Y ahora, ¡a cambiar hábitos!

¡Buenos días, cambiadora! ¡Bienvenido, cambiador! ¿Cómo ha ido la semana, ya has comenzado a planificar tu cambio?

Como comentamos en el primer artículo acerca de planificar el cambio, cuando vamos a cambiar podemos encontrarnos ante un proyecto de cambio o un proceso de cambio. Hasta ahora hemos visto cómo planificar un proyecto de cambio, con tres fórmulas diferentes (la hoja de ruta, la planificación natural y la metodología PMI).

Hoy vamos hablar de cómo generar un proceso de cambio, y como mencioné entonces, para esto lo que necesitas es determinar los hábitos a fomentar o cambiar, y agendar el tiempo para adquirirlos y “rutinizarlos”.

Hay muchos aspectos que influyen en implantar los hábitos; no se podrían cubrir en un sólo artículo y tampoco creo que sea conveniente. Considero que lo mejor es que centremos cada artículo en un aspecto para que cada semana puedas trabajar en algo e ir avanzando paulatinamente.

Esta semana vamos a trabajar el arranque del proceso de cambio, que en mi experiencia consiste en tres pasos fundamentales:

  • Definir por dónde empezar lo que quieres cambiar, el paso más pequeño
  • Agendar el tiempo para hacerlo a diario, y
  • Preparar el entorno para favorecerlo

 

Parece sencillo, ¿verdad? Pues la buena noticia es que puede llegar a ser muy fácil. Hay algunos hábitos más fáciles de cambiar que otros, pero una vez que comiences a trabajar el cambio de hábitos, y vayas incorporando las diferentes técnicas que estudiaremos aquí, te darás cuenta de que tener una metodología incorporada en tu vida para cambiar hábitos es una de las herramientas más poderosas que existe para la mejora personal.

 

Caracter es hábito

 

Para empezar, mejor en pequeño…

Muchas veces cuando pensamos en algo que queremos cambiar, soñamos con transformaciones instantáneas que modificarán radicalmente nuestra vida: adelgazar diez kilos en un mes, ganar la lotería, escribir un libro en una semana, estudiar para un examen en tres días…

Pero rara vez el éxito nos viene de esa forma. Si lo pensamos detenidamente, casi cada cosa que logramos depende de los hábitos que tengamos. Incluso cuando hablamos de un proyecto de cambio, es el hábito de realizar diariamente alguna tarea del proyecto lo que lo hace avanzar.

Los hábitos terminan construyendo tu carácter, y muchas de nuestras virtudes o defectos son en el fondo hábitos bien o mal instaurados:

  • Ser puntual es el reflejo del hábito de llegar a tiempo a todas partes.
  • Ser íntegro es el reflejo del hábito de actuar de la misma forma honesta cuando sabes que te miran que cuando no tienes testigos.
  • Ser familiares dedicados es el reflejo del hábito de dedicar tiempo de calidad a nuestra familia.
  • Ser una persona trabajadora es el reflejo del hábito de trabajar persistentemente cuando hay que hacerlo, obteniendo buenos resultados.
  • Y lo mismo funciona al revés, ser fumador es el reflejo del hábito de fumar.

 

¿Te parece una obviedad? Puede serlo, pero las implicaciones son poderosas, porque supone que cambiando nuestros hábitos podemos cambiar nuestra forma de ser, nuestro carácter, para mejor, y obtener mejores resultados de la vida. Pero generalmente no pensamos así, nos enfocamos en grandes objetivos y resultados, y nos olvidamos de que son lo hábitos diarios los que nos levan allí, que es el proceso lo que nos transforma y lo que debemos vigilar.

Para que cambiar hábitos funcione, lo mejor es empezar cambiando uno a la vez, e implantando un cambio tan pequeño que sea muy fácil de hacer, que no puedas decir que no a hacerlo.

Yo soy de las que empiezan el lunes cambiando cinco hábitos para llegar al miércoles dándome cuenta de que sólo puedo apañarme con uno, y es sorprendente con cuánta frecuencia olvido esta lección. Por suerte rápidamente me adapto y me enfoco mis esfuerzos en uno sólo, el que más impacto positivo pueda traer a mi vida en ese momento. Me va bastante mejor cuando me concentro en uno sólo, es más probable que cambie con éxito.

Afortunadamente, no se me olvida empezar en pequeño con cada hábito. Lo importante es acostumbrarse todos los días a hacer algo, por poco que sea, e ir construyendo sobre esa costumbre. Eso te confirmará en la identidad de una persona que es capaz de cambiar sus hábitos.

Por ejemplo, si quieres conseguir hacer cincuenta abdominales seguidos, empieza por hacer un abdominal cada día. Uno sólo, no hace falta más. Durante la primera semana, comprométete a hacer uno. A hacerlo bien, concentrándote en el movimiento. ¿Que te apetece hacer cinco? Hazlos. Pero lo que importa es que hagas uno cada día. Y la segunda semana, pasas a dos, y la tercera a tres, o a cinco, que probablemente ya te veas capaz. Y así poco a poco. Y si sólo aumentarás un abdominal por semana, estarías haciendo los cincuenta en un año de forma consistente.

Pero si no lo haces así, es muy probable que en un año sigas sin hacer más de diez seguidos.

Y esto puede aplicarse a casi cualquier nuevo hábito que quieras formar:

  • Si quieres empezar a meditar, empieza por un minuto al día
  • Si quieres leer más, comprométete a leer dos páginas por día
  • Si quieres empezar a caminar, asegúrate que le dedicas diez minutos al día

Y así sucesivamente.

 

…sin olvidar el espacio y el tiempo

Entonces, ¿ya has decidido qué hábito quieres cambiar y el pequeño pasito que darás para empezar? Pues ahora es el momento de preparar el tiempo y el entorno para hacerlo. Elige en qué momento del día ejecutarás tu pequeño paso, y cómo prepararás el entorno para favorecerlo. Tienes que buscarle un hueco en tu agenda o añadirlo a tus rutinas existentes:

  • Bloquea en tu agenda diez minutos para meditar en las primeras horas del día, y así sabrás que seguro podrás dedicar al menos un minuto de esos diez para meditar, y que si te apetece alargarte un poco, dispondrás del tiempo. Ten preparado de antemano el cojín donde te sentarás a meditar y los implementos que quieras utilizar para ayudarte (música, velas, etc.).
  • Aprovecha el transporte público diario para leer tus dos páginas, si eres de los que no se marea ni se desconcentra con el ruido. O hazlo cuando te metas en la cama, antes de dormir, o cuando hagas una pausa para el café. Calcula el tiempo que te lleva leer las dos páginas y resérvalo en tu agenda, y lleva siempre contigo el libro que estás leyendo.
  • Ve caminando a donde quiera que puedas: al trabajo, a comer, a hacer la compra, etc. Aprovecha cada ocasión para caminar. Aparca lejos el coche para que puedas caminar un poco más. Lleva zapatos cómodos que no te impidan caminar, o al menos tenlos a mano. Busca en cuál de esas rutinas ya existentes encaja mejor añadir diez minutos de caminata, y hazlo a diario.

Y esto es todo para empezar. ¿A qué es fácil?

 

Como funciona para mí

Aplico esta metodología cada vez que quiero cambiar hábitos, con más elementos que te iré contando en otros artículos.

Mi caso de éxito más claro ha sido formarme el hábito de caminar. He adelgazado unos sesenta kilos en unos siete años, y me mantengo así, gracias a que he cambiado muchos hábitos en mi vida. Pero el de caminar ha sido el más determinante de todos, y continúa siéndolo. Si me salgo un poco de la dieta pero sigo caminando, mi peso se mantiene, pero si dejo de hacer ejercicio unos días (por lesión o enfermedad, por ejemplo), tengo que cuidar mucho lo que como para no volver a engordar.

