Empezar a correr con más de 40 y poco tiempo

Si quieres empezar a correr y no te sobra el tiempo, aquí encontrarás consejos útiles. Y si tienes mucha prisa, ve directo al apartado “Lo fundamental”

 

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal, cambiador?

 

Por aquí me encuentras preparándome para Sanfermines (¡ 😀 !) y aclimatándome a una de calor tras otra.

 

Hoy quiero hablarte de algo que se está poniendo muy de moda últimamente: empezar a correr.

 

Mis antecedentes:

 

En todo mi proceso de adelgazamiento he realizado algunos ejercicios de forma más o menos permanente. Caminar ha sido una constante desde que empecé, y es sin duda la forma más fácil, rápida y barata de empezar a moverte. Lo único que necesitas es un calzado cómodo, con el que puedas andar mucho rato sin que te duela nada. Yo siempre llevo en el coche un par de zapatillas y cuando voy de viaje algún calzado con el que sé que puedo caminar mucho, para poder pasear en lo que tengo un rato libre.

 

Los primeros años también nadaba bastante, porque cuando tienes exceso de peso es el ejercicio más recomendable. Y en algunas épocas andaba en bicicleta, aunque la que tenía entonces, aunada al sobrepeso, me generaba dolores en muñecas y coxis que no me dejaban disfrutar. Hace dos años empecé también a ir al gimnasio e incorporar algo de pesas. Pero caminar ha sido la constante, y lo que más disfruto a nivel mental y espiritual también.

 

En el último año, además, se estaba convirtiendo en mi ejercicio en exclusiva. Me salí este año del gimnasio y la piscina porque entre viajes, cirugías y bajas sabía que iría poco y no me compensaba. Me compré una bicicleta que me permite llevar una postura más cómoda y de cuando en cuando me doy buenos paseos que disfruto mucho. Pero en el día a día, caminar es lo que más hago.

 

La consecuencia de esto es que tengo que dedicarle mucho tiempo al ejercicio. Para caminar lo que mi cuerpo requiere para mantenerse en forma, necesito pasar de 6 a 8 horas semanales andando a buen ritmo. Y eso es difícil de compaginar con un trabajo a tiempo más que completo y con viajes frecuentes, con dedicar tiempo a esta web y a aprender cosas nuevas y con la vida familiar y social.

 

Con los años he desarrollado estrategias para hacerlo más llevadero, aplicando sinergias: quedar con amigos a caminar, escuchar podcasts para aprender cosas nuevas, aprovechando a ir caminando a sitios algo alejados, poniéndome libros o vídeos en la cinta que tengo pendientes (de ocio o aprendizaje según el día), meditando sobre decisiones, caminando y cogiendo escaleras siempre que puedo… Rara vez me verás sentada en el aeropuerto de Barajas si no estoy comiendo. Pero aún así, es una batalla constante separar ese tiempo y priorizarlo. Así que hace un par de meses, con 43 años, empecé a preguntarme cómo podía hacer más eficiente el ejercicio y si podría empezar a correr.

 

Desde que he adelgazado he comenzado a hacer muchas cosas simplemente porque puedo. Pasé la mayor parte de mi vida siendo gorda, y ahora que soy delgada (no sólo por fuera, sino también por dentro, en mi identidad), me atrevo a cosas que antes no me atrevía, porque físicamente me siento capaz y porque después de los cambios que he incorporado en mi vida, también sé que aptitudinalmente y mentalmente soy capaz. Así me he atrevido con el windsurf, que empecé el verano pasado: el primer día pasé más tiempo en el agua que en la tabla, acabé muy adolorida por todas las caídas y vueltas a subir, y tuve que saltarme la clase del día siguiente, pero unos días más tarde conseguí salir y regresar sin que me remolcaran y pasar más tiempo encima de la tabla que en el agua. El objetivo de este año es que no me tengan que remolcar ninguna vez (con el windsurf, por ahora, mis ambiciones son más relativas a mantener la dignidad que la forma física ;D ).

 

También me he atrevido a esquiar, aunque sin hacer ningún curso aún, un par de días, y me he demostrado que puedo hacerlo (aunque en la segunda ocasión me caí y me lesioné).

