Bradley y la expansión de la conciencia

por Eli Giraut
Bradley y la expansión de la conciencia

¡Buen día! ¿Cómo inicias esta semana?

 

Hoy te traigo una reflexión con título sugerente. No, no me refiero al guapetón de Bradley Cooper. Me refiero a la curva de Bradley de Dupont, relacionada con la prevención de accidentes laborales. Si quieres conocer más sobre la curva y su significado, te recomiendo este artículo, que en mi opinión, lo explica muy bien.

 

He tenido esta semana una formación muy interesante sobre prevención de accidentes laborales, y también personales, ya que no tiene sentido separar nuestra actuación al respecto en diferentes ámbitos. La conciencia que tenemos es la misma en cualquier ámbito en que nos desenvolvemos, y si en el trabajo actuamos de una forma porque nos imponen una norma, pero en casa hacemos lo contrario, es que realmente no hemos adquirido conciencia sobre lo que nos jugamos.

 

Por ejemplo, si cuando conduzco el vehículo de empresa respeto los límites de velocidad y no toco el móvil, pero cuando voy en mi vehículo particular me salto esas normas, es que realmente no me doy cuenta de que esas reglas son para mi seguridad, para salvar mi vida. Quiere decir que no he adquirido madurez y conciencia sobre la importancia de cuidar mi cuerpo como recurso para todo lo que quiero hacer en esta vida.

 

Hay una frase que circula mucho por internet, y cuya autoría no es clara (la he visto atribuida al menos a tres personas diferentes), y que me encanta: “Integridad es hacer lo correcto cuando nadie te está mirando”. Para mi, aplica eso y además:

 

Madurez es hacer lo que sabes que es lo mejor para el todo, sin importar lo que tu ego o los demás opinen (Eli Giraut)

 

En la mencionada formación, se buscaba que adquiriéramos conciencia sobre los actos inseguros y condiciones inseguras que se dan en nuestro trabajo y en nuestras vidas cada día. Que son muchos más de los que solemos darnos cuenta. ¿Cuántas veces bajamos por las escaleras sin apoyarnos en las barandillas y además, cargando cosas en las manos? Pues si nos resbalamos en esas condiciones, no tendremos forma de parar un buen golpe. Así que ahora trato de sujetarme a la barandilla o a la pared en caso que no la haya, y si no lo hago, voy con conciencia de mis actos y del incremento del riesgo al hacerlo.

 

La clave aquí es el incremento de la conciencia sobre el riesgo. Volviendo a la gráfica de Bradley, ésta expresa que el número de los accidentes con lesiones disminuyen a medida que se fomenta la cultura preventiva en la empresa: a medida que dejamos de participar en la prevención de forma reactiva, sin asumir responsabilidad, y vamos evolucionando desde hacerlo porque nos lo ordenan, de forma dependiente, hasta que empezamos a hacerlo con conciencia de forma independiente, al ir asumiendo nuestra responsabilidad y tomando conciencia del riesgo. En la fase final, nuestro nivel de conciencia es tal que no sólo nos protegemos a nosotros sino que lideramos activamente el cambio en otros, pasando a una fase interdependiente, en que el objetivo de cero lesiones se ve como posible, en el que nos ocupamos de la seguridad de los demás tanto como de la nuestra.

Una parte importante de este proceso de fortalecer la cultura preventiva en la organización es aprender de los errores. Cada incidente ocurrido que evidencie un riesgo, sea que haya o no producido daños, es una oportunidad de aprendizaje para procurar evitar ese riesgo la próxima vez, dentro de las capacidades de la organización para asumir esa mejora. Y de forma más proactiva aún, se realizan observaciones preventivas, es decir, se observa si durante la ejecución de los trabajos se dan o no actos y/o condiciones inseguros, se detiene el trabajo para corregir el riesgo si la situación insegura lo requiere, y se “evangeliza” sobre la importancia de evitar o minimizar ese riesgo en ocasiones posteriores, obteniendo compromisos por las partes involucradas en el cambio. No todas las personas de la organización van a evolucionar al mismo ritmo, y es posible que algunos sean reactivos y otros interdependientes a la vez, pero lo importante es que el grueso de la organización se vaya moviendo cada vez más hacia la derecha de la gráfica.

