Cuatro consejos para convencer a otros de cambiar

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás hoy? ¿Cómo ha ido la semana, cambiador?

 

Hoy quiero compartir contigo un tema que puede resultar algo delicado, y es el cómo convencer a otros de cambiar, de la necesidad de un cambio, especialmente cuando la persona no detecta la necesidad de hacerlo, o no se siente motivada para hacerlo.

 

Lo más importante a tener en cuenta en este caso es que nadie cambia si no quiere cambiar. Es decir, no puedes convencer a nadie de que cambie si no quiere hacerlo. Sería como un río, que por mucho que lo canalices, cuando la naturaleza lo apura, vuelve a su cauce. Lo único que puedes hacer es mostrarle la conveniencia de cambiar, por qué crees que lo necesita, y que el cambio es posible para todos, incluida esa persona, y recomendarle una posible vía para el cambio (o varias), que es la que tú conoces y/o seguirías, pero teniendo en cuenta que esa persona puede descubrir una vía más adecuada para ella que la que tú propones.

 

Convencer a otros de cambiar es como canalizar un río
Convencer a otros de cambiar es como canalizar un río

 

Otro punto es que probablemente pienses que no te interesa que los demás cambien, que cada quien tiene derecho a ser como quiera ser, que para eso está el libre albedrío. Además, puede que pienses que así no das pie a que luego pretendan cambiarte a ti. Y lo cierto es que estoy de acuerdo con el libre albedrío, pero también reconozco que se pueden dar las siguientes circunstancias: 

  • Alguien a quien quieres lo está pasando mal por no cambiar, o podría mejorar mucho su vida, y te gustaría ayudarle a conseguirlo: quieres que tus hijos mejoren en los estudios, que tu pareja comience a hacer ejercicio, que tus padres aprendan una nueva habilidad, que tu amiga del alma deje de fumar, que tu hermano adelgace, etc. 
  • Hay que introducir un cambio en tu entorno porque sí, y a ti te toca liderarlo y convencer a otros de que hay que hacerlo: un cambio de trabajo que obliga a la familia a desplazarse; una derrama inesperada en el edificio que conlleva un cambio en el presupuesto y las cuotas de la comunidad; un cambio estratégico en la empresa que supone cambiar procesos, etc. 
  • Por mucho que quieras dejar en paz a otros para que te dejen en paz a ti, no vas a conseguir que no intenten cambiarte: el mundo cambia para todos constantemente, así que cuanto antes nos acostumbremos a cambiar y a favorecer el cambio de otros, mejor.

 

En todos los casos se trata de algo que será positivo para ellos, o que es inevitable, pero que puede que ellos no quieran hacer. Entonces, ¿cómo convencer a otros de cambiar?

 

1.- No impongas el cambio: seduce

Las cosas impuestas por las malas o a contragusto suelen generar muchísima resistencia y tienen muchos números comprados para el fracaso. Obligar a tus hijos a estudiar es contraproducente: puedes obligarlos a permanecer sentados en su habitación, pero de ahí a que su mente se concentre en el estudio, va un trecho.

Quizás sean muy responsables y consigas que de hecho intenten estudiar, pero si no les interesa no serán muy efectivos en su tarea. Sin embargo, si les ayudas a ver que estudiar es una forma de ponernos en contacto con el mundo, de aprender cosas útiles, se relacionar lo que estudian con la vida real, si descubres cuál es su materia favorita y la potencias, aumentas las posibilidades de éxito.

Puedes utilizar premios externos a lo que quieres cambiar para favorecer que la persona establezca hábitos nuevos, pero es preferible que les ayudes a ver el premio intrínseco a la actividad. Por ejemplo, para que tu pareja se habitúe a hacer ejercicio, puedes premiarle con un masaje al finalizar la sesión, pero a la larga será más sostenible para ambos que le ayudes a percibir los beneficios que el ejercicio tiene sobre su salud física y mental, para que se “enganche” al ejercicio por algo más que masajes. Muéstrale que el cambio es la solución a alguno de sus problemas: dormir mejor, desconectar, incrementar su agilidad, etc.

 

2.- Da ejemplo

Para que los que nos rodean perciban que el cambio es algo positivo y alcanzable, es conveniente que nos vean cómodos con el cambio. No se trata de que cambiemos lo mismo que esa persona, pero sí que vean que estamos dispuestos a cambiar, y que lo hacemos aunque nos cueste. Si quieres que tus padres aprendan a utilizar internet, no te niegues tú a ir a clases de inglés.

