¡Hoy inauguramos liderazgolibre.com!

por Eli Giraut
¡Hoy inauguramos liderazgolibre.com!

¡Buen día!

¡Hoy te traigo el regalo de liderazgolibre.com! Es un espacio concreto para poder informarte sobre lo que yo entiendo como Liderazgo Libre y sobre los servicios que ofrezco, especialmente el ciclo formativo. Ahí podrás ver todos los contenidos que quiero cubrir en el curso, en 16 sesiones de 3 horas cada una.

 

Es algo que ofrezco con amor, lo hemos preparado con mucho cariño y esmero mi querida Brenda (la responsable de las imágenes y “look” tan chulo de mis webs… y mi prima) y yo, para ofertar lo que voy creando, lo que quiero compartir.

 

Y, para ser totalmente honesta, también lo ofrezco con miedo. Voy a hacer lo que llamamos en coaching cuántico un “sincericidio”: matar el ego a punta de verdad, de reconocerme mi verdad. Tengo un nudo ahora en la garganta mientras escribo esto. Porque el alma quiere compartir lo que sabe, lo que ha experimentado, lo que profundamente sabe que es verdad. Pero la biología está en juicio: “¿qué van a pensar de mi? ¿les parecerá caro? ¿sabré llevar un curso tan largo?”

 

Entran en escena la duda, el síndrome del impostor, el juicio, el vértigo. Y aunque una parte de mí sabe que está más que preparada, que lleva mucho tiempo preparándose, que si esto se ha materializado es porque es su momento, la otra está francamente asustada. Así que toca que la primera le prepare una infusión a la segunda, la cubra con una mantita, le diga que todo va a estar bien, la abrace… y siga escribiendo.

 

¿De dónde sale ese miedo? De la necesidad que tiene el ego de aprobación externa, por un lado. De la necesidad de obtener beneficio económico por otro, mientras me mentía a mi misma diciendo que lo hacía por pasión. Ambas cosas las he trabajado esta semana con mi coach. Me costó verlo y admitírmelo a mi misma, como siempre que el ego quiere algo, que sabe cómo esconder. Luego conecté conmigo, me di un espacio para sentirme, y supe que, aunque nadie se inscriba al curso, aunque nadie lea nada de lo que escriba, aunque nunca gane un duro con todo el proyecto, aunque me critiquen, lo voy a seguir haciendo, porque el impulso de mi alma a compartir lo aprendido es mayor. No se trata de que no sea legítimo obtener un beneficio económico por lo que hago, sino admitir que la vibración desde dónde lo estaba haciendo era la necesidad de lucro y de aprobación, y no la vibración de compartir algo muy lindo para mí.

 

Y es la responsabilidad con ese impulso la que me hace seguir escribiendo aunque no tenga ganas, aunque esté cansada, aunque se me ocurran otras mil cosas que hacer. Y no estoy diciendo que escriba desde la obligación, no es eso. Una vez que me siento a escribir, todo fluye, y hay amor. No, lo que digo es que el ego (la famosa Resistencia) se busca excusas para que no me siente a escribir, para no darme el espacio de sincerarme conmigo, y para no asumir la responsabilidad sobre mi vida, porque eso, amiga, es de lo más incómodo del mundo. Si te responsabilizas de tu vida, si te comprometes al 100% contigo, no hay excusas. Si me comprometo al 100% conmigo, no valen excusas. Algo dentro de ti sabe perfectamente que te estás mintiendo, que te estás justificando, y te sientes mal, como que te falta algo, incompleta. Y lo que te falta es fidelidad a ti misma. Si me miento, si me justifico, no soy fiel a mi, no me comunico con mi esencia, me desconecto, y sigo buscando fuera lo que no me doy dentro.

 

Al menos esa es mi experiencia. Esta semana he visto con mayor claridad cuándo me engaño, cuándo me escondo de mi propio impulso de crecer, de expandir mi consciencia. Y he visto cómo creo las condiciones para ese crecimiento, cómo se dan en mi vida los conflictos para que me entrene en volver a mi centro, conectar con la ecuanimidad, y cómo a veces consigo ir al centro, y a veces no.