 

Pero en lo referente a correr, las dudas me asaltaban porque pasé muchos años pensando que no podía hacerlo. Aunque estoy en general en buena forma física, mejor que cuando era treintañera, mis rodillas no son mi punto fuerte, en parte por genética, en parte porque tantos años de sobrepeso han hecho su daño. Hace años, cuando hacía determinados ejercicios las rodillas se me sobrecargaban y resentían, y eso me hacía pensar que correr no era para mí. Ni siquiera era necesario que fuera ejercicio; si iba a conciertos y estaba mucho tiempo de pie también acababa teniendo que ponerme hielo. El tema mejoró un poco al adelgazar, pero no lo suficiente.

 

Pero un día, después de la lesión de esqui, mi fisioterapueta determinó que las rodillas me dolían porque se me sobrecargaban los gemelos. ¿Qué tal? Todo este tiempo pensando que no podía hacer cosas, y resulta que lo que necesitaba hacer era los estiramientos de gemelos adecuados al acabar el ejercicio. Desde que descubrí esto le he perdido el miedo a probar ejercicios nuevos, porque puede que me encuentre con ejercicios que no sean para mi, y puede que siga alcanzando limitaciones físicas (la parte genética de mis rodillas sigue ahí, al igual que los años), pero me ha enseñado que si analizas las causas de las cosas, revisas tus creencias limitantes y si te crees que puedes conseguirlo, seguro que encuentras alternativas para hacer lo que quieres hacer. ¿Acaso no son los juegos paralímpicos un homenaje a las alternativas?

 

De pequeña adoraba la bicicleta y cualquier cosa que tuviera ruedas, pero odiaba correr, creo que en buena parte porque me obligaban a hacerlo en clase de educación física (también odiaba la gimnasia por la misma razón). Teníamos una profesora que nos quería convertir a todas en Nadia Comaneci. No digo que su intención no fuera buena, pero la metodología era muy mejorable. Me pasé toda la vida escolar sacando unas buenas notas en todo menos en educación física. La cosa mejoró un poco en el instituto porque entonces practicábamos también voleibol y baloncesto, y eso afortunadamente se me daba mejor, era jugar, y en equipo, y lo disfrutaba más.

 

Pero esos tiempos hace mucho quedaron atrás, afortunadamente, y si tanta gente se está volcando en el running, algo tendrá, digo yo. Entre eso, y que varios de mis amigos incluso entrenan para media maratones, me entró el gusanillo (¿recuerdas aquello de la presión de grupo?).

 

Lo fundamental:

 

En estas reflexiones estaba cuando me encontré en una gran superficie el libro ¡A correr!
de Alma Obregon, muy recomendable para principiantes
. Reconozco que entonces no sabía quién era ella, a partir del libro fue que me enteré que era una estrella de los cupcakes y que tenía un blog de running que me parece interesante (en general, me gusta como escribe). Esa noche me lo compré y me lo bajé al kindle y empecé a leerlo, y armada con eso y con preguntas que hice a mis amigos, me decidí a empezar a correr.

 

El siguiente paso fue comprarme las zapatillas y los sujetadores de correr. Sabía (por preguntar a mis amigos y por probarlas) que las zapatillas que tenía para caminar no me valían, y no tenía sujetadores de correr. Tenía unas medias para diabéticos que no tienen costuras y son muy adecuadas para el frío, y son las que he estado utilizando, porque resulta que también son acolchaditas. Me fui al Decathlon, pregunté y me compré una de las gamas de zapatillas más bajas, pero que me resultaran muy cómodas, porque no quería gastar mucho dinero por si después pasa que correr no es lo mío. También me hice con par de sujetadores, y ¡a correr!

 

En cuanto al tema de las zapatillas, hay mucha literatura de si te debes comprar unas u otras según el tipo de pisada que tengas, si pronador o supinador. Después de revisar a mi ya me parecía que mi pisada era neutra, pero en Decathlon me lo pusieron más fácil: para esa gama, ese día, sólo tenían neutras:

 

Mis zapatillas de principiante
Mis zapatillas de principiante

 

Respecto al resto de la ropa, arranqué con mallas y camisetas que ya tenía en casa. Y así, con un presupuesto bajo, con media hora de dedicación al Decathlon y algo menos a los primeros a capítulos del libro de Alma, comencé a correr.

