Herramientas para hacer seguimiento II: El cuadro de mando personal (cont.)

Continúo compartiendo contigo esta semana mi experiencia con el cuadro de mando personal

 

¡Hola cambiadora! ¿Cómo ha ido tu semana? ¿Cómo estás, cambiador? El artículo de esta semana te llegará un poco tarde si estás en España, en la madrugada del martes, en lugar del lunes. Pero esta semana estoy de vacaciones en Colombia, visitando a mi familia, y por ello para mí aún es la noche del lunes.

 

La semana pasada comenzamos a hablar del cuadro de mando personal como herramienta fundamental de seguimiento, para ejecutar tu visión o estrategia vital o tus proyectos de cambio y mejora.

 

Aunque te recomendé entonces el libro Búscate la vida: Coaching y Cuadro de Mando Personal para ser más feliz para ayudarte a determinar tu visión, esta semana he encontrado este artículo que te puede ayudar a llegar allí en menos tiempo. Te recuerdo que aunque no tengas aún una estrategia vital, el cuadro de mando personal también te puede ayudar a hacer seguimiento de tus planes de cambio, utilizando indicadores de gestión de proyectos personales concretos.

 

En cualquier caso, el hacer seguimiento y medir tus progresos es lo que te permite mantenerte alerta sobre los avances y aprendizajes de las cosas que son importantes para tí, y saber que les estás dedicando el tiempo que se merecen, además de corregir tu plan a tiempo cuando lo necesites.

 

 

 

La herramienta del cuadro de mando personal:

 

A partir de mis experiencias con cuadro de mandos corporativos, me he creado una herramienta de cuadro de mando personal que me permite monitorizar a diario mis progresos en mi estrategia vital y proyectos de cambio. En ella incluyo desde indicadores – como el peso, o los gastos diarios o el desvío de esos gastos contra el presupuesto, o los suscriptores al blog – hasta el control de hábitos a implantar – como minutos diarios de ejercicio o de meditación o páginas a estudiar – pasando por la ejecución de tareas completas de mi plan, o por la revisión de cómo vivo mis valores – contabilizando, por ejemplo, a cuantas personas he podido ayudar en un día. Como ves, incluyo aspectos de salud, desarrollo personal, finanzas, interesados, aprendizajes y proyectos específicos.

 

Los aspectos fundamentales de esta herramienta que resultan de utilidad para mí son:

  • Las pistas visuales: He incorporado semáforos a cada indicador, lo que me permite de un vistazo ver si voy bien o mal en una semana determinada en ejecutar lo que es importante para mí.
  • La revisión periódica: Puedo ver en un sólo sitio todo lo que es necesario que haga en un día para avanzar en mis proyectos o en mi estrategia vital. No necesito más que una alarma en el móvil 3 veces al día para recordarme lo que aún me queda por hacer en términos de rutinas diarias, y son revisiones muy rápidas. Por supuesto que sigo necesitando un calendario para mis citas y una lista de tareas que reviso también varias veces al día, pero todas las rutinas diarias importantes quedan fijadas en el cuadro.

 

He adaptado mi herramienta a un modelo genérico que puedes empezar a utilizar desde este momento para crearte tu cuadro de mando personal.

 

Comparto contigo una hoja de cálculo con un ejemplo del cuadro de mando personal en el área de acceso exclusivo para suscriptores, que confío te sirva para trabajar tu seguimiento. Si aún no te has suscrito, ¿a qué esperas?

 

Herramienta cuadro de mando personal de ejemplo
Herramienta cuadro de mando personal de ejemplo

 

He fusionado los cuatro aspectos del cuadro de mando que comentamos la semana pasada (formación y crecimiento, procesos internos, interesados y finanzas) con las diez áreas vitales que te recomendaba trabajar en la estrella de la mejora. He incluido además algunos indicadores de ejemplo,con formatos parametrizados, para que puedas copiar el formato.