 

3.- Crea un ambiente favorable

Al igual que te he recomendado rodearte de un entorno que favorezca tu cambio, puedes contribuir al cambio de otros modificando su ambiente: haz la compra con tu hermano para llenar su despensa con productos saludables, frescos y bajos en grasas, o queda con tu amiga en sitios en los que no se pueda fumar.

Además, genera un entorno a tu alrededor “change-fear-free”: habla del cambio con entusiasmo y no con miedo, cambia con énfasis en el placer que obtienes del cambio, y recomienda materiales que faciliten comprender la necesidad del cambio (como el libro ¿Quién se ha llevado mi queso? o su vídeo).

 

4.- Descubre y elimina resistencias

Como te comenté en mi primer artículo, ante un cambio impuesto lo normal es que experimentemos miedo, enfado, frustración, incredulidad… Es raro que de entrada todo nos parezca maravilloso. Y además las cosas que nos generan miedo o sentimientos negativos son muy personales, lo que para uno es algo normal, para otro es lo que lo alejará del cambio.

Así que lo más recomendable es dialogar con el potencial cambiador para saber qué es lo que le disgustaría del cambio, cómo él percibe que le afecta, y buscar soluciones conjuntas para amortiguar ese impacto negativo. Favorece el debate respecto al cambio en general y al que afrontais juntos en particular. No siempre podrás encontrar soluciones para minimizar el impacto negativo, pero quizás sí le ayudes a ver qué le podrá traer el cambio de positivo. En entornos profesionales, a mi este consejo me parece imprescindible, aunque también reconozco que puede ser muy difícil de aplicar, y que sólo convertirlo en hábito ayuda a hacerlo más fácil, ya que te acostumbras a ver el lado bueno al cambio.

 

Y ahora, me gustaría escuchar tus comentarios respecto a este tema: ¿consideras que deberíamos añadir más consejos a la lista? ¿Crees que se puede convence a otros de cambiar? ¿Te has encontrado alguna vez en situaciones similares? ¿Cómo las has afrontado? También puedes preguntarme si tienes dudas, estaré encantada de ayudarte. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!

 

Y ahora, ¡a cambiar hábitos!

¡Buenos días, cambiadora! ¡Bienvenido, cambiador! ¿Cómo ha ido la semana, ya has comenzado a planificar tu cambio?

Como comentamos en el primer artículo acerca de planificar el cambio, cuando vamos a cambiar podemos encontrarnos ante un proyecto de cambio o un proceso de cambio. Hasta ahora hemos visto cómo planificar un proyecto de cambio, con tres fórmulas diferentes (la hoja de ruta, la planificación natural y la metodología PMI).

Hoy vamos hablar de cómo generar un proceso de cambio, y como mencioné entonces, para esto lo que necesitas es determinar los hábitos a fomentar o cambiar, y agendar el tiempo para adquirirlos y “rutinizarlos”.

Hay muchos aspectos que influyen en implantar los hábitos; no se podrían cubrir en un sólo artículo y tampoco creo que sea conveniente. Considero que lo mejor es que centremos cada artículo en un aspecto para que cada semana puedas trabajar en algo e ir avanzando paulatinamente.

Esta semana vamos a trabajar el arranque del proceso de cambio, que en mi experiencia consiste en tres pasos fundamentales:

  • Definir por dónde empezar lo que quieres cambiar, el paso más pequeño
  • Agendar el tiempo para hacerlo a diario, y
  • Preparar el entorno para favorecerlo

 

Parece sencillo, ¿verdad? Pues la buena noticia es que puede llegar a ser muy fácil. Hay algunos hábitos más fáciles de cambiar que otros, pero una vez que comiences a trabajar el cambio de hábitos, y vayas incorporando las diferentes técnicas que estudiaremos aquí, te darás cuenta de que tener una metodología incorporada en tu vida para cambiar hábitos es una de las herramientas más poderosas que existe para la mejora personal.

