De dolor, miedo, expansión y sufrimiento opcional

por Eli Giraut
De dolor, miedo, expansión y sufrimiento opcional

En estos días un compañero de trabajo me recordó estos conceptos:

 

En la zona de confort se está muy a gustito, pero no hay crecimiento, no avanzamos, y puede que la zona de confort vaya disminuyendo a medida que el mundo cambia, porque el estancamiento provoca que nuestras competencias vayan quedando obsoletas. Para expandirse hay que salir de la zona de confort, asumir retos, aprender y mejorar para superarlos, y con eso, cada vez la zona de confort será más amplia, de manera progresiva. Es decir, cada vez seremos más capaces de afrontar retos con comodidad, y más responsables, entendiendo la responsabilidad como la habilidad de dar respuesta.

Ahora, si los retos que se nos presentan son exigentes en exceso, podemos entrar en la zona de pánico, de la que conviene mantenernos alejados, dado que, si se mantiene en el tiempo, deriva en estrés crónico y, potencialmente, daño a la salud.

 

El miedo genera tres tipos de respuesta: atacar, huir o bloqueo. Esta es la respuesta natural de nuestro cerebro reptiliano y todos los humanos y animales tenemos esto en común. Si veo un peligro inminente delante de mí, como un animal peligroso, mi cuerpo cambia para enfrentarse a ese peligro, y según las posibilidades y el contexto, enviará toda la sangre a mis piernas, quitándola de otros procesos que considera no esenciales en ese momento, para que pueda salir corriendo, o la repartirá entre más músculos para atacar, o bloqueará todo mi sistema muscular para ocultarme o parecer muerta para que el animal me ignore. En cualquier caso, ante ese peligro, en mi cuerpo se han desatado miles de reacciones en cadena entre neuronas, células, hormonas y otras sustancias químicas de la maravillosa farmacia que todos llevamos dentro para proporcionar la respuesta más adecuada a la situación, de forma natural, sin que mi mente consciente intervenga para nada, para salvarme la vida. Es un mecanismo ancestral de supervivencia, y en vista de la proliferación de nuestra especie, muy efectivo.

 

Sin embargo, el cerebro reptiliano es incapaz de distinguir la naturaleza de la señal de peligro. No puede diferenciar de un animal peligroso que nos puede comer de, digamos, un jefe que nos intimide, un vecino agresivo, una reunión en la que nos jugamos el negocio o un taxista que nos echa el coche encima en un atasco. Para el cuerpo, peligro es peligro, sin distinciones.

 

Cuando ese mecanismo de supervivencia está todo el día activado, el estrés se cronifica, y esos químicos de nuestra farmacia interior, en lugar de ayudarnos a sobrevivir, comienzan a hacernos enfermar, ya que hay órganos de nuestro cuerpo que no reciben el flujo sanguíneo adecuado, o no podemos recibir los nutrientes adecuados en nuestras células porque están lidiando con esos químicos de supervivencia.

 

En la vida moderna, tenemos muchos estímulos externos capaz de generarnos dolor o miedo, que desatan ese impulso de supervivencia. Esos estímulos pueden ser reales, pero el sufrimiento, ese viene de la mente, generado por creencias, programas y condicionamientos, y es el que, si se mantiene en el tiempo, puede generar el estrés y el daño a la salud.

 

Por ejemplo, ante una persona tirana e irrespetuosa, yo puedo reaccionar con temor, o pueden dolerme sus palabras o actos en el momento de la ocurrencia, y eso generará una reacción química en mi cuerpo, temporal. Si yo a continuación vuelvo a la calma a través de la respiración, o del ejercicio, y decido no darle más importancia a ese evento, mi cuerpo volverá a la normalidad. Sólo si yo “me engancho” a la idea de que “esa persona es una tirana, que me amarga la vida, que no soporto verla, y encima tengo que aguantarla, y seguro que quiere hacerme daño, así que no le puedo contestar, tengo que llevarme bien, pero es mala gente…”, sólo entonces, sufro, al recordar el evento una y otra vez y validar esa línea de pensamiento, y al predisponerme a pasarlo mal ante cada encuentro con esa persona. Y ese sufrimiento es el que genera estrés crónico y puede derivar en enfermedad.

