Herramientas para hacer seguimiento II: El cuadro de mando personal (cont.)

Continúo compartiendo contigo esta semana mi experiencia con el cuadro de mando personal

 

¡Hola cambiadora! ¿Cómo ha ido tu semana? ¿Cómo estás, cambiador? El artículo de esta semana te llegará un poco tarde si estás en España, en la madrugada del martes, en lugar del lunes. Pero esta semana estoy de vacaciones en Colombia, visitando a mi familia, y por ello para mí aún es la noche del lunes.

 

La semana pasada comenzamos a hablar del cuadro de mando personal como herramienta fundamental de seguimiento, para ejecutar tu visión o estrategia vital o tus proyectos de cambio y mejora.

 

Aunque te recomendé entonces el libro Búscate la vida: Coaching y Cuadro de Mando Personal para ser más feliz para ayudarte a determinar tu visión, esta semana he encontrado este artículo que te puede ayudar a llegar allí en menos tiempo. Te recuerdo que aunque no tengas aún una estrategia vital, el cuadro de mando personal también te puede ayudar a hacer seguimiento de tus planes de cambio, utilizando indicadores de gestión de proyectos personales concretos.

 

En cualquier caso, el hacer seguimiento y medir tus progresos es lo que te permite mantenerte alerta sobre los avances y aprendizajes de las cosas que son importantes para tí, y saber que les estás dedicando el tiempo que se merecen, además de corregir tu plan a tiempo cuando lo necesites.

 

 

 

La herramienta del cuadro de mando personal:

 

A partir de mis experiencias con cuadro de mandos corporativos, me he creado una herramienta de cuadro de mando personal que me permite monitorizar a diario mis progresos en mi estrategia vital y proyectos de cambio. En ella incluyo desde indicadores – como el peso, o los gastos diarios o el desvío de esos gastos contra el presupuesto, o los suscriptores al blog – hasta el control de hábitos a implantar – como minutos diarios de ejercicio o de meditación o páginas a estudiar – pasando por la ejecución de tareas completas de mi plan, o por la revisión de cómo vivo mis valores – contabilizando, por ejemplo, a cuantas personas he podido ayudar en un día. Como ves, incluyo aspectos de salud, desarrollo personal, finanzas, interesados, aprendizajes y proyectos específicos.

 

Los aspectos fundamentales de esta herramienta que resultan de utilidad para mí son:

  • Las pistas visuales: He incorporado semáforos a cada indicador, lo que me permite de un vistazo ver si voy bien o mal en una semana determinada en ejecutar lo que es importante para mí.
  • La revisión periódica: Puedo ver en un sólo sitio todo lo que es necesario que haga en un día para avanzar en mis proyectos o en mi estrategia vital. No necesito más que una alarma en el móvil 3 veces al día para recordarme lo que aún me queda por hacer en términos de rutinas diarias, y son revisiones muy rápidas. Por supuesto que sigo necesitando un calendario para mis citas y una lista de tareas que reviso también varias veces al día, pero todas las rutinas diarias importantes quedan fijadas en el cuadro.

 

He adaptado mi herramienta a un modelo genérico que puedes empezar a utilizar desde este momento para crearte tu cuadro de mando personal.

 

Comparto contigo una hoja de cálculo con un ejemplo del cuadro de mando personal en el área de acceso exclusivo para suscriptores, que confío te sirva para trabajar tu seguimiento. Si aún no te has suscrito, ¿a qué esperas?

 

Herramienta cuadro de mando personal de ejemplo
Herramienta cuadro de mando personal de ejemplo

 

He fusionado los cuatro aspectos del cuadro de mando que comentamos la semana pasada (formación y crecimiento, procesos internos, interesados y finanzas) con las diez áreas vitales que te recomendaba trabajar en la estrella de la mejora. He incluido además algunos indicadores de ejemplo,con formatos parametrizados, para que puedas copiar el formato.

 

En mi opinión, hay dos tipos de indicadores:

  • Los que mides con una opción de Sí/No: Como si has ejecutado hoy o no alguna tarea de tu proyecto de cambio
  • Los que mides con un número: Que puede que te interese que sea menor que algo (como el peso o las calorías a ingerir en un día, que quieres que sean menores que las quemadas) o mayor que algo (como los minutos de ejercicio diarios)

 

En la herramienta tienes un ejemplo de cada tipo. En el caso que el indicador sea Sí/No, el semáforo está parametrizado para que se ponga verde con el sí y rojo con el no. Eso obliga que cada objetivo de ese tipo que te pongas tenga que tener una redacción en positivo. Por ejemplo, no sirve ponerte como objetivo “No fumar hoy”, porque entonces tu pregunta de control será: “¿he fumado hoy?”, y la respuesta del “sí” no se correspondería con el color verde positivo que marcará tu cuadro. En ese caso, un objetivo mejor redactado sería “fumar cero cigarrillos hoy” u “hoy soy no fumador”. En ambos casos, una respuesta positiva sí se corresponde con el verde.

 

También tienes ejemplos numéricos en ambos sentidos. Todo lo que tienes que hacer es copiar la fila que te interese del tipo de indicador que quieres replicar y pegarlo en el indicador nuevo, fijar los valores que consideras objetivo y aceptable, y comenzar a medir. Si superas o igualas el objetivos estarás en verde, si caes entre los valores objetivo y aceptable estarás en amarillo, y si quedas por debajo del aceptable estarás en rojo, o viceversa, según el tipo de objetivo numérico.

 

 

Consejos para fijar los objetivos y hacer el seguimiento:

 

En este artículo te daba algunas pautas básicas para fijar objetivos. Te decía que lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante para ti, por aquello de que la vida es corta y no te sobra tiempo para desperdiciarlo en cosas irrelevantes.

 

Además de las recomendaciones de los párrafos anteriores, también es importante que a la hora de definir tus objetivos te apoyes en reglas claras de actuación, es decir, en aquellas cosas que te permitan definir sin ninguna duda cómo el objetivo es alcanzable. Por ejemplo, decir que ahorrarás más cada mes no es una regla clara. Decir que de cada nómina que te paguen dedicarás un 5% a tu plan de pensiones sí es una regla clara, fija, que no admite dudas de su aplicación, y que hasta puedes automatizar (lo que ayuda aún más a implementarla). Si además lo fijas a tu identidad, ya es el objetivo ideal. Por ejemplo, no es lo mismo decir que yo tengo que ahorrar a decir que soy una persona ahorradora, no te impulsa de la misma forma a actuar.

 

Otro aspecto que es fundamental es la revisión semanal. No es suficiente con una revisión rápida cada día: el sentarte cada fin de semana durante media hora a revisar tu desempeño, extraer los aprendizajes y tomar medidas correctoras, es un paso muy necesario para mantener el sistema funcionando de forma óptima y aportándote los beneficios que esperas. Además, analizando de cuando en cuando el desempeño de varias semanas podrás detectar áreas nuevas de mejora, a medida que estabilizas tus hábitos. Si estás cumpliendo con un objetivo de forma sistemática durante mucho tiempo, es el momento de plantearse si es lo suficientemente ambicioso, o de si ha llegado el momento de enfocar el trabajo en otra área.

 

Por último, te recomiendo que no satures de indicadores el cuadro de mando personal, al menos en un principio. Lo ideal es trabajar en aplicar sólo un nuevo hábito cada semana o quincena, o incluso cada mes si el hábito es complicado, y enfocarse en no más de 3 indicadores por área de mejora. Yo te diría que empieces a trabajar el cuadro con 5 indicadores y un hábito en total, mientras te haces con el sistema, y poco a poco ir mejorando desde ahí. Es preferible enfocarse en pocas cosas, pero asegurándote que las ejecutas y mides, y construir sobre eso, que querer abarcar mucho y sabotear el sistema por intentar medir demasiadas cosas en un día y agobiarse (que me ha pasado).

 

Al final, la herramienta es algo personal y lo importante es que te resulte de utilidad para verificar el seguimiento de tus planes y poder hacer correcciones o rediseñar el plan si es necesario, o detectar áreas de mejora futuras. Parametrízala como quieras, empieza a usarla ¡y espero que te sirva!

 

Recuerda suscribirte al blog para poder acceder a contenido exclusivo y descargarte la herramienta, y si tienes dudas sobre su utilización, escríbeme a eligiraut@gmail.com.

 

Abrazos y ¡disfruta tu cambio!

Herramientas para hacer seguimiento I: El cuadro de mando personal

A partir de este artículo comparto contigo herramientas que me han resultado útiles para hacer seguimiento de mi cambio, empezando por el cuadro de mando personal

 

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal te va? ¿Cómo estás tú, cambiador? Yo he disfrutado mucho esta semana de los Sanfermines, pero aún así, he estado trabajando en esta página, para facilitar mi diálogo contigo, además de en el blog.

 

Esta semana me gustaría hablarte de un aspecto que considero fundamental en cualquier proceso o proyecto de cambio, como es hacer seguimiento. Es decir, revisar frecuentemente cómo vas desempeñando tu plan.

 

Cuando hablamos de cómo planificar el cambio, ya mencioné la importancia de tener mecanismos de seguimiento para controlar el avance de tus proyectos, y el seguimiento también era un ingrediente básico de nuestra receta simple para cambiar con éxito.

 

No sirve de nada definir extraordinariamente bien unos objetivos o diseñar un plan chulísimo si luego no haces seguimiento periódico de cómo vas cumpliendo los objetivos y el plan, comparas dónde estás con dónde deberías estar, y corriges el rumbo si es necesario. Sin hacer ese seguimiento puedes acabar muy lejos de donde originalmente te habías planteado.

 

 

 

Esto lo sé por experiencia, porque el seguimiento es mi punto débil en lo referente a mis procesos de cambio y con la gestión de proyectos en general, me cuesta mucho hacer revisiones periódicas al estar muy involucrada en la ejecución. Así que es un tema que he ido trabajando consistentemente en el último año, y espero compartir contigo mis aprendizajes al respecto.

 

Parte de los aprendizajes los he extraído del mundo corporativo. Me he fijado en herramientas utilizadas por las empresas para el seguimiento y las he adaptado a mi cambio personal. Y la primera herramienta de la que quiero hablarte es del cuadro de mando personal.

 

 

¿Qué es un cuadro de mando?

 

El cuadro de mando integral es una herramienta presentada por Robert S. Kaplan y David P. Norton en el libro El Cuadro de Mando Integral: The Balanced Scoreboard. Nace como una necesidad de ir más allá de los sistemas de seguimiento tradicionales enfocados en el desempeño financiero de las empresas, e incluye otros aspectos que es necesario vigilar en los entornos altamente competitivos que ha traído la era de la información.