Y empecé poco a poco, con veinticinco minutos diarios, caminando a baja velocidad, a unos tres kilómetros por hora o así. Ahora puedo caminar cómodamente ocho kilómetros en hora y media. Y aprovecho cualquier ocasión que se me presenta para caminar. Planifico mis desplazamientos con tiempo para poder ir caminando en lugar de utilizar el transporte público. Llevo un par de zapatillas siempre en el coche, porque si en el trabajo el día se me hace largo y no me queda tiempo para ir al gimnasio, al menos podré darme una vuelta de media hora en las cercanías al acabar la jornada, antes de conducir de vuelta a casa. Una de las mejores inversiones que hice hace años fue comprarme una cinta para caminar. No son baratas, pero me ha valido la pena con los resultados obtenidos, porque así el mal tiempo o no tener un gimnasio cerca no son excusas para no caminar, y hasta aprovecho para ver algún capítulo de alguna serie mientras camino.

En estos momentos mi agenda está bastante apretada, y encuentro difícil ir al gimnasio o a nadar. Pero me he asegurado un sistema de vigilancia que me permite saber que al menos camino lo suficiente: Me he comprado una pulsera de fitness Garmin Vivofit que no sólo contiene un podómetro que me cuenta los pasos diarios, sino que además me va estableciendo los objetivos diarios de pasos que debo dar para mejorar mi forma física, y me avisa cuando llevo mucho rato sin moverme. Otra inversión que está dando buenos furtos porque, de esta forma, sé que me mantengo en forma sin tener que pensar mucho en ello, basta con caminar siempre que puedo y asegurarme de cumplir con el objetivo de pasos que me indica la pulsera, al menos cinco días a la semana. Puede que no sea tan efectivo como ir al gimnasio, pero sin duda es mejor que no hacer nada. Y si un día no puedo, o si varios días no puedo por una lesión o viaje o lo que sea, no pasa nada, porque a estas alturas ya me ha construido la imagen de persona que camina a diario, y no me cuesta retomar el hábito rápidamente.

Actualmente trabajo el hábito de escribir a diario, para avanzar con este blog y con un libro que estoy preparando. Aunque publico un artículo cada lunes, no escribo el artículo completo ese día ni el domingo, sino que voy adelantándolo a lo largo de toda la semana, para afianzar mi destreza, y para construir mi identidad de escritora.

Para ello, me levanto media hora más temprano, y todos los días, después de desayunar, me pongo en el ordenador a escribir un poco, da igual si consigo un párrafo o doscientas palabras, lo que me salga, pero lo importante es dedicar al menos un cuarto de hora a escribir. Agendo media hora porque lo que suele pasar es que al empezar a escribir me emociono y me apetece escribir más. Pero como mínimo, por malo que tenga el día, escribo ese cuarto de hora cada día, aunque me salgan sólo dos frases malas, para implantar mi hábitos. Así, cuando llego al domingo, buena parte del artículo está avanzado, y sólo queda finalizarlo, editarlo y pulirlo para publicarlo el lunes.

¿Y cómo preparo mi entorno para ello? Pues dejo el ordenador en suspenso la noche anterior con el archivo en el que estoy escribiendo abierto. Generalmente trabajo en alguna herramienta que puede sincronizarse con dispositivos móviles (como Google Drive o Evernote) y así puedo, mientras desayuno, empezar a leer el artículo donde lo dejé la vez anterior en el móvil y empezar a pensar en qué voy a escribir, e incluso añadir alguna frase antes de acabar el desayuno.

 

Y ahora te toca a tí:

¿Qué te parece si esa semana empiezas por introducir una pequeña mejora en tu vida? Decide qué hábito quieres adquirir y qué pequeño pasito vas a trabajar esta semana para conseguirlo, algo que sea tan fácil de hacer que no puedas evitar hacerlo a diario. Luego determina cuándo vas a hacerlo, en qué tiempo, a qué hora, o después de hacer qué, y apúntalo en tu agenda o tu lista de tareas, o inclúyelo en una rutina existente. Por último, prepara tu entorno de antemano para hacerlo, y hazlo todos los días.

Y si un dia fallas, no te preocupes. No es una derrota, no significa que ya no puedas cambiar hábitos, simplemente retoma tu hábito al día siguiente, como tenías agendado, y vuelve a empezar. Algunos días no puedo escribir, porque tengo que madrugar mucho para coger un vuelo o un tren y algo tengo que dormir, o porque simplemente estoy agotada y no puedo levantarme antes para hacerlo. Pero no dejo que un punto se convierta en tendencia, y al día siguiente retomo la escritura.

Todos nos equivocamos, fallar es humano, pero el fracaso no es más que un punto de aprendizaje, es información sobre lo que no funciona para alcanzar el objetivo. Analiza por que no realizaste tu hábito ese día, que te hizo fallar, corrígelo o aprende qué hace falta para que no te vuelva a ocurrir, y vuelve otra vez a empezar. Un día que no ejecutes tu hábito no significa que tú no seas capaz de conseguirlo, sólo que has usado algo en tu estrategia que no funciona.

Y con esto me despido hoy: El conocimiento sin acción es inútil, empieza a practicar estos tres pasos ya y así sabrás que estás transformando tu identidad y mejorando tu vida.

Me gustaría conocer tu proceso, cómo lo vas a implementar, y ayudarte si tienes dudas. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Gracias por leerme, abrazos y ¡disfruta tu cambio!

¿Cómo planifico mi cambio? (Parte II)

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo ha ido la semana, cambiador?

La semana pasada hablamos de la diferencia entre un proceso de cambio y un proyecto de cambio, comenté recomendaciones generales para la planificación de proyectos y la gestión de lista de tareas, y comencé a describirte las fórmulas que utilizo para planificar el cambio con mis proyectos, comenzando por la hoja de ruta. Esta semana te traigo las otras dos fórmulas que quedaron pendientes:

 

II.- El modelo de planificación natural:

Este modelo lo presenta David Allen en su libro “Organízate con eficacia (Nuevos paradigmas)“, donde propone que el cerebro de forma natural planifica los proyectos siguiendo estos 5 pasos:

 

Planificar el cambio: Planificación natural
Planificación natural

 

David Allen aclara que, aunque este es el modelo natural del cerebro para planificar, no siempre es el método que seguimos, bien porque no definimos claramente los principios del proyecto o su alcance, o no visualizamos el éxito, o no organizamos adecuadamente los pasos, o no definimos los responsables para ejecutar la acción siguiente, etc.

Este método lo he utilizado en el pasado para planificar la búsqueda y cambio de empleo. Aunque no siempre tienes claro todo lo que quieres (propósitos y principios) cuando empiezas con la búsqueda, al menos hay ciertos parámetros dentro de los que te mueves: ubicación geográfica, sector en el que quieres trabajar…

Generalmente tienes más claro lo que no quieres, el tipo de trabajo que no estás dispuesto a hacer, por ejemplo. Lo que necesitas es tener suficiente información para poder visualizarte exitoso, en el trabajo que te gustaría. Esta visualización, a su vez, te dará también información sobre lo que quieres y lo que no.

Por ejemplo, si al visualizarte en lo que consideras un trabajo exitoso, de la forma más realista posible, te das cuenta de que puede tocarte hacer a diario algo que no te gusta, como vestirte de una forma determinada, ése es un elemento de información a considerar: ¿es un principio inamovible no vestirte de esa forma, o estás dispuesto a hacerlo si te compensa de otra manera?

Recordando lo que te comentaba sobre visualización en mi artículo sobre cómo generar el cambio, si la visualización no te encaja, tienes que hacerle caso a esa parte de ti que no está convencida, o buscar la forma de convencerla (siguiendo el ejemplo, visitiéndote por unos días de esa forma que no te gusta, y demostrándote que no es tan malo como pensabas).

Lo siguiente es hacer la lluvia de ideas, listar todo lo que se te ocurre que puedas hacer o haya que hacer: actualizar el Curriculum Vitae, recordando toda tu experiencia laboral; hacer una lista de webs y redes sociales de búsqueda de empleo que te interesan y darte de alta en esas webs; elegir empresas objetivos, buscar contactos dentro de esas empresas e investigar sobre ellas; escribir cartas de presentación; crear una web que recoja tu experiencia laboral; hablar con tus amigos y conocidos sobre lo que buscas por si saben de algo; si buscas en otro país, averiguar qué permisos, papeles y requisitos necesitas y qué consecuencias supone el cambio, etc.