 

Caracter es hábito

 

Para empezar, mejor en pequeño…

Muchas veces cuando pensamos en algo que queremos cambiar, soñamos con transformaciones instantáneas que modificarán radicalmente nuestra vida: adelgazar diez kilos en un mes, ganar la lotería, escribir un libro en una semana, estudiar para un examen en tres días…

Pero rara vez el éxito nos viene de esa forma. Si lo pensamos detenidamente, casi cada cosa que logramos depende de los hábitos que tengamos. Incluso cuando hablamos de un proyecto de cambio, es el hábito de realizar diariamente alguna tarea del proyecto lo que lo hace avanzar.

Los hábitos terminan construyendo tu carácter, y muchas de nuestras virtudes o defectos son en el fondo hábitos bien o mal instaurados:

  • Ser puntual es el reflejo del hábito de llegar a tiempo a todas partes.
  • Ser íntegro es el reflejo del hábito de actuar de la misma forma honesta cuando sabes que te miran que cuando no tienes testigos.
  • Ser familiares dedicados es el reflejo del hábito de dedicar tiempo de calidad a nuestra familia.
  • Ser una persona trabajadora es el reflejo del hábito de trabajar persistentemente cuando hay que hacerlo, obteniendo buenos resultados.
  • Y lo mismo funciona al revés, ser fumador es el reflejo del hábito de fumar.

 

¿Te parece una obviedad? Puede serlo, pero las implicaciones son poderosas, porque supone que cambiando nuestros hábitos podemos cambiar nuestra forma de ser, nuestro carácter, para mejor, y obtener mejores resultados de la vida. Pero generalmente no pensamos así, nos enfocamos en grandes objetivos y resultados, y nos olvidamos de que son lo hábitos diarios los que nos levan allí, que es el proceso lo que nos transforma y lo que debemos vigilar.

Para que cambiar hábitos funcione, lo mejor es empezar cambiando uno a la vez, e implantando un cambio tan pequeño que sea muy fácil de hacer, que no puedas decir que no a hacerlo.

Yo soy de las que empiezan el lunes cambiando cinco hábitos para llegar al miércoles dándome cuenta de que sólo puedo apañarme con uno, y es sorprendente con cuánta frecuencia olvido esta lección. Por suerte rápidamente me adapto y me enfoco mis esfuerzos en uno sólo, el que más impacto positivo pueda traer a mi vida en ese momento. Me va bastante mejor cuando me concentro en uno sólo, es más probable que cambie con éxito.

Afortunadamente, no se me olvida empezar en pequeño con cada hábito. Lo importante es acostumbrarse todos los días a hacer algo, por poco que sea, e ir construyendo sobre esa costumbre. Eso te confirmará en la identidad de una persona que es capaz de cambiar sus hábitos.

Por ejemplo, si quieres conseguir hacer cincuenta abdominales seguidos, empieza por hacer un abdominal cada día. Uno sólo, no hace falta más. Durante la primera semana, comprométete a hacer uno. A hacerlo bien, concentrándote en el movimiento. ¿Que te apetece hacer cinco? Hazlos. Pero lo que importa es que hagas uno cada día. Y la segunda semana, pasas a dos, y la tercera a tres, o a cinco, que probablemente ya te veas capaz. Y así poco a poco. Y si sólo aumentarás un abdominal por semana, estarías haciendo los cincuenta en un año de forma consistente.

Pero si no lo haces así, es muy probable que en un año sigas sin hacer más de diez seguidos.

Y esto puede aplicarse a casi cualquier nuevo hábito que quieras formar:

  • Si quieres empezar a meditar, empieza por un minuto al día
  • Si quieres leer más, comprométete a leer dos páginas por día
  • Si quieres empezar a caminar, asegúrate que le dedicas diez minutos al día

Y así sucesivamente.

 

…sin olvidar el espacio y el tiempo

Entonces, ¿ya has decidido qué hábito quieres cambiar y el pequeño pasito que darás para empezar? Pues ahora es el momento de preparar el tiempo y el entorno para hacerlo. Elige en qué momento del día ejecutarás tu pequeño paso, y cómo prepararás el entorno para favorecerlo. Tienes que buscarle un hueco en tu agenda o añadirlo a tus rutinas existentes:

  • Bloquea en tu agenda diez minutos para meditar en las primeras horas del día, y así sabrás que seguro podrás dedicar al menos un minuto de esos diez para meditar, y que si te apetece alargarte un poco, dispondrás del tiempo. Ten preparado de antemano el cojín donde te sentarás a meditar y los implementos que quieras utilizar para ayudarte (música, velas, etc.).
  • Aprovecha el transporte público diario para leer tus dos páginas, si eres de los que no se marea ni se desconcentra con el ruido. O hazlo cuando te metas en la cama, antes de dormir, o cuando hagas una pausa para el café. Calcula el tiempo que te lleva leer las dos páginas y resérvalo en tu agenda, y lleva siempre contigo el libro que estás leyendo.
  • Ve caminando a donde quiera que puedas: al trabajo, a comer, a hacer la compra, etc. Aprovecha cada ocasión para caminar. Aparca lejos el coche para que puedas caminar un poco más. Lleva zapatos cómodos que no te impidan caminar, o al menos tenlos a mano. Busca en cuál de esas rutinas ya existentes encaja mejor añadir diez minutos de caminata, y hazlo a diario.

Y esto es todo para empezar. ¿A qué es fácil?

 

Como funciona para mí

Aplico esta metodología cada vez que quiero cambiar hábitos, con más elementos que te iré contando en otros artículos.

Mi caso de éxito más claro ha sido formarme el hábito de caminar. He adelgazado unos sesenta kilos en unos siete años, y me mantengo así, gracias a que he cambiado muchos hábitos en mi vida. Pero el de caminar ha sido el más determinante de todos, y continúa siéndolo. Si me salgo un poco de la dieta pero sigo caminando, mi peso se mantiene, pero si dejo de hacer ejercicio unos días (por lesión o enfermedad, por ejemplo), tengo que cuidar mucho lo que como para no volver a engordar.

Y empecé poco a poco, con veinticinco minutos diarios, caminando a baja velocidad, a unos tres kilómetros por hora o así. Ahora puedo caminar cómodamente ocho kilómetros en hora y media. Y aprovecho cualquier ocasión que se me presenta para caminar. Planifico mis desplazamientos con tiempo para poder ir caminando en lugar de utilizar el transporte público. Llevo un par de zapatillas siempre en el coche, porque si en el trabajo el día se me hace largo y no me queda tiempo para ir al gimnasio, al menos podré darme una vuelta de media hora en las cercanías al acabar la jornada, antes de conducir de vuelta a casa. Una de las mejores inversiones que hice hace años fue comprarme una cinta para caminar. No son baratas, pero me ha valido la pena con los resultados obtenidos, porque así el mal tiempo o no tener un gimnasio cerca no son excusas para no caminar, y hasta aprovecho para ver algún capítulo de alguna serie mientras camino.

En estos momentos mi agenda está bastante apretada, y encuentro difícil ir al gimnasio o a nadar. Pero me he asegurado un sistema de vigilancia que me permite saber que al menos camino lo suficiente: Me he comprado una pulsera de fitness Garmin Vivofit que no sólo contiene un podómetro que me cuenta los pasos diarios, sino que además me va estableciendo los objetivos diarios de pasos que debo dar para mejorar mi forma física, y me avisa cuando llevo mucho rato sin moverme. Otra inversión que está dando buenos furtos porque, de esta forma, sé que me mantengo en forma sin tener que pensar mucho en ello, basta con caminar siempre que puedo y asegurarme de cumplir con el objetivo de pasos que me indica la pulsera, al menos cinco días a la semana. Puede que no sea tan efectivo como ir al gimnasio, pero sin duda es mejor que no hacer nada. Y si un día no puedo, o si varios días no puedo por una lesión o viaje o lo que sea, no pasa nada, porque a estas alturas ya me ha construido la imagen de persona que camina a diario, y no me cuesta retomar el hábito rápidamente.

Actualmente trabajo el hábito de escribir a diario, para avanzar con este blog y con un libro que estoy preparando. Aunque publico un artículo cada lunes, no escribo el artículo completo ese día ni el domingo, sino que voy adelantándolo a lo largo de toda la semana, para afianzar mi destreza, y para construir mi identidad de escritora.

Para ello, me levanto media hora más temprano, y todos los días, después de desayunar, me pongo en el ordenador a escribir un poco, da igual si consigo un párrafo o doscientas palabras, lo que me salga, pero lo importante es dedicar al menos un cuarto de hora a escribir. Agendo media hora porque lo que suele pasar es que al empezar a escribir me emociono y me apetece escribir más. Pero como mínimo, por malo que tenga el día, escribo ese cuarto de hora cada día, aunque me salgan sólo dos frases malas, para implantar mi hábitos. Así, cuando llego al domingo, buena parte del artículo está avanzado, y sólo queda finalizarlo, editarlo y pulirlo para publicarlo el lunes.