 

En mi opinión, hay dos tipos de indicadores:

  • Los que mides con una opción de Sí/No: Como si has ejecutado hoy o no alguna tarea de tu proyecto de cambio
  • Los que mides con un número: Que puede que te interese que sea menor que algo (como el peso o las calorías a ingerir en un día, que quieres que sean menores que las quemadas) o mayor que algo (como los minutos de ejercicio diarios)

 

En la herramienta tienes un ejemplo de cada tipo. En el caso que el indicador sea Sí/No, el semáforo está parametrizado para que se ponga verde con el sí y rojo con el no. Eso obliga que cada objetivo de ese tipo que te pongas tenga que tener una redacción en positivo. Por ejemplo, no sirve ponerte como objetivo “No fumar hoy”, porque entonces tu pregunta de control será: “¿he fumado hoy?”, y la respuesta del “sí” no se correspondería con el color verde positivo que marcará tu cuadro. En ese caso, un objetivo mejor redactado sería “fumar cero cigarrillos hoy” u “hoy soy no fumador”. En ambos casos, una respuesta positiva sí se corresponde con el verde.

 

También tienes ejemplos numéricos en ambos sentidos. Todo lo que tienes que hacer es copiar la fila que te interese del tipo de indicador que quieres replicar y pegarlo en el indicador nuevo, fijar los valores que consideras objetivo y aceptable, y comenzar a medir. Si superas o igualas el objetivos estarás en verde, si caes entre los valores objetivo y aceptable estarás en amarillo, y si quedas por debajo del aceptable estarás en rojo, o viceversa, según el tipo de objetivo numérico.

 

 

Consejos para fijar los objetivos y hacer el seguimiento:

 

En este artículo te daba algunas pautas básicas para fijar objetivos. Te decía que lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante para ti, por aquello de que la vida es corta y no te sobra tiempo para desperdiciarlo en cosas irrelevantes.

 

Además de las recomendaciones de los párrafos anteriores, también es importante que a la hora de definir tus objetivos te apoyes en reglas claras de actuación, es decir, en aquellas cosas que te permitan definir sin ninguna duda cómo el objetivo es alcanzable. Por ejemplo, decir que ahorrarás más cada mes no es una regla clara. Decir que de cada nómina que te paguen dedicarás un 5% a tu plan de pensiones sí es una regla clara, fija, que no admite dudas de su aplicación, y que hasta puedes automatizar (lo que ayuda aún más a implementarla). Si además lo fijas a tu identidad, ya es el objetivo ideal. Por ejemplo, no es lo mismo decir que yo tengo que ahorrar a decir que soy una persona ahorradora, no te impulsa de la misma forma a actuar.

 

Otro aspecto que es fundamental es la revisión semanal. No es suficiente con una revisión rápida cada día: el sentarte cada fin de semana durante media hora a revisar tu desempeño, extraer los aprendizajes y tomar medidas correctoras, es un paso muy necesario para mantener el sistema funcionando de forma óptima y aportándote los beneficios que esperas. Además, analizando de cuando en cuando el desempeño de varias semanas podrás detectar áreas nuevas de mejora, a medida que estabilizas tus hábitos. Si estás cumpliendo con un objetivo de forma sistemática durante mucho tiempo, es el momento de plantearse si es lo suficientemente ambicioso, o de si ha llegado el momento de enfocar el trabajo en otra área.

 

Por último, te recomiendo que no satures de indicadores el cuadro de mando personal, al menos en un principio. Lo ideal es trabajar en aplicar sólo un nuevo hábito cada semana o quincena, o incluso cada mes si el hábito es complicado, y enfocarse en no más de 3 indicadores por área de mejora. Yo te diría que empieces a trabajar el cuadro con 5 indicadores y un hábito en total, mientras te haces con el sistema, y poco a poco ir mejorando desde ahí. Es preferible enfocarse en pocas cosas, pero asegurándote que las ejecutas y mides, y construir sobre eso, que querer abarcar mucho y sabotear el sistema por intentar medir demasiadas cosas en un día y agobiarse (que me ha pasado).

 

Al final, la herramienta es algo personal y lo importante es que te resulte de utilidad para verificar el seguimiento de tus planes y poder hacer correcciones o rediseñar el plan si es necesario, o detectar áreas de mejora futuras. Parametrízala como quieras, empieza a usarla ¡y espero que te sirva!

 

Recuerda suscribirte al blog para poder acceder a contenido exclusivo y descargarte la herramienta, y si tienes dudas sobre su utilización, escríbeme a eligiraut@gmail.com.

 

Abrazos y ¡disfruta tu cambio!