Sin censurar, es el momento de poner allí todas las ideas que se te ocurran, por descabelladas que sean, que ya habrá tiempo de descartarlas en la fase de organización, ya que eso que en un primer momento puede parecerte absurdo, puede llevarte a otra idea más interesante. Puedes utilizar mapas mentales, dibujos, esquemas, lo que resulte más eficiente para despertar tu creatividad.

Por ejemplo, si bailas fatal y se te ocurre la idea de aplicar al puesto de instructora de baile que está disponible en la clase de salsa para jubiladas de tu tía, puede parecer absurdo, pero puede llevarte a recordar que el nuevo novio de tu tía tiene una pequeña empresa en la que sí podría haber trabajo de lo tuyo.

A continuación, toca organizar todas esas ideas en una lista de tareas, en la forma que a tí te resulte más útil (lista en papel, hoja de cálculo, aplicación o web, etc.), pero que sea un instrumento efectivo de trabajo. Ahora sí es el momento de descartar las ideas que no te parezcan practicables, y de separar las tareas esenciales de las complementarias (te quedas con la tarea de hablar con el novio de tu tía).

En línea con el ejemplo, actualizar el CV es una tarea esencial, y hacerlo bien te puede reportar muchísimo beneficio, sería una de las tareas prioritarias. Pero no es necesario colgarlo en 10 webs diferentes de empleo: es preferible seleccionar las 2 o 3 que más retorno te pueden dar, averigua cuáles son las más populares o utilizadas por los seleccionadores en tu sector, y enfócate en colgar el CV y mantenerlo vivo y gestionar tu participación en esas webs o redes sociales.

Por último, de esas tareas, escoge la que puedas realizar ya, y ponte a ello. Si no hay ninguna que puedas realizar en este momento, es porque a tu lista le falta alguna tarea. Si tu siguiente tarea es escribir una carta de presentación para una empresa, pero no sabes a quién dirigirla dentro de la empresa ni de qué forma tu experiencia puede ayudarle, tu siguiente tarea es realmente averiguar esas cosas.

Este método tiene la ventaja de ayudarte a prever desde el principio todo lo que te puede hacer falta para completar el proyecto, y de que al utilizar la visualización, refuerza tu autoconfianza en finalizarlo. En todo caso, la ejecución constante e inmediata, y la revisión y actualización del plan es lo que te llevará a alcanzar tu objetivo.

 

Acceso contenido exclusivo

 

Cuando ya tienes el plan:

Y ahora que tu plan está elaborado, lo que te queda es ejecutarlo, y revisarlo periódicamente para saber que vas en la línea correcta. Sobre la ejecución y monitorización hablaré con más detalle en el futuro, pero lo importante ahora es que busques alguna forma de medir el progreso que puedas revisar con frecuencia y que empieces a trabajar en tu proyecto. Cambia YA. No esperes a otro momento, haz algo HOY.

¿Te parece que soy pesada con eso? Es que tengo que serlo. No te imaginas la cantidad de planes que he hecho que no he llevado a buen puerto por no ejecutarlos de forma inmediata, continua o por no hacer un seguimiento claro del cumplimiento de los objetivos. Es una lección que he aprendido con dificultad y que aún me esfuerzo a diario por no olvidar.

Cita Patton

 

 

Lo ideal es que te pongas el hábito de hacer todos los días una tarea de tu proyecto personal. Mejor si es una tarea pequeña. Lo importante es que te crees el hábito de avance continuo, tengas o no ganas, que te hará llegar más lejos que trabajar un montón cuando te llegue la motivación o la inspiración. Porque al final del día, todos tenemos muchísimas cosas que hacer, y si esperamos el momento adecuado para trabajar en esos proyectos, nos encontramos con que no nos llega. Lo mejor es priorizarlos, darle un lugar de lujo en nuestra agenda: todos los días dedica un rato cada mañana a avanzarlos, por pequeño que sea el rato, y al final de la semana habrás conseguido más que esperando la motivación (aunque suponga madrugar un poco más cada mañana).

Sobre este tema de los hábitos te contaré más en artículos venideros, porque supone la piedra angular del cambio generado. Y porque las investigaciones sobre hábitos nos han traído recientemente muchas buenas noticias acerca de cómo conseguir nuestras metas.

Espero que esta semana puedas comenzar a planificar tu proyecto de cambio y que estas metodologías te resulten de ayuda. Soy consciente de que me había comprometido a hacer que el cambio fuera divertido, y que los últimos artículos han sido un poco “densos”. A mi planificar me divierte (ejecutar y seguir es lo que me cuesta), me ilusiona y me hace sentir que creo algo positivo, pero esa soy yo, y puede que a ti no te pase lo mismo. Si es así, puede venirte bien compartir el proceso de planificación del proyecto con un apoyo cercano, ponerte retos (esta semana tendré lista mi lluvia de ideas, la semana que viene la lista, etc.) y que esa persona te anime a alcanzarlos.

Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas sobre planificar el cambio. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres hacerlo en privado, utilizando el formulario de contacto.

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¿Cómo planifico mi cambio? (Parte I)

¡Buenos días, cambiadora! ¿Cómo ha ido la semana? ¿Y cómo ha ido tu verano, cambiador?

Después de un largo y necesario descanso estival, dedicado a avanzar en otros proyectos vitales, retomo las publicaciones del blog, esperando que en este tiempo hayas podido reflexionar un poco sobre lo que te he contado hasta ahora, y que te encuentres esperando un nuevo artículo ansiosamente.

En un artículo anterior comencé a contarte cómo generar un cambio deseado y qué herramientas utilizo para ello: Definir objetivos, indicadores de medición y sistemas de seguimiento; construirte la identidad de la persona capaz de cambiar, visualizarte y creértelo. También comenté que el siguiente paso es planificar el cambio: elaborar un plan de acción, que es de lo que comenzaremos a hablar esta semana.

 

 

Planes, planes…

 

Pues bien, ese plan de acción puede tener dos formas diferentes según lo que quieras implantar: si se trata de un proceso de cambio o de un proyecto de cambio.

¿Te parece que es lo mismo? Es habitual que utilicemos ambos términos indistintamente sin detenernos a pensar que hay una diferencia básica:

Diferencia entre proceso y proyecto
Diferencia entre proceso y proyecto

Esto se entiende mejor con ejemplos:

*) Si lo que quieres es cambiar de trabajo, lo tuyo es un proyecto. Es algo que se inicia en el momento en que decides cambiarte, y que se acabará cuando efectivamente te hayas incorporado a un nuevo trabajo. Podrás hacerlo varias veces a lo largo de tu vida, pero cada vez que lo hagas tendrá características únicas, porque buscarás un objetivo diferente en cada nuevo empleo, empresas diferentes y casi seguro utilizarás herramientas diferentes. Los pasos que tienes que hacer son principalmente no repetitivos: analizas cuál te gustaría que fuera tu próximo trabajo, qué te gustaría hacer o que te sientes capacitado para hacer, qué puedes aportar, buscas ofertas que se relacionen con ese trabajo, preparas CV y carta de presentación, etc. Aunque algunas de estas tareas pueden parecer repetitivas, ya que al optar a diferentes ofertas elaboras varias cartas de presentación, lo cierto es que cada carta es única.

*) Si lo que quieres es mantenerte en buena forma física, lo tuyo es un proceso. Lo que necesitas es establecer hábitos recurrentes que te lleven a alcanzar ese objetivo: hacer ejercicio tantas veces a la semana, comer tantas piezas de frutas y vegetales al día, disminuir azúcares y grasas en tu alimentación… Tendemos a pensar, por ejemplo, que si quiero adelgazar tantos kilos eso es un proyecto, porque tiene un inicio y un fin, pero lo cierto es que lo inicias y repites las mismas tareas día tras día, e incluso cuando has alcanzado tu meta, no puedes abandonar esos hábitos del todo, los adaptas para mantenerte en ese peso (disminuyendo un poco el ejercicio, por ejemplo), pero los tienes que seguir practicando indefinidamente.

Te cuento esta diferencia porque según de lo que se trate, las estrategias para conseguir el éxito son distintas, así como el plan a desarrollar.