 

“El Cuadro de Mando Integral complementa los indicadores financieros de la actuación pasada con medidas de los inductores de actuación futura. Los objetivos e indicadores de Cuadro de Mando se derivan de la visión y estrategia de una organización”. Kaplan & Norton

 

Partiendo de esa premisa, estos autores presentan esta herramienta como una estructura para llevar la estrategia de la empresa a términos operativos, enfocándose en cuatro áreas:

 

Estructura del cuadro de mando. Fuente: "Cuadro de Mando Integral", Kaplan & Norton, 1996
Estructura del cuadro de mando. Fuente: “Cuadro de Mando Integral”, Kaplan & Norton, 1996

 

Es decir, que el cuadro de mando integral permite una visión tanto hacia el interior de la empresa (personas y procesos) como al exterior (clientes y accionistas), y manteniendo tanto la visión en el desempeño actual como en el crecimiento futuro.

 

Actualmente los cuadros de mando han evolucionado hasta convertirse en complejas herramientas de reporte recurrente, tomando información de todas las áreas de la empresa para evaluar su desempeño. A medida que se incrementan las exigencias de accionistas, clientes, mercados y reguladores y el número de interesados en las operaciones de la empresa (comunidades locales, proveedores, socios, etc.) los objetivos e indicadores que es necesario medir también aumentan.

 

Llevo varios años de experiencia con la implantación de cuadros de mando corporativos y he comprobado de primera mano su utilidad. Sólo midiendo el desempeño de forma recurrente se pueden observar las desviaciones respecto a lo planificado y corregir las acciones para poder cumplir el plan. Además, un seguimiento histórico permite observar tendencias en los procesos internos que podrán dar lugar a planes de mejora, o en los comportamientos de clientes que puedan abrir oportunidades a nuevos mercados. Es decir, que es una herramienta que no sólo permite observar la implantación de la estrategia presente, sino que da orientaciones sobre cómo diseñar la estrategia futura.

 

 

El cuadro de mando personal

 

Un ejercicio similar lo puedes hacer con tu vida. Si tienes ya clara cuál es tu estrategia vital, la visión de tu futuro, puedes hacer paralelismos entre el cuadro de mando corporativo y el personal. Lo importante es preguntarte cómo medirás los siguientes puntos:

  • Formación y crecimiento: ¿Qué necesitas aprender y qué habilidades desarrollar para alcanzar tu visión?
  • Procesos internos: ¿Cómo debes cuidarte para mantenerte aportando valor?
  • Interesados: ¿Qué puedes hacer para mejorar las relaciones importantes de tu vida?
  • Finanzas: ¿Cómo puedes incrementar tu satisfacción con los aspectos financieros y prácticos en general de tu vida?

 

Si no tienes clara cuál es tu estrategia vital o tu visión, el libro Búscate la vida: Coaching y Cuadro de Mando Personal para ser más feliz puede ayudarte.

 

Cómo llevar lo anterior a términos operativos, depende de cuál sea tú estrategia vital. Por ejemplo, en el plano financiero, puede interesarte medir si tus ahorros se incrementan, pero si estás invirtiendo, también querrás medir los ingresos provenientes de las inversiones y el retorno de esa inversión. Y en términos de cuidado personal, pueden incluirse aspectos físicos, mentales, emocionales o espirituales, lo que tu necesites según tu visión.

 

Por ejemplo, yo mido habitualmente en el aspecto físico mi peso, las horas de sueño (porque tiendo a dormir poco cuando estoy muy ocupada), los kilómetros que camino a diario y el tiempo dedicado al resto del ejercicio físico que hago. Esto es suficiente para mí, pero si fuera una atleta olímpica, tendría que medir muchísimas más cosas en lo relativo a mi cuerpo y ejercicio (masa muscular, masa adiposa, repeticiones de cada ejercicio diferente, etc.).

 

Lo importante es poder llevar los objetivos de cada aspecto a algo que puedas medir cada día o como mínimo cada semana. Y que te crees un sistema que te permita mantener vigilancia sobre esos objetivos de manera recurrente. En mi caso, tengo alarmas en el móvil para recordarme que tengo que revisar mi sistema periódicamente, porque además mi sistema funciona como recordatorio de los hábitos que estoy trabajando a diario.

 

Puede que en tu caso no te interese medir la implantación de una estrategia vital porque aún no la tienes, sino que sólo quieres verificar el seguimiento de tus planes de cambio. Mi cuadro de mando incluye también indicadores de gestión de proyectos personales concretos. Al final, la herramienta es algo personal y lo importante es que te resulte de utilidad para verificar el seguimiento de tus planes y poder hacer correcciones o rediseñar el plan si es necesario, o detectar áreas de mejora futuras.

 

La semana que viene te contaré más sobre mi cuadro de mando personal y cómo lo utilizo, y entraré en detalle sobre esos indicadores de gestión de proyectos, y te dejaré en el área de contenido exclusivo un ejemplo para tu uso. Entretanto, puedes dedicar la semana a pensar en tu estrategia y en qué te gustaría medir, ¡y a suscribirte para no perderte el contenido y las herramientas que vendrán!

 

Abrazos y ¡disfruta tu cambio!

 

 

¿Cuándo puedo empezar a cambiar para mejorar? ¡YA!

 

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás? ¿Qué tal va la semana, cambiador?

 

La semana pasada hablamos de cambiar para mejorar, por qué hacerlo y cómo escoger por dónde empezar a hacerlo. Esta semana, quiero que nos enfoquemos en cómo hacerlo: en separar ese tiempo para trabajar tu cambio.

 

Te decía entonces que te puede pasar que al llegar final del día no tengas energía para cambiar, y te recomendaba dedicar cinco o diez minutos cada mañana a ello.

 

Sé que cinco o diez minutos puede parecer muy poco tiempo, especialmente si estás pensando en hacer un cambio drástico en tu vida. Pero es un tiempo más que suficiente para establecer un nuevo hábito (o cambiar uno existente), que al final, es la piedra angular de todo cambio. Porque los cambios drásticos resultan exitosos y permanentes sólo si se construyen sobre hábitos sólidos, que crezcan uno sobre otros, y que te vayan convenciendo por el camino de que eres capaz de cambiar para mejorar y mantener la mejora: que te reafirmen en tu identidad cambiadora. Al menos esa es mi experiencia, y ya he dejado de buscar cambios drásticos instantáneos porque sé que, al menos a mi, no me funcionan.

 

Tu tiempo diario es esencial:

 

Lo importante de esos minutos es demostrarte que efectivamente puedes hacer algo por ti, por mejorar tu vida y sentirte mejor, y comprender que está en tu mano cambiar y que puedes conseguir resultados. A medida que te vas sintiendo mejor y viendo los beneficios, te entusiasmas con el cambio y descubrirás que es más fácil encontrar motivos para emplear el tiempo que le dedicas a mejorar, y encontrar estrategias y fórmulas que te ayuden. Se incrementará tu creatividad para encontrar minutos que dedicarte, tu mente estará en modo “quiero cambiar” y será más receptiva a todas las posibilidades. Y si además, acompañas tus minutos con una sonrisa, reforzarás ese mensaje y esa sensación (soy de las que piensan que las sonrisas nunca sobran).

 

Así que, para empezar, no te preocupes si el tiempo te parece escaso: lo importante es que te comprometas contigo, y mejor si también con alguien más, a dedicarlos a diario a tu cambio.

 

La hora del día para hacerlo es un tema personal. Depende de tu rutina actual y tus niveles de energía. Ya te he contado que para mí es mejor madrugar más y hacerlo a primera hora de la mañana, antes de que el día se me complique o mi fuerza de voluntad se vaya agotando y el cansancio nuble mi capacidad de tomar decisiones, porque mi trabajo es exigente en ese sentido y además el horario no es fijo. Pero si tu trabajo es diferente o tus rutinas son más estables o incluyen a otras personas, puede que el hueco que encuentres sea más bien a la hora de comer, o a final de la tarde, o en la noche…

 

Puede que seas una persona nocturna, y cuando te levantes por las mañanas no sea tu hora de mayor energía, y que te sientas mucho mejor para introducir cambios en las noches. Cada quien tiene que encontrar su mejor momento para hacer las cosas, pero recuerda que el riesgo que corres al hacerlo por las noches es que otras actividades o demandas de atención de la vida diaria se interpongan e impongan en tu agenda y te quiten ese tiempo que habías planificado para cambiar.

 

Busca la forma de que ese tiempo sea sagrado, breve pero sagrado. Al final, cada quien tiene que encontrar la rutina que le encaja mejor, y eso es algo que rara vez se consigue a la primera, requiere un poco de ensayo y error. Piensa un poco en el momento del día en el que encontrarás la menor resistencia para conseguir tu objetivo, en que te será más fácil realizar un acto automático, decide el horario que vas a dedicar, apúntalo en tu agenda y ¡protégelo a toda costa!

 

Otra consideración respecto a la energía: hay veces en las que por mucho que quieras, no tienes energía. Que has tenido viajes de trabajo, se ha enfermado uno de tus familiares, o aún estás saliendo de una gripe, o no has podido dormir bien en varias semanas. En esos momentos, pensar en mejorar algo en tu vida termina siendo más un castigo que un proyecto ilusionante

 

Hay días en los que no siento motivación para nada, en los que el cansancio me puede. Ni siquiera para seguir los hábitos más básicos que me recargan la energía diaria. Esos días me ayuda el poder seguir alguna rutina fácil, como empezar el día agradeciendo las bendiciones que hay en mi vida, o dar un paseo después de trabajar. Pero si no me dan las fuerzas ni para eso, lo dejo estar. Me digo a mi misma que puedo tomarme un día de vacaciones. No pasa nada por dedicar un día más horas a ver TV, salirme de la dieta un poco o no ejercitarme. Pero no me lo permito más de dos días, porque entonces ya no es cansancio, es pereza y resistencia. Si realmente te han drenado de energía las circunstancias extraordinarias, puedes tomarte un día libre o dos, pero siempre que tengas claro que es un receso excepcional para recuperar fuerzas, no una excusa para no cambiar.

 

Planifica tu cambio…

 

La actividad a la que dedicarás tus minutos, o el hábito que decidas implantar, tienen que ser algo ambicioso, en el sentido que te suponga salir un poco de tu zona de confort, pero no debería costarte tanto que no puedas hacerlo a diario. Por ejemplo, si no has hecho ejercicio en dos años y no estás en buena forma física, puede que dedicar diez minutos a correr no sea realista, y debas empezar por caminar rápido durante quince minutos. Pero si eres un lector voraz, decir que dedicarás tus cinco minutos a leer de un tema nuevo, pues a lo mejor no es muy ambicioso, a menos que el tema realmente suponga un reto intelectual para ti.

 

El tiempo que dedicarás a cambiar al inicio es tan corto, que tienes que tener el entorno preparado de antemano para ello. Si vas a estudiar algo, deja la noche anterior los libros preparados en la mesa, abiertos en la página que vas a estudiar, y todo lo que necesites para tomar tus apuntes. Si vas a hacer ejercicio, deja la ropa preparada con anterioridad.