 

Alma recomienda empezar a correr a un ritmo cómodo hasta que no seas capaz de mantener una conversación, luego caminar hasta que puedas volver a hablar, luego volver a repetir el ciclo, hasta completar media hora o 45 mins, unas 2 ó 3 veces por semana, e ir incrementando el tiempo corriendo poco a poco, hasta poder llegar a correr media hora seguida.

 

Pues eso hice. Comencé muy despacio, alternando trotar despacio con caminata. El primer día apenas aguantaba dos minutos seguidos. Corría 2 minutos, caminaba rápido 5 minutos, corría otros dos, caminaba otros cinco, corría otros dos, y finalmente seguía caminando rápido unos 45 mins o así. Pero el segundo día ya pude hacer 3 series de 3 minutos, el tercer día de 4…

 

He seguido practicando 2 o 3 días por semana, según podía, y caminando el resto del tiempo. Mi record está por ahora en correr 30 minutos pero en series de 12, 10 y 8 minutos, con unos 6-8 minutos entre medias, y calentando unos 12 minutos andando rápido y cerrando con otros tantos, o con alguno más hasta alcanzar los 7 kms. Esto en cinta y plano, a una velocidad conservadora. Mi objetivo es seguir mejorando hasta poder correr la media hora seguida en la calle, con cuestas y todo.

 

Sin embargo, no todos los días soy capaz de hacer ese récord. Esta semana he estado muy cansada por dormir muy mal y el exceso de calor, y uno de los días que me puse a correr, ¡sólo aguanté un minuto! No me asusté porque me di cuenta que ese día no tenía cuerpo para nada, había amanecido con dolor de garganta y todo, y entendí que tenía que escuchar a mi cuerpo y que con caminar rápido sería suficiente. A los dos días, más recuperada, volví a intentarlo y fui capaz de conseguir los 15 minutos, en 3 tandas de 5 minutos.

 

No me voy a estresar por altibajos, porque a estas alturas conozco mi cuerpo y sé que no siempre estoy al 100% y sé escucharlo cuando me dice que necesita descansar, pero no me rindo y persevero. Así que si no puedo correr sino dos minutos, me da igual, porque lo importante es que me sigo calzando las zapatillas y subiendo a la cinta los días que me he propuesto a hacerlo, y que así seguiré mejorando hasta conseguir mi objetivo, porque convierto correr en un hábito, y venzo la resistencia.

 

Además, hago algunos movimientos de rotación de articulaciones antes de empezar, abdominales al acabar y algunos ejercicios de fuerza y luego estiramientos que me habían recomendado en el gimnasio, y que se parecen a estos que nos recomienda Alma. Creo que los estiramientos son fundamentales para evitar lesiones, no te los saltes.

 

No me planteo hacer carreras. Al menos por ahora aún no me ha entrado ese gusanillo. Pero reconozco que me está gustando la sensación de logro cada día que incremento los minutos que puedo correr, y la sensación de libertad que siento al hacerlo al aire libre, y sobre todo, la de sentir que mi cuerpo responde, que me deja hacer lo que quiero. Es una sensación increíble después de pasar tanto tiempo sin poder hacerlo, de que la obesidad y mis pensamientos limitantes me impidieran hacer tantas cosas.

 

En resumen:

 

Si quieres empezar a correr, sólo necesitas hacerte con unas zapatillas y con sujetadores de correr en el caso de las mujeres, las ganas y empezar despacio, e ir mejorando paulatinamente. Fíjate que no he dicho nada de relojes ni pulsómetros ni nada. He ido midiendo el tiempo con el móvil por darme una idea de lo que mejoraba (cuando corro en la cinta ya su panel me da todos los indicadores). Pero ni eso te hace falta. Es conveniente investigar un poco pero con un libro como el de Alba es suficiente para empezar. Y no te olvides es hacer estiramientos.

 

Y necesitas saber que tienes una forma física medianamente decente. Y últimamente estoy muy controlada médicamente y sé que no voy a tener problemas cardíacos, por ejemplo, pero es preferible antes de empezar a correr que te hagas un chequeo médico.