Cuando hablamos de un proceso, lo que necesitas es determinar los hábitos a fomentar o cambiar, y agendar el tiempo para adquirirlos y “rutinizarlos”. Sobre este tema nos concentraremos en un artículo futuro. Hoy, vamos a enfocarnos en los proyectos.

 

 

Cuando lo que tengo es un proyecto:

 

Para planificar el cambio por proyectos hay varias fórmulas. Yo he utilizado las tres que describo más abajo en un momento u otro; aunque he conocido más y de vez en cuando pruebo otras nuevas, considero que estas son de las más efectivas. Si conoces otras que te han resultado más eficaces, me encantaría conocer tu opinión, y agradecería muchísimo que nos describieras tus fórmulas y resultados obtenidos en la sección de comentarios al final de este artículo.

En cualquier caso, el desarrollo del plan tendrá como resultado final una lista de tareas que tienes que ejecutar, o tu proyecto no se concretará. Resumiendo:

 

Planificar el cambio

 

Para gestionar y refinar la lista de tareas, considero muy recomendable tener en cuenta lo siguiente:

*) Las tareas deben comprender acciones que puedas realizar YA. Si en tu lista no hay ninguna que puedas realizar en este momento, es porque le falta alguna tarea. Es preferible que la lista sea exhaustiva y contenga todo lo que es necesario hacer para cumplir el plan.
     +) Si en mi lista tengo la tarea de ir al mercado, pero no puedo ir porque no tengo dinero en efectivo, tendré que tener una tarea previa de ir al cajero a sacar dinero.

*) Separar las tareas que consideras esenciales (las imprescindibles para que el proyecto avance) de las complementarias (aquellas que pueden mejorar el proyecto, pero que éste no se detiene si no las haces). Éstas pueden convertirse en esenciales en algún momento del proyecto, así que conviene revisarlas periódicamente.
     +) Es esencial que genere contenido y escriba artículos si quiero que este blog funcione, pero su aspecto visual es complementario por ahora. Si más adelante detecto que el aspecto visual está espantando a mis lectores, entonces modificarlo se convertirá en tarea esencial.

*) Dentro de las tareas esenciales, prioriza aquellas que cumplan con la regla de Pareto: las que con el 20% del esfuerzo puedan proporcionarte el 80% del resultado (puedes encontrar más información sobre este tema aquí). Estas serán las primeras tareas a realizar (prioridad 1), el resto de tareas esenciales serán prioridad 2, y las tareas complementarias prioridad 3. Enfócate en ejecutar las tareas prioritarias, y no pases a las siguientes hasta haberlas acabado, como recomienda Warren Buffet.

*) Es conveniente identificar el nivel de energía necesario para hacer una tarea (alto, medio, bajo) y el tiempo estimado de realización, ya que te ayudará a decidir qué tarea es preferible ejecutar en un momento dado, según el tiempo disponible y el nivel de energía que tengas.

*) Necesitas un mecanismo de seguimiento que te permita visualizar si la tarea ha finalizado o está en curso y cuánto tiempo le has dedicado. Yo suelo utilizar hojas de cálculo para gestionar mis listados, porque puedo añadir columnas con estas variables y filtrar lo que quiero ver en un momento dado (por proyecto, por semana, etc.).

*) Es beneficioso bloquear tiempo cada día al inicio del día, para trabajar en las 3 tareas esenciales y prioritarias que más beneficio puedan aportar a tus proyectos (personales o laborales). De esa forma, si ocurren emergencias o interrupciones, habrás trabajado lo más posible en el avance de tus prioridades.

*) Es preferible que las tareas estén redactadas de forma que incluyan la evidencia que las da por finalizadas, el entregable que resulta de las mismas, y que puedan ejecutarse en un tiempo relativamente corto, menos de 2h, por ejemplo.
     +) Podemos caer en la tentación de poner como tarea “Preparar la presentación del proyecto X” y que estimemos una duración de 8h, pero será más gestionable si dividimos esa tarea en otras 6 de 1-2h, como “Preparar el esquema”, “Recopilar los resultados”, ”Escribir el texto”, “Preparar los gráficos”, “Armar la presentación”, “Revisar la presentación”. Cada una de estas tiene un entregable o resultado claro, y al poder hacerse en bloques de tiempo menores, nos resulta más fácil luego encontrar el hueco en la agenda diaria para ejecutarlas.

Como recomendación final, concientizate de que todos los planes requieren revisión y flexibilidad. Las emergencias ocurren, Murphy ataca, las agendas cambian. Ejecuta y haz seguimiento periódico del avance de tu plan, mantente fiel al objetivo final y así podrás permitirte los cambios necesarios sin flagelarte.

 

 

¿Y cómo genero la lista de tareas?

 

Veamos a continuación tres fórmulas que recomiendo para planificar proyectos:

I.- Las hojas de ruta:
Esta fórmula resulta útil para alcanzar objetivos de tipo numérico, yo la he utilizado para mi plan de ahorro. Quien mejor la describe, a mi parecer, es uno de mis mentores favoritos, Matt Theriault, en uno de sus podcasts sobre libertad financiera. La mecánica es sencilla: Al final de una hoja escribe tu meta, por ejemplo, la cantidad de ahorro mensual que quieres alcanzar, supongamos que sea 500 euros. Ese es tu objetivo. En la línea superior a esa, escribe el hito principal inmediatamente anterior a ese, por ejemplo, 400 euros. Sigue repitiendo hasta que tengas 5 hitos principales. Es decir, tu hoja sería algo como esto:

 

Ejemplo hoja ruta
Ejemplo de hoja de ruta

Una vez definidos tus hitos principales, te concentras sólo en el primer hito, y por ahora, te olvidas de los demás. Entonces, la siguiente pregunta es cuáles serían los cinco hitos menores que necesitas conseguir para alcanzar ese hito principal de ahorrar 50 euros al mes. Estos hitos menores ya no serán algo numérico, sino más bien acciones o eventos que producen esos resultados. Por ejemplo, reducir los gastos de servicios, eliminar la compra de revistas, etc.

El siguiente paso sería hacer una lista de pasos fáciles, que se puedan implementar de inmediato, para conseguir esos hitos menores. Por ejemplo, para reducir los gastos en servicios, puedes empezar desde ya a cuidar más el gasto de luz, desenchufando los aparatos que se quedan en standby, o los cargadores ociosos. Tienen que llevarte a una lista de tareas muy sencilla y que puedas empezar a implementar en el momento, y que te permita avanzar un poco cada día.

Y a continuación, enfócate sólo en ejecutar esas tareas, hasta que consigas tu primer hito menor. Y una vez conseguido ese hito menor (reducir gastos de servicios), pues te enfocas en el siguiente (eliminar compra de revistas) repitiendo el proceso (siguiendo el ejemplo, la lista podría empezar por cancelar suscripciones a revistas).

Lo que se consigue con una mecánica tan sencilla es que cosechas éxitos de inmediato y eso te genera movimiento continuo, te coloca en un ciclo constructivo, en el camino a tus objetivos, y te genera autoconfianza. Da igual si los pasitos son pequeños, vas dando varios al día, y eso también te ayuda a construir la identidad de alguien que consigue sus objetivos, que se mueve hacia sus metas.

Cuando has conseguido tu primer hito principal de ahorrar 50 euros al mes, repites el proceso, definiendo 5 hitos menores (acciones) que te lleven a ahorrar 100 euros al mes, y luego la lista de pasos necesaria para alcanzar los hitos menores. Y así sucesivamente.

Puedes fijarte fechas para alcanzar el objetivo final o los hitos intermedios, o no, depende de ti, pero lo fundamental de esta técnica es el movimiento continuo. También es una técnica fácil de aplicar, porque no siempre podemos ver lo que necesitamos hacer para llegar al objetivo final, y puede agobiarnos la magnitud de la tarea, pero suele ser fácil saber lo que tenemos que hacer para alcanzar los hitos menores, y generalmente son acciones que podemos emprender de inmediato o que necesitan un pequeño aprendizaje para arrancar, y eso facilita su ejecución y disminuye el riesgo de parálisis o procrastinación.