 

… y revisa tu desempeño

 

Al final de la semana, dedica unos minutos a revisar cómo te ha ido. Pregúntate:

  • ¿Has conseguido dedicar los minutos diarios a la actividad propuesta?
  • Si hay algún día que no lo has conseguido, ¿por qué?
  • ¿Qué puedes hacer para conseguirlo todos los días de la próxima semana?

Con estos datos, elabora tu plan para la próxima semana:

  • Determina el horario en que vas a dedicar esos minutos a cambiar a mejorar, si necesitas hacer cambios, y agéndalos
  • Revisa la tarea o hábito que vas a implantar: ¿continuarás con lo mismo de la semana anterior, o incrementarás un poquito tus objetivos?
  • ¿Cómo vas a adaptar tu entorno para cambiar, es necesario hacer alguna corrección?

Recuerda que los hábitos requieren varias semanas para implantarse, así que la idea no es andar cambiando de hábitos cada semana, sino aumentar un poco el alcance: por ejemplo, meditar algún minuto más, estudiar algunas páginas más, incrementar algna repetición la rutina de ejercicios, etc.

 

Y ahora tú:

 

cuando cambiar para mejorar

 

Sólo necesitas unos minutos al día para empezar a cambiar para mejorar. Puedes dedicar los minutos de los primeros días a decidir qué cambiar y elaborar el plan para hacerlo, y también los minutos del domingo para hacer tus revisiones. ¡Lo fundamental es que empieces YA!

 

Si tienes dudas sobre cuándo cambiar o cómo definir tus objetivos o adaptar tu entorno, puedes comentar abajo o escribirme a eligiraut@gmail.com.

 

¡Y recuerda suscribirte para acceder a las herramientas en el área de contenido exclusivo y no perderte ningún artículo!

 

Gracias por leerme, te envío un gran abrazo y ¡disfruta tu cambio!

 

¿Por qué cambiar? Para mejorar tu vida

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás hoy, cambiador? ¿Cómo han ido estas semanas?

 

Por mi parte he vuelto al trabajo después de la baja y eso ha consumido muchas de mis energías, aún no estaba al 100% en cuanto a salud y por eso me ha llevado unas semanas volver a este punto de encuentro nuestro. Pero ya estoy aquí, y con mucho entusiasmo por seguir ayudándote a cambiar para mejorar.

 

Además, he estado reflexionando en este tiempo sobre lo que quería conseguir con este blog y cómo hacerlo, cómo ayudarte. Espero que esas reflexiones se traduzcan en mejoras que sean patentes para ti en las próximas semanas. Entretanto, si hay algún tema concreto sobre el que te gustaría que escribiera, o algo que te esté costando cambiar o mejorar, puedes enviarme un correo a eligiraut@gmail.com, y trabajaré en adaptar el contenido del blog a ello. También puedes usar esta dirección para hacerme llegar cualquier comentario sobre la web que creas que puede contribuir a mejorarla, te agradecería muchísimo tu opinión al respecto, ya que lo que busco es hacerla más amigable para ti.

 

Espero que hayas tenido la oportunidad de utilizar la receta simple para cambiar que te presenté en nuestra última conversación ¿Qué tal ha ido el experimento? Me encantaría que me lo contaras, dejando un comentario, así como cualquier experiencia que hayas tenido con la gestión del cambio y con los temas de los que hemos ido hablando hasta ahora.

 

Y ahora, al tema de esta semana: en artículos anteriores hemos hablado de lo que necesitas para generar el cambio, de elementos y activos esenciales para cambiar, y cómo cambiar y vencer la resistencia. Pero puede que eches de menos algo más básico, un paso anterior: que hablemos sobre la motivación para cambiar algo de tu vida de forma voluntaria, de empezar a mejorarla, y por dónde empezar a hacerlo.

 

Me ha llevado algo más tiempo del habitual escribir este artículo porque yo soy una persona para quien el cambio es algo necesario: soy una fan de incorporar cosas nuevas en mi vida, a veces hasta me pregunto si un poco adicta a eso… Es la razón por la que me cuesta hacer seguimiento y consolidar proyectos, porque en lo que me hago con algo nuevo y se me hace rutinario, me cuesta mantener el foco en ello y no salir corriendo a hacer otra cosa. Así que ponerme en los pies de alguien que no sabe qué cambiar o mejorar en su vida ha sido un poco complicado para mi, y más si pensamos en la ocupada vida que sueles llevar, ¿en qué momento vas a ocuparte en cambiar?

 

Por ello, hace meses que ¨sembré¨ este artículo, que ha ido creciendo lentamente, hasta le han salido un par de ramas de contenido exclusivo (de ese disponible sólo para suscriptores) y ahora estoy contenta con el resultado, porque creo que puede ayudarte (¡o eso espero!).

 

Entonces, si eres de los que no necesitas el cambio para vivir, puede que te preguntes:

 

¿Por qué cambiar?

 

 

Si te estás preguntando: ¿Por qué generar un cambio en mi vida? ¿Por qué arreglar lo que no está roto? ¡Si yo estoy bien!

 

Yo te pregunto, ¿de verdad? ¿Estás segura de que no hay nada roto? ¿Estás seguro de que estás bien? ¿Que no quieres mejorar nada en tu vida? ¿No? Entonces, ¿por qué estás leyendo esta web? No me malinterpretes, yo estoy encantada de recibir tu visita, pero creo que si has llegado hasta aquí, algo dentro de ti te está diciendo que es momento de cambiar para mejorar.

 

Por ejemplo:

  • Si cuando te levantas por las mañanas piensas que te gustaría hacer un millón de cosas en lugar de ir a trabajar
  • Si te cuesta salir de la cama o de la casa porque no terminas de reunir el ánimo para enfrentarte al mundo exterior
  • Si necesitas adormilar tus sentidos compulsivamente con comida, alcohol, drogas, juego, televisión o cualquier otra adicción
  • Si tu cuerpo, tu salud o tu condición física no te satisfacen
  • Si tus relaciones te estresan en lugar de hacerte crecer
  • Si no sientes emoción por las cosas que llenan tus días, y si algo dentro de ti te dice que lo mejor para ti sería hacer una cosa diferente a la que estás haciendo…

¡Deja de engañarte y empieza a cambiar!

 

Muchos nos hemos encontrado en esa situación alguna vez, o varias. A mi me ha pasado, a pesar de lo que me gusta cambiar, porque en ocasiones la novedad que introducía en mi vida no era la que necesitaba, o no encontraba la forma de cambiar lo que quería cambiar.

 

Bueno, vale, puede que simplemente lo que te ocurra es que necesites unas vacaciones. Pues bien, tómatelas, date un fin de semana para ti, o al menos consiéntete durante un día regalándote la experiencia que más disfrutes (experiencia, no producto, que las experiencias regeneran más). Haz lo que necesites para recargar las pilas. Pero si después de unas buenas vacaciones o varias mini vacaciones tus emociones no mejoran, podría venirte bien considerar el cambiar algo de mayor calado.

 

Lo importante no es haber caído allí, sino ser capaz de salir de ese hoyo. Poder decidir que no quieres seguir en esa situación, y empezar a hacer algo. Darte cuenta de que sólo tú puedes cambiar esa situación, aunque lo único que puedas cambiar en ese momento sea tu actitud.

 

Ya hemos comentado en otra ocasión como Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido nos explica que ante cualquier circunstancia podemos decidir cuál es la actitud con que la vamos a enfrentar. Así que el primer paso es modificar tu actitud, asumir la responsabilidad y el control sobre tu cambio, darte cuenta de que no eres una víctima de las circunstancias y que cambiar tu situación actual depende de que tú tomes la decisión de hacerlo, porque a lo mejor no puedes cambiar ahora algunas de tus circunstancias (el trabajo que tienes o que no tienes, los vecinos que tienes, la situación política del país), o sí, pero seguro puedes cambiar cómo te enfrentas a ellas y las gestionas.

 

En mi experiencia, generalmente hay algo más que la actitud que se puede cambiar. Algo, lo que sea. Pero que te haga sentir que retomas el control de tu vida, que tú estás al mando y que avanzas en algún aspecto. Que te ayude a identificarte como persona cambiadora. Y que te devuelva la ilusión de despertarte por la mañana a perseguir algo más lo que tienes ahora, que no te está resultando suficiente.

 

Puede ocurrir que decidas cambiar algo, empezar algo nuevo, y que no sea lo que necesites. En ocasiones he comenzado algún curso por introducir algo nuevo en mi vida, y al final lo he dejado sin acabarlo, porque no era lo que necesitaba cambiar, y no conseguía mantener el enfoque necesario para hacerlo en cuanto algo más interesante o adecuado aparecía. Lo último de este estilo fue un curso de guión cinematográfico online hace 2 años, y antes de eso, un intento de doctorado… Este tipo de intentos te hacen correr el riesgo de agredir tu identidad cambiadora y tu autoestima, porque pueden llevarte a pensar que eres inconstante e incapaz de cambiar o terminar algo. A mi me ha pasado, y me ha costado darme cuenta de que eran experimentos en la búsqueda de mi pasión o vocación, y que como experimentos que eran, tenía que asumir que podía haberlos fallidos. En todo caso, esos intentos eran importantes puntos de aprendizaje sobre lo que funcionaba y lo que no, y me introdujeron suficientes novedades como para aumentar la ilusión en mi vida diaria, lo que terminaba trayendo la fuerza para introducir un cambio mayor o más necesario.

 

En cuanto a la pasión y vocación, para mí resultan elusivas, difíciles de encontrar. Reconozco que me da envidia la gente que lo tiene claro, más lo que consiguen detectarlas de jóvenes, esos que desde pequeños saben que serán médicos, empresarios,deportistas o lo que sean, y que desde entonces lo practican. Yo he conseguido averiguar algunas cosas que me gustan más y otras que no tanto, experimentando, pero hasta ahora la única conclusión a la que he llegado es que mi pasión es aprender y mejorar. Ahora ya sólo me queda encontrar en qué enfocar esa pasión, porque ¡vaya si hay cosas que me gustan! ;D

 

No tengo claro que todos seamos capaces de encontrar una pasión definitiva como los deportistas de élite. Pero sí creo que la búsqueda mejora nuestros días, nos ayuda a detectar cosas que nos gustan hacer e incorporarlas a diario, y descartar las que no. Creo que es uno de esos casos en que lo que importa no es tanto el destino como disfrutar el camino. Hoy sé que escribir, enseñar y ayudar a los demás son cosas que me entusiasman bastante, y ese entusiasmo es parte del origen de este blog: hacer que esas cosas sean algo permanente en mi vida la mejora. Puede que mañana encuentre algo que me apasione más, pero por ahora, me siento mejor que hace año y medio, cuando aún no había descubierto esto.

 

Además, cuando empiezas a cambiar para mejorar, entras en una espiral de mejora continua que puede ir más o menos rápido según cada persona, que puede tener piedras en el camino, pero que te ayudará a crecer como persona, a sentirte cada vez más capaz y mejor sobre tu vida.