 

Finalmente, persevera, aunque tu cuerpo te falle a ratos, no te rindas. No todos los días van a ser iguales, pero lo importante es seguir intentándolo, para seguir mejorando. Y al principio cuesta mucho, te parece que no vas a ser capaz de hacer ni esos dos minutos, pero en pocos días te vas sintiendo mucho mejor.

 

Y ahora, te dejo porque ya la ropa blanca y el pañuelico rojo están listos para el chupinazo. Pero cuéntame por favor tus experiencias con empezar a correr, en la sección de comentarios, especialmente si llevas más tiempo que yo, para que nos ayudemos los unos a los otros a mejorar.

 

¡Abrazos y disfruta tu semana y tu cambio!

Primer paso para cambiar: la aceptación

Si quieres cambiar para mejorar, y aún encuentras resistencias internas, puede que aún no hayas aceptado tu situación actual. Si quieres aprender más sobre la aceptación, ¡sigue leyendo!

 

¡Hola cambiadora! ¿Cómo afrontas la semana? ¿Y tú cambiador, cómo estás?

 

Recientemente mi familia ha pasado (y está pasando) por una serie de eventos de esos que te hacen pensar más de lo habitual en las cosas importantes de la vida, y de esos que nos pasan a todos, nos pongamos como nos pongamos, y que no podemos cambiar. Esto me ha llevado a reflexionar sobre la aceptación, y este artículo prácticamente se ha escrito solo.

 

En este artículo sobre cómo gestionar el cambio, ya te comentaba la importancia de aceptar un cambio impuesto por circunstancias internas a ti, como primer paso para gestionar tu reacción a ese cambio.

 

En general, para cualquier situación que tengas que afrontar, la aceptación es el primer paso para poder resolverla, y eso es tan válido para adaptarte a un cambio externo, como para generar un cambio interno. Por ello considero fundamental el tener herramientas que nos entrenen en el arte de la aceptación, y más adelante en el artículo te propongo un par de ellas

 

Aunque hay mucha literatura sobre las bondades de la aceptación, yo creo que la prueba más clara de su importancia está en el primer paso de los doce que Alcohólicos Anónimos propone para la superación del alcoholismo:

 

“Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”

 

Es decir, que hay que empezar por aceptar que hay una situación que no se puede controlar, para ser capaz de proceder a mejorarla, de trabajar en cambiarla. Si este paso ha ayudado a tantas personas a superar sus problemas, me parece algo a tener muy en cuenta.

 

Además, yo he experimentado personalmente los beneficios de aprender a aceptar. Me doy cuenta de que ante circunstancias adversas dedico menos energía que en el pasado a resistirme a la situación, y soy capaz de comenzar con más rapidez a acometer acciones positivas, y si no puedo actuar, al menos consigo que no me carcoman las emociones negativas, que no me drenen de energías que sí puedo utilizar para las cosas que sí puedo cambiar. Es un entrenamiento que da mucha serenidad cuando te das cuenta de que lo has aprendido.

 

Si no puedes cambiar algo, aceptarlo cuanto antes liberará tu energía para poder dedicarla a lo que sí puedes cambiar. Hay que tener claro que tus recursos en tiempo, dinero y sobre todo energía son limitados. Nos conviene convertirnos en expertos en saber que batallas debemos luchar hoy, y cuáles no importa perder o diferir para más adelante. Yo aún no me considero una experta en eso, pero voy mejorando, y para poder decidir, tomo en cuenta, por un lado, mi misión y visión y mis escalas de principios y valores, y por otro, lo perecedero de lo que me rodea, saber qué cosa hay que priorizar aquí y ahora porque después pueden desaparecer (como la niñez de los hijos o los buenos momentos con los seres queridos).

 


¿Cómo saber lo que sí puedo cambiar?

 

En toda situación en la que te encuentres, en mi opinión hay ciertas cosas a analizar que te permiten determinar qué puedes cambiar tú y que no:

  • El entorno, las circunstancias externas
  • Las otras personas

A veces se puede cambiar el entorno, y a veces no. Cambiar la decoración de tu casa para hacerla más cómoda es algo que usualmente puedes hacer, dentro de las restricciones de presupuesto, tiempo y convivencia que tengas. El clima no lo puedes cambiar, pero sí tu capacidad para adaptarte a él con ropa y accesorios determinados.