 

planificar trabajo Thatcher

 

Bueno cambiadora, cambiador, voy a dejarlo hasta aquí por hoy, porque aún tengo muchas cosas que contarte de este tema y se me va a quedar un artículo muuuy largo. La próxima semana continuaré explicando las otras dos fórmulas que utilizo para planificar proyectos. Entretanto, si has utilizado la hoja de ruta, me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y también tus comentarios respecto a la lista de tareas y tus dudas. Puedes comentar en el espacio habilitado en este artículo, o si prefieres consultar en privado, utilizando el formulario de contacto.

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Cuatro elementos favorables para el cambio

Hola cambiadora, ¿cómo ha ido tu semana? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada comencé a hablar de cómo generar un cambio deseado, hablando de objetivos, indicadores, y de crearte una identidad que te permitiera creerte capaz de cambiar.

Tenía previsto hablarte esta semana del siguiente paso, que es el la elaboración de un plan. Pero antes de eso, me parece importante que hablemos un poco de otro elemento que resultará determinante en tus intenciones de cambio: el entorno.

En particular, quiero hablarte de cuatro elementos favorables para el cambio que considero básicos por las experiencias que explicaré a continuación y que resumo en esta infografía:

4ayudasentorno

 

La importancia de las personas…

Hace ocho años que vivo en la comarca de Pamplona, que es una ciudad de unos trescientos mil habitantes, con una altísima calidad de vida. Suelo ir a caminar varias veces por semana a un paseo fluvial cercano a mi casa, muy concurrido. Es bastante habitual encontrarse a otros adultos haciendo ejercicio, pero también a muchos niños con sus padres en bicicleta o caminando. En ese sentido, Pamplona es una ciudad “sana”. La mayoría de las personas practican deporte o alguna actividad física habitualmente. La ciudad se presta a ello, con abundancia de amplios espacios verdes, aire limpio, y rodeada a su vez por más entornos naturales (montañas, ríos, pantano, Cantábrico y Pirineos a menos de 2 horas).

Recientemente he comenzado a aprender a esquiar, por tres impulsores:

  1. Ahora tengo un cuerpo que me permite hacerlo (hace unos años tuve la oportunidad de hacerlo y no me atreví, no me vi capaz)
  2. Últimamente me obligo a hacer cosas que me den miedo
  3. Coincide que algunos de mis amigos están enseñando a sus retoños a esquiar, así que aprovecho las clases que les dan a ellos y la compañía en las pistas de novatos.

No me avergüenza decir que los niños me superaron rápidamente en habilidad, aunque mi ego sufrió más que mis músculos: al final del primer día eran los niños de 3 a 5 años los que me daban las clases, no sus padres. Pero es normal, los niños aprenden todo con mucha facilidad, y no tienen miedo a caerse y romperse algo. Yo tengo que derivar buena parte de mis energías a enfrentar ese miedo cada vez que comienzo un descenso. Afortunadamente, con cada descenso el miedo va disminuyendo y la confianza aumentando (espero profundizar más en la gestión del miedo en futuros posts).

Este aprendizaje me ha hecho pensar mucho en el ambiente en el que te mueves. Los niños en Pamplona comienzan a esquiar y andar en bicicleta y a subir al monte a edades muy tempranas, porque a sus padres les encanta hacer eso. Porque a su vez llevan haciéndolo toda la vida, y sus amigos y familiares también. La ciudad favorece que se haga deporte y la vida natural, pero además la gente tiene ese hábito muy arraigado. Y es curioso observar que hay pocos niños obesos en Pamplona, y que en general los niños pasan mucho tiempo al aire libre.

Y en esta semana de San Fermines, me maravilla ver cómo desde muy pequeños los niños reciben las enseñanzas de las tradiciones asociadas a las fiestas, se aprenden las canciones de la fiesta en la guardería, bailan con las charangas y corren delante de toros de mentira. Correr el encierro es una actividad que pamplonesas y pamploneses se toman muy en serio, y se entrenan físicamente para ello.

Una de las primeras cosas que me gustó al mudarme aquí era tener el Cantábrico a una hora. Mis amigos aquí son muy activos físicamente y practicaban surf, y entonces con eso yo tampoco me atrevía, no me veía en forma, pero igual iba con ellos, hacía el intento con el bodyboard y me divertía mucho.

Eso de ver que mis amigos podían hacer cosas que yo no podía, o que no me atrevía a probar por miedo a que me fallaran las rodillas, ha sido una de las principales motivaciones para querer adelgazar y ponerme en forma: estoy muy joven para dejar de hacer cosas que me gustaría aprender.

Y ahora que estoy haciéndolas y aprendiéndolas (este verano me he atrevido con el windsurf, ¡y me encanta!), me pregunto muchas veces si habría sido capaz de cambiar físicamente como lo he hecho si no me hubiera mudado a Pamplona. Estoy rodeada por un ambiente muy favorable en espacios y oportunidades para practicar deporte, pero además hay presión de grupo (positiva, sí, pero presión). Cuando tienes un grupo de amigos donde la mayoría practica algún deporte o actividad física de forma habitual durante la semana, va al gimnasio o a la piscina con frecuencia, y que el fin de semana se va a esquiar, o a la montaña o a la playa… ¿Cuándo quedas con tus amigos si no es para hacer deporte como ellos? Y si no haces nada físico, eres el diferente, y eso siempre hace que uno se sienta un poco mal, fuera de grupo.

Lo que a su vez me hace pensar en esta frase de Jim Rohn: 

JimRohn

No estoy segura de que haya una base científica detrás de esta frase, no la he conseguido, y en la web encuentras tanto opiniones a favor  como en contra. Quienes están a favor argumentan la mencionada presión de grupo, la influencia que ejercen las buenas compañías, la capacidad de mimetización del ser humano o que los amigos nos ayudan a reafirmar nuestra identidad como cambiadores. Quienes están en contra, indican que tú decides cómo reaccionar ante el entorno, quién y cómo dejas que te influencien.

En mi experiencia, hay algo de cada cosa. Rodearte de personas que han alcanzado ya lo que tú quieres alcanzar te permite ver que otros ya han llegado allí, y a medida que los conoces mejor, aprendes cómo lo hicieron, y ves que no son muy diferentes a ti, y comienzas a creer que si ellos han podido, tú también podrás.

Esto no significa que tengas que cambiar de amigos si no quieres. Creo que si hay alguien de manera constante en tu vida es porque te aporta algo y tú se lo aportas a esa persona y efectivamente, creo que podemos ser proactivos en limitar cómo dejamos que los demás nos influencien, en quedarnos con lo bueno.

Pero cuando estás iniciando un proyecto de cambio o buscas alcanzar una nueva meta, tendrás que reforzar tu red para añadir personas que ya hayan llegado y que te puedan mentorizar, o con amigos que te inspiren. Puedes buscar un mentor en tu entorno cercano, o puedes empezar a leer o seguir a quienes ya lo han conseguido: éste primer paso es fácil y fundamental. Busca blogs, podcasts, o información en cualquier soporte de las personas que te gustaría imitar, aprende cómo lo han hecho y comienza a ensayar sus métodos, adaptándolos a ti. Si tienes dudas, prueba a enviarles un email. En mi caso, he recurrido principalmente a los mentores virtuales, y éste es uno de los primeros que encontré y que más me ha ayudado, y James Clear es de los que me inspira recientemente por estar muy especializado en cambio de hábitos.

También te será de mucha ayuda buscar un apoyo cercano, alguien con quien puedas compartir tus venturas y desventuras del proceso de cambio, que puede ser un mentor o un amigo que busque una meta similar a la tuya o ese familiar que te apoya incondicionalmente hagas lo que hagas.  Alguien que te haga sentir comprometido con esa persona: “no puedo dejar de trabajar en mi cambio porque le fallaría a mi amiga/mentor/madre/esposo/etc.” Pero sobretodo, que te recuerde que tú eres el responsable de tu meta: el compromiso con esa persona tiene que contribuir a reforzar el que tienes contigo, no sustituirlo.

No quiere decir que no puedas equivocarte o que no tengas caídas: búscate a alguien que pueda entender que el fracaso ocasional es parte del proceso de cambio, pero que lo importante no es las veces que caigas sino las que te vuelvas a levantar. En mi proyecto de adelgazamiento, por ejemplo, mi madre, mi hermano y mi cuñada han sido fundamentales con su apoyo y aguantándome, sin desmerecer a mis familiares, amigos y compañeros que también me han respaldado, y a los profesionales de la salud que me han tratado (¡mil gracias a todos!).