 

Tres cosas importantes para mi vida diaria me llevé de esta formación, más allá de su repercusión en el ámbito laboral:

 

Primer aprendizaje: El cambio no ocurre de un día para otro. Llevo toda la semana observándome cada vez que bajo una escalera, y no todas las veces me he apoyado en la barandilla, pero lo he hecho más veces que antes, que eran casi cero. La parte de la velocidad y el móvil en el vehículo ya la había ido integrando desde hace un tiempo, y en realidad, conduzco con mayor lentitud, incluso en mi vehículo particular, y me detengo si tengo que tocar el móvil. En la parte de la velocidad, estimo que también influye mi trabajo espiritual hacia la calma. En todo caso, no ha sido un cambio brusco, sino gradual, hasta que ahora de manera inconsciente conduzco habitualmente por debajo de los límites de velocidad.

 

Llevándolo a mi expansión espiritual, me ha ayudado a integrar celularmente que el cambio en mi, mi evolución, no ocurre de un día para otro, por mucho que el ego lo quiera. Ir observándome y tomando conciencia de lo que hago y por qué lo hago y desde dónde lo hago, va desactivando cada día, de forma paulatina, mis condicionamientos, va liberándome poco a poco. Así, cada día actúo menos desde el patrón de buscar la valoración de otros, y cuando lo hago, lo observo y comprendo que el cambio no ocurre de golpe, y soy más paciente conmigo misma y me quiero más. Me ayuda ver lo mucho que he cambiado en tres años, para entender que, como en la naturaleza, la madurez de un fruto requiere tiempo.

 

Segundo aprendizaje: La tendencia de la gráfica de Bradley, de disminución de accidentes a medida que se fortalece la cultura preventiva, me resulta paralela al proceso que experimentamos al expandir nuestra conciencia. El drama y el sufrimiento disminuyen, como los accidentes, a medida que crece la consciencia y la madurez, como vemos en la siguiente gráfica:

Lo he relacionado en el gráfico con las edades de la vida, para mejorar comprensión, y son también las etapas por las que pasamos en el camino del Liderazgo Libre. Al principio vivimos la vida de forma reactiva o dependiente, nuestra gestión emocional es prácticamente nula, nos sentimos víctimas de las circunstancias, asumimos condicionamientos externos, necesitamos que nos manden y buscamos excusas para no asumir la responsabilidad de nuestra vida. Y todos empezamos este camino desde la reactividad, aunque cada quien avanzará por las etapas a su ritmo.

 

Muchas veces estamos en esta zona sin saber que estamos, y pensamos que estamos evolucionando porque empezamos a asumir responsabilidad en algunas áreas de nuestras vidas, pero no te engañes: si hay algún área de tu vida en la que aún te pones excusas y no asumes responsabilidad, es que no hay verdadera madurez aún. Somos seres integrales, como ya he indicado, y como hacemos una cosa hacemos todas. El proceso de ir adquiriendo madurez y conciencia se tiene que ir dando paulatinamente en todas las áreas de nuestra vida, o unas sufrirán por desatender otras.

 

A medida que vamos adquiriendo conciencia y responsabilidad sobre nosotras mismas, vamos independizándonos, liberándonos de los condicionamientos, observándonos, volviéndonos más autorreferentes. Ya no nos importa complacer a otros sino seguir nuestra verdad, conectar con nuestro propósito, y liderarnos a nosotras mismas, creando hábitos que nos favorecen, mejorando nuestra gestión emocional al conectar más con nosotras mismas. Entendemos que el dolor es inevitable pero el drama y el sufrimiento son opcionales, y nos desapegamos de ellos.

 

Y cuando nuestro nivel de conciencia aumenta e integramos nuestro propósito, nuestra influencia en la expansión de la consciencia, y la interdependencia del todo, comenzamos a trabajar por el bien del todo, podemos liderar a otros hacia ese bienestar común, podemos acompañarlos en su camino, podemos contribuir a un mundo mejor, porque hemos mejorado primero nosotras.

