Girasolita

por Eli Giraut
Girasolita

Esta semana viene con jueves excepcional, con uno de esos cuentos que tanto me gusta escribir, para niños pequeños y grandes. Salió de un ejercicio de un curso de comunicación pero me gustó tanto que lo traje al blog. ¡Espero que lo disfrutéis!

Girasolita era una flor, un girasol, muy amarilla y preciosa. Era joven y aún no sabía mucho de la vida. Observaba como todos sus compañeros girasoles hacían todos los días lo mismo, girando siguiendo al sol. No entendía muy bien porque ocurría aquello, pero le parecía algo natural, así que lo hacía también. Y el sol era como un girasol gigante, así que era como seguir a su padre, y le daba calor y luz, y la hacía sentir bien.

Un día empezó a llover con fuerza, como si una represa se hubiera abierto en el cielo, ocultando al padre sol. Los girasoles estaban contentos, decían “ya era hora, necesitábamos el agua”, y bebían y se bañaban y disfrutaban del agua. Sin embargo, Girasolita estaba asustada. “¿Dónde se ha ido el padre sol?”, se preguntaba. “¿Podemos hacer algo para que vuelva?”

Los otros girasoles le decían que ya volvería cuando tocara, que ahora era el tiempo del agua, pero Girasolita quería dejar de sentir su angustia, y se preguntaba qué podía hacer ella para que volviera el sol. ¿Y si se ponía guapa, y brillaba mucho, como si ella fuera un sol, lo atraería?

Una de las flores más mayores, notando su angustia, le comentó: “no hay nada de qué preocuparse, Girasolita, y no hay nada que puedas hacer. El sol volverá cuando la naturaleza determine que es lo mejor para nosotras. Ella es sabia y sabe cuando necesitamos calor y cuando agua y ahora nos toca aprovechar el agua. La realidad hay que aceptarla, es como es. A veces se puede cambiar, a veces no.

Nuestra angustia viene de desear cambiar las cosas para que sean como queremos que sean. La sabiduría viene de dejar ir ese deseo y aceptar lo que no podemos cambiar, y de acometer con entusiasmo lo que sí podemos cambiar, sin que nos importe cuál sea el resultado final, sólo abrazando el momento presente y disfrutando lo que toca.”

Girasolita necesitó unos días para dejar de sentir angustia. Entendió que debía de aprovechar el agua aunque en un principio no la disfrutara y siguiera echando de menos al sol. Así que comenzó a beber y bañarse, sin disfrute y con angustia. Y se repetía varias veces al día el mensaje que le había dado la flor: “la sabiduría viene de dejar ir el deseo y aceptar lo que no podemos cambiar”.

Al cabo de unos días, empezó a disfrutar mucho del agua, Le gustaba sentirla en sus tallos y beberla por sus raíces. Y su angustia poco a poco se fue yendo, a medida que comprendía cómo funcionaban los ciclos de la naturaleza. Y cuando ya casi ni recordaba que el sol existía, y era feliz con lluvia o viento o lo que fuera, el sol regresó, y Girasolita continuó sintiéndose feliz, sabiendo que la naturaleza siempre le daría lo mejor para ella y sus compañeros girasoles.

 

******

Y tu, ¿ya has aprendido a ser feliz con sol o con lluvia, a aceptar lo que la sabiduría universal nos envía? ¡Tus comentarios son bienvenidos!

También podría interesarte

2 comentarios

Flora 1 julio, 2019 - 16:06

Excelente escrito… creo que de alguna forma era también para mí. Gracias??

Reply
Eli Giraut 2 julio, 2019 - 11:53

Buen día Flora! Si te ha resonado, por supuesto que era para ti! Gracias a ti! Te gustaria compartir en qué lo has sentido para ti? Un abrazo!

Reply

Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.