 

… Y del entorno

Además de acompañarte de personas que estén alineadas con tus objetivos, es fundamental rodearte de un entorno que lo refuerce. Si puedes, realiza cursos relacionados con tu meta, te permitirá conocer más gente con objetivos similares a los tuyos y te meterá en el ambiente.

Si quieres ponerte en forma, inscríbete en un gimnasio o en una actividad física que te divierta. Si intentas estudiar algo nuevo, puede ayudarte encontrar una biblioteca agradable que facilite la concentración. Como mínimo, cambia el fondo de escritorio o ponte una postal cerca que te motive, que te recuerde por qué cambias, tu objetivo y que puedes hacerlo. O puedes introducir cambios en tu entorno que ayuden a modificar tus hábitos, como sustituir galletas por frutos secos en los frascos visibles en la encimera de tu mesa, o preparar con antelación y dejar a la vista tu ropa de hacer ejercicio.

En mi caso, me funciona muy bien tener en casa la mayor cantidad de alimentos sanos, naturales y bajos en azúcar, grasas y calorías. Cuando caigo en la tentación de comprar dulces (que pasa) resulta mucho más difícil no comerlos, pero incluso así, suelo guardarlos en lugares no visibles: es más probable que me olvide de ellos y termine evitando la tentación. Y llevo unas zapatillas para caminar siempre en el maletero del coche, para poder aprovechar las oportunidades de pasear con amigos o en sitios agradables que me encuentre.

Por último, trata de pasar algo de tiempo semanal en la naturaleza: Ella nos recuerda que el cambio es la única constante, que la renovación y la evolución son procesos continuos e inexorables. Cuando observamos un río, que siempre se recicla, o el crecimiento de árboles, flores y frutos, el cambio de estación, escuchamos el canto de jóvenes pájaros o el mar que nunca se detiene, todo eso nos relaja, nos reconecta con nuestro cambio y con algo más profundo dentro de nosotros que nos renueva y nos recarga las pilas para la siguiente semana.

playa canarias

 

Y para tí, ¿qué es lo que funciona? ¿Qué te ayuda a cambiar? ¿Cómo te ayuda el entorno?

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¡Sí, quiero cambiar! (o como generas el cambio)

¡Hola cambiadora! ¿Qué tal todo? ¿Cómo estás, cambiador?

La semana pasada te presenté definiciones de gestión del cambio y te proporcioné estrategias para adaptarte al cambio impuesto por otros. Además, comenté que la gestión del cambio incluye definir qué cambio quieres alcanzar (objetivos), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio).

Esta semana comenzaré a profundizar en las herramientas que utilizo para generar un cambio deseado, como cambiar algún hábito perjudicial, o alguna faceta de tu vida (tu trabajo, tu situación financiera, tus relaciones, etc.).

 

Francis Bacon

 

Cuando el cambio lo generas tú, el control está en tu mano. Tú defines el objetivo de tu cambio, qué quieres alcanzar, cuál es el resultado esperado, y cómo vas a medir que efectivamente has alcanzado ese objetivo: qué indicadores utilizarás para medir tu éxito.

Es importante que este objetivo sea significativo para ti, que te motive, que sea algo que tú quieras alcanzar, no que lo hagas por otros, por dos razones:

  1. Si no lo haces porque de verdad tú quieres, la fuerza de voluntad, disciplina, motivación, energía… la gasolina que necesitas para alcanzarlo se te gastará pronto.
  2. La vida es muy corta, el tiempo es el recurso más escaso y limitado, no renovable, y no es plan de malgastarlo haciendo cosas que en realidad no queremos hacer, al menos en el ámbito personal

Igualmente relevante es que el proceso de definir el objetivo, los indicadores y el plan para alcanzarlo lo realices por escrito, para que quede constancia de lo que quieres, que no se te olvide, y que puedas volver y revisar tus notas cuantas veces lo necesites. A mí me funciona además escribir mis objetivos en lugares visibles donde pueda tenerlos siempre presentes (pizarras o notas en las paredes, o en la agenda, o con un recordatorio diario en el móvil).

 

¿Y cómo fijo mis objetivos?

 

Para definir el objetivo a alcanzar, hay gran consenso en recomendar que el objetivo se defina según el acrónimo SMART  en inglés o MARTE en castellano. Hay diferentes versiones de los acrónimos, pero en resumen, significan:

 

  • Medible (Measurable): El objetivo tiene que incluir cómo van a ser medidos los resultados, el indicador que te permitirá comprobar el nivel de cumplimiento.
  • Alcanzable (Attainable), también definido como Realista (Realistic): Que se pueda alcanzar y completar, que no parezca imposible de entrada, para que puedas comprometerte con él.
  • Relevante (Relevant): Que esté alineado con tu estrategia de vida, con la dirección que le quieres dar.
  • Temporal (Time-Sensitive): Que incluya con claridad cuando lo quieres alcanzar. Conviene fijar también cuándo revisarás el avance.
  • Específico (Specific): Debe explicar precisamente lo que hay que lograr y con qué nivel de desempeño, concretos y tangibles y que eviten la ambigüedad.

En otros casos, la R se define por:

  • Retador, ambicioso (Ambitious, challenging): Que entrañe cierto grado de dificultad para que te resulte motivador y suponga un estímulo para tu superación.
  • Orientado a Resultados: Que defina los resultados que quieres alcanzar y no las tareas que tienes que realizar.

 

En mi experiencia, lo que necesitas es que sea específico, concreto, que esté bien definido; que sea medible, para que puedas saber si efectivamente lo has alcanzado, y que sea relevante, por aquello de que la vida  es corta. Lo demás, considero que depende del tipo de objetivo y de tu momento vital.

Por ejemplo, si tu objetivo es estudiar un master y graduarte de él, pues tendrás que acotarlo en el tiempo, porque tendrás que acabar los trabajos relativos al mismo en el tiempo en que dura el curso. Pero si hablamos de adelgazar, definir un plazo puede ser más difícil, porque cada cuerpo es diferente, y reacciona de forma diferente en el tiempo: es un objetivo en el que tú no controlas todas las variables para su consecución. Por mucho que te pongas como objetivo bajar 4 kilos en un mes, porque en el pasado has sido capaz de hacerlo, puede que esta vez ocurra o que no. Es mejor fijarse como objetivo el implantar los hábitos que te lleven a ese resultado, y de esto hablaremos dentro de unos párrafos.

Si el objetivo debe ser ambicioso o realista, depende de tu estado emocional y tu confianza en ti respecto a alcanzar el objetivo en el momento de planteártelo. Supongamos que eres una persona con mucha voluntad para el ejercicio: sabes que si te propones salir a correr todos los días, lo vas a conseguir, así que ponerte el ambicioso objetivo de correr a diario no será un problema para ti. Pero si te consideras incapaz de dejar de fumar, ponerte el objetivo de dejarlo mañana no te conducirá muy lejos. Lo mismo puede pasar si te pones objetivos muy ambiciosos en momentos en los que estás más bien bajo de moral.

 

Cree en tí, trabaja y revisa

 

Para cambiar, tienes que construirte la identidad de una persona capaz de hacerlo, creerte que puedes conseguir el resultado deseado, y eso se hace mediante lograr pasos pequeños. Para empezar a creer que puedes dejar de fumar, empieza por el objetivo de aplazar el siguiente cigarro por 10 minutos. Sólo eso,  ser capaz de esperar un poco. Eventualmente, cuando hayas logrado varias veces ese objetivo, podrás proponerte disminuir los cigarros que fumas al día, y llegará el momento en que seas capaz de dejar de fumar.

Una forma de saber si el objetivo es o no demasiado ambicioso, es intentar visualizarlo, verte a ti consiguiéndolo. Si hay una parte dentro de ti que ante la visualización se parte de la risa y te dice “ni de broma lo consigues”, lo primero que necesitas es convencer a esa parte de ti, y para ello necesitas pequeñas victorias. Empieza por fijarte objetivos menos ambiciosos, aquellos que sí seas capaz de visualizar, y construir la confianza en tu capacidad de lograrlo.