 

Porque, ¿cómo podría yo liderar el cambio hacia la prevención en mi organización, si yo no trabajo activamente en prevenir accidentes en mi persona? ¿Cómo puedo contribuir al bien común si maltrato mi persona, si no me cuido, si no voy paulatinamente aprendiendo lo que es mejor para mi cuerpo y mi alma y lo voy integrando en mi vida? ¿Cómo puedo apreciar la importancia de la vida del otro si no doy importancia a mi salud, a mi energía, a mi tiempo, a lo que hago con mi vida? ¿Cómo puedo valorar el aporte genuino del otro si antes no valoro mi autenticidad? ¿Cómo puedo ser productiva si no adquiero conciencia de la importancia de mi cuerpo como recurso, de lo fundamental que son mi tiempo y mi energía para cambiar mi vida y el mundo, y de lo poco rentable que resulta dedicarlos al drama y al juicio, a resistirme a lo que es?

 

Una gráfica similar la podemos hacer para la gestión de equipos: a medida que los miembros del equipo van incrementando su autoliderazgo, mejoran su propia gestión emocional, se dan más conversaciones asertivas y menos conflictos innecesarios, lo que incrementa la productividad del conjunto.

 

Tercer aprendizaje: El error es necesario para el aprendizaje y la mejora. Si no detectamos el error, no podemos corregirlo. Y una cultura de castigo al error o de juicio al error es nefasta para esto. En la cultura latina, sospecho que por influencia católica, somos muy dados a la culpa y a juzgar al error, a verlo como pecado o fracaso, y lo asociamos en ocasiones a una disminución de nuestra valía. Y si el error no se informa, no se corrige. Y no se trata de que yo, desde el ego, tenga que corregir nada de mi vida. Se trata de que si no admito el error, no lo estoy informando a la consciencia única, y entonces no puedo estar receptiva a la posible corrección del mismo. Es como pretender que yo no informe a mi organización de una condición insegura y esperar que se resuelva sola, o que pueda resolverlo yo sola por mis propios medios. Ilógico, ¿no? Si yo corrijo la condición insegura en mi lugar de trabajo pero no la informo a la organización, esa condición puede estar dándose en otro lugar y el aprendizaje no se comparte, y puede que la solución que yo haya aplicado sea subóptima.

 

Pues igual ocurre con la expansión de la consciencia. Si yo intento resolverlo desde el ego, no contribuyo al aprendizaje del conjunto, y la solución será subóptima en comparación de la que pueda venir de la inteligencia universal. Mi cometido es informar y abrirme a recibir una solución, esperar que venga a mi desde la inspiración, no desde la búsqueda frenética. Y no quiere decir que me despreocupe, es básico dejar espacios para que esa solución se manifieste, conectar conmigo, seguir la intuición. Lo que quiero decir es no intentar solucionarlo desde la mente, porque las soluciones que vengan serán las ya conocidas, las que mi mente ya conoce, sin frescura.

 

Así, la mejora se va alcanzando con cada corrección, y cada aprendizaje incrementa nuestra madurez (es decir, nuestro nivel de conciencia), porque el error es la herramienta de la consciencia para expandirse, y debe ser admitido e informado. Por mucho que nos contraiga a veces equivocarnos, sólo neutralizaremos la emoción si entendemos que el error nos sostiene, traerá mejora, y no validamos el miedo a perder cosas con el error, soltamos la mentalidad de escasez que llevamos programada.

 

Mi alma tiene un impulso a crecer, mejorar, crear y dar. Mi mente, como la de muchas, miedo a equivocarse. Así que aquí estoy, escribiendo esto para convencer sobretodo a mi mente, para integrar la necesidad del error.

 

Últimamente he cometido unos cuantos errores que me han generado mucha contracción. Por miedo. De cada uno de ellos, ha salido una mejora relevante. Sólo después de verlo, diagnosticar, entender el problema real y dejar que la solución se desplegara, y de actuar sobre la solución, pude ver los frutos del error. Y cada vez que hago esa toma de conciencia, y la identidad (la mente, el ego) ve que, además, no ha pasado nada de lo que temía, la biología (el cuerpo) va interiorizando la utilidad del error, la necesidad del mismo, y pierde el miedo a equivocarse, poco a poco.

 

Ese miedo es cultural, psicológico. No es un miedo real, como el que puedes sentir si te ataca un depredador. De hecho, hay culturas bastante menos temerosas del error, como la anglosajona. Se trata de ir cambiando nuestra cultura interior hacia el error, de comprender la utilidad de admitirlo y aflorarlo.Y eso disminuye también el estrés de forma considerable.