 

¿Y cuándo puedo cambiar?

 

Puede pasarte que sientas es que no te quedan tiempo ni energías para cambiar nada con la vida que llevas. Que al final del día lo último que necesitas es dedicarte a mejorar tu vida, cuando ya te vence el cansancio y aún tienes que prepararte para el día siguiente. Es un sentimiento muy común, y durante años yo me sentí así. Hasta que decidí que cambiar (entonces, adelgazar) era mi prioridad y que le dedicaría tiempo pasara lo que pasara. Así que empecé a dedicarle tiempo, todos los días hacía ejercicio al salir del trabajo aunque saliera tarde. La consecuencia fue que dormía bastante menos, lo que tampoco favorece el adelgazamiento.

 

Ahora, que ya llevo un tiempo aprendiendo estas cosas, sé que lo mejor es separar el tiempo para cambiar a primera hora de la mañana. Levantarte más temprano para asegurarte que haces ese ejercicio que quieres, o que meditas, o que estudias, o que trabajas en implantar el hábito que hayas decidido o en el proyecto empresarial que quieres lanzar.

 

Y para empezar a cambiar, no hace falta mucho tiempo. Todo depende de lo que quieras lograr, pero para construirte una identidad cambiadora, es suficiente con dedicarte cinco o diez minutos. En ese tiempo puedes leer un par de páginas de un libro, o hacer una rutina fácil de ejercicio, o escribir en tu diario. Parece poca cosa pero lo importante es lo que ese hábito diario, de dedicarte cinco o diez minutos a mejorar tu vida, y sólo a eso, consigue hacer por ti: convencerte de que, de hecho, puedes mejorar tu vida, sin importar lo ocupada que ésta parezca, y además, cogerle el gustillo a hacerlo sistemáticamente.

 

Pero este artículo ya se me está alargando, y el tema de darte trucos para empezar a cambiar con poco tiempo me gustaría que lo tratáramos en otra ocasión. Por lo pronto, escoge lo que quieres cambiar, y empieza a pensar cómo puedes hacerlo de forma simple, cuál es el paso básico que te podría ayudar a conseguirlo.

 

 

¿Y cómo escojo lo que quiero cambiar?

 

Cuando empiezas a pensar en lo que te gustaría mejorar de tu vida, puede que sientas que hay tantas cosas que te gustaría cambiar que no sabes por dónde empezar, o que en realidad tu vida no está tan mal y que a pesar de la apatía que sientes, no hay nada que necesites cambiar. En cualquier caso, te vendrá bien hacer un ejercicio de reflexión sobre cómo de equilibrada está tu vida en este momento, para poder detectar las áreas más desatendidas, lo que puede darte una idea más clara de lo que te conviene empezar a mejorar.

 

Para hacer ese análisis, yo utilizo una herramienta propia, “la estrella de la mejora”, que es resultado de fusionar una herramienta proveniente del coaching llamada “la rueda de la vida” con la metodología que propone Steve Pavlina en uno de sus podcasts, y que se complementa con un par de artículos relacionados que puedes encontrar aquí y aquí.

 

Como los artículos de Steve son un poco largos y en inglés, aquí te resumo la metodología que él propone. Él recomienda que, para las áreas vitales listadas abajo, escribas un párrafo de diagnóstico para cada una, describiendo dónde crees que te encuentras y por qué, y puntúate del 1 al 10, donde el 1 es que estás en lo más bajo posible (por ejemplo, estás en quiebra en el área financiera) y el 10 en lo máximo del éxito (por ejemplo, has alcanzado la libertad financiera).

 

Las áreas vitales propuestas por Steve son:

  • Trabajo
  • Finanzas
  • Relaciones
  • Hogar y familia
  • Salud física
  • Mental
  • Social
  • Emocional
  • Espiritual
  • Carácter
  • Contribución
  • Diversión y aventura

 

Hacer este ejercicio te permitirá determinar el área en la que necesitas enfocarte más en mejorar. Steve propone entonces crear un plan de trabajo para el próximo trimestre basado  en mejorar esas áreas.

 

Lo que yo propongo en la “estrella de la mejora” es realizar este análisis de forma gráfica, utilizando una herramienta informática. Al puntuar tu diagnóstico de situación en la herramienta, se formará una estrella. La punta más pequeña de tu estrella, determinará el área con la que comenzar a trabajar. Entonces, establece un plan de acción muy sencillo, contestándote estas tres preguntas:

  • ¿A qué vas a dedicar tus cinco o diez minutos diarios durante el próximo mes? Piensa en qué hábito concreto sencillo puedes implementar, que te ayude a mejorar en esa área  y que puedas hacer en un espacio corto de tiempo
  • ¿Cómo vas a hacerlo? Piensa en qué estrategias necesitas para lograrlo, para facilitar que lo hagas con eficiencia. Por ejemplo, si has decidido dedicar 10 minutos a correr todas las mañanas, no utilices ese tiempo para preparar la ropa de correr, deja todo preparado la noche anterior para vestirte en un minuto y correr nueve
  • ¿Cómo te asegurarás que lo harás? Utiliza algo que refuerce tu compromiso, ponte una alarma en el móvil, una frase en el espejo que te recuerdes por que lo haces, o mejor aún, compártelo con alguien, manda un mensaje a algún amigo o a tu red de apoyo.

 

Comparto contigo la estrella de la mejora en el área de acceso exclusivo para suscriptores. Si aún no te has suscrito, ¿a qué esperas?

 

Ah, pero resulta que eres una persona muy ocupada, ¿en qué momento vas a hacer tu estrella? Bueno, puedes dedicar tus minutos de mejora diarios durante la primera semana a construir tu estrella. Pero si es un ejercicio que no te sientes capaz de afrontar ahora, te dejo en el área de acceso exclusivo otro archivo, “Rutas para mejorar”, que te da algunas ideas para empezar a trabajar en las diferentes áreas de tu vida. Escoge una, la que más te apetezca o te resulte fácil de hacer ahora, y empieza a cambiar ya, que al fin de cuentas, es lo importante.

 

Y si aún continúas sin decidirte, te hago más fácil la tarea: escoge uno de los libros que te recomiendo abajo y dedica tus minutos diarios a leerlo. Son libros introductorios en las áreas mencionadas que te darán impulso que necesitas para cambiar para mejorar:

 

 

Y si lo que quieres es cambiar varias cosas a la vez, por favor, resiste la tentación. Enfocarse en un cambio a la vez te ayudará en la construcción de la identidad cambiadora, y disminuirá la probabilidad de que te frustes por el camino.

 

Cambiar una cosa te permitirá eventualmente cambiar otras, tu cambio irradiará desde allí, pero ten paciencia contigo. Es preferible que triunfes en algo pequeño, y vayas construyendo desde ahí, a que te desanimes por no conseguir algo grande.

 

Recientemente una amiga me preguntó cuando había tomado la decisión de hacer un cambio tan radical en mi vida. Le contesté que aunque el cambio se veía como radical desde afuera, en realidad había sido gradual a lo largo de los años (más de 7), empezado por adelgazar. Afortunadamente, acompañé el tratamiento de nutrición con terapia psicológica y desde allí se generó una dinámica de autoconocimiento y cambio que irradió hacia otras áreas de mi vida, llevándome a continuación a dejar de fumar, cambiar de puesto de trabajo, a conseguir un mayor equilibrio entre lo personal y lo profesional, a aprender cosas nuevas, a lanzar este blog y a una pasión por la mejora constante y el aprendizaje continuo sobre el cambio

 

 

Y ahora tú:

 

¿Ya has pensado qué cambiar? Una vez que decidas lo que quieres o necesitas más cambiar, define los pequeños pasos que puedes dar desde hoy, y apóyate en la receta simple para cambiar con éxito.

 

Y si tienes dudas sobre cómo cambiar o cómo aplicar las herramientas que aquí comparto contigo, puedes comentar abajo o escribirme a eligiraut@gmail.com. Y recuerda suscribirte para acceder a las herramientas en el área de contenido exclusivo.

 

Gracias por leerme y por esperar mi regreso, recibe mis calurosos abrazos y ¡disfruta tu cambio!

 

Receta simple para cambiar con éxito

¡Hola cambiadora! ¿Cómo has estado en las últimas semanas? ¿Me has echado de menos, cambiador? ¡Espero que sí, y que te haya ido estupendamente!

Como te expliqué en mi último artículo, me he sometido a una cirugía hace un mes, y aún estoy de baja. Por las características de la intervención, tengo que pasar la mayor parte del tiempo acostada boca arriba. Es decir, nada de ponerme delante del ordenador.

Aunque en ocasiones escribo partes de mis artículos desde dispositivos móviles, hasta ahora la revisión, el acabado final y la publicación de los artículos los he realizado desde el portátil. Pero en mi postura actual no hay forma de escribir en un portátil. Y no quiero seguir retrasando mi reincorporación a la publicación del blog. Así que he decidido hacer un ejercicio de salir de mi zona de confort y escribir, revisar y publicar este artículo íntegramente desde dispositivos móviles. Es un experimento y no sé como saldrá, así que de antemano te pido disculpas por cualquier error o inconveniente que esto pueda ocasionar.

He estado leyendo mucho estos días, poniéndome al día en una serie de temas y blogs que tenía pendientes, y he dado con dos cosas que me han llevado a concluir que conseguir cualquier cosa que nos  propongamos es realmente simple, sólo hay que seguir una receta muy sencilla para cambiar con éxito, lo que no quiere decir que sea fácil. Me explico a continuación.

 

El proceso es simple…

Y ya lo hemos tratado en artículos anteriores de una forma u otra. Pero me ha sorprendido agradablemente encontrarlo de frente en una web que no había visitado previamente.

Leyendo el blog (muy recomendable) de Leo Babauta, uno de los maestros en minimalismo y simplificar la vida, me ha llamado la atención su programa para ponerse en forma desarrollando hábitos saludables simples, elaborado junto a otros expertos.

He visitado la web. No puedo recomendarte el curso que proponen porque no lo he seguido, y este no es un enlace de afiliados. Pero me ha llamado la atención lo que el curso comprende, que traduzco a continuación:

* Recibirás artículos y vídeos con el programa que te ayudaran a formar los hábitos que te permitirán alcanzar tus metas.
* Te pedirán que elijas hábitos de ejercicio y dieta muy simples y que te comprometas a mantenerlos.
* A medida que formas tus hábitos, llevarás registros diarios.
* Te unirás a un foro donde puedas apoyar y recibir apoyo de otros participantes en el cambio y hacer preguntas.

