Aceptación y gratitud

por Eli Giraut
Aceptación y gratitud

Un aspecto básico de liberarnos de condicionamientos es aceptar y agradecer.

La sociedad en la que vivimos nos enseña que las cosas deben ser de una determinada manera para considerarnos personas de éxito, y que debemos esforzarnos por conseguir eso para ser aceptadas y amadas. Cada sociedad es diferente y pueden haber matices, pero hay cierto consenso en cada una sobre cómo debe comportarse una persona aceptada por la sociedad, qué apariencia debe tener, qué cosas debe poseer, qué relaciones debe formar.

 

La mayoría entramos a la vida transitando ese camino. Algunas personas, a medida que crecemos, podemos comenzar a vibrar en una frecuencia diferente. Puede que nos hayamos esforzado por pertenecer, y que hayamos conseguido cierto éxito, pero en un momento dado, ese éxito se antoja vacío. No nos llena, y nos preguntamos “¿esto es todo?”. Entonces, no nos conformamos sólo con lo que la sociedad nos dice y comenzamos a buscar otro tipo de respuestas;, en algunos casos, recordando incluso que en nuestra adolescencia o juventud también nos había interesado esa información, y al ir adaptándonos a las exigencias de la vida adulta, la habíamos dejado de lado.  

 

Empezamos a encontrar libros aquí, personas allá, cursos por otro lado, y todo ello resuena con una parte profunda de nosotras que desconocíamos o a la que ignorábamos. Y nos damos cuenta de que nos han dicho cómo comportarnos, qué tener, qué hacer, pero no lo que somos ni lo que podemos llegar a ser. Y comenzamos a vernos, observarnos, autoconocernos, tomamos consciencia de nuestros condicionamientos, y nos proponemos ser una nueva versión de nosotras mismas, más evolucionada, más auténtica y genuina, más autorreferente, que no busca la aprobación externa, sólo quererse a sí misma, conectar con la fuente de amor puro e incondicional que es.

 

Y ahí empieza el lío. Porque nuestro cuerpo, nuestra biología, está habituada a otra cosa. Tanto, que se ha vuelto adicta a las reacciones químicas que la aprobación externa producen en el cuerpo, a las emociones que esa química produce. Es más, se ha acostumbrado a obtener energía de ahí, a alimentarse de las interacciones con el exterior. Así que ahora vete y dile a esa biología que no, que no va a recibir más “emociones químicas”, que no importa lo que digan los demás, que no necesitáis eso para ser felices. Y la biología te manda al cuerno, y sigue buscando la forma de obtener esa química.

 

Así que te va a llevar un tiempo en convencer a esa biología de que no pasa nada si no corres, si no llegas, si no eres tan buena como crees que tienes que ser, si dices que “no” de cuando en cuando, si te priorizas, si antepones tus rutinas de cuidado personal a atender las necesidades de otros, si desatiendes las redes sociales, si dejas de ver las noticias. Exceptuando el caso de bebés o de personas muy dependientes, la mayoría de las veces anteponemos lo que otros nos piden de manera casi inconsciente, aceptando reuniones cuando no nos convienen, quedando cuando no nos apetece, viendo la TV por inercia, dando un “like” a un amigo aunque su foto no nos guste, recogiendo los juguetes de los niños que ya son lo suficiente mayores para recogerlos solos, todo para evitar un conflicto, una mala cara, para que nos sigan aceptando y queriendo.

 

Para convencer a esa biología de que no necesitas aprobación externa, es fundamental que te apruebes a ti misma. Que te aceptes exactamente tal y como eres en este momento, seas como seas, con el cuerpo que tengas, las conductas que tengas, los pensamientos y emociones que tengas, la realidad que tengas, todos tus “defectos y virtudes” (según quien los juzgue). Que aceptes que “esta soy yo en mi actual versión y esta es mi realidad”. Que comprendas que esta realidad la has creado tu desde esos condicionamientos, esos pensamientos, esas emociones y esas conductas del pasado que ya no te sirven, pero que en su momento fueron muy útiles, y que han contribuido a tu versión actual. Comprenderte es perdonarte, es asumir responsabilidad sin culparte, entendiéndote sin flagelarte. No tenías otro conocimiento, no podías crear otra cosa. Y comenzar a agradecer absolutamente todo lo que hay en tu existencia, porque todo está ahí por algo y para algo. Si existe en tu realidad es porque te aporta algún beneficio, aunque no siempre sepas ver cuál.

 

Es un reto que no se consigue de un día para otro, al contrario, lleva su tiempo. Tratarnos con cariño, hablarnos con amabilidad, dejar de regañarnos mentalmente, aceptar todos los defectos de nuestro cuerpo y de todo lo que nos rodea, quitar el foco de ahí y ponerlo en lo que favorece, en el beneficio, es crear hábitos nuevos. Es como cuando tu cuerpo es grueso y dejas de usar rayas horizontales y te pones rayas verticales para verte más delgada y vistes los colores que te favorecen y destacas otros puntos de tu belleza. Pues lo mismo, por dentro. Es ponerle rayas verticales a tus pensamientos, y ver todo con los colores que favorecen. Y no se trata de negar la realidad, la ves completa, pero no estás todo el día enfocada en el defecto, sino que te enfocas en el beneficio, y lo agradeces una y otra vez.