¿Y cómo preparo mi entorno para ello? Pues dejo el ordenador en suspenso la noche anterior con el archivo en el que estoy escribiendo abierto. Generalmente trabajo en alguna herramienta que puede sincronizarse con dispositivos móviles (como Google Drive o Evernote) y así puedo, mientras desayuno, empezar a leer el artículo donde lo dejé la vez anterior en el móvil y empezar a pensar en qué voy a escribir, e incluso añadir alguna frase antes de acabar el desayuno.

 

Y ahora te toca a tí:

¿Qué te parece si esa semana empiezas por introducir una pequeña mejora en tu vida? Decide qué hábito quieres adquirir y qué pequeño pasito vas a trabajar esta semana para conseguirlo, algo que sea tan fácil de hacer que no puedas evitar hacerlo a diario. Luego determina cuándo vas a hacerlo, en qué tiempo, a qué hora, o después de hacer qué, y apúntalo en tu agenda o tu lista de tareas, o inclúyelo en una rutina existente. Por último, prepara tu entorno de antemano para hacerlo, y hazlo todos los días.

Y si un dia fallas, no te preocupes. No es una derrota, no significa que ya no puedas cambiar hábitos, simplemente retoma tu hábito al día siguiente, como tenías agendado, y vuelve a empezar. Algunos días no puedo escribir, porque tengo que madrugar mucho para coger un vuelo o un tren y algo tengo que dormir, o porque simplemente estoy agotada y no puedo levantarme antes para hacerlo. Pero no dejo que un punto se convierta en tendencia, y al día siguiente retomo la escritura.

Todos nos equivocamos, fallar es humano, pero el fracaso no es más que un punto de aprendizaje, es información sobre lo que no funciona para alcanzar el objetivo. Analiza por que no realizaste tu hábito ese día, que te hizo fallar, corrígelo o aprende qué hace falta para que no te vuelva a ocurrir, y vuelve otra vez a empezar. Un día que no ejecutes tu hábito no significa que tú no seas capaz de conseguirlo, sólo que has usado algo en tu estrategia que no funciona.

Y con esto me despido hoy: El conocimiento sin acción es inútil, empieza a practicar estos tres pasos ya y así sabrás que estás transformando tu identidad y mejorando tu vida.

Me gustaría conocer tu proceso, cómo lo vas a implementar, y ayudarte si tienes dudas. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Cuatro elementos favorables para el cambio

Hola cambiadora, ¿cómo ha ido tu semana? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada comencé a hablar de cómo generar un cambio deseado, hablando de objetivos, indicadores, y de crearte una identidad que te permitiera creerte capaz de cambiar.

Tenía previsto hablarte esta semana del siguiente paso, que es el la elaboración de un plan. Pero antes de eso, me parece importante que hablemos un poco de otro elemento que resultará determinante en tus intenciones de cambio: el entorno.

En particular, quiero hablarte de cuatro elementos favorables para el cambio que considero básicos por las experiencias que explicaré a continuación y que resumo en esta infografía:

4ayudasentorno

 

La importancia de las personas…

Hace ocho años que vivo en la comarca de Pamplona, que es una ciudad de unos trescientos mil habitantes, con una altísima calidad de vida. Suelo ir a caminar varias veces por semana a un paseo fluvial cercano a mi casa, muy concurrido. Es bastante habitual encontrarse a otros adultos haciendo ejercicio, pero también a muchos niños con sus padres en bicicleta o caminando. En ese sentido, Pamplona es una ciudad “sana”. La mayoría de las personas practican deporte o alguna actividad física habitualmente. La ciudad se presta a ello, con abundancia de amplios espacios verdes, aire limpio, y rodeada a su vez por más entornos naturales (montañas, ríos, pantano, Cantábrico y Pirineos a menos de 2 horas).