 

Y hablando de errores…

 

Esta semana no he registrado mis progresos de forma formal, así que hoy no hay gráfica de evolución. Sí han habido aprendizajes a compartir.

 

En la alimentación, no he cumplido con la dieta en la totalidad ningún día, entre cursos, viajes y sobre todo, indisposición física por mi parte, que me ha llevado a modificar ciertos comportamientos porque mi cuerpo los pedía, por ejemplo, a ingerir chocolate y té. Asumí los cambios alimentarios sin juicio, comprendiendo a mi cuerpo, sabiendo que en lo que me sintiera mejor volvería a la alimentación adecuada. Además, ya no hago dieta por bajar de peso en sí, porque los malestares que iniciaron este camino ya no están ahí, ya no hay dolor articular constante no sofocos. Ahora quiero cuidar mi alimentación para  conocer mejor lo que conviene a mi cuerpo y tener más energía para desarrollar mis proyectos. También he observado que mi cuerpo pide menos alimento.

 

Me gustó que en determinados momentos no ingerí lo que en ese momento no convenía a mi cuerpo, desde la consciencia, aunque el grupo lo estuviera haciendo. También que ingerí vino desde el disfrute, acompañando una comida japonesa deliciosa de la que disfrute plenamente cada bocado y cada trago, sin ansiedad, sin buscar calmarme, sino por el placer de disfrutarla. Con todo, noto como el vino ejerce una influencia negativa en mis niveles de energía, por lo que elijo no tomarlo habitualmente, sino en casos muy puntuales.

 

Mi plan de acción con la alimentación es, además de volver al objetivo, establecer esta semana una serie de hábitos saludables para mi, que aumenten mis niveles de energía, como combinar o evitar determinados alimentos, o comer en ciertos horarios. Es dar una vuelta de tuerca a lo que venía haciendo, optimizarlo. Investigar un poco más, probar cosas nuevas y observar el resultado. No desde el esfuerzo, sino desde la toma de conciencia.

 

Con el ejercicio, cumplí mi compromiso de los 30 minutos andando dos días. De hecho, esos días caminé más de 40 minutos. No practiqué pilates. Así que sólo ha habido un 50% de cumplimiento en la semana. Este objetivo lo mantengo, y añado además realizarlo por la mañana, a primera hora, antes de desayunar o después se dificulta hacerlo, por los compromisos del día, y además es cuando mejor sienta a mi cuerpo.

 

Con los horarios, sólo tenía el objetivo de irme a dormir antes de las 22:30. Sólo lo cumplí un día. Observé que el problema es que alargo mucho la actividad en el día. Me pongo a ver redes sociales o acabar algún trabajo después de cenar y se me va el tiempo. Creo que es necesario trabajar el disminuir la actividad antes, y buscar momentos de calma a lo largo del día que contribuyan a que me baje la aceleración nocturna. Esta semana estoy de vacaciones y seguiré trabajando este punto a ver si con menos ocupaciones comienzo a acostumbrar a mi cuerpo a ello.

 

Lo que más he entrenado esta semana ha sido no validar los juicios de mi mente. No darle la razón cuando me decía que hacía algo mal, o que algo no era como debiera ser. Desde la dieta hasta el comportamiento de otras personas. Y la observación de ver desde dónde hacía algo y para qué, cuando actuaba o no un determinado condicionamiento, y entrenarme a actuar desde mi libertad, desde mi niña interior. Para ello todo el tema de los errores ha sido un entrenamiento genial. Eso también lo agradezco, la comprensión de cómo cada cosa que ha pasado esta semana tenía un propósito, un mensaje, aunque en el momento no supiera apreciarlo. Y esta es la parte que más quiero seguir entrenando, lo más importante de mi plan de acción, porque los niveles de reducción de drama esta semana han sido apreciables, como corresponde al incremento de madurez que viene con el aprendizaje.

 

Y me ha gustado mucho esta semana ver cómo cada cosa que ocurre contribuye a mi evolución. ¿Quién diría que un curso en prevención de riesgos laborales tendría tanta miga? 🙂

 

Y tu, ¿qué aprendizajes has tenido esta semana? ¿Dónde te ubicarías en la gráfica de madurez? ¿Cuál es tu plan de acción para ir avanzando hacia la independencia y hacia la interdependencia? ¡Bienvenidos son tus compartires!

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