 

Si trabajas en una organización muy grande, es poco probable que puedas cambiar las políticas de tu empresa, a menos que tengas un cargo directivo o una alta capacidad de influencia. Lo mismo aplica si vives en una gran sociedad, en cuyo caso las políticas se traducen en leyes. Y generalmente, esas políticas o leyes tampoco dejan margen para conductas adaptativas creativas: hay que cumplirlas y punto, sobretodo si están escritas (muchas veces son tácitas). Y si no las cumples, tu supervivencia dentro de la organización o sociedad está en riesgo. Así que este es un caso claro de aceptación sin resistencia: cuanto antes aceptes que las cosas son así, antes podrás enfocarte en realizar tu trabajo para mantener tu empleo y desarrollarte en la organización o sociedad. Por supuesto que podrías dedicar tus energías a intentar revolucionar la organización y cambiarla, o a la sociedad, si esa es tu misión. En ese caso, tus acciones no vendrían de la negatividad, si no de la posibilidad de generar un cambio positivo. Es muy diferente a quejarse todo el día de lo que está mal en las políticas de tu organización o tu sociedad sino puedes o quieres dedicar tus energías a cambiarlas.

 

Si las circunstancias externas son enfermedades graves o crónicas o fallecimientos, es muy normal que comiences pasando por la fase de negación y pases por otras antes de llegar a la aceptación, pero sólo a partir de la aceptar la situación podrás alcanzar algo de paz interior ante esas circunstancias.

 

En cualquier caso, para poder cambiar algo a tu alrededor, es necesario aceptar primero que tu entorno y tus circunstancias son las que son, para poder analizar lo que podrías o no cambiar, en lugar de aferrarte a lo que debería ser (pero no es), y de enquistarte en actitudes y emociones negativas y de resistencia.

 

 

Y si no puedes cambiar algo, la aceptación te ayudará a extraer los aprendizajes de la situación, de forma que siempre puedas sacar algo bueno de lo que te pasa.

 

En cuanto a las otras personas, creo que todo el mundo puede cambiar si quiere hacerlo, pero también creo que no se puede obligar a nadie, y que es mucho más productivo y gratificante para tus relaciones con los demás aceptarles tal y como son, y estar a su lado para ayudarles a cambiar si se deciden a hacerlo, que dedicar energías a intentar amoldarlos a como quieres que sean.

 


Lo que siempre puedes cambiar: TÚ

 

Lo que siempre puedes cambiar es tu actitud. De hecho, en muchos casos es lo único que puedes cambiar. Reencuadrar tu punto de vista, reubicarte en la situación, darle otra perspectiva al asunto. Aceptar que la situación es la que es, pero observarla desde todos los ángulos posibles, para buscarle el lado positivo y extraer los aprendizajes.

 

La aceptación es una herramienta esencial para el desarrollo personal y no es lo mismo que conformarte. Es rendirte, no en el sentido de derrota o renuncia, sino en el sentido de no oponerte a la vida como es. Conformarte es soportar pasivamente la situación y no hacer nada por cambiarla. Rendirte es aceptar lo que hay para eliminar las resistencias internamente y poder iniciar acciones positivas externamente. Tampoco se trata de autoengañarte diciéndote que todo está bien como está.

 

Se trata de decirte “esto es lo que hay, me guste o no, y si puedo lo cambio, y si no me adapto, modifico mi actitud, pero acepto que esto es lo que hay”

 

Si tienes más interés en aprender sobre aceptación, te recomiendo leer el libro Practicando el poder del ahora. En él, Eckhart Tolle nos comenta que el fracaso y el éxito se ocultan el uno en el otro, y sólo si aceptamos el fracaso como parte del flujo de la vida, podemos dejar sitio a la transformación y el crecimiento que lleven a un éxito posterior. Resistirse a ello es generar emociones negativas (irritación, impaciencia, ira, resentimiento, depresión, etc.)