Herramientas para hacer seguimiento I: El cuadro de mando personal

A partir de este artículo comparto contigo herramientas que me han resultado útiles para hacer seguimiento de mi cambio, empezando por el cuadro de mando personal

 

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal te va? ¿Cómo estás tú, cambiador? Yo he disfrutado mucho esta semana de los Sanfermines, pero aún así, he estado trabajando en esta página, para facilitar mi diálogo contigo, además de en el blog.

 

Esta semana me gustaría hablarte de un aspecto que considero fundamental en cualquier proceso o proyecto de cambio, como es hacer seguimiento. Es decir, revisar frecuentemente cómo vas desempeñando tu plan.

 

Cuando hablamos de cómo planificar el cambio, ya mencioné la importancia de tener mecanismos de seguimiento para controlar el avance de tus proyectos, y el seguimiento también era un ingrediente básico de nuestra receta simple para cambiar con éxito.

 

No sirve de nada definir extraordinariamente bien unos objetivos o diseñar un plan chulísimo si luego no haces seguimiento periódico de cómo vas cumpliendo los objetivos y el plan, comparas dónde estás con dónde deberías estar, y corriges el rumbo si es necesario. Sin hacer ese seguimiento puedes acabar muy lejos de donde originalmente te habías planteado.

 

 

 

Esto lo sé por experiencia, porque el seguimiento es mi punto débil en lo referente a mis procesos de cambio y con la gestión de proyectos en general, me cuesta mucho hacer revisiones periódicas al estar muy involucrada en la ejecución. Así que es un tema que he ido trabajando consistentemente en el último año, y espero compartir contigo mis aprendizajes al respecto.

 

Parte de los aprendizajes los he extraído del mundo corporativo. Me he fijado en herramientas utilizadas por las empresas para el seguimiento y las he adaptado a mi cambio personal. Y la primera herramienta de la que quiero hablarte es del cuadro de mando personal.

 

 

¿Qué es un cuadro de mando?

 

El cuadro de mando integral es una herramienta presentada por Robert S. Kaplan y David P. Norton en el libro El Cuadro de Mando Integral: The Balanced Scoreboard. Nace como una necesidad de ir más allá de los sistemas de seguimiento tradicionales enfocados en el desempeño financiero de las empresas, e incluye otros aspectos que es necesario vigilar en los entornos altamente competitivos que ha traído la era de la información.

 

“El Cuadro de Mando Integral complementa los indicadores financieros de la actuación pasada con medidas de los inductores de actuación futura. Los objetivos e indicadores de Cuadro de Mando se derivan de la visión y estrategia de una organización”. Kaplan & Norton

 

Partiendo de esa premisa, estos autores presentan esta herramienta como una estructura para llevar la estrategia de la empresa a términos operativos, enfocándose en cuatro áreas:

 

Estructura del cuadro de mando. Fuente: "Cuadro de Mando Integral", Kaplan & Norton, 1996
Estructura del cuadro de mando. Fuente: “Cuadro de Mando Integral”, Kaplan & Norton, 1996

 

Es decir, que el cuadro de mando integral permite una visión tanto hacia el interior de la empresa (personas y procesos) como al exterior (clientes y accionistas), y manteniendo tanto la visión en el desempeño actual como en el crecimiento futuro.

 

Actualmente los cuadros de mando han evolucionado hasta convertirse en complejas herramientas de reporte recurrente, tomando información de todas las áreas de la empresa para evaluar su desempeño. A medida que se incrementan las exigencias de accionistas, clientes, mercados y reguladores y el número de interesados en las operaciones de la empresa (comunidades locales, proveedores, socios, etc.) los objetivos e indicadores que es necesario medir también aumentan.

 

Llevo varios años de experiencia con la implantación de cuadros de mando corporativos y he comprobado de primera mano su utilidad. Sólo midiendo el desempeño de forma recurrente se pueden observar las desviaciones respecto a lo planificado y corregir las acciones para poder cumplir el plan. Además, un seguimiento histórico permite observar tendencias en los procesos internos que podrán dar lugar a planes de mejora, o en los comportamientos de clientes que puedan abrir oportunidades a nuevos mercados. Es decir, que es una herramienta que no sólo permite observar la implantación de la estrategia presente, sino que da orientaciones sobre cómo diseñar la estrategia futura.