Recientemente he comenzado a aprender a esquiar, por tres impulsores:

  1. Ahora tengo un cuerpo que me permite hacerlo (hace unos años tuve la oportunidad de hacerlo y no me atreví, no me vi capaz)
  2. Últimamente me obligo a hacer cosas que me den miedo
  3. Coincide que algunos de mis amigos están enseñando a sus retoños a esquiar, así que aprovecho las clases que les dan a ellos y la compañía en las pistas de novatos.

No me avergüenza decir que los niños me superaron rápidamente en habilidad, aunque mi ego sufrió más que mis músculos: al final del primer día eran los niños de 3 a 5 años los que me daban las clases, no sus padres. Pero es normal, los niños aprenden todo con mucha facilidad, y no tienen miedo a caerse y romperse algo. Yo tengo que derivar buena parte de mis energías a enfrentar ese miedo cada vez que comienzo un descenso. Afortunadamente, con cada descenso el miedo va disminuyendo y la confianza aumentando (espero profundizar más en la gestión del miedo en futuros posts).

Este aprendizaje me ha hecho pensar mucho en el ambiente en el que te mueves. Los niños en Pamplona comienzan a esquiar y andar en bicicleta y a subir al monte a edades muy tempranas, porque a sus padres les encanta hacer eso. Porque a su vez llevan haciéndolo toda la vida, y sus amigos y familiares también. La ciudad favorece que se haga deporte y la vida natural, pero además la gente tiene ese hábito muy arraigado. Y es curioso observar que hay pocos niños obesos en Pamplona, y que en general los niños pasan mucho tiempo al aire libre.

Y en esta semana de San Fermines, me maravilla ver cómo desde muy pequeños los niños reciben las enseñanzas de las tradiciones asociadas a las fiestas, se aprenden las canciones de la fiesta en la guardería, bailan con las charangas y corren delante de toros de mentira. Correr el encierro es una actividad que pamplonesas y pamploneses se toman muy en serio, y se entrenan físicamente para ello.

Una de las primeras cosas que me gustó al mudarme aquí era tener el Cantábrico a una hora. Mis amigos aquí son muy activos físicamente y practicaban surf, y entonces con eso yo tampoco me atrevía, no me veía en forma, pero igual iba con ellos, hacía el intento con el bodyboard y me divertía mucho.

Eso de ver que mis amigos podían hacer cosas que yo no podía, o que no me atrevía a probar por miedo a que me fallaran las rodillas, ha sido una de las principales motivaciones para querer adelgazar y ponerme en forma: estoy muy joven para dejar de hacer cosas que me gustaría aprender.

Y ahora que estoy haciéndolas y aprendiéndolas (este verano me he atrevido con el windsurf, ¡y me encanta!), me pregunto muchas veces si habría sido capaz de cambiar físicamente como lo he hecho si no me hubiera mudado a Pamplona. Estoy rodeada por un ambiente muy favorable en espacios y oportunidades para practicar deporte, pero además hay presión de grupo (positiva, sí, pero presión). Cuando tienes un grupo de amigos donde la mayoría practica algún deporte o actividad física de forma habitual durante la semana, va al gimnasio o a la piscina con frecuencia, y que el fin de semana se va a esquiar, o a la montaña o a la playa… ¿Cuándo quedas con tus amigos si no es para hacer deporte como ellos? Y si no haces nada físico, eres el diferente, y eso siempre hace que uno se sienta un poco mal, fuera de grupo.

Lo que a su vez me hace pensar en esta frase de Jim Rohn: 

JimRohn

No estoy segura de que haya una base científica detrás de esta frase, no la he conseguido, y en la web encuentras tanto opiniones a favor  como en contra. Quienes están a favor argumentan la mencionada presión de grupo, la influencia que ejercen las buenas compañías, la capacidad de mimetización del ser humano o que los amigos nos ayudan a reafirmar nuestra identidad como cambiadores. Quienes están en contra, indican que tú decides cómo reaccionar ante el entorno, quién y cómo dejas que te influencien.

En mi experiencia, hay algo de cada cosa. Rodearte de personas que han alcanzado ya lo que tú quieres alcanzar te permite ver que otros ya han llegado allí, y a medida que los conoces mejor, aprendes cómo lo hicieron, y ves que no son muy diferentes a ti, y comienzas a creer que si ellos han podido, tú también podrás.