Es decir, lo que yo entiendo es que el programa consiste en una receta simple que es:

* Define tu meta
* Adquiere formación sobre cómo conseguirla
* Determina los hábitos que te ayudarán a conseguirla, o las tareas a ejecutar para ello
* Comprométete a ejecutarlos, y hazlo
* Lleva un registro diario de tus avances
* Busca mentores y una red de apoyo que te ayude en tu proceso de cambio

Subrayo lo de comprometerse y hacer porque es el paso básico. Los otros pasos puedes hacerlos con mayor o menor rigor, incluso saltártelos (aunque no lo recomiendo), pero sin ejecutar no conseguirás nada. Es algo que parece obvio, pero mucha veces nos enredamos con los otros pasos sin llegar a ejecutar, generalmente por miedo, y por eso no avanzamos.

A eso me refiero al decir que la receta es simple pero no fácil, porque supone vencer tus miedos, lo que requiere valentía, y trabajar con perseverancia y constancia.

 

Y si tienes miedo…

Un enfoque similar lo propone el equipo del blog Superhábitos, para perder el miedo a lo imposible. Te recomiendo el blog en general y en particular la lectura del artículo completo sobre superar el miedo a emprender. Resumiendo en lo que se refiere a este tema, plantean que para perder el miedo a hacer cosas:

* Anímate a averiguar cómo es posible hacer lo que quieres conseguir, cómo lo han hecho otros
* Desafía las convenciones y tus creencias al respecto, atrévete a salir de tu zona de confort
* Hazlo, empezando con un experimento simple, para probarte que puedes hacerlo, y construir sobre eso, incrementando el nivel o las etapas del experimento
* Interioriza las historias de otros que han hecho lo que tú quieres conseguir, para que te ayude a mantener la motivación
* Rodéate de gente que lo este haciendo o lo haya logrado, viendo que si ellos han podido, tú puedes.

¿Te suena conocido? Como ves, somos varios coincidiendo en la receta simple para cambiar con éxito.

Me gusta que los colegas de Superhábitos añadan a la receta el elemento de desafiar las convenciones, replantearse las creencias, y derrumbarlas a través de experimentos. Muchas veces pensamos que algo no puede hacerse porque la gente que nos rodea piensa así, o porque no nos creemos capaces de hacerlo. Pero si analizamos las cosas detenidamente, cuestionándonos esas creencias, e investigando cómo lo han hecho otros, nos damos cuenta de que es posible, y de que podemos lanzarnos a ello.

Todo este proceso de aplicar la receta te permite aumentar tus recursos internos para cambiar con éxito: incrementa tu autoconfianza y tu autoestima, mejora tu educación, te galvaniza en los hábitos de la valentía y el trabajo y afila tu perseverancia.

 

Aplícala a cualquier cosa:

Creo que la receta puede usarse para conseguir cualquier objetivo, quizás con alguna adaptación. Ya la has visto aplicada, en los blogs mencionados, a adelgazar, emprender y simplificar, entre otras cosas.

image

 

En mi caso, es el proceso que he utilizado y utilizo con este blog. Me pasé como tres años pensando en comenzar un blog, sin animarme. No me veía capaz de contar mi vida de forma pública. Veía a algunos de mis amigos hacerlo pero no me atrevía. Y además me parecía que no tenía tiempo para escribir regularmente, y no sabía tampoco si podría escribir algo interesante.

Pero llegó el momento en que me di cuenta de que tenía mucho que contar, que la gente me preguntaba cómo había conseguido cambiar con éxito en varios aspectos de mi vida, que el interés por mi experiencia existía, y que podría ayudar a otros a conseguir sus objetivos también al contarla, e incluso podría llegar a generar negocio con ello.

Así que me decidí a formarme, a investigar como otros lo hacían, me inscribí en este máster, de forma de contar también con mentores y compañeros que buscaban hacer algo similar, además de aprender de otros blogs. La cantidad de información que puedes encontrar en internet para emprender cualquier proyecto es increíble.

Y luego me puse a escribir, a crearme el hábito de hacerlo frecuentemente, y a montar el blog en WordPress, y a probar temas y plugins, y aquí sigo. No digo que mi blog sea exitoso aún, quiero mejorar mi regularidad y el registro de mi actividad y de la de mis lectores, y por supuesto, aún tengo que incrementar mucho el número de cambiadoras y cambiadores que se unan a este equipo para considerar que ayudo a suficientes personas y que se pueda llegar a generar negocio.

Pero por ahora el feedback que recibo es positivo y me anima a continuar trabajando mis hábitos de escritura y publicación y mis tareas de mejora de la web. Y siguiendo la receta, desafiando mis creencias, experimentando, incrementando mis recursos internos a cada paso, me siento cada día más capaz de hacerlo.

¿Y tú qué opinas de la receta, cambiadora? ¿La has utilizado, cambiador? ¿Para cambiar con éxito en qué? ¿Añadirías algo más?

Me gustaría leer tus comentarios y contestar a tus preguntas. Puedes utilizar el espacio habilitado al final de este artículo o el formulario de contacto si prefieres hacerlo en privado.

Y recuerda que si te gustan mis artículos puedes recibir las actualizaciones y acceso al contenido exclusivo al suscribirte a mi newsletter, y te facilitaré el acceso tan pronto como me sea posible.

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Cuatro consejos para convencer a otros de cambiar

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás hoy? ¿Cómo ha ido la semana, cambiador?

 

Hoy quiero compartir contigo un tema que puede resultar algo delicado, y es el cómo convencer a otros de cambiar, de la necesidad de un cambio, especialmente cuando la persona no detecta la necesidad de hacerlo, o no se siente motivada para hacerlo.

 

Lo más importante a tener en cuenta en este caso es que nadie cambia si no quiere cambiar. Es decir, no puedes convencer a nadie de que cambie si no quiere hacerlo. Sería como un río, que por mucho que lo canalices, cuando la naturaleza lo apura, vuelve a su cauce. Lo único que puedes hacer es mostrarle la conveniencia de cambiar, por qué crees que lo necesita, y que el cambio es posible para todos, incluida esa persona, y recomendarle una posible vía para el cambio (o varias), que es la que tú conoces y/o seguirías, pero teniendo en cuenta que esa persona puede descubrir una vía más adecuada para ella que la que tú propones.

 

Convencer a otros de cambiar es como canalizar un río
Convencer a otros de cambiar es como canalizar un río

 

Otro punto es que probablemente pienses que no te interesa que los demás cambien, que cada quien tiene derecho a ser como quiera ser, que para eso está el libre albedrío. Además, puede que pienses que así no das pie a que luego pretendan cambiarte a ti. Y lo cierto es que estoy de acuerdo con el libre albedrío, pero también reconozco que se pueden dar las siguientes circunstancias: 

  • Alguien a quien quieres lo está pasando mal por no cambiar, o podría mejorar mucho su vida, y te gustaría ayudarle a conseguirlo: quieres que tus hijos mejoren en los estudios, que tu pareja comience a hacer ejercicio, que tus padres aprendan una nueva habilidad, que tu amiga del alma deje de fumar, que tu hermano adelgace, etc. 
  • Hay que introducir un cambio en tu entorno porque sí, y a ti te toca liderarlo y convencer a otros de que hay que hacerlo: un cambio de trabajo que obliga a la familia a desplazarse; una derrama inesperada en el edificio que conlleva un cambio en el presupuesto y las cuotas de la comunidad; un cambio estratégico en la empresa que supone cambiar procesos, etc. 
  • Por mucho que quieras dejar en paz a otros para que te dejen en paz a ti, no vas a conseguir que no intenten cambiarte: el mundo cambia para todos constantemente, así que cuanto antes nos acostumbremos a cambiar y a favorecer el cambio de otros, mejor.

 

En todos los casos se trata de algo que será positivo para ellos, o que es inevitable, pero que puede que ellos no quieran hacer. Entonces, ¿cómo convencer a otros de cambiar?

 

1.- No impongas el cambio: seduce

Las cosas impuestas por las malas o a contragusto suelen generar muchísima resistencia y tienen muchos números comprados para el fracaso. Obligar a tus hijos a estudiar es contraproducente: puedes obligarlos a permanecer sentados en su habitación, pero de ahí a que su mente se concentre en el estudio, va un trecho.

Quizás sean muy responsables y consigas que de hecho intenten estudiar, pero si no les interesa no serán muy efectivos en su tarea. Sin embargo, si les ayudas a ver que estudiar es una forma de ponernos en contacto con el mundo, de aprender cosas útiles, se relacionar lo que estudian con la vida real, si descubres cuál es su materia favorita y la potencias, aumentas las posibilidades de éxito.

Puedes utilizar premios externos a lo que quieres cambiar para favorecer que la persona establezca hábitos nuevos, pero es preferible que les ayudes a ver el premio intrínseco a la actividad. Por ejemplo, para que tu pareja se habitúe a hacer ejercicio, puedes premiarle con un masaje al finalizar la sesión, pero a la larga será más sostenible para ambos que le ayudes a percibir los beneficios que el ejercicio tiene sobre su salud física y mental, para que se “enganche” al ejercicio por algo más que masajes. Muéstrale que el cambio es la solución a alguno de sus problemas: dormir mejor, desconectar, incrementar su agilidad, etc.

 

2.- Da ejemplo

Para que los que nos rodean perciban que el cambio es algo positivo y alcanzable, es conveniente que nos vean cómodos con el cambio. No se trata de que cambiemos lo mismo que esa persona, pero sí que vean que estamos dispuestos a cambiar, y que lo hacemos aunque nos cueste. Si quieres que tus padres aprendan a utilizar internet, no te niegues tú a ir a clases de inglés.

 

3.- Crea un ambiente favorable

Al igual que te he recomendado rodearte de un entorno que favorezca tu cambio, puedes contribuir al cambio de otros modificando su ambiente: haz la compra con tu hermano para llenar su despensa con productos saludables, frescos y bajos en grasas, o queda con tu amiga en sitios en los que no se pueda fumar.

Además, genera un entorno a tu alrededor “change-fear-free”: habla del cambio con entusiasmo y no con miedo, cambia con énfasis en el placer que obtienes del cambio, y recomienda materiales que faciliten comprender la necesidad del cambio (como el libro ¿Quién se ha llevado mi queso? o su vídeo).

 

4.- Descubre y elimina resistencias

Como te comenté en mi primer artículo, ante un cambio impuesto lo normal es que experimentemos miedo, enfado, frustración, incredulidad… Es raro que de entrada todo nos parezca maravilloso. Y además las cosas que nos generan miedo o sentimientos negativos son muy personales, lo que para uno es algo normal, para otro es lo que lo alejará del cambio.

Así que lo más recomendable es dialogar con el potencial cambiador para saber qué es lo que le disgustaría del cambio, cómo él percibe que le afecta, y buscar soluciones conjuntas para amortiguar ese impacto negativo. Favorece el debate respecto al cambio en general y al que afrontais juntos en particular. No siempre podrás encontrar soluciones para minimizar el impacto negativo, pero quizás sí le ayudes a ver qué le podrá traer el cambio de positivo. En entornos profesionales, a mi este consejo me parece imprescindible, aunque también reconozco que puede ser muy difícil de aplicar, y que sólo convertirlo en hábito ayuda a hacerlo más fácil, ya que te acostumbras a ver el lado bueno al cambio.