 

Entonces, no conviene quedarse voluntariamente encerrado en la zona de pánico, validando el parloteo mental improductivo de cosas que no son reales. Porque esa persona tirana está en mi vida para que yo aprenda algo, como todo, y la realidad es que no tengo ni idea de sus motivaciones ni intenciones ni nada de lo que pasa en realidad por su mente, y lo único real es que yo perpetúo su influencia en mi vida con mi pensamiento, en lugar de dejar que, desde la calma, surjan soluciones más productivas.

 

Por otro lado, visitar temporalmente la zona de pánico tiene una ventaja fundamental, y es que, cuando enfrentas tus miedos en esa zona, y sigues avanzando a pesar de ellos, te galvanizas, te templas, adquieres mayor consciencia de tu potencial y tu liderazgo se fortalece. Es decir, no se trata de quedarse en esa zona desde el sufrimiento, sino de aceptar que en ese momento toca estar allí, ver ese miedo, y seguir adelante a pesar de él. Es ahí cuando ocurre lo extraordinario, todas tus zonas se expanden rápidamente, y una nueva versión de ti surge mucho más capaz y responsable.

 

 

Por supuesto, te cuento esto desde mi experiencia más reciente. Asumí una serie de responsabilidades profesionales para las que una parte de mi pensaba que no estaba preparada. Énfasis en ‘pensaba’. Creo que la vida no te manda nada para lo que no estés preparada, y que si me tocaba asumir esas responsabilidades era porque lo estaba, y me repetía eso constantemente, pero mi ego, mis programas, me decían que no tenía suficiente conocimiento, que no tenía las competencias básicas, que no podía con ello. Y llegué a creerles momentáneamente, y al dolor y al miedo se añadió el sufrimiento.

 

Levantarse por las mañanas era un suplicio algunos días, con esa idea de ‘no puedo con ello’, incluso llegando a pensar en dejarlo. Afortunadamente, también me repetía a diario que mi grandeza es más fuerte que mi ego, y que si estaba en esa situación era porque estaba preparada para afrontarla, que era para mí crecimiento, y como contaba con el apoyo de los compañeros de camino, estas ideas predominaron, me sostuvieron durante el proceso, y pude separarme lo suficiente del sufrimiento como para mantenerme enfrentando mi miedo, hasta superarlo. Porque mi cuerpo entendió que aquello no me había matado. Y entonces, el dolor se fue, y pude percibir todo mi crecimiento, que no necesitaba más competencias de las que tenía, que sólo tenía que utilizarlas bien, y que había otras formas de compensar el conocimiento que me faltaba.

Lo he pasado mal, pero principalmente porque:

 

Al ego no le gusta salir de la zona de confort, porque sabe que muere en la zona de pánico, que de ahí nace una nueva versión.

 

Si te mantienes fiel a tu esencia, observando el proceso desde afuera, entendiendo que es tu ego, tu personalidad, que son programas y creencias de tu inconsciente los que están generando ese sufrimiento y que tú eres mucho más que esos programas y condicionamientos, que eres un ser divino y grandioso, eventualmente comprendes que el dolor es para tu expansión, cuando no te quedas enganchada al sufrimiento. Observar el miedo y el dolor nos permite atravesarlo y recuperar la calma para entender sus lecciones, para estar receptivas al aprendizaje que encierra, ya que todo lo que hay en nuestra vida nos aporta un beneficio, aunque en el momento no lo veamos.

 

La mayoría de las personas huyen de la zona de pánico, de esta forma intensa de expansión, porque no quieren el dolor, porque lo asocian al sufrimiento. Pero esto es al autoliderazgo como las agujetas al ejercicio: sabes que te duelen porque tus músculos se están fortaleciendo, y que si te enfocas en el ejercicio, en lugar de enfocarte en el dolor, eventualmente el dolor se va. Creemos que alejarnos de aquello que nos proporciona miedo es lo único que nos aliviará el dolor, sin ver que seguir andando y trascender ese miedo también nos aliviará.

 

En la vida, no puedes evitar ni el dolor ni el miedo. Sí puedes elegir, sin embargo, no sufrir, y seguir creciendo.

 

¿Y tú, sufres o te expandes? ¡Te invito a compartir!

Ah, ¿qué quieres liberarte de los condicionamientos y el parloteo mental? ¡Para eso está Liderazgo Libre!

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1 comentario

Bradley y la expansión de la conciencia – Eli Giraut re-créate – Liderazgo Libre – eligiraut.com 15 abril, 2019 - 08:40

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