimo tu opinión al respecto, ya que lo que busco es hacerla más amigable para ti.

 

Espero que hayas tenido la oportunidad de utilizar la receta simple para cambiar que te presenté en nuestra última conversación ¿Qué tal ha ido el experimento? Me encantaría que me lo contaras, dejando un comentario, así como cualquier experiencia que hayas tenido con la gestión del cambio y con los temas de los que hemos ido hablando hasta ahora.

 

Y ahora, al tema de esta semana: en artículos anteriores hemos hablado de lo que necesitas para generar el cambio, de elementos y activos esenciales para cambiar, y cómo cambiar y vencer la resistencia. Pero puede que eches de menos algo más básico, un paso anterior: que hablemos sobre la motivación para cambiar algo de tu vida de forma voluntaria, de empezar a mejorarla, y por dónde empezar a hacerlo.

 

Me ha llevado algo más tiempo del habitual escribir este artículo porque yo soy una persona para quien el cambio es algo necesario: soy una fan de incorporar cosas nuevas en mi vida, a veces hasta me pregunto si un poco adicta a eso… Es la razón por la que me cuesta hacer seguimiento y consolidar proyectos, porque en lo que me hago con algo nuevo y se me hace rutinario, me cuesta mantener el foco en ello y no salir corriendo a hacer otra cosa. Así que ponerme en los pies de alguien que no sabe qué cambiar o mejorar en su vida ha sido un poco complicado para mi, y más si pensamos en la ocupada vida que sueles llevar, ¿en qué momento vas a ocuparte en cambiar?

 

Por ello, hace meses que ¨sembré¨ este artículo, que ha ido creciendo lentamente, hasta le han salido un par de ramas de contenido exclusivo (de ese disponible sólo para suscriptores) y ahora estoy contenta con el resultado, porque creo que puede ayudarte (¡o eso espero!).

 

Entonces, si eres de los que no necesitas el cambio para vivir, puede que te preguntes:

 

¿Por qué cambiar?

 

 

Si te estás preguntando: ¿Por qué generar un cambio en mi vida? ¿Por qué arreglar lo que no está roto? ¡Si yo estoy bien!

 

Yo te pregunto, ¿de verdad? ¿Estás segura de que no hay nada roto? ¿Estás seguro de que estás bien? ¿Que no quieres mejorar nada en tu vida? ¿No? Entonces, ¿por qué estás leyendo esta web? No me malinterpretes, yo estoy encantada de recibir tu visita, pero creo que si has llegado hasta aquí, algo dentro de ti te está diciendo que es momento de cambiar para mejorar.

 

Por ejemplo:

  • Si cuando te levantas por las mañanas piensas que te gustaría hacer un millón de cosas en lugar de ir a trabajar
  • Si te cuesta salir de la cama o de la casa porque no terminas de reunir el ánimo para enfrentarte al mundo exterior
  • Si necesitas adormilar tus sentidos compulsivamente con comida, alcohol, drogas, juego, televisión o cualquier otra adicción
  • Si tu cuerpo, tu salud o tu condición física no te satisfacen
  • Si tus relaciones te estresan en lugar de hacerte crecer
  • Si no sientes emoción por las cosas que llenan tus días, y si algo dentro de ti te dice que lo mejor para ti sería hacer una cosa diferente a la que estás haciendo…

¡Deja de engañarte y empieza a cambiar!

 

Muchos nos hemos encontrado en esa situación alguna vez, o varias. A mi me ha pasado, a pesar de lo que me gusta cambiar, porque en ocasiones la novedad que introducía en mi vida no era la que necesitaba, o no encontraba la forma de cambiar lo que quería cambiar.

 

Bueno, vale, puede que simplemente lo que te ocurra es que necesites unas vacaciones. Pues bien, tómatelas, date un fin de semana para ti, o al menos consiéntete durante un día regalándote la experiencia que más disfrutes (experiencia, no producto, que las experiencias regeneran más). Haz lo que necesites para recargar las pilas. Pero si después de unas buenas vacaciones o varias mini vacaciones tus emociones no mejoran, podría venirte bien considerar el cambiar algo de mayor calado.