 

Y ahora, me gustaría escuchar tus comentarios respecto a este tema: ¿consideras que deberíamos añadir más consejos a la lista? ¿Crees que se puede convence a otros de cambiar? ¿Te has encontrado alguna vez en situaciones similares? ¿Cómo las has afrontado? También puedes preguntarme si tienes dudas, estaré encantada de ayudarte. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Ocho activos fundamentales para cambiar

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo estas hoy, cambiador? ¿Cómo ha ido esta semana?

En estos días he releído este artículo del blog vivir al máximo de Ángel. Es un blog muy interesante para quien se esté planteando el emprendimiento digital, simplificar la vida y, en general, disfrutarla a tope.

En el artículo que te menciono, Angel nos habla de cuatro activos que él considera fundamentales para la vida, aquellos que estarán con nosotros sin importar lo que nos pase, los que conservaríamos aunque cayéramos en la ruina. Estos son:

  1. Relaciones personales: tu red de contactos, aquellas personas con las que puedes comunicarte directamente y que harían algo por ti
  2. Educación: Aprendizaje de habilidades por las que otros estén dispuestos a pagarte
  3. Marca personal: Lo que comunicas a los demás, tu reputación, imagen y comportamiento
  4. Conciencia: “Es cómo de bien te conoces, tu estado mental, tu actitud ante la vida.”

 

Inspirada por dicho artículo – cuya lectura recomiendo, porque además da buenos consejos sobre cómo desarrollar y potenciar estos activos – he pensado en cuáles considero los activos fundamentales para cambiar que, aunque intangibles, son esenciales en tu mochila para emprender tu camino de cambio.

Para cambiar con éxito, creo que es muy importante que potencies ocho activos fundamentales para cambiar, tres de los activos mencionados por Ángel, y otros cinco, algunos de los cuales ya hemos hablado en artículos anteriores:

 

8 activos fundamentales para cambiar
Ocho activos fundamentales para cambiar

 

  1. Hábitos:

El activo más importante que puedes tener es un conjunto de hábitos sólidos, o al menos la habilidad para implantar hábitos útiles y cambiar los que no te están resultando beneficiosos. El resto de activos ayudan a que este activo se desarrolle más. Como ya he comentado, los hábitos construyen tu carácter.

 

  1. Relaciones personales:

En lo relativo a tu camino de cambio, este activo se conforma con la red de apoyo de la que ya te he hablado: rodearte de personas que ya han alcanzado lo que quieres conseguir tú, que te inspiren, y apoyos cercanos incondicionales que te recuerden y refuercen tu compromiso.

 

  1. Aprendizaje:

Es necesario que aprendas sobre tu cambio, formarte sobre lo que quieres cambiar, y que te eduques en las habilidades que necesitas para conseguirlo. ¿Quieres adelgazar? Aprende sobre nutrición saludable y cuál es el ejercicio idóneo para ti. Si además adquieres el hábito de aprender algo nuevo a diario, aunque sólo sea un poema, la letra de una canción, o un dato importante para tu proyecto, te mantendrás permanentemente expandiendo tu zona de confort, y desarrollándote como persona.

 

  1. Conciencia:

Para cambiar es fundamental adquirir conciencia de muchas cosas, entre otras:

  • Cuál es tu estado inicial y cuál es el estado final que quieres conseguir,
  • Qué sabes y qué necesitas aprender,
  • Cuál es tu comportamiento actual respecto al hábito que quieres cambiar,
  • Cuál es tu uso del tiempo y cuánto podrás dedicarle a tu cambio
  • Qué identidad tienes y cuál quieres construir,
  • Cómo vas en tu proceso de cambio, con qué fidelidad sigues tu plan, cómo le haces seguimiento

Para desarrollar la conciencia, a mí lo que mejor me ha funcionado es escribir un diario en el que reflejar mi progreso y mis emociones al respecto, y también llevar un registro periódico de la evolución de los indicadores que miden el progreso de mis objetivos. Además, me resulta útil dedicar varios minutos a lo largo del día (por ejemplo dos minutos cada hora) a reflexionar sobre si estoy dedicando mi tiempo a lo que de verdad tengo que hacer, a ser realmente productiva, como recomienda Peter Bergman en su libro 18 minutos, y cuya metodología puedes encontrar resumida en este artículo (el libro es muy recomendable, profundiza no sólo sobre esta metodología sino sobre más aspectos de productividad y estrategia personal).

 

  1. Compromiso:

Tienes que estar comprometida con el cambio que vas a hacer, tienes que haber tomado la decisión con firmeza, o de nada va a servir tu esfuerzo, tienes que estar dispuesta a dedicar el tiempo necesario para el cambio y a esforzarte según sea necesario, y hacer lo que te requiera y exija sin mirar atrás, con perseverancia, o no podrás vencer la resistencia.

 

  1. Motivo:

Es necesario tener muy claro el por qué quieres cambiar, el motivo tiene que estar muy bien definido, y tiene que ser un por qué poderoso, que te importe a ti, que te salga de adentro (no que te lo impongan otros) o no vas a conseguir comprometerte lo suficiente para hacerlo. Que te obliguen a cambiar, o que te lo pidan otros, a veces funciona, depende de quien lo pida o de cómo te obliguen, pero requiere un esfuerzo enorme y te costará mucho más vencer la resistencia, necesitarás más energía. Para conseguir la verdadera motivación, tu motivo último y primario,  hay que indagar y preguntarse por qué quiero hacer esto varias veces. No te quedes con la primera respuesta, que puede no ser la más poderosa, sigue preguntando hasta que tu por qué te emocione. Así encontrarás la fuerza para dedicar tiempo a tu cambio.

 

  1. Optimismo con realismo:

La actitud proactiva y positiva es algo que considero esencial para cualquier proceso de cambio, pero en estos días he leído este artículo relacionado con las investigaciones de Gabriele Oettingen sobre las limitaciones de ser positivo, que nos indican que ser optimista no es suficiente, es necesario darle un toque de realismo al tema. Este punto lo elabora con detalle en su web y en su libro Rethinking Positive Thinking, que apenas estoy empezando a leer. De forma resumida, lo que nos propone es que además de pensar con positivismo en el deseo o sueño que quieres alcanzar y visualizarlo, te preguntes también cuáles son los obstáculos que debes vencer para conseguir el objetivo y que elabores un plan para vencerlos

 

  1. Paciencia:

Es fundamental, para llegar a resultados exitosos, tener paciencia contigo y con el proceso o proyecto de cambio que has emprendido. El cambio no se consigue de un día para otro, pero se logra con persistencia en los hábitos diarios y en la ejecución de tu proyecto. Algunos días podrás desanimarte porque te parecerá que no consigues resultados, pero en ese momento obsérvate y concientízate de que al menos tu identidad sí está cambiando, te estás transformando en una persona que cambia con mayor facilidad que antes. Y recuerda que el fracaso es aprendizaje sobre las estrategias que no funcionan.

 

Esta semana continúo de reuniones familiares y no puedo extenderme mucho más en cada uno de los activos fundamentales para cambiar. Pero si te interesa que te hable más sobre ellos, por favor, comunícamelo, y elaboraré más sobre ellos en artículos futuros.

Y ahora, me gustaría escuchar qué tienes que decirme respecto a este tema: ¿consideras que deberíamos añadir algún activo más a la lista? ¿Dirías que alguno no es fundamental? ¿Puedes darnos ideas de cómo desarrollarlos? ¿Quieres que elabore más contenido sobre alguno en particular? También puedes preguntarme si tienes dudas, estaré encantada de ayudarte. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!

 

Para cambiar: Vencer la resistencia y empezar cada día

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo estás hoy? ¿Y tú, cambiador? ¿Cómo empiezas tu semana? ¿Has empezado ya tu proyecto o tu proceso de cambio?

Hoy quiero hablarte sobre la importancia de vencer la resistencia y empezar tu proyecto o proceso de cambio. Empezaré por comentar un artículo de uno de mis mentores en gestión del cambio personal, James Clear (de quien ya te he hablado en otra ocasión) en el que nos dice que es más importante empezar que tener éxito.

James alega que la excelencia no es un requisito para crecer y mejorar, pero empezar sí. Que es peligroso pensar que si no podemos llegar al número uno o dos es mejor no empezar. En realidad, lo importante es impulsarte a empezar a diario, porque aprendes más del proceso de perseguir la excelencia que de los productos de alcanzarla. Es el camino lo que trae el crecimiento.

La curiosidad y las ganas de probar algo nuevo son suficientes para crecer y convertirse en alguien más listo, fuerte y con más habilidades, son lo único necesario para comenzar la lenta marcha hacia tu grandeza. Las ganas de empezar es la cosa más pequeña en la vida capaz de producir el impacto más grande.

Sin importar si vas a ser buena o no, ¿estás dispuesta a empezar? Pues toma riesgos, empieza algo, contribuye, ten el coraje de iniciar algo, porque las personas que comienzan algo de forma persistente son las únicas que pueden llegar a acabar algo.

James finaliza diciéndonos que la vida no es un ensayo. Por eso tienes que empezar. No puedes convertirte en el mejor si ni siquiera estás en el juego, porque la única forma de mejorar lo suficiente para ser muy bueno es practicando, y no hay mejor forma de practicar que empezar a hacer las cosas.

Y esto me recuerda a un pequeño libro que me encontré una vez en un hotel en Bruselas, en estas pequeñas bibliotecas que se encuentran en los hoteles clásicos, y que me gustó tanto que terminé comprándome el ebook: The War of Art, de Steven Pressfield

En el libro, Steven empieza por describirnos su ritual matutino para ponerse a escribir, compuesto de varias rutinas y elementos inspiradores que lo anclan a la tarea de escribir, lo que hace por varias horas hasta que comienza a cometer errores y lo deja por el día. Esto lo hace a diario sin importar si el producto de su trabajo es cuantioso o si la calidad es buena, lo único que es importante para él es que ese día ha vencido a la Resistencia.

 

Vencer la resistencia y empezar

 

La Resistencia es lo que separa la vida que vivimos de la que queremos vivir. La que se opone a que nos dediquemos al arte, a que lancemos empresas, a que hagamos dieta o ejercicio, a que nos eduquemos, contribuyamos o hagamos cualquier cosa que pueda elevarnos. Steven escribe a la Resistencia siempre con mayúscula, para demostrar el respeto que esta enemiga le inspira, por tener que combatirla cada día. Describe a la Resistencia como invisible, insidiosa, e interna (está dentro de nosotros, aunque a veces toma aliados en el exterior en la gente que se opone a nuestro cambio); es implacable, impersonal, infalible, universal: ataca a todos y ataca siempre, y dispara a matar. La Resistencia se opone a que nos elevemos, está alimentada por nuestros miedos y es más poderosa cerca de la meta.