 

 

El cuadro de mando personal

 

Un ejercicio similar lo puedes hacer con tu vida. Si tienes ya clara cuál es tu estrategia vital, la visión de tu futuro, puedes hacer paralelismos entre el cuadro de mando corporativo y el personal. Lo importante es preguntarte cómo medirás los siguientes puntos:

  • Formación y crecimiento: ¿Qué necesitas aprender y qué habilidades desarrollar para alcanzar tu visión?
  • Procesos internos: ¿Cómo debes cuidarte para mantenerte aportando valor?
  • Interesados: ¿Qué puedes hacer para mejorar las relaciones importantes de tu vida?
  • Finanzas: ¿Cómo puedes incrementar tu satisfacción con los aspectos financieros y prácticos en general de tu vida?

 

Si no tienes clara cuál es tu estrategia vital o tu visión, el libro Búscate la vida: Coaching y Cuadro de Mando Personal para ser más feliz puede ayudarte.

 

Cómo llevar lo anterior a términos operativos, depende de cuál sea tú estrategia vital. Por ejemplo, en el plano financiero, puede interesarte medir si tus ahorros se incrementan, pero si estás invirtiendo, también querrás medir los ingresos provenientes de las inversiones y el retorno de esa inversión. Y en términos de cuidado personal, pueden incluirse aspectos físicos, mentales, emocionales o espirituales, lo que tu necesites según tu visión.

 

Por ejemplo, yo mido habitualmente en el aspecto físico mi peso, las horas de sueño (porque tiendo a dormir poco cuando estoy muy ocupada), los kilómetros que camino a diario y el tiempo dedicado al resto del ejercicio físico que hago. Esto es suficiente para mí, pero si fuera una atleta olímpica, tendría que medir muchísimas más cosas en lo relativo a mi cuerpo y ejercicio (masa muscular, masa adiposa, repeticiones de cada ejercicio diferente, etc.).

 

Lo importante es poder llevar los objetivos de cada aspecto a algo que puedas medir cada día o como mínimo cada semana. Y que te crees un sistema que te permita mantener vigilancia sobre esos objetivos de manera recurrente. En mi caso, tengo alarmas en el móvil para recordarme que tengo que revisar mi sistema periódicamente, porque además mi sistema funciona como recordatorio de los hábitos que estoy trabajando a diario.

 

Puede que en tu caso no te interese medir la implantación de una estrategia vital porque aún no la tienes, sino que sólo quieres verificar el seguimiento de tus planes de cambio. Mi cuadro de mando incluye también indicadores de gestión de proyectos personales concretos. Al final, la herramienta es algo personal y lo importante es que te resulte de utilidad para verificar el seguimiento de tus planes y poder hacer correcciones o rediseñar el plan si es necesario, o detectar áreas de mejora futuras.

 

La semana que viene te contaré más sobre mi cuadro de mando personal y cómo lo utilizo, y entraré en detalle sobre esos indicadores de gestión de proyectos, y te dejaré en el área de contenido exclusivo un ejemplo para tu uso. Entretanto, puedes dedicar la semana a pensar en tu estrategia y en qué te gustaría medir, ¡y a suscribirte para no perderte el contenido y las herramientas que vendrán!

 

Abrazos y ¡disfruta tu cambio!

 

 

¡Sí, quiero cambiar! (o como generas el cambio)

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal todo? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada te presenté definiciones de gestión del cambio y te proporcioné estrategias para adaptarte al cambio impuesto por otros. Además, comenté que la gestión del cambio incluye definir qué cambio quieres alcanzar (objetivos), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio).

Esta semana comenzaré a profundizar en las herramientas que utilizo para generar un cambio deseado, como cambiar algún hábito perjudicial, o alguna faceta de tu vida (tu trabajo, tu situación financiera, tus relaciones, etc.).

 

Francis Bacon

 

Cuando el cambio lo generas tú, el control está en tu mano. Tú defines el objetivo de tu cambio, qué quieres alcanzar, cuál es el resultado esperado, y cómo vas a medir que efectivamente has alcanzado ese objetivo: qué indicadores utilizarás para medir tu éxito.

