Cuidarme

por Eli Giraut
Cuidarme

¡Hola! ¿Qué tal estás? ¿Cómo inicias la semana? ¡Yo la inicio con ganas de aprender! El mundo que habitamos tiene tanto que enseñarnos, que sólo tenemos que estar abiertas a recibir la información que es mejor para nosotras.

 

Para la semana que acaba de terminar, me había propuesto:

  • Irme a la cama todos los días antes de las 22:30.
  • Hacer al menos 30 minutos de ejercicio, 4 días (pilates o caminar), mejor si en la mañana.
  • Seguir con la dieta e investigar más sobre alimentación, qué podría favorecerme y que no. Al empezar a investigar, me puse además los subobjetivos de:
    • Comer patata lunes y jueves.
    • Comer la fruta sola (frutas con frutos secos sí, pero sin otras mezclas)
    • Comer antes de las 14:00 del mediodía y cenar antes de las 21:00.

 

Y estos son los resultados:

 

Cumplimiento Domingo 14 Lunes 15 Martes 16 Miércoles 17 Jueves 18 Viernes 19 Sábado 20 Promedio semana
Dieta 70% 100% 100% 100% 100% 60% 50% 83%
Ejercicio 0% 0% 0% 200% 200% 150% 200% 188%
Horarios 95% 90% 85% 80% 70% 80% 70% 81%
Quererme 90% 100% 100% 100% 100% 90% 90% 96%

El cumplimiento de la semana fue, en retrospectiva, bastante positivo. Seguí la dieta y los horarios de las comidas con fidelidad aceptable, no tanto los horarios de acostarme en la noche. Me cuesta estar en cama a las 22:30, pero al menos he conseguido meterme en cama antes de medianoche, y voy analizando las causas y poniendo remedio. Lo principal es no cenar tarde. También veo que afectan las actividades que hago antes de acostarme, cuando no son relajantes, como ver series u organizar (me va mejor si me pongo a leer).

 

Hice ejercicio 4 días de la semana y excediendo los 30 minutos. Y me dediqué tiempo a descansar, cuidarme, regenerarme, me quise mucho esta semana, incluida visitas a la playa y al spa y paseos por la naturaleza. Comí patata al final lunes y sábado, y sólo un día mezclé la fruta como prueba (te cuento más abajo). Los días que me salí de dieta es porque el cuerpo me pedía chocolate esta semana, y el un día salí a comer fuera y tomé una copa de vino al mediodía. Como era una tarde de descanso en la playa, asumí el descenso de energía que iba a venir con esa comida fuera de la dieta.

 

¿De dónde salieron los subobjetivos?

 

La investigación sobre alimentación lleva algún tiempo en mi vida, diría que casi toda mi vida. Ya te he contado que he adelgazado más de 60 kilos en los últimos 10 años, y además he recuperado 10 de ellos en los últimos 3 años. Ese proceso ha sido paulatino y ha pasado por diferentes etapas, en las que he ido aprendiendo cosas nuevas cada vez, en las que mi cuerpo y rutinas han ido cambiando, en que ha habido fases de abandono, generalmente asociados a épocas de alto estrés, y en que los alimentos que sientan bien a mi cuerpo también han variado.

 

Cuando era adolescente ya probé varias dietas y aprendía algo con cada una de ellas. Cuando empecé el proceso de adelgazar (controlada médicamente) hace diez años, no me contentaba con seguir la dieta que los médicos me mandaban, siempre preguntaba por qué, intentaba aprender lo que ocurría en mi cuerpo, igualmente ante cada una de las cirugías. Aprendí entonces que la ciencia médica occidental aún tiene mucho de artesana, que hay todavía mucho aprendizaje basado en ensayo y error, y que cada cuerpo es diferente, cada proceso único, que las estadísticas informan y los estudios ayudan y los médicos dan lo mejor de su conocimiento, pero al final, la responsabilidad de nuestra salud es de cada uno de nosotras, porque lo que nos queda sin saber del cuerpo humano es más de lo que ya sabemos, como humanidad, y eso se demuestra cada día con cada nuevo descubrimiento.

