El microondas de la vida

por Eli Giraut
El microondas de la vida

Holden was starting to feel like they were all monkeys playing with a microwave. Push a button, a light comes on inside, so it’s a light. Push a different button and stick your hand inside, it burns you, so it’s a weapon. Learn to open and close the door, it’s a place to hide things. Never grasping what it actually did, and maybe not even having the framework necessary to figure it out. No monkey ever reheated a frozen burrito. So here the monkeys were, poking the shiny box and making guesses about what it did.”

Del libro “Abaddon’s Gate” (La puerta de Abadón), de la serie “The Expanse”, de , James S. A. Corey

 

Mi traducción: 

 

“Holden estaba empezando a sentir como si ellos todos fueran monos jugando con un microondas. Pulsa un botón, una luz se enciende dentro, así que es una lámpara. Pulsa un botón diferente y deja tu mano dentro, te quema, así que es un arma. Aprende a abrir y cerrar la puerta, es un lugar para ocultar cosas. Sin comprender realmente lo que eso ha hecho, y quizás sin tener siquiera el marco de referencia necesario para entenderlo. Ningún mono ha recalentado jamás un burrito congelado. Así que aquí estaban los monos, hurgando la caja brillante y adivinando qué hace”

Tanto la serie “The Expanse” como los libros que la inspiran son muy interesantes y con varias capas de contenido profundo, en mi opinión. La analogía contenida en este párrafo se refería a tecnología alienígena, allende al sistema solar. Pero me ha resonado porque creo que, en cierto sentido, se aplica muy bien a lo que los humanos hacemos con la vida y con nuestro cuerpo.

 

No tenemos ni idea de nada, pero sacamos conclusiones a partir de pocos hechos, o de creencias, o de palabras de otros, o de cultura popular, y nos las creemos a pies juntillas, y buscamos experiencias que nos confirmen lo que sabemos (o creemos que sabemos), en lugar de buscar experiencias que nos demuestren permanentemente lo poco que sabemos, porque esa incertidumbre no le gusta a nuestro cerebro.

 

¿Cómo podemos saber qué es la vida, para qué sirve, qué hacer con la que tenemos? 

 

Hoy en una charla TED he escuchado que la probabilidad de haber nacido cualquiera de nuestra generación, teniendo en cuenta todo lo que ha ocurrido antes de nuestro nacimiento, guerras, catástrofes, etc., es de 1 en cuatrocientos billones (sí, un 4 con 11 ceros a la derecha). Así que ni idea de cuál es la respuesta a la pregunta anterior, pero parece que la vida es algo realmente especial, a juzgar por la estadística. 

 

Y sin embargo, muchas veces la dejamos pasar sin vivirla, sin sentirla, pensando que la vivimos, mientras que solo vivimos una proyección de la mente permanentemente. 

 

En este momento de mi vida, creo que vivir es sentir. Mejor dicho, desde mi autorreferencia, siento que vivir es sentir. 

 

Sentir la hierba o la tierra húmeda bajos mis pies. Sentir el nudo en mi garganta, el peso bajo mis pulmones, el dolor de cabeza, o en el hombro. Sentir el olor del cabello de una bebé o el cálido abrazo de una niña. Sentir la risa. Sentir el sabor de un plato nuevo. Sentir el ritmo de la música. Sentir el miedo ante una caída, paralizando el corazón. 

 

Sin cuestionarme para qué sirve “el microondas” que es mi vida. Si me toca “descongelar un burrito” en esta vida, bienvenido sea. 

 

Y para ti, desde tu autorreferencia, ¿qué es la vida? ¿La estás viviendo?

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