En todo caso, depende de lo que funciona para ti. A mí me resulta útil ponerme plazos incluso en aquellos objetivos en los que no tengo garantía de controlar el resultado, y fijar objetivos ambiciosos, porque me ayudan a acercarme más rápido a la meta. Pero tengo cuidado al analizar los resultados de no flagelarme por no conseguir el objetivo en el tiempo deseado, si yo he hecho todo lo que estaba en mi mano y no podía controlar el resultado final. Si fracaso, es un punto de información, es un aprendizaje sobre lo que no funciona, pero no dejo que ese fracaso destruya mi identidad de persona capaz de lograr cosas.

Eso sí, tampoco vale que si nunca cumples tus objetivos, lo achaques siempre a que te pusiste plazos muy cortos o que eran muy ambiciosos. Si es así, es que no estás haciendo bien el proceso de fijación de objetivos, o el análisis de por qué no los alcanzas, y eso es lo primero que tienes que revisar. Tienes que ser una persona muy honesta contigo en todo este proceso, el autoengaño no te ayudará a llegar a donde quieres ir.

Es necesario ir revisando lo que funciona para ti, trabajar todo el cambio de forma continua, e iterativa. Cualquier proceso de cambio requiere supervisión constante y una buena dosis de ensayo y error. Si no lo haces, es como cuando pones el GPS en el coche y no le haces caso a sus instrucciones, te pierdes igual.

¿Te parece un absurdo? Lo es, pero a mí me pasa constantemente, no respondo bien a que un aparato me dé órdenes, y mi GPS vive “recalculando”. Ocurre mucho que, aunque sepamos que debemos hacer algo, por diferentes razones no lo hacemos. Si tienes un método de control y seguimiento, un objetivo bien definido y buenos indicadores para medirte, es más probable que termines haciendo lo que tienes que hacer. Si el GPS se pone muy pesado, al final le termino haciendo caso.

Otra recomendación para definir un objetivo es escribirlo en positivo, no en negativo. Enfocarte en lo que quieres conseguir, no en lo que quieres evitar. Por ejemplo, es mejor definir el objetivo en términos de adelgazar o mejorar los hábitos alimenticios que en términos de perder peso.

A la hora de escribirlo, conviene también utilizar verbos que denoten acción (mejorar, conseguir, aumentar, implementar) e incluir el objeto (lo que quieres conseguir) y el indicador a medir. El indicador tiene que reflejar la medida en que has alcanzado el objetivo pero preferentemente en términos de lo que tú sí puedes controlar.

Volvamos al ejemplo de adelgazar 4 kilos en un mes. El indicador de medida del éxito serían los kilogramos adelgazados, pero ya hemos dicho que el peso es un número veleidoso, que no siempre está bajo nuestro control (porque un día retienes más líquidos, por ejemplo). Sin embargo, lo que tú si puedes controlar, es la cantidad de calorías que ingieres y quemas en un día. Así que tu objetivo puede ser “quemar a diario X calorías más de las que consumo”, y eso es algo que tú si puedes controlar: midiendo cuántas calorías quemas con el ejercicio, cuántas ingieres en tus comidas, y adaptando la cantidad de comida y ejercicio en consecuencia. Eso sí está sobre tu control, y eventualmente te llevará a conseguir el resultado que quieres, antes o después. Además, está escrito en positivo, con un verbo de acción, y con un indicador de revisión diaria.

Una vez que sabes lo que quieres conseguir y cómo medirlo, tienes que preguntarte cómo vas a conseguirlo. Analiza qué cosas necesitarás para conseguirlo, sea en términos de conocimiento, recursos económicos o personales, ayuda, herramientas, etc. ¿Qué es lo que ya tienes? ¿Qué es lo que te falta y cómo puedes conseguirlo? Con esto toca elaborar un plan de acción. Pero sobre esto hablaremos en detalle en el siguiente post.

Angelou

 

Espero que esta semana puedas pensar un poco en los objetivos e indicadores que necesitas para tu cambio. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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Cambiar… ¡pero si yo no quiero! (o cómo gestionar el cambio)

Cambio acelerado

¡Hola cambiadora! ¿Cómo estás, cambiador? ¡Bienvenidos a mi blog!

Para empezar con esta andadura, me gustaría dedicar este primer post a darte algunas recomendaciones que a mí me han funcionado sobre cómo adaptarse al cambio.

Comencemos por definir qué es el cambio. La RAE define el cambio como la acción y efecto de cambiar, que es dejar una cosa o situación para tomar otra, o modificarse la apariencia, condición o comportamiento.

Es decir, cuando cambiamos, dejamos algo que ya tenemos (cosa, situación, comportamiento) por algo que no tenemos y en ocasiones ni conocemos: pasamos de un punto que dominamos a otro lleno de incertidumbre. Y esto puede ocurrir porque lo queremos nosotros o porque nos lo imponen.

Este segundo caso, en el mundo actual, suele ser el más frecuente, y por lo general, no nos gusta mucho, y la respuesta que tenemos ante él puede ir del simple fastidio al verdadero horror, dependiendo de si el cambio que nos imponen es muy leve (como retrasos en el horario de los autobuses o la desaparición de tu marca favorita de champú), medio (como que tu equipo favorito baje a segunda división) o de mayor envergadura (como despidos o enfermedades repentinas).

Si, por el contrario, eres tú quien quiere el cambio, lo más probable es que te genere emociones positivas, a pesar de la incertidumbre: lo buscas con entusiasmo, optimismo y ganas, y puede que tengas algo de miedo a lo desconocido, pero te generará más bien mariposas en el estómago, como cuando te enamoras (o al menos así me pasa a mí).

En este post hablaré principalmente sobre el cambio impuesto, y en un post futuro entraré en más detalle en el cambio generado, ese que buscas tú.

Porque el caso es que, nos guste o no, el mundo en el que vivimos está empeñado en someternos a cambios, día sí y día también, y cada vez a más velocidad.

 

¿Y qué es gestión del cambio?

 

Pues algo que nos puede ayudar a enfrentarnos a ese cambio impuesto. Especificar qué es gestión del cambio es tarea poco sencilla, porque existen variedad de definiciones asociadas principalmente a la gestión del cambio organizacional. Pero en este post quiero enfocarme en el cambio personal: estoy convencida de que la única forma de cambiar organizaciones y sociedades es a través del cambio individual, y que sólo podremos evolucionar como sociedad si mejoramos como individuos.

Así que, si nos orientamos a lo personal, en mi opinión, la definición que más se ajusta es la propuesta por la Case Western Reserve University, que yo traduciría como: Una aproximación sistemática para lidiar con el cambio, tanto desde la perspectiva de una organización como a nivel individual… dirigiendo proactivamente la adaptación al cambio, el control del cambio, y la generación del cambio

Me gusta además la definición de la wikipedia de “Change Management”, que traducido expresa que la gestión del cambio es un acercamiento a la transición de individuos, equipos y organizaciones a un estado futuro deseado. Ese artículo también nos habla de un cambio que debe ser estructurado y en el cual hay cuatro factores que deben considerarse:

  • Niveles, metas y estrategias
  • Sistemas de medida
  • Secuencias de pasos
  • Implementación y cambio organizacional

Es decir, que la gestión del cambio, aunque sea a nivel personal, incluye definir qué cambio quieres alcanzar (metas), cómo lo vas a alcanzar (plan), cómo vas a medir el éxito (sistema de medida, o indicadores) y la ejecución del plan (implementación del cambio)

¿Y cómo nos ayuda esto? De entrada, nos permite saber que el cambio se puede gestionar, orientar positivamente, y de forma sistemática. Que hay mecanismos que podremos utilizar, y que iremos estudiando en este blog.

 

¡Horror, que me cambian!

 

Si eres como la mayoría de los humanos, lo más habitual es que un cambio impuesto te genere algo (o mucho) de miedo. Pilar Jericó, en su libro “No miedo: En la empresa y en la vida”, nos explica que todos sufrimos el miedo al cambio porque nuestra capacidad de asimilar la transformación es limitada, y porque amenaza nuestra necesidad de control, y la seguridad que nos dan nuestros hábitos actuales, nuestras costumbres.