 

Lo importante no es haber caído allí, sino ser capaz de salir de ese hoyo. Poder decidir que no quieres seguir en esa situación, y empezar a hacer algo. Darte cuenta de que sólo tú puedes cambiar esa situación, aunque lo único que puedas cambiar en ese momento sea tu actitud.

 

Ya hemos comentado en otra ocasión como Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido nos explica que ante cualquier circunstancia podemos decidir cuál es la actitud con que la vamos a enfrentar. Así que el primer paso es modificar tu actitud, asumir la responsabilidad y el control sobre tu cambio, darte cuenta de que no eres una víctima de las circunstancias y que cambiar tu situación actual depende de que tú tomes la decisión de hacerlo, porque a lo mejor no puedes cambiar ahora algunas de tus circunstancias (el trabajo que tienes o que no tienes, los vecinos que tienes, la situación política del país), o sí, pero seguro puedes cambiar cómo te enfrentas a ellas y las gestionas.

 

En mi experiencia, generalmente hay algo más que la actitud que se puede cambiar. Algo, lo que sea. Pero que te haga sentir que retomas el control de tu vida, que tú estás al mando y que avanzas en algún aspecto. Que te ayude a identificarte como persona cambiadora. Y que te devuelva la ilusión de despertarte por la mañana a perseguir algo más lo que tienes ahora, que no te está resultando suficiente.

 

Puede ocurrir que decidas cambiar algo, empezar algo nuevo, y que no sea lo que necesites. En ocasiones he comenzado algún curso por introducir algo nuevo en mi vida, y al final lo he dejado sin acabarlo, porque no era lo que necesitaba cambiar, y no conseguía mantener el enfoque necesario para hacerlo en cuanto algo más interesante o adecuado aparecía. Lo último de este estilo fue un curso de guión cinematográfico online hace 2 años, y antes de eso, un intento de doctorado… Este tipo de intentos te hacen correr el riesgo de agredir tu identidad cambiadora y tu autoestima, porque pueden llevarte a pensar que eres inconstante e incapaz de cambiar o terminar algo. A mi me ha pasado, y me ha costado darme cuenta de que eran experimentos en la búsqueda de mi pasión o vocación, y que como experimentos que eran, tenía que asumir que podía haberlos fallidos. En todo caso, esos intentos eran importantes puntos de aprendizaje sobre lo que funcionaba y lo que no, y me introdujeron suficientes novedades como para aumentar la ilusión en mi vida diaria, lo que terminaba trayendo la fuerza para introducir un cambio mayor o más necesario.

 

En cuanto a la pasión y vocación, para mí resultan elusivas, difíciles de encontrar. Reconozco que me da envidia la gente que lo tiene claro, más lo que consiguen detectarlas de jóvenes, esos que desde pequeños saben que serán médicos, empresarios,deportistas o lo que sean, y que desde entonces lo practican. Yo he conseguido averiguar algunas cosas que me gustan más y otras que no tanto, experimentando, pero hasta ahora la única conclusión a la que he llegado es que mi pasión es aprender y mejorar. Ahora ya sólo me queda encontrar en qué enfocar esa pasión, porque ¡vaya si hay cosas que me gustan! ;D

 

No tengo claro que todos seamos capaces de encontrar una pasión definitiva como los deportistas de élite. Pero sí creo que la búsqueda mejora nuestros días, nos ayuda a detectar cosas que nos gustan hacer e incorporarlas a diario, y descartar las que no. Creo que es uno de esos casos en que lo que importa no es tanto el destino como disfrutar el camino. Hoy sé que escribir, enseñar y ayudar a los demás son cosas que me entusiasman bastante, y ese entusiasmo es parte del origen de este blog: hacer que esas cosas sean algo permanente en mi vida la mejora. Puede que mañana encuentre algo que me apasione más, pero por ahora, me siento mejor que hace año y medio, cuando aún no había descubierto esto.

 

Además, cuando empiezas a cambiar para mejorar, entras en una espiral de mejora continua que puede ir más o menos rápido según cada persona, que puede tener piedras en el camino, pero que te ayudará a crecer como persona, a sentirte cada vez más capaz y mejor sobre tu vida.