 

“Cuando estás identificado con una emoción negativa no quieres soltarla, y en algún profundo nivel inconsciente no deseas un cambio para mejor porque pondría en peligro tu identidad de persona deprimida, enfadada o maltratada. Entonces ignorarás, negarás o sabotearás lo positivo de tu vida. Este es un fenómeno bastante común. Y una locura”.

Eckhart Tolle

 


 

Algunas pautas para desarrollar la aceptación

 

Practicar la meditación y el mindfulness te ayudarán a concentrarte en vivir y experimentar el momento presente y reconocerlo como el único momento en el que realmente puedes actuar, una vez que lo aceptes en su totalidad. En el pasado y en el futuro no puedes hacer nada.

 

Hay un par de ejercicios propuestos por Eckard que puedes realizar con apenas cinco minutos, y que pueden ayudarte a adquirir el hábito de la aceptación.

 

El primero es observar a las plantas, preferiblemente en entornos naturales. Contempla a las plantas: ellas no se resisten a los cambios externos sino que se adaptan a ellos, son flexibles y aceptan su entorno, no se pasan el día quejándose si hace mucho viento, simplemente se doblan ante él sin romperse. Tampoco piensan en el pasado o el futuro, sólo existen en el momento presente.

 

Mis plantas aceptan estoicamente la falta de luz directa (¡y tenerme como cuidadora! :D )
Mis plantas aceptan estoicamente la falta de luz directa (¡y tenerme como cuidadora! 😀 )

 

El segundo ejercicio consiste en permanecer alerta a las negatividad que surge en tu interior cuando no aceptas algo, sea nimio o importante. Es mejor empezar por algo poco relevante, como aceptar los ruidos nocturnos de tu calle. Cuando aparezca la irritación, reconócela y sal de ese estado, deja ir esa emoción y vuelve al momento presente. No dejes que esas emociones se acumulen en ti. También puedes imaginarte que eres incorpóreo y transparente y que el ruido no entra en ti sino que te atraviesa, que no hay sentidos para percibir la realidad que te molesta, y que por ello te traspasa.

 

Una vez que has reconocido que la situación te molesta pero has dejado ir la negatividad, analiza qué se puede cambiar, y si hay algo que hacer, hazlo o planifícalo. Y si no, extrae el aprendizaje de la situación, pero sin emociones negativas: utiliza tus energías para enfocarte en algo diferente y positivo que sí puedas hacer.

 

Si tienes dudas sobre la aceptación o cómo desarrollarla, puedes comentar abajo o escribirme a eligiraut@gmail.com. También me gustaría conocer tu experiencia con la aceptación y si conoces otros ejercicios para entrenarla.

 

Gracias por leerme y recuerda suscribirte para que no te pierdas ningún artículo. Te mando abrazos llenos de calor veraniego y ¡disfruta tu cambio!

 

 

 

Para cambiar: Vencer la resistencia y empezar cada día

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo estás hoy? ¿Y tú, cambiador? ¿Cómo empiezas tu semana? ¿Has empezado ya tu proyecto o tu proceso de cambio?

Hoy quiero hablarte sobre la importancia de vencer la resistencia y empezar tu proyecto o proceso de cambio. Empezaré por comentar un artículo de uno de mis mentores en gestión del cambio personal, James Clear (de quien ya te he hablado en otra ocasión) en el que nos dice que es más importante empezar que tener éxito.

James alega que la excelencia no es un requisito para crecer y mejorar, pero empezar sí. Que es peligroso pensar que si no podemos llegar al número uno o dos es mejor no empezar. En realidad, lo importante es impulsarte a empezar a diario, porque aprendes más del proceso de perseguir la excelencia que de los productos de alcanzarla. Es el camino lo que trae el crecimiento.

La curiosidad y las ganas de probar algo nuevo son suficientes para crecer y convertirse en alguien más listo, fuerte y con más habilidades, son lo único necesario para comenzar la lenta marcha hacia tu grandeza. Las ganas de empezar es la cosa más pequeña en la vida capaz de producir el impacto más grande.

Sin importar si vas a ser buena o no, ¿estás dispuesta a empezar? Pues toma riesgos, empieza algo, contribuye, ten el coraje de iniciar algo, porque las personas que comienzan algo de forma persistente son las únicas que pueden llegar a acabar algo.