Entonces, es bastante normal que nuestras primeras respuestas ante el cambio impuesto sean la negación, incredulidad, frustración, enfado o ira. Esto es lo que nos ocurre según el modelo de transición de Bridges (que podemos encontrar resumido aquí) cuando nos topamos con el cambio y tenemos que dejar ir nuestra actual zona de confort, despedirnos de lo conocido.

Bridges indica que, mientras el cambio es algo que nos imponen, la transición es algo interno, es lo que ocurre en nuestra mente a medida que atravesamos el cambio. Aunque el cambio pase rápido, la transición puede ser más lenta, y el modelo presenta tres fases de transición: el final, la zona neutra y el nuevo inicio.

En la etapa del final, tenemos que aceptar que algo acaba (el status quo) antes de poder aceptar el inicio de algo nuevo. A medida que avanzamos en el cambio hacia la zona neutra, los sentimientos dominantes pasan a ser resentimiento, escepticismo, ansiedad y baja moral. Cuando llegamos finalmente al nuevo inicio, ya hemos comenzado a aceptar el cambio, comenzamos a ver que podemos adaptarnos a él, nuestra energía comienza a aumentar y estamos dispuestos a aprender.

Así que ya sabes que es normal que tengas miedo cuando te imponen un cambio, y que necesites tiempo para adaptarte y despedirte, pero que puedes llegar a un punto en el que te adaptes a él. ¿Y cómo?

Un cambio impuesto se parece muchísimo a un riesgo, en cuanto a que es algo que es incierto y que cuando ocurre, nos altera nuestros planes. Y en mi opinión, las estrategias de respuesta a los riesgos pueden extrapolarse al cambio impuesto: transferir, evitar, mitigar o aceptar. Es decir:

  • Puedes transferir el cambio, que lo asuma otro, por ejemplo al subcontratar o delegar parte de tu cambio, como cuando contratas a un eventual para sustituir una baja en tu equipo
  • O puedes evitar el cambio, si es posible. Por ejemplo, si hablamos de que hay un cambio macroeconómico o político en un país, puedes evitar ese cambio dejando ese país, aunque esa decisión supone que generas un cambio para ti, que tienes que gestionar un cambio generado, de lo que hablaremos en otro post (esto ha sido lo que nos ha pasado a muchos de los que emigramos)
  • Puedes mitigar el cambio, tratar de reducir su impacto, por ejemplo, si sospechas que en tu empresa puede haber despidos en el corto plazo, y comienzas a ahorrar y a buscar otro empleo.
  • O puedes aceptar el cambio. No es fácil, pero muchas veces no te queda otro remedio, y otras es lo más efectivo: es más rápido asumir y aceptar el cambio que intentar mitigarlo, evitarlo o transferirlo. Y por otro lado, en mi opinión, adquirir el hábito de adaptarse al cambio es una de las capacidades más potentes que una persona puede desarrollar en el mundo actual.

En mi experiencia, cuando nos encontramos ante un cambio impuesto, lo mejor que podemos hacer es acelerar nuestra transición en la medida de lo posible para llegar al nuevo inicio lo antes que podamos, para aceptar rápidamente la nueva situación. A mí me funciona concederme unos días para sentirme algo mal por la nueva situación, pero no muchos, y a partir de entonces, asumirlo, informarme en lo posible sobre el cambio y cómo puedo facilitarlo y enfocarme en las ventajas que me va a traer, que siempre hay. Adopto una actitud proactiva y positiva y procuro encontrar puntos de unión entre ese cambio y mi misión a largo plazo.

Pilar Jericó también nos recomienda para enfrentarnos al miedo al cambio:

  • Aumentar la seguridad en ti
  • Tener una misión o vocación más elevada que tu persona, que te de la energía para superar ese miedo, anclarte a esa misión para inmunizarte ante él
  • Utilizar el sentido del humor y riéndote de ese miedo

Como ejemplo, te cuento que a lo largo de mi vida laboral he cambiado y me han cambiado varias veces de jefe. He reaccionado de forma diferente a ese cambio según la ocasión, alguna vez lo evité dejando el trabajo, y en alguna otra ocasión he buscado otro trabajo aunque luego no me cambiara. Pero cuando mejor me ha ido ha sido cuando he aceptado sin reparos y rápidamente la nueva situación, me gustara o  no, por entender que era la alternativa más viable o efectiva. Cuando ves eso claro, lo mejor es acelerar la adaptación al cambio buscando las ventajas que te aportará. En mi caso, comprendí hace tiempo que podía aprender mucho de nuevos jefes, como profesionales y como personas, y enfocarme en ese aprendizaje ha permitido que la curva de adaptación al cambio no fuera tan dolorosa como podía haber sido si me hubiese resistido. No ha sido fácil, y en algunos momentos ha supuesto echar mano a grandes dosis de paciencia, pero cada uno de mis jefes me ha enseñado como ser una jefa mejor (o eso espero).

La mejor herramienta que he encontrado para ayudar a adaptarse al cambio, es el libro “¿Quién se ha llevado mi queso?”. Es un libro fácil de leer que describe de forma sencilla pero efectiva las ventajas de adaptarse rápidamente al cambio. Lo he leído más de una vez y si estás inmerso en un proceso de cambio que no has buscado tú, te lo recomiendo ampliamente. Nos enseña que para adaptarnos al cambio, usualmente tenemos que cambiar también nuestras creencias, que si no cambiamos nos extinguimos y que podemos disfrutar mientras nos adaptamos al cambio.

 

¿Disfrutar, con la que está cayendo?

 

Sí, lo sé, disfrutar es en lo último que puedes pensar cuando te ocurre algo gordo. Depende mucho del cambio al que te enfrentes, porque no es nada fácil pasarlo bien ante una enfermedad inesperada. Pero para muchos cambios indeseados menos dramáticos, adoptar una actitud optimista y proactiva puede ayudarte a acelerar la adaptación a la nueva situación.

 

No te quejes

 

Desde que empezó la crisis, una de las frases que más escuchamos es “Es lo que hay”. Desafortunadamente, he llegado a decirla también. No me gusta mucho, es algo engañosa, cruza una delgada línea entre la aceptación y la resignación. No te convierte en un agente proactivo del cambio sino pasivo, sumiso. La idea de adaptarse y disfrutar es que reflexiones y te des cuenta de que puedes tomar parte activa en el cambio, volcarlo a tu favor, sacarle algo de provecho, aprender de él, entusiasmarte y emocionarte con algo nuevo. Eso también te ayudará a vencer ese miedo al cambio.

Si alguien nos ha enseñado que podemos elegir cómo actuar ante el cambio es Viktor Frankl. En su libro “El hombre en busca de sentido” nos explica que la libertad de elegir nuestra actitud personal ante las circunstancias es la última de las libertades humanas, que no se nos puede arrebatar. Y que si nos enfocamos en lo que la vida espera de nosotros (nuestra misión), podremos superar mejor las adversidades.

Esto resulta especialmente útil en esos momentos de transición en los que sabes que algo va a cambiar, pero no sabes aún cómo, y no tienes forma de conseguir la información. Por ejemplo, cuando sabes que hay un cambio organizacional en ciernes en tu empresa, y no sabes qué forma tomará, ni si te afectará, ni lo sabrás en varios meses porque habrá negociaciones, etc. En ese tiempo, puedes desesperarte, caer en las garras de la rumorología o víctima del pesimismo y el cinismo; o puedes tomar el control, hacer algo para paliar los potenciales efectos secundarios (como buscar otro empleo), o simplemente entretenerte con otra cosa (como realizar un curso para potenciar una habilidad nueva o un hobbie). Lo importante es que te des cuenta de que tienes opciones, porque tú puedes elegir cómo comportarte ante lo que te pasa.

Para terminar en esta línea, te recomiendo un vídeo con una reflexión del Dr. Mario Alonso Puig sobre nuestra responsabilidad en nuestra felicidad.

 

Resumiendo:

Aceptar el cambio

 

Y con esto me despido por hoy, espero que este post pueda ayudarte a adaptarte mejor a los cambios impuestos. Me gustaría conocer tu opinión y experiencias, y despejar tus dudas.

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