 

¿Y cuándo puedo cambiar?

 

Puede pasarte que sientas es que no te quedan tiempo ni energías para cambiar nada con la vida que llevas. Que al final del día lo último que necesitas es dedicarte a mejorar tu vida, cuando ya te vence el cansancio y aún tienes que prepararte para el día siguiente. Es un sentimiento muy común, y durante años yo me sentí así. Hasta que decidí que cambiar (entonces, adelgazar) era mi prioridad y que le dedicaría tiempo pasara lo que pasara. Así que empecé a dedicarle tiempo, todos los días hacía ejercicio al salir del trabajo aunque saliera tarde. La consecuencia fue que dormía bastante menos, lo que tampoco favorece el adelgazamiento.

 

Ahora, que ya llevo un tiempo aprendiendo estas cosas, sé que lo mejor es separar el tiempo para cambiar a primera hora de la mañana. Levantarte más temprano para asegurarte que haces ese ejercicio que quieres, o que meditas, o que estudias, o que trabajas en implantar el hábito que hayas decidido o en el proyecto empresarial que quieres lanzar.

 

Y para empezar a cambiar, no hace falta mucho tiempo. Todo depende de lo que quieras lograr, pero para construirte una identidad cambiadora, es suficiente con dedicarte cinco o diez minutos. En ese tiempo puedes leer un par de páginas de un libro, o hacer una rutina fácil de ejercicio, o escribir en tu diario. Parece poca cosa pero lo importante es lo que ese hábito diario, de dedicarte cinco o diez minutos a mejorar tu vida, y sólo a eso, consigue hacer por ti: convencerte de que, de hecho, puedes mejorar tu vida, sin importar lo ocupada que ésta parezca, y además, cogerle el gustillo a hacerlo sistemáticamente.

 

Pero este artículo ya se me está alargando, y el tema de darte trucos para empezar a cambiar con poco tiempo me gustaría que lo tratáramos en otra ocasión. Por lo pronto, escoge lo que quieres cambiar, y empieza a pensar cómo puedes hacerlo de forma simple, cuál es el paso básico que te podría ayudar a conseguirlo.

 

 

¿Y cómo escojo lo que quiero cambiar?

 

Cuando empiezas a pensar en lo que te gustaría mejorar de tu vida, puede que sientas que hay tantas cosas que te gustaría cambiar que no sabes por dónde empezar, o que en realidad tu vida no está tan mal y que a pesar de la apatía que sientes, no hay nada que necesites cambiar. En cualquier caso, te vendrá bien hacer un ejercicio de reflexión sobre cómo de equilibrada está tu vida en este momento, para poder detectar las áreas más desatendidas, lo que puede darte una idea más clara de lo que te conviene empezar a mejorar.

 

Para hacer ese análisis, yo utilizo una herramienta propia, “la estrella de la mejora”, que es resultado de fusionar una herramienta proveniente del coaching llamada “la rueda de la vida” con la metodología que propone Steve Pavlina en uno de sus podcasts, y que se complementa con un par de artículos relacionados que puedes encontrar aquí y aquí.

 

Como los artículos de Steve son un poco largos y en inglés, aquí te resumo la metodología que él propone. Él recomienda que, para las áreas vitales listadas abajo, escribas un párrafo de diagnóstico para cada una, describiendo dónde crees que te encuentras y por qué, y puntúate del 1 al 10, donde el 1 es que estás en lo más bajo posible (por ejemplo, estás en quiebra en el área financiera) y el 10 en lo máximo del éxito (por ejemplo, has alcanzado la libertad financiera).

 

Las áreas vitales propuestas por Steve son:

  • Trabajo
  • Finanzas
  • Relaciones
  • Hogar y familia
  • Salud física
  • Mental
  • Social
  • Emocional
  • Espiritual
  • Carácter
  • Contribución
  • Diversión y aventura

 

Hacer este ejercicio te permitirá determinar el área en la que necesitas enfocarte más en mejorar. Steve propone entonces crear un plan de trabajo para el próximo trimestre basado  en mejorar esas áreas.