 

Esta semana estuve de viaje y con reuniones muy largas varios días, con jornadas laborales extensas y muy intensas. Experimenté muchas contracciones, y tuve varias tomas de conciencia. Lo más importante es que vi, con mucha claridad, cuanto me juzgo cuando estoy en momentos de alto estrés. Mi diálogo mental se vuelve caótico y maltratador. Y eso genera maltrato también hacia afuera, y desde afuera hacia mi, o así lo percibe el ego.  

 

Me siento muy afortunada por haber vivido esas experiencias. Por entender que yo creo mi realidad desde ese diálogo interior. Que cada vez se vuelve más sutil. Y por eso a veces pienso que ya no me maltrato.

 

Por ejemplo, hace unos años, ese diálogo era “qué gorda estoy”, y era bastante constante. Hoy ya no me digo eso, y acepto mis curvas, pero a veces viene un “mira estos pelos” cuando mi cabello decide ser autorreferente. Aunque más que atacar mi forma física, mi diálogo mental últimamente ataca son mis acciones, genera duda sobre lo que ya he hecho, malgasta energía en el pasado, porque teme equivocarse. Porque busca afuera una aprobación que en ocasiones no se da dentro. Porque a veces me apruebo en unos contextos y creo que ya lo tengo resuelto, y no, es que ahora el contexto en el que me juzgo es otro. O también malgasta energía juzgando a otros, lo que es un desperdicio con todo lo que quiero crear.

 

Y el riesgo con esto es validar ese juicio, darle la razón a esa voz, alimentar la duda, no aceptar la realidad y lo que nos dice, tratar de negar el miedo.

 

Así que esta semana ha sido un ejercicio de aceptación. Ver la sombra en mi y aceptarla. Aceptar que mi nivel de conciencia actual aún no ha integrado totalmente la fidelidad a mi misma, el amarme y el cuidarme: cumplir mis rutinas de horario, de alimentación de ejercicio y de quererme, es decir, de no juzgarme y de respetar mis compromisos conmigo misma.

 

Porque esta semana casi todo se ha desajustado. Me salí de la dieta todos los días laborables, algunos comiendo en exceso, se me desordenaron los horarios (mucho), hasta dejé de meditar alguna mañana, cosa que es síntoma de abandono en mi caso. Hice ejercicio 3 días, 2 de ellos caminé 30 minutos, el otro 90 minutos, nada de pilates. Dejé de registrar mi progreso un par de días.

 

Cumplimiento Domingo 31 Lunes 01 Martes 02 Miércoles 03 Jueves 04 Viernes 05 Sábado 06 Promedio semana
Dieta 100% 70% 60% 80% 0% 10% 90% 59%
Ejercicio 50% 0% 100% 0% 0% 50% 0% 29%
Horarios 50% 20% 30% 40% 0% 0% 0% 20%
Quererme 65% 50% 60% 20% 10% 30% 70% 44%

El jueves y viernes fueron los días que más me salí de la dieta (incluso ingerí chuches y chocolate), y miércoles y jueves fueron muy intensos. La comida fue el medio de despresurización, por todo lo que estaba “tragándome” por dentro, todo el juicio que mi mente generaba de que las cosas no eran como el ego quería que fueran, todas las responsabilidades de otros que asumía para no asumir las mías, todas las emociones que no conseguía neutralizar. Eso también lo tuve que aceptar, que me estoy entrenando, y no todas las veces voy a conseguir ir al centro. Y lo más gracioso es que esta semana, adelgacé 300 gramos.

 

Hubo algo que sí muestra más consciencia en mí, y es que, a pesar de la ansiedad y el estrés, he evitado el vino: no desde la fuerza de voluntad o el esfuerzo, sino desde la consciencia de que no me iba a hacer bien. El día que vuelva a beber vino, quiero hacerlo desde el disfrutar una buena copa de vino, y no desde el tomarme un par de copas para bajar el estrés, sabiendo que después duermo peor, o me siento peor. Tampoco consumí cafeína, aunque sí tomé tres tés.

 

Además, el viernes podía sentir todo el cansancio y la densidad en mi cuerpo, cómo la gestión emocional de la semana afectaba mi salud. Es una nueva toma de conciencia que agradezco porque ayuda a relativizar, ante lo que me estresa: ¿es esto tan importante como para matarme por ello? Porque eso es lo que hago, matarme, de a poquito, pero me acorto la vida.