 

Todos estos aprendizajes me han traído hasta aquí y me han ayudado mucho, pero dejan de ser válidos en el momento en que nueva información llega y, cuando la pongo en práctica, noto cambios en mi cuerpo y en mi energía, y ocurre un nuevo aprendizaje. Porque sólo importa lo que me sirve en este instante, y no anclarme a lo que me sirvió en el pasado, si ya no es funcional. Por ejemplo, la leche y el plan blanco no me sientan ahora como me sentaban hace 10 años.

 

Sin buscarlo, ha llegado a mi vida en las últimas semanas la información sobre la dieta macrobiótica o nutrición energética, que basa sus premisas en la energía que contienen los alimentos, sea ying o yang, y en el efecto que consumir esas energías tienen en nuestro cuerpo y nuestra energía. Es decir, es una aplicación moderna de una filosofía oriental muy antigua. Por otro lado, también me ha llegado información sobre el Ayurveda, como filosofía de origen hindú con más de 5000 años de antigüedad, y que se basa en gran medida en que la dieta, lo que ingerimos, contribuye a nuestra sanación, es la mejor medicina preventiva, y que la digestión es el proceso clave en nuestra salud y energía, y si ésta no es óptima para nosotros, se notará en nuestra piel, nuestro olor corporal, la presencia de gases, el sistema inmunológico, el color de nuestra lengua y la calidad de nuestro descanso, entre otras cosas.

 

Lo más interesante es que ambas dietas tienen en común la premisa que la alimentación debe adaptarse a nuestra vida: en qué estación estamos, dónde vivimos, cómo vivimos, o, en el caso del Ayurveda, además, cuál es tu energía predominante o biotipo, tu Dosha, que proviene de la combinación de los cinco elementos, y que son los bloques que construyen todo (alimentos, personas, etc.).

 

Cuanto más aprendo del Ayurveda, más fascinante me parece. No es la intención de este artículo proveer información detallada sobre el tema, aunque te invito a investigar al respecto si te apetece, hay mucha información disponible gracias a la antigüedad de esta filosofía, y varios autores que la adaptan a nuestros días. Lo que busco destacar es que todo es llevado a la personalización, a la combinación de elementos y doshas dentro de cada uno, y qué alimentos favorecen más en qué épocas del año y cuáles son las rutinas diarias que favorecen a cada tipo.

 

También he dedicado tiempo a aprender sobre los ritmos circadianos, y a verlo reflejado en mi vida. Estos ritmos pueden sufrir alguna ligera variación de persona a persona, y según el Dosha de cada quien le favorecerá acometer determinadas tareas a una u otra hora, pero básicamente podemos identificar en la mayoría de los cuerpos los hitos horarios que marca la figura anterior:

 

  • 6:45: Mayor incremento de la presión sanguínea
  • 7:30: Parada de la secreción de melatonina
  • 8:30: Reactivación del intestino
  • 9:00: Nivel más alto de testosterona
  • 10:00: Estado de máximo despertar
  • 14:30: Mejor coordinación
  • 15:30: Mejor velocidad de reacción
  • 17:00 Mejor eficacia cardiovascular y fuerza muscular
  • 18:30: Mayor elevación de la presión sanguínea
  • 19:00: Temperatura corporal más elevada
  • 21:00: Comienza la secreción de melatonina
  • 22:30: Interrupción de los movimientos intestinales
  • 2:00: Sueño más profundo
  • 4:30: Temperatura corporal más baja

 

He comprendido que si ceno tarde y mi digestión se detiene a las 22:30, mi cuerpo no habrá procesado todo lo que necesita procesar, o no estará descansado para iniciar a las 2:00 el proceso de regeneración celular que ocurre en el momento del sueño profundo. Igualmente, si mantengo horarios fijos, contribuyo a que mi cuerpo se regule de acuerdo a esos ritmos y cada vez duermo mejor y estoy más descansada. Y si dificulto la producción de melatonina a partir de las 21:00 con pantallas brillantes, también me cuesta más que me entre el sueño.