La procrastinación es la manifestación más importante de la Resistencia: el decirnos a nosotros mismos que mañana empezaremos algo, en lugar de hoy, es como la Resistencia nos engaña para no empezar ya. Es ahora cuando podemos empezar, el mañana aún no ha llegado y en él no podemos actuar, es ahora cuando podemos elegir vencer la Resistencia, porque la Resistencia es fuente de infelicidad.

Cuanta más duda tengas sobre ti misma y lo que quieres hacer, cuanto más miedo sientas, es buena señal de que lo que te resistes a hacer es lo que tienes que hacer, porque es en lo que más te eleva donde la Resistencia ataca más insidiosamente.

Y para combatir la Resistencia, la recomendación de Steven es convertirnos en profesionales, actuar como tales. Es decir, como si fuera un trabajo: te presentas todos los días, y estás allí las horas que tienes que estar, aunque en un día determinado tu trabajo no sea el mejor, ni tu concentración o estado físico, ni seas prolífico, al final vas todos los días a trabajar, porque te tienes que ganar el sueldo. Pues con tus proyectos de cambio personal, tienes que actuar igual: estar allí a diario, y dedicarle el tiempo necesario para que avancen, el que te hayas comprometido a dedicarle por corto que parezca, aunque no te sientas inspirado o preparado. Y además, como un buen profesional, tienes que ser paciente, actuar en lugar de dejarte vencer por el miedo, prepararte y dedicarte a mejorar la técnica de lo que te hayas propuesto alcanzar. Y no tomarte el fracaso como algo personal, recuerda que eso es sólo la muestra de que la estrategia utilizada no es la adecuada, y que tienes que buscar otra.

 

Recuerda: Cuanto más importante sea ese cambio para la evolución de tu alma, mayor será la resistencia que sientas hacia perseguir ese cambio.

 

Yo me peleo a diario con la Resistencia, y no siempre gano. Pero no dejo que me gane muchos días seguidos, porque eso destruye mi identidad de luchadora contra la Resistencia. Lo importante no es que te gane un día, sino que al día siguiente, vuelvas a empezar. Para ello, a mi me ayuda tener claro por qué lo hago, mis motivaciones y misión, y recordatorios en lugares visibles.

Así que ya sabes, persiste en vencer la resistencia y empezar. Me gustaría saber cómo lo haces y ayudarte si tienes dudas. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!

Cuatro elementos favorables para el cambio

Hola cambiadora, ¿cómo ha ido tu semana? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada comencé a hablar de cómo generar un cambio deseado, hablando de objetivos, indicadores, y de crearte una identidad que te permitiera creerte capaz de cambiar.

Tenía previsto hablarte esta semana del siguiente paso, que es el la elaboración de un plan. Pero antes de eso, me parece importante que hablemos un poco de otro elemento que resultará determinante en tus intenciones de cambio: el entorno.

En particular, quiero hablarte de cuatro elementos favorables para el cambio que considero básicos por las experiencias que explicaré a continuación y que resumo en esta infografía:

4ayudasentorno

 

La importancia de las personas…

Hace ocho años que vivo en la comarca de Pamplona, que es una ciudad de unos trescientos mil habitantes, con una altísima calidad de vida. Suelo ir a caminar varias veces por semana a un paseo fluvial cercano a mi casa, muy concurrido. Es bastante habitual encontrarse a otros adultos haciendo ejercicio, pero también a muchos niños con sus padres en bicicleta o caminando. En ese sentido, Pamplona es una ciudad “sana”. La mayoría de las personas practican deporte o alguna actividad física habitualmente. La ciudad se presta a ello, con abundancia de amplios espacios verdes, aire limpio, y rodeada a su vez por más entornos naturales (montañas, ríos, pantano, Cantábrico y Pirineos a menos de 2 horas).

Recientemente he comenzado a aprender a esquiar, por tres impulsores:

  1. Ahora tengo un cuerpo que me permite hacerlo (hace unos años tuve la oportunidad de hacerlo y no me atreví, no me vi capaz)
  2. Últimamente me obligo a hacer cosas que me den miedo
  3. Coincide que algunos de mis amigos están enseñando a sus retoños a esquiar, así que aprovecho las clases que les dan a ellos y la compañía en las pistas de novatos.

No me avergüenza decir que los niños me superaron rápidamente en habilidad, aunque mi ego sufrió más que mis músculos: al final del primer día eran los niños de 3 a 5 años los que me daban las clases, no sus padres. Pero es normal, los niños aprenden todo con mucha facilidad, y no tienen miedo a caerse y romperse algo. Yo tengo que derivar buena parte de mis energías a enfrentar ese miedo cada vez que comienzo un descenso. Afortunadamente, con cada descenso el miedo va disminuyendo y la confianza aumentando (espero profundizar más en la gestión del miedo en futuros posts).

Este aprendizaje me ha hecho pensar mucho en el ambiente en el que te mueves. Los niños en Pamplona comienzan a esquiar y andar en bicicleta y a subir al monte a edades muy tempranas, porque a sus padres les encanta hacer eso. Porque a su vez llevan haciéndolo toda la vida, y sus amigos y familiares también. La ciudad favorece que se haga deporte y la vida natural, pero además la gente tiene ese hábito muy arraigado. Y es curioso observar que hay pocos niños obesos en Pamplona, y que en general los niños pasan mucho tiempo al aire libre.

Y en esta semana de San Fermines, me maravilla ver cómo desde muy pequeños los niños reciben las enseñanzas de las tradiciones asociadas a las fiestas, se aprenden las canciones de la fiesta en la guardería, bailan con las charangas y corren delante de toros de mentira. Correr el encierro es una actividad que pamplonesas y pamploneses se toman muy en serio, y se entrenan físicamente para ello.

Una de las primeras cosas que me gustó al mudarme aquí era tener el Cantábrico a una hora. Mis amigos aquí son muy activos físicamente y practicaban surf, y entonces con eso yo tampoco me atrevía, no me veía en forma, pero igual iba con ellos, hacía el intento con el bodyboard y me divertía mucho.

Eso de ver que mis amigos podían hacer cosas que yo no podía, o que no me atrevía a probar por miedo a que me fallaran las rodillas, ha sido una de las principales motivaciones para querer adelgazar y ponerme en forma: estoy muy joven para dejar de hacer cosas que me gustaría aprender.

Y ahora que estoy haciéndolas y aprendiéndolas (este verano me he atrevido con el windsurf, ¡y me encanta!), me pregunto muchas veces si habría sido capaz de cambiar físicamente como lo he hecho si no me hubiera mudado a Pamplona. Estoy rodeada por un ambiente muy favorable en espacios y oportunidades para practicar deporte, pero además hay presión de grupo (positiva, sí, pero presión). Cuando tienes un grupo de amigos donde la mayoría practica algún deporte o actividad física de forma habitual durante la semana, va al gimnasio o a la piscina con frecuencia, y que el fin de semana se va a esquiar, o a la montaña o a la playa… ¿Cuándo quedas con tus amigos si no es para hacer deporte como ellos? Y si no haces nada físico, eres el diferente, y eso siempre hace que uno se sienta un poco mal, fuera de grupo.

Lo que a su vez me hace pensar en esta frase de Jim Rohn: 

JimRohn

No estoy segura de que haya una base científica detrás de esta frase, no la he conseguido, y en la web encuentras tanto opiniones a favor  como en contra. Quienes están a favor argumentan la mencionada presión de grupo, la influencia que ejercen las buenas compañías, la capacidad de mimetización del ser humano o que los amigos nos ayudan a reafirmar nuestra identidad como cambiadores. Quienes están en contra, indican que tú decides cómo reaccionar ante el entorno, quién y cómo dejas que te influencien.

En mi experiencia, hay algo de cada cosa. Rodearte de personas que han alcanzado ya lo que tú quieres alcanzar te permite ver que otros ya han llegado allí, y a medida que los conoces mejor, aprendes cómo lo hicieron, y ves que no son muy diferentes a ti, y comienzas a creer que si ellos han podido, tú también podrás.

Esto no significa que tengas que cambiar de amigos si no quieres. Creo que si hay alguien de manera constante en tu vida es porque te aporta algo y tú se lo aportas a esa persona y efectivamente, creo que podemos ser proactivos en limitar cómo dejamos que los demás nos influencien, en quedarnos con lo bueno.

Pero cuando estás iniciando un proyecto de cambio o buscas alcanzar una nueva meta, tendrás que reforzar tu red para añadir personas que ya hayan llegado y que te puedan mentorizar, o con amigos que te inspiren. Puedes buscar un mentor en tu entorno cercano, o puedes empezar a leer o seguir a quienes ya lo han conseguido: éste primer paso es fácil y fundamental. Busca blogs, podcasts, o información en cualquier soporte de las personas que te gustaría imitar, aprende cómo lo han hecho y comienza a ensayar sus métodos, adaptándolos a ti. Si tienes dudas, prueba a enviarles un email. En mi caso, he recurrido principalmente a los mentores virtuales, y éste es uno de los primeros que encontré y que más me ha ayudado, y James Clear es de los que me inspira recientemente por estar muy especializado en cambio de hábitos.

También te será de mucha ayuda buscar un apoyo cercano, alguien con quien puedas compartir tus venturas y desventuras del proceso de cambio, que puede ser un mentor o un amigo que busque una meta similar a la tuya o ese familiar que te apoya incondicionalmente hagas lo que hagas.  Alguien que te haga sentir comprometido con esa persona: “no puedo dejar de trabajar en mi cambio porque le fallaría a mi amiga/mentor/madre/esposo/etc.” Pero sobretodo, que te recuerde que tú eres el responsable de tu meta: el compromiso con esa persona tiene que contribuir a reforzar el que tienes contigo, no sustituirlo.

No quiere decir que no puedas equivocarte o que no tengas caídas: búscate a alguien que pueda entender que el fracaso ocasional es parte del proceso de cambio, pero que lo importante no es las veces que caigas sino las que te vuelvas a levantar. En mi proyecto de adelgazamiento, por ejemplo, mi madre, mi hermano y mi cuñada han sido fundamentales con su apoyo y aguantándome, sin desmerecer a mis familiares, amigos y compañeros que también me han respaldado, y a los profesionales de la salud que me han tratado (¡mil gracias a todos!).

 

… Y del entorno

Además de acompañarte de personas que estén alineadas con tus objetivos, es fundamental rodearte de un entorno que lo refuerce. Si puedes, realiza cursos relacionados con tu meta, te permitirá conocer más gente con objetivos similares a los tuyos y te meterá en el ambiente.

Si quieres ponerte en forma, inscríbete en un gimnasio o en una actividad física que te divierta. Si intentas estudiar algo nuevo, puede ayudarte encontrar una biblioteca agradable que facilite la concentración. Como mínimo, cambia el fondo de escritorio o ponte una postal cerca que te motive, que te recuerde por qué cambias, tu objetivo y que puedes hacerlo. O puedes introducir cambios en tu entorno que ayuden a modificar tus hábitos, como sustituir galletas por frutos secos en los frascos visibles en la encimera de tu mesa, o preparar con antelación y dejar a la vista tu ropa de hacer ejercicio.