 

Lo que yo propongo en la “estrella de la mejora” es realizar este análisis de forma gráfica, utilizando una herramienta informática. Al puntuar tu diagnóstico de situación en la herramienta, se formará una estrella. La punta más pequeña de tu estrella, determinará el área con la que comenzar a trabajar. Entonces, establece un plan de acción muy sencillo, contestándote estas tres preguntas:

  • ¿A qué vas a dedicar tus cinco o diez minutos diarios durante el próximo mes? Piensa en qué hábito concreto sencillo puedes implementar, que te ayude a mejorar en esa área  y que puedas hacer en un espacio corto de tiempo
  • ¿Cómo vas a hacerlo? Piensa en qué estrategias necesitas para lograrlo, para facilitar que lo hagas con eficiencia. Por ejemplo, si has decidido dedicar 10 minutos a correr todas las mañanas, no utilices ese tiempo para preparar la ropa de correr, deja todo preparado la noche anterior para vestirte en un minuto y correr nueve
  • ¿Cómo te asegurarás que lo harás? Utiliza algo que refuerce tu compromiso, ponte una alarma en el móvil, una frase en el espejo que te recuerdes por que lo haces, o mejor aún, compártelo con alguien, manda un mensaje a algún amigo o a tu red de apoyo.

 

Comparto contigo la estrella de la mejora en el área de acceso exclusivo para suscriptores. Si aún no te has suscrito, ¿a qué esperas?

 

Ah, pero resulta que eres una persona muy ocupada, ¿en qué momento vas a hacer tu estrella? Bueno, puedes dedicar tus minutos de mejora diarios durante la primera semana a construir tu estrella. Pero si es un ejercicio que no te sientes capaz de afrontar ahora, te dejo en el área de acceso exclusivo otro archivo, “Rutas para mejorar”, que te da algunas ideas para empezar a trabajar en las diferentes áreas de tu vida. Escoge una, la que más te apetezca o te resulte fácil de hacer ahora, y empieza a cambiar ya, que al fin de cuentas, es lo importante.

 

Y si aún continúas sin decidirte, te hago más fácil la tarea: escoge uno de los libros que te recomiendo abajo y dedica tus minutos diarios a leerlo. Son libros introductorios en las áreas mencionadas que te darán impulso que necesitas para cambiar para mejorar:

 

 

Y si lo que quieres es cambiar varias cosas a la vez, por favor, resiste la tentación. Enfocarse en un cambio a la vez te ayudará en la construcción de la identidad cambiadora, y disminuirá la probabilidad de que te frustes por el camino.

 

Cambiar una cosa te permitirá eventualmente cambiar otras, tu cambio irradiará desde allí, pero ten paciencia contigo. Es preferible que triunfes en algo pequeño, y vayas construyendo desde ahí, a que te desanimes por no conseguir algo grande.

 

Recientemente una amiga me preguntó cuando había tomado la decisión de hacer un cambio tan radical en mi vida. Le contesté que aunque el cambio se veía como radical desde afuera, en realidad había sido gradual a lo largo de los años (más de 7), empezado por adelgazar. Afortunadamente, acompañé el tratamiento de nutrición con terapia psicológica y desde allí se generó una dinámica de autoconocimiento y cambio que irradió hacia otras áreas de mi vida, llevándome a continuación a dejar de fumar, cambiar de puesto de trabajo, a conseguir un mayor equilibrio entre lo personal y lo profesional, a aprender cosas nuevas, a lanzar este blog y a una pasión por la mejora constante y el aprendizaje continuo sobre el cambio

 

 

Y ahora tú:

 

¿Ya has pensado qué cambiar? Una vez que decidas lo que quieres o necesitas más cambiar, define los pequeños pasos que puedes dar desde hoy, y apóyate en la receta simple para cambiar con éxito.

 

Y si tienes dudas sobre cómo cambiar o cómo aplicar las herramientas que aquí comparto contigo, puedes comentar abajo o escribirme a eligiraut@gmail.com. Y recuerda suscribirte para acceder a las herramientas en el área de contenido exclusivo.

 

Gracias por leerme y por esperar mi regreso, recibe mis calurosos abrazos y ¡disfruta tu cambio!