 

¿Para qué? Para que cambies tu vibración, tu frecuencia, que viene determinada por tus pensamientos, y es la que determina los resultados en tu vida. Y si sigues pensando como ayer, con culpa, con juicios y regaños interno, con foco en los defectos, eso será lo que persista en tu vida, esa será la frecuencia vibratoria dominante, tu cuerpo seguirá adicto a esa química, y seguirás repitiendo los mismos resultados.

 

Sin embargo, si comienzas el día agradeciendo por todo lo que hay en tu vida, por el cuerpo que tienes que te permite vivirla, por todas las personas que te brindan experiencias para tu expansión, por todo lo que se te ocurra, aunque aún no le veas beneficio, con empeño en sentir esa gratitud, poco a poco tu biología entenderá que puede obtener energía de esa sensación, de ese estado, e irá superando poco a poco sus antiguas adicciones. Y si repites esto varias veces a lo largo del día, y mantienes tu diálogo interior amable y amoroso contigo misma (y firme cuando sea necesario, como a una niña pequeña), cada vez te será más fácil crear hábitos que te fortalezcan y mantenerlos.

 

Tres cosas que me ayudan en ese proceso (sí, mi cuerpo aún tiene residuos de adicción, pero también nuevos circuitos neuronales de autorreferencia):

  1. Cada vez que viene el juicio a decirme lo mal que lo estoy haciendo, enfocarme en lo bien que lo estoy haciendo, en lo mucho que he avanzado, en el beneficio que estoy aportando con mi expansión.
  2. Conectarme interiormente con una flor, sentirme como si fuera una flor, que no hace nada, que confía totalmente en la vida para que le lleve el agua y la luz que necesita para sobrevivir, y los animales para reproducirse. Que sólo tiene que SER y dejar que la vida fluya por ella. Eso me ayuda a soltar toda la tensión que estoy sintiendo y a conectarme con esa confianza, sin pretender controlar ningún resultado.
  3. Cuando vienen emociones de contracción o de euforia, de esas “emociones químicas”, las llevo a algún músculo para que se disipen allí. Hago respiraciones de pilates y las llevo al abdomen, o hago sentadillas y las llevo a los muslos, o simplemente aprieto los puños, lo que sea para decirle al cuerpo que esa energía no es para quedársela, que eso nos intoxica, que es para entregarla o darle otro uso. En ocasiones puedo usarla para escribir u ordenar la casa. El caso es no engancharse a ella, verla, comprenderla, dejarla ir, y a otra cosa.

 

Recuerda: Sólo tienes que ser tal y como eres, porque es la experiencia que la consciencia quiere vivir en ti. Cada quien es único para ese fin, para que la consciencia pueda experimentar infinitas posibilidades. Así que todo es perfecto, todo tiene que ocurrir, y cada quien tiene que ser como es. No estamos para cambiar a nadie, ni siquiera se trata de cambiar nosotras mismas porque tengamos algún defecto, porque queramos negar alguna parte de nosotras. Se trata de experimentar versiones nuevas de nosotras mismas para expandir más la consciencia que somos, aceptando todo a cada paso, dando gracias por todo a cada instante, enfocándonos en todos los beneficios del ahora.

 

Sólo tienes que SER y estar presente en la vida, aceptar y agradecer, para empezar a transformar tu realidad

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4 comentarios

Nerea 7 marzo, 2019 - 09:53

Gracias, gracias, gracias.

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Eli Giraut 10 marzo, 2019 - 22:19

¡A ti, bella Nerea! Un fuerte abrazo

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Lucía 26 marzo, 2019 - 10:57

Claro, directo, profundo… Viene muy bien recordarlo y que lo expliques con pasos y a tu manera, cómo solo tú sabes para que tod@s lo entendamos. Otr@s por supuesto será la primera vez que lean sobre el tema y les despiertas la curiosidad. 🙂
Una cosa que con tu permiso diría… Lo de apretar los puños entiendo que es momentáneo, luego los abres para que fluya, porque la idea es soltar… Sin más me ha chocado que es el único caso en que no explicas cómo lo liberas (abdomen-respiración, piernas-sentadillas, puños-¿?).
Gracias infinitas, me encanta como escribes, se entiende tan bien!! Sigue haciéndolo por favor.
Un abrazo!!!

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Eli Giraut 27 marzo, 2019 - 09:09

¡Gracias por tu comentario y tus palabras, querida Lucía! Sí, la idea es que llevas la emoción al músculo de tu preferencia, según la situación, y los contrates hasta que sientes la emoción disiparse, y luego sueltas. En ocasiones hace falta repetir varias veces. Por ejemplo, si le enfado viene por ir conduciendo y que un vehículo se atraviese de forma imprudente, en lugar de gritarle y proyectar ese enfado, apretar el volante con los puños y soltar repetidas veces hasta que se disipa la emoción. El caso es enseñar algo nuevo al cuerpo, otra forma de gestionarla y que no se la quede. Si estoy en una reunión funciona mejor el abdomen, y así. Cada quien tiene que buscar su fórmula, con el objeto de no engancharse a la emoción.
¡Espero que todo vaya fenomenal, y un fuerte abrazo!

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