En mi caso, me funciona muy bien tener en casa la mayor cantidad de alimentos sanos, naturales y bajos en azúcar, grasas y calorías. Cuando caigo en la tentación de comprar dulces (que pasa) resulta mucho más difícil no comerlos, pero incluso así, suelo guardarlos en lugares no visibles: es más probable que me olvide de ellos y termine evitando la tentación. Y llevo unas zapatillas para caminar siempre en el maletero del coche, para poder aprovechar las oportunidades de pasear con amigos o en sitios agradables que me encuentre.

Por último, trata de pasar algo de tiempo semanal en la naturaleza: Ella nos recuerda que el cambio es la única constante, que la renovación y la evolución son procesos continuos e inexorables. Cuando observamos un río, que siempre se recicla, o el crecimiento de árboles, flores y frutos, el cambio de estación, escuchamos el canto de jóvenes pájaros o el mar que nunca se detiene, todo eso nos relaja, nos reconecta con nuestro cambio y con algo más profundo dentro de nosotros que nos renueva y nos recarga las pilas para la siguiente semana.

playa canarias

 

Y para tí, ¿qué es lo que funciona? ¿Qué te ayuda a cambiar? ¿Cómo te ayuda el entorno?

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!

¡Sí, quiero cambiar! (o como generas el cambio)

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal todo? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada te presenté definiciones de gestión del cambio y te proporcioné estrategias para adaptarte al cambio impuesto por otros. Además, comenté que la gestión del cambio incluye definir qué cambio quieres alcanzar (objetivos), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio).

Esta semana comenzaré a profundizar en las herramientas que utilizo para generar un cambio deseado, como cambiar algún hábito perjudicial, o alguna faceta de tu vida (tu trabajo, tu situación financiera, tus relaciones, etc.).

 

Francis Bacon

 

Cuando el cambio lo generas tú, el control está en tu mano. Tú defines el objetivo de tu cambio, qué quieres alcanzar, cuál es el resultado esperado, y cómo vas a medir que efectivamente has alcanzado ese objetivo: qué indicadores utilizarás para medir tu éxito.

Es importante que este objetivo sea significativo para ti, que te motive, que sea algo que tú quieras alcanzar, no que lo hagas por otros, por dos razones:

  1. Si no lo haces porque de verdad tú quieres, la fuerza de voluntad, disciplina, motivación, energía… la gasolina que necesitas para alcanzarlo se te gastará pronto.
  2. La vida es muy corta, el tiempo es el recurso más escaso y limitado, no renovable, y no es plan de malgastarlo haciendo cosas que en realidad no queremos hacer, al menos en el ámbito personal

Igualmente relevante es que el proceso de definir el objetivo, los indicadores y el plan para alcanzarlo lo realices por escrito, para que quede constancia de lo que quieres, que no se te olvide, y que puedas volver y revisar tus notas cuantas veces lo necesites. A mí me funciona además escribir mis objetivos en lugares visibles donde pueda tenerlos siempre presentes (pizarras o notas en las paredes, o en la agenda, o con un recordatorio diario en el móvil).

 

¿Y cómo fijo mis objetivos?

 

Para definir el objetivo a alcanzar, hay gran consenso en recomendar que el objetivo se defina según el acrónimo SMART  en inglés o MARTE en castellano. Hay diferentes versiones de los acrónimos, pero en resumen, significan:

 

  • Medible (Measurable): El objetivo tiene que incluir cómo van a ser medidos los resultados, el indicador que te permitirá comprobar el nivel de cumplimiento.
  • Alcanzable (Attainable), también definido como Realista (Realistic): Que se pueda alcanzar y completar, que no parezca imposible de entrada, para que puedas comprometerte con él.
  • Relevante (Relevant): Que esté alineado con tu estrategia de vida, con la dirección que le quieres dar.
  • Temporal (Time-Sensitive): Que incluya con claridad cuando lo quieres alcanzar. Conviene fijar también cuándo revisarás el avance.
  • Específico (Specific): Debe explicar precisamente lo que hay que lograr y con qué nivel de desempeño, concretos y tangibles y que eviten la ambigüedad.

En otros casos, la R se define por:

  • Retador, ambicioso (Ambitious, challenging): Que entrañe cierto grado de dificultad para que te resulte motivador y suponga un estímulo para tu superación.
  • Orientado a Resultados: Que defina los resultados que quieres alcanzar y no las tareas que tienes que realizar.

 

En mi experiencia, lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante, por aquello de que la vida  es corta. Lo demás, considero que depende del tipo de objetivo y de tu momento vital.

Por ejemplo, si tu objetivo es estudiar un master y graduarte de él, pues tendrás que acotarlo en el tiempo, porque tendrás que acabar los trabajos relativos al mismo en el tiempo en que dura el curso. Pero si hablamos de adelgazar, definir un plazo puede ser más difícil, porque cada cuerpo es diferente, y reacciona de forma diferente en el tiempo: es un objetivo en el que tú no controlas todas las variables para su consecución. Por mucho que te pongas como objetivo bajar 4 kilos en un mes, porque en el pasado has sido capaz de hacerlo, puede que esta vez ocurra o que no. Es mejor fijarse como objetivo el implantar los hábitos que te lleven a ese resultado, y de esto hablaremos dentro de unos párrafos.

Si el objetivo debe ser ambicioso o realista, depende de tu estado emocional y tu confianza en ti respecto a alcanzar el objetivo en el momento de planteártelo. Supongamos que eres una persona con mucha voluntad para el ejercicio: sabes que si te propones salir a correr todos los días, lo vas a conseguir, así que ponerte el ambicioso objetivo de correr a diario no será un problema para ti. Pero si te consideras incapaz de dejar de fumar, ponerte el objetivo de dejarlo mañana no te conducirá muy lejos. Lo mismo puede pasar si te pones objetivos muy ambiciosos en momentos en los que estás más bien bajo de moral.

 

Cree en tí, trabaja y revisa

 

Para cambiar, tienes que construirte la identidad de una persona capaz de hacerlo, creerte que puedes conseguir el resultado deseado, y eso se hace mediante lograr pasos pequeños. Para empezar a creer que puedes dejar de fumar, empieza por el objetivo de aplazar el siguiente cigarro por 10 minutos. Sólo eso,  ser capaz de esperar un poco. Eventualmente, cuando hayas logrado varias veces ese objetivo, podrás proponerte disminuir los cigarros que fumas al día, y llegará el momento en que seas capaz de dejar de fumar.

Una forma de saber si el objetivo es o no demasiado ambicioso, es intentar visualizarlo, verte a ti consiguiéndolo. Si hay una parte dentro de ti que ante la visualización se parte de la risa y te dice “ni de broma lo consigues”, lo primero que necesitas es convencer a esa parte de ti, y para ello necesitas pequeñas victorias. Empieza por fijarte objetivos menos ambiciosos, aquellos que sí seas capaz de visualizar, y construir la confianza en tu capacidad de lograrlo.

En todo caso, depende de lo que funciona para ti. A mí me resulta útil ponerme plazos incluso en aquellos objetivos en los que no tengo garantía de controlar el resultado, y fijar objetivos ambiciosos, porque me ayudan a acercarme más rápido a la meta. Pero tengo cuidado al analizar los resultados de no flagelarme por no conseguir el objetivo en el tiempo deseado, si yo he hecho todo lo que estaba en mi mano y no podía controlar el resultado final. Si fracaso, es un punto de información, es un aprendizaje sobre lo que no funciona, pero no dejo que ese fracaso destruya mi identidad de persona capaz de lograr cosas.

Eso sí, tampoco vale que si nunca cumples tus objetivos, lo achaques siempre a que te pusiste plazos muy cortos o que eran muy ambiciosos. Si es así, es que no estás haciendo bien el proceso de fijación de objetivos, o el análisis de por qué no los alcanzas, y eso es lo primero que tienes que revisar. Tienes que ser una persona muy honesta contigo en todo este proceso, el autoengaño no te ayudará a llegar a donde quieres ir.

Es necesario ir revisando lo que funciona para ti, trabajar todo el cambio de forma continua, e iterativa. Cualquier proceso de cambio requiere supervisión constante y una buena dosis de ensayo y error. Si no lo haces, es como cuando pones el GPS en el coche y no le haces caso a sus instrucciones, te pierdes igual.

¿Te parece un absurdo? Lo es, pero a mí me pasa constantemente, no respondo bien a que un aparato me dé órdenes, y mi GPS vive “recalculando”. Ocurre mucho que, aunque sepamos que debemos hacer algo, por diferentes razones no lo hacemos. Si tienes un método de control y seguimiento, un objetivo bien definido y buenos indicadores para medirte, es más probable que termines haciendo lo que tienes que hacer. Si el GPS se pone muy pesado, al final le termino haciendo caso.

Otra recomendación para definir un objetivo es escribirlo en positivo, no en negativo. Enfocarte en lo que quieres conseguir, no en lo que quieres evitar. Por ejemplo, es mejor definir el objetivo en términos de adelgazar o mejorar los hábitos alimenticios que en términos de perder peso.

A la hora de escribirlo, conviene también utilizar verbos que denoten acción (mejorar, conseguir, aumentar, implementar) e incluir el objeto (lo que quieres conseguir) y el indicador a medir. El indicador tiene que reflejar la medida en que has alcanzado el objetivo pero preferentemente en términos de lo que tú sí puedes controlar.

Volvamos al ejemplo de adelgazar 4 kilos en un mes. El indicador de medida del éxito serían los kilogramos adelgazados, pero ya hemos dicho que el peso es un número veleidoso, que no siempre está bajo nuestro control (porque un día retienes más líquidos, por ejemplo). Sin embargo, lo que tú si puedes controlar, es la cantidad de calorías que ingieres y quemas en un día. Así que tu objetivo puede ser “quemar a diario X calorías más de las que consumo”, y eso es algo que tú si puedes controlar: midiendo cuántas calorías quemas con el ejercicio, cuántas ingieres en tus comidas, y adaptando la cantidad de comida y ejercicio en consecuencia. Eso sí está sobre tu control, y eventualmente te llevará a conseguir el resultado que quieres, antes o después. Además, está escrito en positivo, con un verbo de acción, y con un indicador de revisión diaria.

Una vez que sabes lo que quieres conseguir y cómo medirlo, tienes que preguntarte cómo vas a conseguirlo. Analiza qué cosas necesitarás para conseguirlo, sea en términos de conocimiento, recursos económicos o personales, ayuda, herramientas, etc. ¿Qué es lo que ya tienes? ¿Qué es lo que te falta y cómo puedes conseguirlo? Con esto toca elaborar un plan de acción. Pero sobre esto hablaremos en detalle en el siguiente post.

Angelou

 

Espero que esta semana puedas pensar un poco en los objetivos e indicadores que necesitas para tu cambio. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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