James finaliza diciéndonos que la vida no es un ensayo. Por eso tienes que empezar. No puedes convertirte en el mejor si ni siquiera estás en el juego, porque la única forma de mejorar lo suficiente para ser muy bueno es practicando, y no hay mejor forma de practicar que empezar a hacer las cosas.

Y esto me recuerda a un pequeño libro que me encontré una vez en un hotel en Bruselas, en estas pequeñas bibliotecas que se encuentran en los hoteles clásicos, y que me gustó tanto que terminé comprándome el ebook: The War of Art, de Steven Pressfield

En el libro, Steven empieza por describirnos su ritual matutino para ponerse a escribir, compuesto de varias rutinas y elementos inspiradores que lo anclan a la tarea de escribir, lo que hace por varias horas hasta que comienza a cometer errores y lo deja por el día. Esto lo hace a diario sin importar si el producto de su trabajo es cuantioso o si la calidad es buena, lo único que es importante para él es que ese día ha vencido a la Resistencia.

 

Vencer la resistencia y empezar

 

La Resistencia es lo que separa la vida que vivimos de la que queremos vivir. La que se opone a que nos dediquemos al arte, a que lancemos empresas, a que hagamos dieta o ejercicio, a que nos eduquemos, contribuyamos o hagamos cualquier cosa que pueda elevarnos. Steven escribe a la Resistencia siempre con mayúscula, para demostrar el respeto que esta enemiga le inspira, por tener que combatirla cada día. Describe a la Resistencia como invisible, insidiosa, e interna (está dentro de nosotros, aunque a veces toma aliados en el exterior en la gente que se opone a nuestro cambio); es implacable, impersonal, infalible, universal: ataca a todos y ataca siempre, y dispara a matar. La Resistencia se opone a que nos elevemos, está alimentada por nuestros miedos y es más poderosa cerca de la meta.

La procrastinación es la manifestación más importante de la Resistencia: el decirnos a nosotros mismos que mañana empezaremos algo, en lugar de hoy, es como la Resistencia nos engaña para no empezar ya. Es ahora cuando podemos empezar, el mañana aún no ha llegado y en él no podemos actuar, es ahora cuando podemos elegir vencer la Resistencia, porque la Resistencia es fuente de infelicidad.

Cuanta más duda tengas sobre ti misma y lo que quieres hacer, cuanto más miedo sientas, es buena señal de que lo que te resistes a hacer es lo que tienes que hacer, porque es en lo que más te eleva donde la Resistencia ataca más insidiosamente.

Y para combatir la Resistencia, la recomendación de Steven es convertirnos en profesionales, actuar como tales. Es decir, como si fuera un trabajo: te presentas todos los días, y estás allí las horas que tienes que estar, aunque en un día determinado tu trabajo no sea el mejor, ni tu concentración o estado físico, ni seas prolífico, al final vas todos los días a trabajar, porque te tienes que ganar el sueldo. Pues con tus proyectos de cambio personal, tienes que actuar igual: estar allí a diario, y dedicarle el tiempo necesario para que avancen, el que te hayas comprometido a dedicarle por corto que parezca, aunque no te sientas inspirado o preparado. Y además, como un buen profesional, tienes que ser paciente, actuar en lugar de dejarte vencer por el miedo, prepararte y dedicarte a mejorar la técnica de lo que te hayas propuesto alcanzar. Y no tomarte el fracaso como algo personal, recuerda que eso es sólo la muestra de que la estrategia utilizada no es la adecuada, y que tienes que buscar otra.

 

Recuerda: Cuanto más importante sea ese cambio para la evolución de tu alma, mayor será la resistencia que sientas hacia perseguir ese cambio.

 

Yo me peleo a diario con la Resistencia, y no siempre gano. Pero no dejo que me gane muchos días seguidos, porque eso destruye mi identidad de luchadora contra la Resistencia. Lo importante no es que te gane un día, sino que al día siguiente, vuelvas a empezar. Para ello, a mi me ayuda tener claro por qué lo hago, mis motivaciones y misión, y recordatorios en lugares visibles.

Así que ya sabes, persiste en vencer la resistencia y empezar. Me gustaría saber cómo lo haces y ayudarte si tienes dudas. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!