Es importante que este objetivo sea significativo para ti, que te motive, que sea algo que tú quieras alcanzar, no que lo hagas por otros, por dos razones:

  1. Si no lo haces porque de verdad tú quieres, la fuerza de voluntad, disciplina, motivación, energía… la gasolina que necesitas para alcanzarlo se te gastará pronto.
  2. La vida es muy corta, el tiempo es el recurso más escaso y limitado, no renovable, y no es plan de malgastarlo haciendo cosas que en realidad no queremos hacer, al menos en el ámbito personal

Igualmente relevante es que el proceso de definir el objetivo, los indicadores y el plan para alcanzarlo lo realices por escrito, para que quede constancia de lo que quieres, que no se te olvide, y que puedas volver y revisar tus notas cuantas veces lo necesites. A mí me funciona además escribir mis objetivos en lugares visibles donde pueda tenerlos siempre presentes (pizarras o notas en las paredes, o en la agenda, o con un recordatorio diario en el móvil).

 

¿Y cómo fijo mis objetivos?

 

Para definir el objetivo a alcanzar, hay gran consenso en recomendar que el objetivo se defina según el acrónimo SMART  en inglés o MARTE en castellano. Hay diferentes versiones de los acrónimos, pero en resumen, significan:

 

  • Medible (Measurable): El objetivo tiene que incluir cómo van a ser medidos los resultados, el indicador que te permitirá comprobar el nivel de cumplimiento.
  • Alcanzable (Attainable), también definido como Realista (Realistic): Que se pueda alcanzar y completar, que no parezca imposible de entrada, para que puedas comprometerte con él.
  • Relevante (Relevant): Que esté alineado con tu estrategia de vida, con la dirección que le quieres dar.
  • Temporal (Time-Sensitive): Que incluya con claridad cuando lo quieres alcanzar. Conviene fijar también cuándo revisarás el avance.
  • Específico (Specific): Debe explicar precisamente lo que hay que lograr y con qué nivel de desempeño, concretos y tangibles y que eviten la ambigüedad.

En otros casos, la R se define por:

  • Retador, ambicioso (Ambitious, challenging): Que entrañe cierto grado de dificultad para que te resulte motivador y suponga un estímulo para tu superación.
  • Orientado a Resultados: Que defina los resultados que quieres alcanzar y no las tareas que tienes que realizar.

 

En mi experiencia, lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante, por aquello de que la vida  es corta. Lo demás, considero que depende del tipo de objetivo y de tu momento vital.

Por ejemplo, si tu objetivo es estudiar un master y graduarte de él, pues tendrás que acotarlo en el tiempo, porque tendrás que acabar los trabajos relativos al mismo en el tiempo en que dura el curso. Pero si hablamos de adelgazar, definir un plazo puede ser más difícil, porque cada cuerpo es diferente, y reacciona de forma diferente en el tiempo: es un objetivo en el que tú no controlas todas las variables para su consecución. Por mucho que te pongas como objetivo bajar 4 kilos en un mes, porque en el pasado has sido capaz de hacerlo, puede que esta vez ocurra o que no. Es mejor fijarse como objetivo el implantar los hábitos que te lleven a ese resultado, y de esto hablaremos dentro de unos párrafos.

Si el objetivo debe ser ambicioso o realista, depende de tu estado emocional y tu confianza en ti respecto a alcanzar el objetivo en el momento de planteártelo. Supongamos que eres una persona con mucha voluntad para el ejercicio: sabes que si te propones salir a correr todos los días, lo vas a conseguir, así que ponerte el ambicioso objetivo de correr a diario no será un problema para ti. Pero si te consideras incapaz de dejar de fumar, ponerte el objetivo de dejarlo mañana no te conducirá muy lejos. Lo mismo puede pasar si te pones objetivos muy ambiciosos en momentos en los que estás más bien bajo de moral.

 

Cree en tí, trabaja y revisa

 

Para cambiar, tienes que construirte la identidad de una persona capaz de hacerlo, creerte que puedes conseguir el resultado deseado, y eso se hace mediante lograr pasos pequeños. Para empezar a creer que puedes dejar de fumar, empieza por el objetivo de aplazar el siguiente cigarro por 10 minutos. Sólo eso,  ser capaz de esperar un poco. Eventualmente, cuando hayas logrado varias veces ese objetivo, podrás proponerte disminuir los cigarros que fumas al día, y llegará el momento en que seas capaz de dejar de fumar.