 

La expansión de la consciencia, la transformación en el ser divino que somos, es como llenar una garrafa de agua de un galón de una fuente que apenas gotea. Al principio sólo gotea; si perseveramos, con el tiempo va aumentando el caudal, y llegamos a tener llena la garrafa de deliciosa y refrescante agua, de vida pura. Pero si tenemos la expectativa de llenarla en diez minutos, nos vamos a desesperar, juzgaremos el proceso, abandonaremos. Agradezco que mi atracción hacia esa agua fresca sea tan grande que me mantenga volviendo a levantarme e intentarlo una y otra y otra vez, que pase lo que pase, no abandono, sigo procurando verme, conocerme, aprenderme, expandirme, y voy llenando la garrafa de a poquito, porque cuando consigo un traguito, cuando siento en mis células la esencia que soy, es maravilloso.

 

Veo que desde que comencé esta andadura en 2008, al principio con psicoterapia, el nivel de consciencia se ha ido incrementado: se refleja en cómo me alimento ahora, cómo me observo, cómo me cuido y me comprendo, como trabajo en equilibrarme. Veo que con el coaching cuántico se ha acelerado el proceso, porque hay mayor comprensión de mi y de lo que me ocurre, mayor conexión con la sabiduría dentro de mí: aunque aún sea a gotas, hay más gotitas, y hasta hay un chorrito tenue en algunos momentos. Y por eso sé que es el momento de compartir contigo esos aprendizajes, y de acompañarte en tu camino, si así lo quieres: porque ese chorrito es para abrirse a dar.

 

Si analizo la tendencia de las cuatro semanas desde que inicié la dieta, puede llevar a la desazón:

Y sin embargo, no me rindo. Entiendo que toca reajustar objetivos, que lo que quiero conseguir no se corresponde con la realidad que estoy viviendo, que tengo que volver atrás y empezar de a poquito con los horarios, que es lo más difícil para mí ahora.

 

¿Mi plan de acción? Aparte de reparametrizar las rutinas y volver a cuidarme (el fin de semana he vuelto a normalizar la dieta, aún me cuestan los horarios), lo fundamental es recordarme conectar conmigo cada vez que viene el juicio o que quiero hacer algo. Respirar, sentir mi cuerpo, y no validar el juicio, o sentir qué es lo que realmente quiero hacer. Darme espacios para conversar con mi esencia, escucharla, dejarla hablar, acallar la mente. Y seguir adelante a pesar del miedo, de todas las amenazas tenebrosas que mi mente crea para mí. Porque no son más que mi niña interior temiendo los monstruos del armario. Los miedos que siente mi biología son así de “reales”. No por eso los siente menos. Pero cuando lo comprendo, puedo seguir actuando, aprendiendo a ser cada vez más fiel a mi.

 

Además, modifico objetivos. El de la dieta lo mantengo (es el que mejor llevo), pero modifico horarios y ejercicio:

  • En horarios me pongo minimalista. Me comprometo únicamente a una cosa: estar en cama antes de las 22:30. Nada más, eso es el 100%. Cuando lo consiga con consistencia, ya añadiré otra cosa.
  • En ejercicio, también bajo el listón. El 100% del día es hacer o 30 minutos andando, o 25 minutos de pilates. Nada más. Si hago más un día, empezaremos a ver montos por encima de 100%. Pero eso sí, conseguir los 4 días de la semana, eso dará el 100% semanal.

 

Así que hoy te quiero regalar el espacio para ver tus miedos y tus sombras, para aceptarlos, comenzar a liberarte de ellos al verlos, al caminar con ellos a tu lado, con planes de acción concretos; para liderar tu vida estableciendo rutinas de quererte por mucho que cueste, para liderar tu proyecto vital y a los aliados que te acompañen en tu camino. Visita liderazgolibre.com si esto te resuena, y estaré encantada de acompañarte si así lo deseas.

 

¿Te apetece compartir un sincericidio? ¡Eres bienvenida a comentar!

 

¡Te deseo una semana muy expansiva y te envío un fuerte abrazo!

 

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