Esto no significa que tengas que cambiar de amigos si no quieres. Creo que si hay alguien de manera constante en tu vida es porque te aporta algo y tú se lo aportas a esa persona y efectivamente, creo que podemos ser proactivos en limitar cómo dejamos que los demás nos influencien, en quedarnos con lo bueno.

Pero cuando estás iniciando un proyecto de cambio o buscas alcanzar una nueva meta, tendrás que reforzar tu red para añadir personas que ya hayan llegado y que te puedan mentorizar, o con amigos que te inspiren. Puedes buscar un mentor en tu entorno cercano, o puedes empezar a leer o seguir a quienes ya lo han conseguido: éste primer paso es fácil y fundamental. Busca blogs, podcasts, o información en cualquier soporte de las personas que te gustaría imitar, aprende cómo lo han hecho y comienza a ensayar sus métodos, adaptándolos a ti. Si tienes dudas, prueba a enviarles un email. En mi caso, he recurrido principalmente a los mentores virtuales, y éste es uno de los primeros que encontré y que más me ha ayudado, y James Clear es de los que me inspira recientemente por estar muy especializado en cambio de hábitos.

También te será de mucha ayuda buscar un apoyo cercano, alguien con quien puedas compartir tus venturas y desventuras del proceso de cambio, que puede ser un mentor o un amigo que busque una meta similar a la tuya o ese familiar que te apoya incondicionalmente hagas lo que hagas.  Alguien que te haga sentir comprometido con esa persona: “no puedo dejar de trabajar en mi cambio porque le fallaría a mi amiga/mentor/madre/esposo/etc.” Pero sobretodo, que te recuerde que tú eres el responsable de tu meta: el compromiso con esa persona tiene que contribuir a reforzar el que tienes contigo, no sustituirlo.

No quiere decir que no puedas equivocarte o que no tengas caídas: búscate a alguien que pueda entender que el fracaso ocasional es parte del proceso de cambio, pero que lo importante no es las veces que caigas sino las que te vuelvas a levantar. En mi proyecto de adelgazamiento, por ejemplo, mi madre, mi hermano y mi cuñada han sido fundamentales con su apoyo y aguantándome, sin desmerecer a mis familiares, amigos y compañeros que también me han respaldado, y a los profesionales de la salud que me han tratado (¡mil gracias a todos!).

 

… Y del entorno

Además de acompañarte de personas que estén alineadas con tus objetivos, es fundamental rodearte de un entorno que lo refuerce. Si puedes, realiza cursos relacionados con tu meta, te permitirá conocer más gente con objetivos similares a los tuyos y te meterá en el ambiente.

Si quieres ponerte en forma, inscríbete en un gimnasio o en una actividad física que te divierta. Si intentas estudiar algo nuevo, puede ayudarte encontrar una biblioteca agradable que facilite la concentración. Como mínimo, cambia el fondo de escritorio o ponte una postal cerca que te motive, que te recuerde por qué cambias, tu objetivo y que puedes hacerlo. O puedes introducir cambios en tu entorno que ayuden a modificar tus hábitos, como sustituir galletas por frutos secos en los frascos visibles en la encimera de tu mesa, o preparar con antelación y dejar a la vista tu ropa de hacer ejercicio.

En mi caso, me funciona muy bien tener en casa la mayor cantidad de alimentos sanos, naturales y bajos en azúcar, grasas y calorías. Cuando caigo en la tentación de comprar dulces (que pasa) resulta mucho más difícil no comerlos, pero incluso así, suelo guardarlos en lugares no visibles: es más probable que me olvide de ellos y termine evitando la tentación. Y llevo unas zapatillas para caminar siempre en el maletero del coche, para poder aprovechar las oportunidades de pasear con amigos o en sitios agradables que me encuentre.

Por último, trata de pasar algo de tiempo semanal en la naturaleza: Ella nos recuerda que el cambio es la única constante, que la renovación y la evolución son procesos continuos e inexorables. Cuando observamos un río, que siempre se recicla, o el crecimiento de árboles, flores y frutos, el cambio de estación, escuchamos el canto de jóvenes pájaros o el mar que nunca se detiene, todo eso nos relaja, nos reconecta con nuestro cambio y con algo más profundo dentro de nosotros que nos renueva y nos recarga las pilas para la siguiente semana.

playa canarias

 

Y para tí, ¿qué es lo que funciona? ¿Qué te ayuda a cambiar? ¿Cómo te ayuda el entorno?

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