Una forma de saber si el objetivo es o no demasiado ambicioso, es intentar visualizarlo, verte a ti consiguiéndolo. Si hay una parte dentro de ti que ante la visualización se parte de la risa y te dice “ni de broma lo consigues”, lo primero que necesitas es convencer a esa parte de ti, y para ello necesitas pequeñas victorias. Empieza por fijarte objetivos menos ambiciosos, aquellos que sí seas capaz de visualizar, y construir la confianza en tu capacidad de lograrlo.

En todo caso, depende de lo que funciona para ti. A mí me resulta útil ponerme plazos incluso en aquellos objetivos en los que no tengo garantía de controlar el resultado, y fijar objetivos ambiciosos, porque me ayudan a acercarme más rápido a la meta. Pero tengo cuidado al analizar los resultados de no flagelarme por no conseguir el objetivo en el tiempo deseado, si yo he hecho todo lo que estaba en mi mano y no podía controlar el resultado final. Si fracaso, es un punto de información, es un aprendizaje sobre lo que no funciona, pero no dejo que ese fracaso destruya mi identidad de persona capaz de lograr cosas.

Eso sí, tampoco vale que si nunca cumples tus objetivos, lo achaques siempre a que te pusiste plazos muy cortos o que eran muy ambiciosos. Si es así, es que no estás haciendo bien el proceso de fijación de objetivos, o el análisis de por qué no los alcanzas, y eso es lo primero que tienes que revisar. Tienes que ser una persona muy honesta contigo en todo este proceso, el autoengaño no te ayudará a llegar a donde quieres ir.

Es necesario ir revisando lo que funciona para ti, trabajar todo el cambio de forma continua, e iterativa. Cualquier proceso de cambio requiere supervisión constante y una buena dosis de ensayo y error. Si no lo haces, es como cuando pones el GPS en el coche y no le haces caso a sus instrucciones, te pierdes igual.

¿Te parece un absurdo? Lo es, pero a mí me pasa constantemente, no respondo bien a que un aparato me dé órdenes, y mi GPS vive “recalculando”. Ocurre mucho que, aunque sepamos que debemos hacer algo, por diferentes razones no lo hacemos. Si tienes un método de control y seguimiento, un objetivo bien definido y buenos indicadores para medirte, es más probable que termines haciendo lo que tienes que hacer. Si el GPS se pone muy pesado, al final le termino haciendo caso.

Otra recomendación para definir un objetivo es escribirlo en positivo, no en negativo. Enfocarte en lo que quieres conseguir, no en lo que quieres evitar. Por ejemplo, es mejor definir el objetivo en términos de adelgazar o mejorar los hábitos alimenticios que en términos de perder peso.

A la hora de escribirlo, conviene también utilizar verbos que denoten acción (mejorar, conseguir, aumentar, implementar) e incluir el objeto (lo que quieres conseguir) y el indicador a medir. El indicador tiene que reflejar la medida en que has alcanzado el objetivo pero preferentemente en términos de lo que tú sí puedes controlar.

Volvamos al ejemplo de adelgazar 4 kilos en un mes. El indicador de medida del éxito serían los kilogramos adelgazados, pero ya hemos dicho que el peso es un número veleidoso, que no siempre está bajo nuestro control (porque un día retienes más líquidos, por ejemplo). Sin embargo, lo que tú si puedes controlar, es la cantidad de calorías que ingieres y quemas en un día. Así que tu objetivo puede ser “quemar a diario X calorías más de las que consumo”, y eso es algo que tú si puedes controlar: midiendo cuántas calorías quemas con el ejercicio, cuántas ingieres en tus comidas, y adaptando la cantidad de comida y ejercicio en consecuencia. Eso sí está sobre tu control, y eventualmente te llevará a conseguir el resultado que quieres, antes o después. Además, está escrito en positivo, con un verbo de acción, y con un indicador de revisión diaria.

Una vez que sabes lo que quieres conseguir y cómo medirlo, tienes que preguntarte cómo vas a conseguirlo. Analiza qué cosas necesitarás para conseguirlo, sea en términos de conocimiento, recursos económicos o personales, ayuda, herramientas, etc. ¿Qué es lo que ya tienes? ¿Qué es lo que te falta y cómo puedes conseguirlo? Con esto toca elaborar un plan de acción. Pero sobre esto hablaremos en detalle en el siguiente post.

Angelou

 

Espero que esta semana puedas pensar un poco en los objetivos e indicadores que necesitas para tu cambio. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!