 

Entonces, lo que encuentro es que hay muchísima información y muchas veces contradictoria, y que lo que en algunos momentos de mi vida ha funcionado, no sirve ahora. ¿Y quién tiene razón? Fácil: mi cuerpo AHORA.

 

Hay sabiduría ancestral y universal almacenada dentro de cada una de mis células a la que mi mente no puede acceder, pero sí mi consciencia. Si llego a que mi mente se calle, y permito que mi conciencia observadora se comunique con el cuerpo, consigo escuchar lo que le hace bien o mal, lo que de verdad quiere consumir. Y si no consigo acceder a esa información antes, puedo ver los efectos de lo que hago después, si estoy atenta a los efectos en mi cuerpo.

 

Por ejemplo, al decidir no combinar la fruta con ninguna otra cosa, mantuve el beber agua de coco con otras comidas. Lo probé y me di cuenta de que no afectaba la digestión. Sin embargo, un día que desayuné sólo fruta añadí una galleta de avena y coco a la mezcla y a los pocos minutos noté la pesadez en el estómago. Noto como ciertas combinaciones de alimentos afectan la digestión, o la forma de cocción de los mismos, o los efectos de alimentos nuevos, o del estrés en las comidas.

 

Adquirir esa sensibilidad lleva tiempo y atención. Y por supuesto, intención, porque hay que poner energía en querer cuidar la salud, tener más energía disponible y mayor longevidad, y en este momento esto es algo fundamental para mí. Entendí que mi cuerpo pedía esa atención para revertir ciertos efectos del estrés. Y esta semana que he estado de vacaciones y con tranquilidad ha sido muy conveniente para analizar los efectos que el estrés estaba introduciendo en mi cuerpo. Porque he dormido bien, he tenido buenas digestiones. He enseñado a mi cuerpo y a mi mente la importancia de mantener las emociones a raya para que el cuerpo se mantenga sano. Y esta nueva semana que empieza, de vuelta al trabajo, es un excelente laboratorio de pruebas para continuar por ese camino.

 

También incluye una parte en la de suspender el juicio hacia lo que comes. Si el cuerpo me está pidiendo dulce o chocolate, como me ha pasado en los últimos días, puede estar requiriendo algún nutriente que sabe que puede obtener así,  porque no se lo estoy dando de otra manera. Así que toca estar atenta a este fenómeno y ver qué puede estar faltando en mi alimentación.

 

Por supuesto, esto requiere dedicación, tiempo. Para cocinar, para planificar menús y compra, para estar atenta al cuerpo. ¿Y qué mejor forma de utilizar mi tiempo que cuidarme a mi? El descanso, la relajación, son también importantísimos para la regeneración, para poder alcanzar niveles de creatividad y productividad máxima cuando corresponde. Hay que entender que no podemos estar siempre al 100%, hay que afilar la sierra, como decía Stephen Covey en su séptimo hábito.

 

Al final, cuidarnos es asumir la responsabilidad sobre los recursos que se nos dan para cumplir nuestro propósito. El que sea. Pero es importante tener claro que el fin último es expandir la consciencia, y a eso no podemos dedicarnos plenamente si nuestra salud no es buena, sea física, emocional, mental o espiritual. No podríamos dedicarnos a nuestros sueños sin tener nuestras necesidades mínimamente cubiertas, y la salud es la principal, así que nos toca poner todo de nuestra parte para recuperarla o mantenerla, y este camino es individualizado.

 

Con todo el respeto a los profesionales de la salud, y siempre consultándolos, por supuesto, lo importante es asumir responsabilidad sobre nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestra salud, saber que somos nuestro mejor médico, porque a nadie le importa más nuestra salud que a nosotros. Es algo que aprende todo aquel que ha estado enfermo, pero ¿por qué esperar a eso?  

 

Como has visto, las estructuras son fundamentales para cuidarnos, principalmente hábitos de sueño, alimentación  y ejercicio y salud. ¿Que pequeña rutina establecerás a partir de mañana para mejorar tu salud? Te invito a compartir

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